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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-10-2008

Bombas en el Cucaso

Alberto Piris
La Estrella Digital


Un atentado con coche-bomba, del que todava no se conocen con precisin los detalles, mat el pasado viernes a siete soldados rusos en un cuartel de Tsjinvali, la capital de Osetia del Sur. Al parecer, una patrulla rusa perteneciente las llamadas "Fuerzas de pacificacin de Osetia del Sur" intercept en un control, prximo a un enclave georgiano, dos vehculos que transportaban armas y material explosivo. Trasladados a la capital osetia, para proceder a su registro, uno de ellos hizo explosin.

El atentado tuvo lugar pocos das antes de que, en cumplimiento del plan acordado entre Sarkozy y Medvedev, las tropas rusas deban abandonar las franjas de territorio georgiano contiguas a Osetia del Sur y Abjasia, donde an se hallan temporalmente desplegadas. Inmediatamente se produjo un intercambio de acusaciones. El Gobierno georgiano acus a Rusia de provocar el incidente para retrasar el cumplimiento del plan. Desde Mosc se dijo que se trataba de otra muestra del terrorismo de Estado practicado por Georgia cuando atac Osetia del Sur en agosto pasado.

Mientras tanto, ha comenzado el despliegue de la misin europea de observacin, constituida por dos centenares de observadores procedentes de 22 pases de la Unin Europea (UE). Tras algunos leves incidentes con las tropas rusas que ocupan las franjas antes citadas, causados por malentendidos o por el retraso en la transmisin de las rdenes, el primer da desplegaron en esas zonas 14 grupos de observacin, constituido cada uno por ocho personas en dos vehculos todo terreno. Su primer informe seal que no se haban advertido violaciones del alto el fuego acordado. El domingo pasado fueron testigos de la retirada de varios puestos de control ruso en territorio georgiano.

Si todo prosigue segn lo previsto, el prximo 10 de octubre las tropas rusas habrn sido reemplazadas por los observadores europeos y se retirarn al interior de Osetia del Sur y de Abjasia, donde, por el momento, parece muy difcil, si no imposible, que penetren los observadores de la UE. Ni siquiera Javier Solana, en su visita al presidente georgiano el 30 de septiembre, fue capaz de confirmar que esto pudiera ocurrir. Preguntado al respecto, declar: "De momento, la misin principal es lograr que las tropas rusas abandonen las franjas fronterizas. Despus se resolvern otros asuntos". Queda, pues, pendiente un serio motivo para futuros enfrentamientos de mucho calado. Por un lado, Rusia ha reconocido oficialmente la independencia de las dos provincias separatistas georgianas (donde despliegan sus tropas en misin de pacificacin) y, por otro, el Gobierno de Tiflis insiste en que EEUU, la UE y, si es preciso, la OTAN en el futuro le garanticen sus actuales fronteras.

El camino que queda por recorrer para llegar a la normalidad en esta zona caucsica est sembrado de obstculos. Aunque parezca sorprendente, el ms difcil ha sido creado por anteriores decisiones tomadas por EEUU y la UE. Se trata del doble rasero utilizado para abordar las tendencias secesionistas de Kosovo respecto al Gobierno de Belgrado, y las equivalentes de Abjasia y Osetia del Sur en relacin con Tiflis. Otro doble rasero que no puede ignorarse es el atribuir brutalidad a la reaccin rusa en Osetia, como ha hecho la Sra. Rice, afirmando que "el uso de la fuerza militar no es aceptable en el siglo XXI". Precisamente ella representa a un Estado que no ha cesado de utilizar esa misma fuerza, a menudo de manera totalmente ilegal, como hizo en Iraq nada ms comenzar este siglo.

Otro importante obstculo es la abrumadora desinformacin que en los pases occidentales, a remolque de los medios informativos de EEUU, se abate sobre la opinin pblica. Se ha mentido sobre el inicio de la breve guerra ruso-georgiana de agosto pasado, atribuyndolo a Rusia, cuando fueron las tropas del Gobierno de Tiflis las que arrasaron Tsjinvali, incluso utilizando misiles de modo indiscriminado contra la poblacin civil, decidido aqul a poner fin por cualquier medio al prolongado independentismo osetio.

Tambin se ha hecho caso omiso de que desde algn tiempo atrs Georgia viene sido rearmada por EEUU e Israel (cuyos observadores militares estaban presentes cuando se produjo la invasin georgiana de Osetia), a lo que se ha sumado una amplia propaganda basada en su inminente entrada en la OTAN. Todo esto ha producido en el Gobierno de Mosc una ms que justificada alarma ante el cerco estratgico que percibe cerrndose en torno a Rusia. Sea o no cierto que EEUU asegur a Gorbachov que no ampliara la OTAN hacia el Este, a cambio de que ste aceptase la reunificacin alemana en 1990, lo cierto es que no puede ignorarse esa percepcin de acoso y cerco, con hondas races en la historia rusa. Es la que sin duda propici la rpida reaccin militar ante el ataque georgiano contra Osetia del Sur.

Ni Rusia es hoy la URSS, ni la Guerra Fra tiene visos de reproducirse, al haber desaparecido los motivos que la hicieron posible. Aunque resulte cmodo para algunos polticos estadounidenses aplicar al actual conflicto los viejos clichs ya caducados, esto slo llevar a nuevos fracasos y renovadas tensiones. Es deseable que no se vuelva a actuar sobre una realidad ficticia, como la que llev al iluminado Bush a invadir Iraq. Europa deber manejar esta crisis segn criterios propios, no los confeccionados en Washington, y valorar en su justa medida todo lo que hoy la vincula con sus vecinos, entre los que Rusia ocupa un lugar no desdeable.

* General de Artillera en la Reserva



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