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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-10-2008

Izquierdas nacionalistas?

Santiago Alba Rico
Les Noticies (Asturias)


Derechos individuales y derechos nacionales son incompatibles.

Pluralidad, multiculturalismo, transversalidad identitaria, humanismo cosmopolita, todas los proyectos emancipatorios del siglo XX parecen amenazados por bucles melanclicos y narrativas densas que allanan los impulsos idiosincrsicos y sofocan las libertades individuales. Frente a la tierra sagrada y las costumbres milenarias, la identidad postmoderna, dividida en astillas volanderas, cabe en un bolsillo o en una cartera: la tarjeta de crdito, la tarjeta de El Corte Ingls, la tarjeta de Air-Europa, la tarjeta de la empresa, la tarjeta del telfono mvil. Contra las representaciones colectivas y las pantanosas memorias compartidas, bastan estos cinco diminutos cartoncitos para convertirnos en ciudadanos del mundo y poder dar lecciones a los dems.

Los que as razonan olvidan que a la mayor parte de la humanidad se le pide que aprenda a manejar un ordenador cuando todava no sabe leer; se le pide que abandone el regazo del Estado cuando nunca ha llegado a tener uno; y tambin se le pide que cuestione la identidad y se eleve livianamente de la tierra an antes de haber podido posar los pies en ningn suelo; se le pide, en fin, que se vuelva post-moderno sin haber pasado por la modernidad. Los que as razonan olvidan adems que la libertad depositada en sus cinco cartoncitos no es el resultado de ningn ejercicio de libertad, no naci y no se mantiene a partir de una decisin individual sino al final de una intensa intervencin sobre los territorios que determina a escala internacional un reparto desigual de soberana nacional. Los derechos de los ingleses estn por encima de los derechos humanos, esta frase del imperialista Disraeli resume la regla histrica cuya aplicacin muchas veces violenta sigue permitiendo a las potencias occidentales hablar de derechos humanos y libertades individuales: el cosmopolitismo no es ms que el nacionalismo victorioso de los que estn protegidos por un Estado fuerte, la sublimacin interesada de una hegemona territorial. El cosmopolitismo, por decirlo as, es un derecho de los ingleses y de los espaoles; el humanismo sin fronteras es un derecho exclusivamente nacional. Pero no hay ah nada individual. Al contrario. Basta reparar en la reaccin institucional y subjetiva en Europa frente a la inmigracin y en la hospitalaria vulnerabilidad de Africa para voltear el tpico: los que viajan como individuos ven levantarse inmediatamente ante ellos rgidas barreras nacionales mientras que los turistas pueden entrar en todas partes precisamente porque no son tratados como individuos sino como ingleses o espaoles. En el mundo hay nacionalismos fuertes y nacionalismos dbiles. Los nicos que son radicalmente no-nacionalistas -radicalmente individuales- son los inmigrantes, que arrojan el pasaporte al mar para que no les devuelvan a un territorio del que han sido expulsados y que no les reconoce ningn derecho nacional. Habra que ser muy cnico para ver en el cuerpo desnudo y vulnerable del inmigrante un triunfo del universalismo y el cosmopolitismo en lugar de una derrota del nacionalismo africano frente al nacionalismo europeo.

Democracia y nacionalismo son incompatibles.

Patriotismo constitucional, divisin de poderes, valores universales, la democracia misma, que slo reconoce ciudadanos, parece amenazada por este vocero de identidades esencialistas -vascos, catalanes, chechenos, palestinos, kurdos- que reclaman reconocimiento como sujetos polticos; es decir, que quieren decidir como vascos o chechenos y no como sujetos de razn. Los que as argumentan -por ejemplo, en nuestro pas- olvidan que Espaa no se cre a travs del voto ni se mantiene a travs de l sino mediante una violencia histrica que se prolonga, bajo distintas formas, hasta el presente; que no es obra del consenso consciente de sus habitantes sino de ese oscuro plebiscito cotidiano de Renan que reintroduce una y otra vez -con la inestimable ayuda de los medios de comunicacin y los polticos- toda la densa opacidad de las costumbres y los atavismos nacionales. Los que as argumentan olvidan adems que los nacionalismos dbiles -el vasco, el cataln, el gallego- son tan jacobinos y liberales, si no ms, que el nacionalismo espaol dominante; y que nuestros antinacionalistas nacionalistas -como Savater, Flix de Azua o Albert Boadella- prefieren conservar Espaa, an a costa de la democracia, antes que vivir en una democracia llamada Euskal Herria o Catalua. Nuestros intelectuales cosmopolitas son en realidad espaoles cosmopaletos.

Hay nacionalismos fuertes y nacionalismos dbiles. La evidencia es que no se alcanza la espaolidad a travs de la democracia sino que -al revs- se obtiene un cierto grado de demoracia a travs de la espaolidad. Pero los lmites de esa democracia estn impuestos por la espaolidad misma. La espaolidad, por ejemplo, no es tan democrtica como para espaolizar a todos los inmigrantes ni para desespaolizar, si as lo quisieran, a los vascos. An ms: si se trata de impedir la espaolizacin de los inmigrantes estamos dispuestos a aceptar leyes racistas y campos de concentracin inhumanos y si se trata de impedir la desespaolizacin de los vascos estamos dispuestos a silenciar o aplaudir la ilegalizacin de partidos, la tortura y la criminalizacin poltica.

La derecha tiene razn.

En 1923, durante las sesiones del IV congreso del partido bolchevique, Kalinin fij la doctrina oficial de la Unin Sovitica en la cuestin de los nacionalismos: La poltica sovitica debe tener como fin ensear a los pueblos de la estepa kirguiz, uzbecos y turcomanos, los ideales del obrero de Leningrado. Frente a l, Sultn Galiev, el comunista trtaro depurado por Stalin despus de haber sido su adjunto en el Comisariado de Nacionalidades, haba defendido la creacin de una Internacional Colonial Comunista independiente y denunciado el rusocentrismo de la poltica oficial sovitica, con el argumento bien fundado (como demostraban las palabras de Kalinin) de que la sustitucin en Occidente de la burguesa en el poder por el proletariado no provocaba ni provocara ningn cambio en las relaciones del proletariado occidental con los pases oprimidos de Oriente, pues esta clase heredaba la actitud nacional de la clase a la que haba sucedido en el poder. En vsperas de la descolonizacin, Galiev comprenda muy bien, por ejemplo, que la desislamizacin no poda ser la condicin sino ms bien la conclusin del comunismo; y que lo que l llamaba naciones proletarias deban elaborar su propio modelo de liberacin. El error de Kalinin (la actitud nacional transversal a las clases sociales) tuvo pesadas consecuencias histricas. Basta pensar en la reaccin del gobierno republicano espaol, durante la guerra civil, frente a las propuestas del comunista palestino Nayat Sidqi, empeado en atraerse el apoyo de los independentistas marroques; o basta pensar en la posicin de una buena parte de la izquierda francesa frente a la guerra de liberacin de Argelia. El antinacionalismo esquemtico de la izquierda -profundamente nacional- fue el que acab confiriendo a la experiencia sovitica todos los rasgos de un imperialismo clsico.

El capitalismo -no lo olvidemos- es un modelo de relacin con el territorio o, mejor dicho, de apropiacin territorial, a la que es contradictoriamente funcional la forma Nacin-Estado. Bajo su hegemona, tanto la sumisin como la liberacin adoptan necesariamente un formato nacionalista. El nacionalismo, es verdad, masacr a millones de proletarios europeos en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, atiz el lebensraum nazi y el expansionismo fascista y aliment y sigue alimentando todos los imperialismos: desde el colonialismo europeo decimonnico hasta el neocolonialismo de Hulliburton o Repsol. Pero fue el nacionalismo tambin el que hizo la revolucin francesa, liber al Tercer Mundo -al menos nominalmente- tras la Segunda Guerra Mundial y expuls a los EEUU de Cuba.

La derecha tiene razn; comprende mucho mejor el carcter territorial de la lucha. Por eso, mientras condena los nacionalismos, no deja de alimentarlos selectivamente y utilizarlos a su favor. Mientras se pronuncia a favor del cosmopolitismo y contra las narrativas densas, sabe que la respuesta frente al nacionalismo debe obedecer a sus intereses econmico-polticos. Nacionalismos? Unos no y otros s : el Pas Vasco no, Santa Cruz s; Abjazia y Osetia no, Kosovo s; el Kurdistn turco no, el Kurdistn iraqu s; Palestina no, Eslovenia, Croacia, Bosnia, el Tibet... s.

La izquierda debe hacer de derecho lo que la derecha hace de hecho. Nacionalismos? Unos no y otros s : depende del enemigo, los mtodos y los objetivos. El reconocimiento de que la lgica de las clases y la lgica de los territorios se cruzan en el marco de la globalizacin capitalista debe llevar a un ejercicio de casustica responsable y lcido. Hasta que sea la democracia (la pura ciudadana) la que garantice de modo igualitario el acceso a los territorios eso es el socialismo-, estamos obligados a ceder o a resistir desde territorios histrica y simblicamente definidos. No hay ms que nacionalismo y nacionalismos: nacionalismos fuertes y nacionalismos dbiles; nacionalismos agresivos y nacionalismos defensivos; nacionalismos expansionistas y nacionalismos internacionalistas. A veces, es verdad, no es fcil encontrar la lnea o no perderla; pero, como en el caso de la justicia, es fundamental empezar por reconocer su existencia.



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