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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-10-2008

Elogio de la honestidad apasionada

Diego Taboada
Rebelin


En su tiempo escrib un elogio de la honestidad intelectual. Hoy quisiera escribir un elogio de la pasin en nuestras democracias-mercado. Podran juntar los dos elogios en uno y considerar ambos escritos como un elogio de la honestidad apasionada.

He dudado muchas veces, y no sin sana intencin, de aquel imperativo epistemolgico que algunos socilogos consideran tan sagrado como el mito de la Santa trinidad. Es el epistemolgico mito del des-apasionamiento en el anlisis social. Ser un analista des-apasionado es posible para aquellos cuyo pensar no tiene ni quiere buscar relacin alguna con su hacer o su qu-hacer cotidiano. Tambin, como no, con sus pre-ocupaciones. Matiz necesario: los qu-haceres no son lo mismo que las pre-ocupaciones, el qu-hacer se nos presenta como una necesidad pragmtica, til, digmoslo as. Sin embargo, las pre-ocupaciones necesitan un espacio de reflexin, de anticipacin del "como" nos vamos a ocupar de nuestros qu-haceres. La vida est ah : nos impone el tomar decisiones, y si bien los estupefacientes pueden apaciguar la lgica ansiedad e incomodidad, angustia e incertidumbre, que nos causan, tarde o temprano, el tener-que-actuar se impone. Incluso el no querer hacerlo es un pre-ocuparse de como evadirse de aquella accin que se nos presenta como necesaria. El tener-que-actuar, tanto como el no querer hacerlo, se aposentan sobre el fermento de una conciencia inquieta, que dialoga en conflicto con la voluntad.

Poco originales son, la verdad, estas reflexiones que plasmo, y quien las lea encontrar un eco ms o menos cercano a Ortega y Gasset. A m el seor Ortega me sienta muy bien al estmago, a la cabeza y al corazoncito; cuando lo leo tengo la sensacin de que no slo estoy pensando, sino tambin comiendo y sintiendo. Es una experiencia filo-fisiolgica agradable, como hacer el amor con placentera calma o escuchar a Norah Jones. Con el nacionalismo cultural, lingstico, antropolgico y literario me suele ocurrir lo contrario. Pienso mal, no s por donde piso, siento ms ansiedad de la necesaria, la comida me repite... y para ms Inri, empiezo a sentirme demasiado importante y diferente. Y eso me asusta, s.

Cuando los socilogos utilizamos palabras como libertad, igualdad, justicia, respeto, equidad, ecologa, poltica, ciencia... y un largo, largusimo etctera que no quiero ensanchar por falta de tiempo y espacio, utilizamos tambin conceptos en los que proyectamos no poco de nuestra personal sensibilidad moral y tica, en la que se hace ms o menos visible nuestra concepcin del mundo. Me temo que no creo en absoluto en ticas in-sensibles o morales aspticas, y an menos creo en ticas rotundamente a-polticas, si por poltica entendemos algo ms serio que lo que se entiende en la farndula poltica realmente existente y que tanto aburrimiento y desazn me provoca. Tener sensibilidad tica y moral es no poder afrontar la reflexin y el anlisis de las situaciones de hecho (que en unas ciencias tan escurridizas, de lgica borrosa, por as decirlo, como las ciencias sociales, son siempre multi-causales, inciertas, provocadas por el mismo qu-hacer humano y, adems, contingentes, como todo proceso social) sin plantearse, a posteriori, el dilema tico o moral intrnseco en las mismas.

Sigue siendo de ayuda aquella mxima filosfica que algunos socilogos de cmara consideraran intil por el mero hecho de ser filosfica, y por lo tanto, no tan til como su sociologa-mercado: "Nadie tiene ms posibilidades de caer en un engao que aquel para quien la verdad se acomoda a sus deseos". Yo aadira a esto que, quizs, en una sociedad tan obsesionada con la tabla salvfica de su tecno-ciencia, no nos vendra mal a todos, si no queremos volvernos locos algn da, el no confundir la verdad con nuestros deseos pero atrevernos a descubrir la verdad de nuestro deseo. Pero este es otro tema y lo dejo aqu en suspenso.

Lo que me interesa recalcar es que los socilogos tambin tienen ojos -observacin-, corazn -sensibilidad, intuicin- y cabeza -cognicin-; si a este hecho le sumamos el que somos animales que recuerdan -memoria-, que viven, que necesariamente tienen que vivir -existencia- y que estn sometidos a intereses y deseos -voluntad- que, no slo son estrictamente privados, sino tambin pblicos, pues eso : el imperativo epistemolgico del des-apasionamiento en el anlisis social es poco menos que un chiste. Una cosa es la veracidad y la ecuanimidad en el anlisis, y otra, muy diferente, el pretender creer que de ese ejercicio de ecuanimidad y veracidad analtica no se deberan concluir determinados posicionamientos ticos o morales. Creo que, en mi caso, ese afn analtico que tantos amigos me ha hecho perder en vida sale de la honda necesidad de tener un comportamiento tico, moral, salido de la reflexin autnoma y sin intermediarios institucionales de ningn tipo

Por si fuera poco, adems de observar, intuir, pensar, recordar y querer, desear. Ojos, corazn, cabeza, memoria y voluntad. Adems de estas capacidades, digo, est la imposibilidad de desarrollarnos como individuos sin entrar en relacin con los dems. Esto es precisamente lo que siempre ha motivado no poca de mi escritura, el desgarro individual que provoca la total falta de vnculos colectivos, de comunicacin, de comunidad; una especie de obsesin -yo creo que sana- y perplejidad latente de la que nunca he podido liberarme del todo. Porque s, necesitamos la relacin con el "otro", pero por qu nos comunicamos tan pobremente con l?, por qu nos asusta el contacto con lo o el desconocido?, y porqu nuestras relaciones, ya no slo cotidianas, sino tambin polticas, sociales, comunitarias, son tan precarias y conflictivas? Esta sensacin de impotencia y absurdo existencial me ha acompaado incluso desde adolescente. El enigma del hombre, del comportamiento del hombre con el hombre, con su entorno y con los dems seres.

Sin nimo alguno de exagerar, fue precisamente la indignacin tica y moral y la perplejidad lo que me llevo a la sociologa, puesto que no me convencan en absoluto las cmodas explicaciones esencialistas a estas preguntas. Ya saben : "El hombre ES malo o eso forma parte de "nuestra naturaleza", o "siempre ha sido as". Lo que yo buscaba en la sociologa era explicaciones racionales, que no racionalistas, a cierto tipo de interrogantes sobre la condicin humana; interrogantes que, si bien no pueden ser resueltos con el bastn de la lgica, s pueden ser comprendidos, entendidos. Dicho de otro modo: reflexionar sobre la brutalidad, el odio, el afn de poder, la violencia... etc; reflexionar sobre esa parte "oscura" del hombre, es, para m, hacer reflexin social y existencial al mismo tiempo, pero una reflexin desgajada del autismo del sujeto que slo contempla con narcisismo su propio drama.

Buscar las causas inmanentes del comportamiento humano, en el plano colectivo, es pasar a un plano ms racional, ms analtico. Dicho de otro modo : a aquella mxima Orteguiana, "no sabemos lo que nos pasa, y eso es lo que nos pasa", que asume la alienacin colectiva como algo que entra dentro de la misma dinmica de la historia, del vivir, hay que contestarle : S, quizs no sabemos lo que nos pasa ahora, pero podemos comprender, desde luego, lo que pasa", y as, poder entender mejor lo que nos pasa. A da de hoy, por cierto, tengo que decir que el haber reflexionado hondamente sobre estos temas me ha llevado precisamente a la ineludible cuestin del poder y sus destructores efectos en las relaciones humanas, no slo polticas, colectivas, sino tambin cotidianas. Es un sentimiento contradictorio pero -yo creo- muy productivo; lo que me desagrada existencialmente me motiva intelectualmente e incluso dispara mi imaginacin literaria, a pesar de que vuelva al hogar del propio "yo" con ms dudas que certezas y la atvica pregunta del quien soy me siga pareciendo muy necesario afrontarla, pero imposible, realmente imposible resolverla en esquemas simples. Creo que puedo afirmar tajantemente que mi profunda aversin al nacionalismo sale precisamente de esa desazn e incredulidad que me provocan sus respuestas a los delicadsimos interrogantes individuales del quien soy. No he descubierto ms que medias-verdades, mentiras, ingenuidad analtica y profunda insensibilidad y desconocimiento de la compleja condicin humana

Deca Jorge Wagensberg en sus aforismos que las ciencias sociales estaban, sin duda, ms cargadas de ideologa que las ciencias naturales. Intu cierto tono despectivo en esta conclusin, y an no deja de sorprenderme como esa concepcin de las ciencias "duras" como ciencias libres de todo residuo ideolgico sigue siendo tan acrtica como el congnito pesimismo de los que se quejan de la excesiva contaminacin ideolgica en las ciencias sociales : las armas qumicas, los sofisticadsimos carros de combate de nuestros estados, nuestros cada vez ms precisos misiles tierra-aire, las tcnicas cada vez ms avanzadas de control social -el satlite construido hace no mucho en el sur de la pennsula para la vigilancia y localizacin de los flujos migratorios es uno de tantos ejemplos-, la manipulacin gentica de los alimentos, las nanotecnologas y un largo, largo etctera. Todas estas actividades humanas, digo, de verdad pueden hacernos creer en el cuento chino del supuesto des-apasionamiento de las ciencias naturales?. Mientras en Ginebra buscan la corroboracin emprica de una hiptesis, la existencia de la "partcula Dios" -ya saben, el famoso Bosson de Higgs-, en el qu-hacer social, en la prctica real, la colaboracin colectiva entre Estados, capital mixto y comunidad cientfica de turno, en lo que se refiere a la financiacin y elaboracin de armamento cada vez ms complejo y sofisticado, creo que debera guardarnos muy mucho a los llamados cientficos sociales de nuestro congnito pesimismo y hasta de nuestra insana esquizofrenia y complejo de inferioridad con respecto a las ciencias duras y sus muy des-apasionados mtodos.

He sorprendido a no pocos cientficos sociales, fsicos o bilogos justificando con frialdad y des-apasionamiento la "lgica" mecnica que subyace en nuestra histrica incapacidad para acabar con las guerras. Me refiero a la paz perpetua, no a la mera pacificacin circunstancial para reactivar en el futuro la llamada "economa de guerra en tiempos de paz". Naturalizar comportamientos sociales o incluso tirar de funcionalismo sociolgico en el anlisis sobre fenmenos como la guerra que, desde luego, tienen muy poco de brote espontneo y s mucho de preparacin y desarrollo autoconsciente, con la participacin y la responsabilidad colectiva de polticos, cientficos y empresarios, no es, desde luego, un des-apasionamiento cientfico muy recomendable. El naturalismo y el funcionalismo pueden llegar a ser, en no pocas ocasiones, blsamos y opiceos para evitar reflexionar en ese lugar, en ese espacio de incertidumbre y de punzante ambigedad que atae al comportamiento humano, a sus acciones, a su qu-hacer diario y cotidiano, a su qu-hacer poltico... y s, tambin, a su qu-hacer cientfico, en el plano terico y en el prctico, pues en sociedad, toda ciencia es tambin ciencia aplicada, tekn, y pretender creer a estas alturas en el venerable cuento chino de la neutralidad de la ciencia es, sin ningn gnero de duda, QUERER OBTURAR, e insisto, QUERER OBTURAR el debate tico-poltico, pblico, colectivo, sobre la motivacin y el inters concreto que los agentes econmicos privados, con ayuda de una no menos impersonal y muy neutral (sic) gestin pblica por parte de las administraciones del Estado... imprimen a los nada neutrales procesos de desarrollo tecno-cientfico aplicado al I-D militar en nuestras democracias-mercado.

Desde luego que la ley de la gravedad es la ley de la gravedad, independientemente de la participacin o no participacin voluntaria del fsico de turno en el desarrollo del I-D militar, pero pretender naturalizar o despachar con insoportable indolencia funcional las potenciales consecuencias sociales, ecolgicas y humanas, en definitiva, de la persistente plaga de militarizacin y belicismo que se expande sin freno en los circuitos de la economa-mundo, tanto en el Norte, en el Sur, en Occidente como en Oriente, pretender naturalizar esto, digo, debe exigir de nosotros, de la sociedad civil gallega, espaola, Europea y mundial, una respuesta INTRANSIGENTE Y APASIONADAMENTE MORAL. Y si hace falta, incluso maleducada y provocadora, pero no violenta.

Llega un momento en el que uno se da cuenta de las reglas de juego epistemolgico marcadas por la comunidad cientfica realmente existente de turno, as como su concepcin de lo que "es" o "debiera ser" el qu-hacer cientfico en la ciencia de turno. Se da cuenta uno tambin, con el tiempo, de los lmites a la libertad humana que imponen las reglas marcadas por el sistema poltico realmente existente. Se da cuenta de las insalvables contradicciones entre jurdico-formales declaraciones de principios y realidades sociales concretas. Al final, estas certezas concatenadas slo pueden exigir de nosotros el ms justificado y necesario de los ejercicios : el de la pasin razonadora y razonada. Yo les invito a ustedes, si ustedes quieren, y pueden, a recuperar urgentemente la imaginacin y el des-apasionamiento sociolgico para entender este mundo. Como socilogo, periodista, escritor me ha resultado imposible creer en sociologas desapasionadas, me ha resultado un suicidio el querer caminar sin ayuda de la reflexin filosfica, as como sin el aporte de las diversas ciencias en general, y me ha resultado una barbaridad el prescindir de la reflexin histrica sobre las circunstancias o contextos econmicos y culturales que han llevado a socilogos y filsofos a pensar este mundo. Por esto, precisamente por esto, creo que el pensamiento social, si quiere tener credibilidad alguna, debe estar en constante revisin y cuestionamiento. Sin esta concepcin dinmica del pensar y el hacer del hombre, las ciencias sociales corren el peligro de convertirse en mera chchara logocntrica desvinculada por completo de la vida real. Esperemos que no. Creo tambin, honestamente, que tampoco siento gran pasin por el periodismo desapasionado, y adems, reivindico el derecho a huir como de la peste de las glidas aguas del desapasionamiento categrico para refugiarme de vez en cuando en el apasionamiento potico y en la creacin literaria.

A las generaciones que estn por venir, en Galicia, Espaa, Europa y resto del mundo, socilogos, filsofos, artistas, periodistas, polticos y escritores, les aconsejo lo siguiente. Les aconsejo aquello que Susan Sontag deca del escritor: "Al escritor debe interesarle, sencillamente, todo". Bien, dem para para filsofos, artistas, polticos, socilogos, periodistas... etc : vienen malos tiempos para la libertad de pensamiento, expresin y conciencia, observen cara a cara los continuos rebrotes de racismo y el auge de la extrema-derecha en Europa. A las nuevas generaciones, les pido, por favor : pensad y observad con el corazn, actuad con la tica como muleta, amad la libertad y la dignididad del otro como amis la vuestra; partiendo de aqu, podremos empezar a hacer buena ciencia, buena filosofa, buena poesa, buena literatura, y quien sabe, quizs hasta buena poltica podamos hacer algn da.



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