Portada :: Mentiras y medios :: Libros y Documentos
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-10-2008

Capitalismo, democracia, medios de comunicacin de masas
La historia de un monopolio en un mercado ideolgico que debe ser liberalizado

Pedro Antonio Honrubia Hurtado
Rebelin


I

Democracia: poder del pueblo. Democracia: separacin de poderes. Democracia: igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Democracia: garanta de los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos. Democracia: respeto de los derechos humanos. Democracia: respeto a la voluntad de los ciudadanos. Democracia: respeto por la pluralidad y la diversidad cultural y poltica. Todo esto es, debe ser, necesariamente la democracia. La democracia no es slo tener una constitucin que garantice las libertades individuales, ni dar el voto cada cuatro aos a los ciudadanos. Tampoco es democracia tener un sistema de garantas jurdicas que quede escrito negro sobre blanco. La democracia es tener eso, s, pero no para adornar las estanteras de los ms lujosos armarios ubicados en los lugares ms sealados de las instituciones del estado, sino para que los ciudadanos puedan hacer buen uso de ello. La democracia es tener todo eso derechos y libertades individuales- pero para poder aplicarlo tambin por ley en favor de los derechos y la voluntad del pueblo, en favor de la igualdad de oportunidades y el escrupuloso respeto a la ley, que a su vez debe guardar un escrupuloso respeto por los derechos humanos. La democracia, por ende, no debiera ser entendida como un sistema poltico ms entre muchos, sino ms bien como la natural expresin poltica del hombre como ser social, en su afn por buscar el reconocimiento de sus derechos y el respeto a su libertad individual, as como la garanta de su plena existencia, econmica y social, entre sus conciudadanos.

Esto nos lleva irremediablemente a preguntarnos hasta qu punto son compatibles el consumismo-capitalismo actual, tal y como se viene desarrollando, con la democracia; compatible con esta visin ampliada de la democracia como sistema que garantice la justicia social y la igualdad de oportunidades. Pues bien, parece evidente que un sistema sociopoltico as, en el cual una clase dirigente controla y maneja todos los resortes del poder poltico y econmico, a la vez que impone un modelo de produccin basado en la explotacin del hombre por el hombre ms un modo de vida y de pensamiento totalmente alienante para las clases no dirigentes, difcilmente puede vincularse con este concepto amplio de democracia. El simple hecho de no garantizar un reparto equitativo de la riqueza generada por un pueblo en su conjunto, permitiendo que existan unas pocas personas que acaparan para s la mayor parte del bien comn, mientras otros ni si quiera pueden tener para cubrir los gatos bsicos necesarios para llevar una vida digna (alimentacin, vestido, vivienda, etc.), ya sera suficiente argumento para demostrar cuan alejado esta el sistema vigente de la verdadera naturaleza social que debe regir toda democracia autntica. No ser yo ni el primero ni el ltimo que defienda esta perspectiva de incompatibilidad, algo que ya sabrn y sobre lo cual podrn ver algunos interesantes ejemplos en estos enlaces (1, 2, 3, 4). No entrar aqu, por tanto, a valorar con mayor precisin esta presunta incompatibilidad entre ambos conceptos tanto en su fundamentacin terica como, sobre todo, en su aplicacin prctica, pues sera volver a repetir los argumentos ya planteados en los enlaces propuestos, para llegar finalmente a alcanzar una misma conclusin que ya debo dar por supuesta tras la visin por parte del lector de tales textos o, simplemente, por la credibilidad que se pueda otorgar a mi persona en la defensa de tal afirmacin tras haber llevado a cabo el estudio de los mismos y de algunos otros que me he dejado en el tintero. En consecuencia, sin mayores explicaciones por mi parte, como bien dice G.K. Chesterton en su sinttico texto Democracia y Capitalismo, podramos resumir el planteamiento de incompatibilidad en la siguiente afirmacin: la modernidad no es democracia. La maquinaria industrial no es democracia. Dejar todo en manos del comercio y el mercado no es democracia. El capitalismo no es democracia. Est ms bien en contra de la democracia por su sustancia y sus tendencias. Queda dicho.

II

Pero, sin embargo, a pesar de esto, si hay algo donde la idea de libertad (que con tanto ahnco llevamos persiguiendo por siglos los seres humanos) ha quedado arraigada con fuerza en la mente de los ciudadanos de esta sociedad consumista-capitalista, donde con ms virulencia desde el poder establecido se ha pretendido hacer llevar al pueblo la idealizacin de una verdadera libertad, eso es, sin duda, mediante la vinculacin de tal idea con la supuesta democracia reinante en el capitalismo. El mundo libre, as es como una y otra vez estos seores que controlan el poder llaman a los pases regidos por regmenes burgueses ms o menos liberales, en oposicin, hemos de suponer, al mundo esclavo, que vendra a ser la suma del resto de naciones existentes. Por ello, se llenan la boca hablndonos continuamente de las maravillas de nuestro sistema democrtico occidental en contraposicin a cualquier otro sistema poltico que pudiera plantearse, tanto que la gente comn, incluso los ms desfavorecidos por el sistema, ha acabado por crerselo plenamente, hasta tal punto de hacer de la defensa ideolgica del capitalismo una cuestin de derechos y libertades individuales. Podamos decir, sin miedo a equivocarnos, que la vinculacin del capitalismo con la democracia es, a da de hoy, el valor fetiche por excelencia que las clases dominantes utilizan para lanzar a las masas en defensa del sistema socio-poltico y econmico establecido.

Democracia y capitalismo se presentan siempre como una misma cosa, como una misma dualidad de trminos inseparables el uno del otro, como una polaridad de trminos que se complementan y se desarrollan mutuamente con carcter retro-alimenticio, tanto que finalmente se hace creer que no puede haber capitalismo sin democracia ni, por supuesto, democracia sin capitalismo. No quieran buscar ustedes ms all del mbito capitalista un sistema poltico y social que sea respetuoso con la democracia, pues no conseguirn, segn nos dicen, encontrarlo.

III

Sin embargo, el propio profeta del capitalismo Francis Fukuyama, en su famoso libro El fin de la historia y el ltimo hombre, reconoce que el capitalismo donde mejor y ms eficientemente ha funcionado ha sido en aquellos pases donde la libertad individual brillaba por su ausencia. Pases como el Chile de Pinochet, o los grandes tigres asiticos (Corea del Sur, Taiwn, Singapur, Hong Kong, Tailandia, Malasia, Indonesia, etc.) pudieron tener el vertiginoso aumento en los ndices econmicos que tuvieron en su momento, gracias, sobre todo, a que eran pases gobernados por regmenes autoritarios, donde los gobernantes imponan sus medidas capitalistas con mano de hierro, y donde las clases trabajadoras no tenan ningn tipo de derecho laboral, ni de garanta social. A eso, a sacar tajada de la explotacin casi esclavista de las condiciones de vida y trabajo de la poblacin, lo llamaron los economistas burgueses el milagro asitico. Cada uno de estos pases, que durante dcadas se presentaron al mundo como ejemplo de la superioridad moral, poltica y econmica del capitalismo frente al socialismo (por el vertiginoso crecimiento econmico que desarrollaron en un breve periodo de tiempo partiendo de una situacin de abundante pobreza), tuvo, o an tiene, un gobierno autoritario que les permiti aplicar de manera sistemtica las polticas capitalistas ms feroces y depredadoras. Corea del Sur, por ejemplo, tuvo un rgimen militar. Singapur un dictador con un partido de estado. Tailandia y Malasia han tenido sendas monarquas autoritarias. Indonesia durante ms de cuatro dcadas fue gobernada tambin por un dictador. Taiwn igualmente tuvo un gobierno autoritario que gobern el pas por ms de cinco dcadas. Arabia Saudita, Kuwait, o la misma China de hoy (convertida en este sentido, an con sus peculiaridades, en un pas prcticamente capitalista), son tambin buena muestra de cuan efectivo puede ser combinar en un mismo cctel economa capitalista-mercantil y ausencia de libertades y derechos laborales de la poblacin. Sin un sistema legal que regule las condiciones laborales, sin un sistema de regulacin jurdica que imponga unos mnimos legales a respetar por los propietarios de los medios de produccin, el capitalismo tiene va libre para desarrollarse, pues los costes de produccin sern cada vez menores mientras que los beneficios, en consecuencia, sobre todo si los productos generados por esa economa estn destinados a la exportacin (como era el caso de estos pases orientales mencionados), sern cada vez mayores. Si usted tiene un gobierno que permite el trabajo infantil, el desarrollo de jornadas laborales de entre 14 y 16 horas diarias, y que, adems, en condiciones de libre mercado, facilita que las empresas paguen salarios ridculos por la fuerza de trabajo contratada, ya podrn imaginar la ventaja competitiva que eso supone en el mercado internacional para tal pas y las empresas que all operen, amen del elevadsimo % de beneficio que la empresa en cuestin obtendr con la venta de tales productos en pases desarrollados donde el nivel de vida es muy superior al coste medio de la vida, en referencia a los salarios pagados, del pas productor en cuestin. No hace falta hacer un mster en economa para entender esto. Pero esta evidente combinacin entre potencial progreso capitalista y totalitarismo (plasmada en ejemplos ms que concretos) no es bice para que desde el poder establecido se siga haciendo llegar a la poblacin occidental la idea de que capitalismo y democracia son una misma cosa.

IV

Y aunque las clases dominantes, ante la evidencia, pueden llegar a admitir que tal vez existan pases que siendo capitalistas no sean democrticos, lo que nunca, lo que bajo ningn concepto, llegarn a aceptar, es que los ciudadanos de los pases occidentales puedan si quiera creer que existan o puedan existir pases que siendo plenamente democrticos no sean capitalistas. Todo pas democrtico, nos dicen, debe ser inevitablemente capitalista. Ms all de capitalismo liberal no puede existir la democracia. Machacan y machacan esta idea una y otra vez ante la pasividad generalizada. Por ello, todo aquel pas que ose criticar el normal funcionamiento del sistema capitalista, aun cuando lo haga partiendo de la llegada al poder de sus dirigentes por va del sistema parlamentario burgus tradicional, es automticamente calificado de antidemocrtico (El Chile de Allende, la Venezuela de Chvez, el Ecuador de Correa, la Bolivia de Morales, la Nicaragua de Ortega, la Espaa de la segunda repblica, etc.). Sus lderes son tachados de totalitarios, y sus revoluciones presentadas al pueblo como si de un ataque directo a la libertad, los derechos y las aspiraciones de los ciudadanos se tratase. No importa si esos pases se anclan sobre la base de un ordenamiento jurdico absolutamente respetuoso con las libertades individuales, o si sus altos cargos han sido elegidos por un proceso de sufragio universal libre. Tampoco es importante si respetan la pluralidad poltica e ideolgica, la divisin de poderes o si, en concordancia con la idea de la democracia como poder del pueblo, estn tratando de desarrollar modelos de representatividad del poder que acerquen el funcionamiento de las instituciones a la actividad del pueblo. El simple hecho de cuestionar el sistema liberal burgus los excluye automticamente del mundo democrtico, del mundo libre. As no es dicho.

V

La democracia se identifica por ende con el modelo liberal burgus capitalista, y todo aquello cuanto no entre dentro de estos lmites queda desplazado automticamente hacia el terreno de lo antidemocrtico. Es ms, nadie que aspire a ser considerado demcrata se atrever a cuestionar en pblico la democracia burguesa, a repudiarla o a situarla como rgimen enmarcado dentro de unos intereses de clase y destinado a responder a tales intereses. Quin ose hacer tal cosa ser ridiculizado, apartado, denigrado, presentado en ltima instancia como un enemigo de la libertad. Los disidentes, insurrectos o descontentos oficiales creen tener apenas el derecho de hacer enmiendas a la democracia burguesa. Reproches a la democracia, paos calientes, retoques para mejorar su funcionamiento, reformas incipientes o discretas a ella para moderar sus iniquidades sociales o hacer ms llevaderos sus abusos. De all no pasa la crtica si uno quiere seguir formando parte del selecto grupo de los demcratas. Todo el mundo tiene que reconocer que la democracia poltica y el capitalismo son inseparables la una del otro, y, ambos, en conjunto, los pilares de una sociedad verdaderamente libre, no caben medias tintas ni disidentes entre los demcratas; o estas conmigo o estas contra m; o eres un defensor del capitalismo liberal o eres un anti-demcrata. Por eso los partidos de izquierdas mayoritarios en las sociedades occidentales (partidos socialdemcratas) han tenido que abrazar el capitalismo, as como los sistemas socialistas que se han desarrollado a lo largo del mundo, con su renuncia del capitalismo, nos dicen, tuvieron tambin que renunciar a la democracia. No haba, ni hay, posibilidad de un punto intermedio; esa es la idea que fluye incesante a nuestro alrededor.

VI

Es decir, no se puede pretender que haya un sistema poltico y social que renegando del capitalismo sea tambin intrnsecamente democrtico, as como, en consecuencia, no se puede pretender que haya personas que renegando del capitalismo puedan ser intrnsecamente demcratas. Capitalismo y democracia -nos dicen- son los dos pilares ideolgicos capaces de traer prosperidad y libertad sin precedentes al mundo, y todo lo que no sea una combinacin eficiente de ambos factores es un error, pues cualquier otro modelo poltico, econmico y social est condenado al fracaso, amn de atentar directamente contra las libertades de los ciudadanos. Esta es la idea que desde el poder establecido se hace llegar a la ciudadana. De esta manera, mediante esa identificacin que la poblacin hace de la libertad con la democracia burguesa, as como de la democracia burguesa con el capitalismo, las clases dominantes se garantizan que finalmente se acabe por vincular la idea de libertad con el capitalismo y, consecuentemente, que los ataques al capitalismo sean interpretados por los individuos receptores de tal mensaje como si directamente se tratasen de ataques a los derechos y las libertades individuales de sus personas. Con ello, lo que en origen no es ms que un ataque a los intereses polticos y econmicos de una clase dominante, para ms inri en favor de los intereses de las clases dominadas (la inmensa mayora social), acaba por ser concebido por parte de los miembros de las clases dominadas como un ataque a los intereses particulares del ciudadano, como un ataque, por tanto, a sus propios intereses individuales, en la mxima expresin de ese vinculo, degradante pero emocional, que es la alienacin, y que en ltima instancia tiene como consecuencia que los ciudadanos de las clases dominadas acaben por vincular sus intereses particulares con los intereses de las clases dominantes, alcanzndose as el objetivo buscado por las clases dominantes en su afn por perpetuarse en el poder social, poltico y econmico.

VII

Pero este objetivo, a diferencia lo que sera deseable para los valores liberales que tanto dicen defender, no se consigue dejando los flujos ideolgicos, la consciencia ciudadana acerca del ideal democrtico, a la deriva de ninguna mano invisible. Este objetivo se consigue mediante un plan de accin perfectamente orquestado y diseado para llegar a alcanzar tal meta. En ello los medios de comunicacin de masas, propiedad de la alta burguesa de manera directa o indirecta, juegan un papel fundamental, actuando como elementos reguladores del mercado ideolgico, es decir, garantizando que los ciudadanos adecuen sus demandas democrticas a la nica oferta que es presentada como vlida para tal sector ideolgico: el consumismo-capitalismo. Y es que hay cosas que no se pueden dejar al capricho de la ley de la oferta y la demanda, pues sabido es que los ciudadanos demandan justicia, igualdad y libertades, mientras que el capitalismo lo que les ofrece es explotacin, reparto desigual de la riqueza y sumisin. Si la regulacin de este mercado se dejase al amparo de la libre competencia y la mano invisible del mercado, los ciudadanos trataran de buscar aquellos otros productos, que los hay, que puedan adecuarse mejor a sus demandas ideolgicas. Pero como en el producto capitalista no existe una relacin real entre lo que los clientes demandan, y lo que le es ofrecido por los ofertantes, surge la necesidad de intervenir en el mercado para re-direccionarlo hacia la senda prefijada de antemano por los capitalistas, corrigiendo as las potenciales fallas que se pueden generar una vez la poblacin trabajadora entendiese con meridiana claridad cmo funciona el capitalismo y quines son los beneficiados/perjudicados por ello (pues qu ocurrira si la poblacin tomase consciencia de que el socialismo les ofrece justo aquello que ellos demandan a la democracia: justicia, igualdad y libertades?, acaso, por mor de la tan trada y llevada mano invisible no se decantaran los ciudadanos por esta opcin en lugar de por el producto capitalista que les ofrece justo lo contrario de lo que ellos demandan?).

Los medios de comunicacin de masas se constituyen de esta manera como rganos reguladores del mercado ideolgico-democrtico, cuya finalidad no es otra que evitar posibles desviaciones del mismo hacia un sendero no deseado por las clases dominantes, hacia un mercado dominado por las ventas de los productos de la competencia (la democracia socialista, por ejemplo). Entre las competencias que estos rganos reguladores poseen, se encuentra la de poder influir sigilosamente sobre el comportamiento y el pensamiento de las personas, modificando sus modos de vida, sus elecciones racionales, sus costumbres, sus hbitos consumo, as como la de actuar directamente en la formacin de eso que muy astutamente han venido a denominar como opinin pblica. Y es ah, precisamente ah, en la formacin intencional de la opinin pblica por parte de los medios de comunicacin de masas, donde capitalismo y democracia se presentan al ciudadanos como una misma y nica cosa, donde, en consecuencia, los ciudadanos de las clases dominadas hacen suyos los intereses de las clases dominantes, vinculndolos, para ejercer su defensa consciente o inconsciente, con el ideal democrtico, con su natural bsqueda de libertades y de reconocimiento, donde el producto ideolgico-democrtico capitalista se presenta como el nico producto ofertado realmente en el mercado para aquellos ciudadanos que estn demandando este tipo de productos democrticos (es decir, para aquellos ciudadanos que quieren vivir en una verdadera democracia).

De esta manera los capitalistas monopolizan el mercado de la ideologa democrtica y obligan al pueblo, mediante el engao y la manipulacin de la publicidad asociada con los productos de la competencia, a no tener otra opcin que la adquisicin del producto que ellos les ofrecen. La funcin reguladora de los medios de comunicacin de masas es, por tanto, la de garantizar la perpetuacin de este monopolio, evitando que puedan surgir algunos otros productos que, ajustndose mejor a las demandas ciudadanas, puedan quitarle la clientela y dar un vuelco a la situacin del mercado, con los consecuentes cambios en la esfera poltica y econmica que ello conllevara. Si slo el capitalismo es presentado como un producto democrtico, si se logra convencer de que capitalismo y democracia son una nica e inseparable cosa, los ciudadanos que demandan democracia no querrn ni or hablar de otros productos (el socialismo, por ejemplo), pues los consideraran productos no democrticos, excluidos de tal mercado ideolgico, de la misma manera que el que demanda la compra de un coche no ve a las empresas fabricantes de utensilios de cocina como competidoras de las empresas de coches, pues los identifica con dos sectores de mercado diferentes. El socialismo, en este caso, no es un producto del sector mercantil ideolgico-democrtico, y, por tanto, no es un competidor para el capitalismo en este terreno, muy al contrario no es presentado como el representante de ese otro sector mercantil, para nada demandado por la poblacin, vinculado con el autoritarismo, la dictadura y la falta de derechos y libertades individuales slo presentes en el producto democrtico. Los medios de comunicacin de masas diferencian as entre lo democrtico (el capitalismo) y lo no democrtico (lo dems), sabedores de que los ciudadanos que se mueven dentro del mercado ideolgico actual lo que estn demandando de manera mayoritariamente abrumadora son tan slo productos democrticos, rechazando de pleno los no democrticos. El monopolio, el secuestro del mercado ideolgico-democrtico por parte de los capitalistas, est garantizado. El socialismo pasa a ser un producto no democrtico, como cualquier otro modelo poltico democrtico que pudiera plantearse y que no sea el capitalista.

Por otro lado, al ser percibidos por el sujeto estos medios de informacin como portadores de verdades objetivas, especialmente en sus apartados informativos de noticias, las afirmaciones, patrones culturales o cdigos simblicos que de ellos emanan, son aceptados como si de la verdad en s misma se tratase, como si no fuera posible dudar de su validez. Es muy importante este punto, ya que es necesario que el ciudadano confe plenamente en la veracidad del medio que le da una determinada informacin para que la estrategia manipuladora pueda tener xito. De lo contrario la intervencin reguladora del medio de comunicacin de masas en el mercado ideolgico puede resultar un autntico fracaso, no impidiendo la deriva de la demanda hacia otros modelos alternativos de oferta no capitalistas. Vase, por ejemplo, el caso actual de Venezuela, donde grandes masas apoyan un proceso revolucionario de corte socialista, y donde casualmente una mayora ciudadana declara no confiar en los medios de comunicacin (casi un 60% entre ciudadanos que dicen tener poca o ninguna confianza en los medios, segn una encuesta reciente), con la consecuente dificultad que estos medios encuentran para la regulacin del mercado ideolgico, la dificultad para engaar y manipular a la poblacin con sus informaciones a modo como lo hacan antao, y como lo hacen actualmente en la inmensa mayora de pases capitalistas. En los pases plenamente capitalistas lo que se dice en los espacios informativos de los medios de comunicacin es palabra de Dios. Los medios de comunicacin son como la Biblia de la nueva religin consumista-capitalista, ese lugar donde se encuentra la verdad revelada e indudable, salvo para el ateo. As se consigue que esto influya con seguridad sobre la manera de actuar o de pensar de las personas, pues con ello se logra modificar la forma en que los hombres conocen y comprenden la realidad que los rodea. El sujeto acepta como reales y considera importantes slo aquellos acontecimientos que muestran las cmaras de televisin, que son elementos de portada en los diarios principales, o que ocupan espacios en las tertulias radiofnicas. Se convierte al sujeto en un miembro ms de la cultura de masas, a la vez que se le va manipulando la informacin segn interese a los propietarios de dichos medios, que no son otros que los propios miembros integrantes de las clases ms favorecidas de la sociedad. Toda informacin poltica o econmica que reciban a travs de ellos ir siempre en la lnea de relacionar en una misma cosa capitalismo y democracia. En definitiva, mediante esta estrategia de los medios de comunicacin de masas se interviene en el mercado ideolgico-democrtico para garantizar el monopolio consumista-capitalista y evitar as que la mano invisible del mercado pueda hacer que la demanda ciudadana pueda pasar desde la adquisicin del producto ofertado por el consumismo-capitalismo a la adquisicin de productos de otro tipo ms acordes a la demanda ideolgica de las mayoras sociales, por ejemplo el producto vinculado con el ideal democrtico de las sociedades socialistas.

VIII

Adems, para ello, para que esta estrategia pueda tener efectos visibles en la realidad socio-poltica concreta de un determinado estado, los medios de comunicacin de masas generan continuamente matrices de opinin que deben ser aceptadas (y de hecho lo son) como una verdad indudable por parte de la ciudadana. Para generar una matriz de opinin se requiere comunicar masivamente, todos los das y en todos los peridicos, emisoras de radio y TV posibles, de una determinada comunidad, una idea o un pensamiento especfico (sin importar que sea una simple conjetura o especulacin) con el tono y de la forma conveniente para que las personas de dicha comunidad, al ser bombardeados de manera incesante por los medios de comunicacin, crean vehementemente en ello hasta el punto de ni siquiera preguntarse si ser cierto o no. En pocas palabras, tal y como dice el proverbio popular: Una mentira dicha mil veces, se convierte en verdad [1] . Es decir, cuando existe algn tipo de acontecimiento social, poltico, econmico o meditico en el mundo que pueda poner en peligro el normal funcionamiento de los intereses de las clases dominantes, la transmisin de informacin es puesta inmediatamente al servicio de la defensa de estos intereses, hacindose llegar los hechos a la ciudadana de tal manera que no supongan problema alguno para los objetivos propuestos en su modelo ideal de sociedad por las clases dominantes, cuando no directamente siendo silenciados (en caso de no poder ser convenientemente manipulados) o interpretados de tal forma que acaban siendo banalizados y puestos al servicio de sus intereses. Una misma noticia puede ser tratada en aparente pluralidad por diversos medios de comunicacin que, tambin en apariencia, responden a diferentes orientaciones polticas, y, sin embargo, estar dicindote una misma cosa sobre un determinado tema, tal cual es el inters de las clases dominantes en relacin con ese tema. La supuesta pluralidad de los medios no es tal cuando de defender los intereses polticos y sociales de las clases dominantes se trata. Por ms que los matices que se den en los diferentes medios acerca de determinadas informaciones (que puedan poner en peligro el funcionamiento de la sociedad consumista-capitalista o los intereses polticos de las clases dirigentes) puedan ser de una manera u otra, el anlisis de fondo es siempre el mismo;, es decir, aquel que le interese a los propietarios de los medios de comunicacin, aquel que defienda los intereses de las clases dominantes que son propietarias de tales medios (Esto vale tanto para los medios privados como para los pblicos, puesto que en un estado gobernado por partidos polticos pro capitalistas, el inters del propietario del medio de comunicacin pblico, es decir, el inters del estado, es igualmente el inters de las clases dominantes que detentan el poder real del mismo). Y la matriz de opinin que identifica democracia con capitalismo es la ms constante de todas cuantas son lanzadas por estos medios de comunicacin de masas, pues es ella el soporte en que se amparan las matrices de opinin de contenidos concretos que vienen y van por estos medios a medida que la situacin poltica, econmica y social de la actualidad meditica lo va requiriendo.

IX

La divergencia informativa puede existir, por tanto, en temas polticos o sociales que afecten a un nivel interno la vida de un determinado pas capitalista, donde partidos conservadores y socialdemcratas se alternen en el poder, pero se anula por completo cuando lo que est en juego es la defensa del sistema socio-econmico vigente o los intereses de las clases dominantes que lo publicitan y sustentan. Por ejemplo, en el caso concreto del estado espaol, los diferentes medios de comunicacin pueden diferir entre ellos al tratar asuntos relacionados con la poltica partidista interna, y unos pueden estar ms cercanos al PP y otros al PSOE, se podrn enfrentar entonces en guerras mediticas en asuntos como la teora de la conspiracin del 11-M o temas similares, pero, sin embargo, todos estos medios defendern siempre la misma matriz de opinin cuando de temas relacionados con los procesos revolucionarios que se estn dando en pases como Venezuela, Ecuador, Bolivia, Cuba, etc., se trata (pases donde los grupos oligrquicos que controlan los medios de comunicacin espaoles tienen intereses econmicos que son cuestionados y puestos en peligro por estos gobiernos revolucionarios). Unos podrn darle un matiz a la informacin y otros le darn matices diferentes, ser ms o menos agresivos con su tratamiento, pero todos, absolutamente todos, defendern la idea de que estos procesos y sus lderes son intrnsecamente malos, y por ello negativos respecto del modelo socio-poltico que existe en el estado espaol. As, si algunos de estos estados decide tomar algn tipo de decisin poltica que afecte a los intereses de las multinacionales espaolas que operan en esas naciones, absolutamente todos estos medios darn un tratamiento a la informacin que presente al lder poltico en cuestin como un sujeto detestable, autoritario y corrupto, un gobernante que est atacando de manera dspota los intereses de todos los ciudadanos del estado espaol, pero ninguno de ellos entrar a valorar si realmente estas decisiones responden a una necesidad del estado en cuestin que va a tener una repercusin positiva en la calidad de vida y el bienestar de sus ciudadanos, o si son una reaccin frente a las prcticas abusivas de las multinacionales espaolas en esos pases. El juicio ya est escrito de antemano y es presentado al ciudadano del estado espaol como una verdad indudable.

Un ejemplo evidente de esta estrategia lo podemos encontrar en el tratamiento que los medios de comunicacin espaoles dieron al enfrentamiento verbal que protagonizaron el presidente de la Repblica Bolivariana de Venezuela (Hugo Chvez) y el actual jefe del estado espaol (Juan Carlos de Borbn). En todos los medios de comunicacin espaoles generalistas de radio, prensa y televisin, an cuando pudieran darle un matiz u otro a la informacin, el tratamiento fue el mismo. An cuando es evidente que el Seor Borbn (qu se sepa jams fue votado por nadie) actu de una manera absolutamente impropia para lo que se debe esperar en un Jefe de Estado, mandando a callar de manera absolutamente tabernera al jefe de estado de Venezuela (votado por ms del 60% de los venezolanos que participaron en las elecciones presidenciales), fue el seor Chvez quien fue en todo momento tratado como un tirano, un dspota, un dictador, un represor y un opresor de su pueblo, mientras que el Rey de Espaa (por la gloria de Franco) fue en todo momento ensalzado y revalorizado como defensor de la libertad y mximo exponente de la democracia. Da igual el medio de comunicacin de entre los tradicionales y mayoritarios- que escogisemos en aquellos das, el trato fue absolutamente el mismo: el uno Chvez- es un dictador irrespetuoso, el otro Juan Carlos Borbn- un demcrata de toda la vida. Sin embargo, curiosidades de la vida, el dictador fue elegido por el pueblo en libre votacin, mientras el demcrata fue escogido a dedo por un caudillo fascista y nunca ms cuestionado en su cargo. Pero como los medios de comunicacin slo dicen verdades y dan un tratamiento objetivo de la informacin, esta fue la idea que cal de manera absolutamente generalizada entre los ciudadanos del estado espaol. Nuevamente la dualidad capitalismo-democracia, en este caso representada en la figura del Rey de Espaa, sala victoriosa de cara a la opinin pblica frente a esos otros valores dictatoriales y antidemocrticos que representa Chvez. Igual que en este suceso, ocurre con cualquiera de la informacin que desde estos medios diversos, ya sean cercanos al PP o cercanos al PSOE, ya sean ms o menos conservadores o progresistas, se da sobre Chvez o cualquier otro lder revolucionario mundial, como se puede comprobar con el tratamiento que se dio a la informacin en los sucesos del golpe de estado de Abril de 2002 en Venezuela, en el cierre de la cadena de televisin RCTV, los acontecimientos del paro petrolero de 2003, la campaa para el referndum de reforma constitucional del 2 de Diciembre de 2007, o, ms recientemente, los sucesos acontecidos en Bolivia y el referndum constitucional en Ecuador, por no hablar de cualquier informacin que tenga como contenido a Cuba.

X

Adems de esto, los medios de comunicacin de masas son utilizados tambin por las clases dominantes para mantener entretenidos a los ciudadanos y alejados de pensamientos crticos y de potenciales deseos de cambios polticos amplios en el sistema socio-econmico vigente. No slo se difunde a travs de ellos toda matriz de opinin relacionada con la vinculacin entre capitalismo y democracia como si de verdades absolutas en s mismas se tratasen, sino que adems se proporciona al espectador, lector u oyente especialmente en el medio con mayor repercusin social: la televisin- una programacin de baja calidad cultural, de nula estimulacin crtica y de absoluta falta de consideracin revolucionaria, para que nada de esto pueda poner en duda la veracidad de la informacin emitida mediante las diversas matrices de opinin. Como bien dice Jos Javier Esparza [2] , autor que no es precisamente sospechoso de ser de izquierdas, con los medios de comunicacin de masas No slo no se ha accedido al conocimiento del mundo, sino que cuanto ms se pretende aumentar la audiencia de un mensaje, menor es el nivel cultural de ste. Existe una proporcin inversa entre la altura de los mensajes culturales y la cantidad de audiencia posible. Cuanto ms elevado es el mensaje, menor es el nmero de gente que lo comprende. Cuanto ms audiencia se quiera tener, menor habr de ser el nivel del mensaje () El resultado lo conocemos bien: pesa ms, cuantitativamente, la opinin de un actor o un presentador de concursos, que la de un catedrtico, un filsofo o un cientfico, y no en razn de la personalidad del sujeto, sino en razn de su funcin social, que es la amable tarea de divertir al personal. . Ser acaso que es precisamente eso lo que se busca con los medios de comunicacin de masas?

La respuesta me parece evidente: los medios de comunicacin de masas en esta sociedad nuestra consumista-capitalista, donde reina por doquier, segn nos cuentan, la democracia plena y la libertad, no slo manipulan y engaan (regulan el mercado ideolgico), sino que, adems, y tal vez sea esto lo que resulta ms preocupante (pues es la base sobre la cual se puede alegremente engaar y manipular al personal) idiotizan. Slo los idiotas se pueden dejar engaar y manipular sin rechistar, salvo que previamente nos hayamos dejado llevar por la confianza, lo cual, viendo como est el panorama, sera an ms preocupante que ser un idiota total y no saberlo. O cmo llamaran ustedes a quienes todava hoy siguen confiando en los medios de comunicacin como fuentes imparciales de la verdad objetiva? Yo les pondra el mismo calificativo que a aquellos que siguen pensando que capitalismo y democracia son una nica y misma cosa, del todo inseparable, aquellos que siguen creyendo que en el mercado de la ideologa democrtica tan slo existe un nico producto que es el capitalista. Como poco inocentes.



[1] http://www.aporrea.org/actualidad/a7120.html

[2] Jos Javier Esparza. Contradicciones y abismo de la comunicacin de masas. Pueden encontrarlo aqu : http://foster.20megsfree.com/102.htm



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter