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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-11-2004

Qu buen spot compaero Marx!

Umberto Eco
La Jornada Semanal


No se puede sostener que algunas bellas pginas puedan solas cambiar el mundo. La obra entera de Dante no logr restituir el sacro Emperador romano a las comunas italianas. Sin embargo, el Manifiesto del Partido Comunista, publicado por Marx y Engels en 1848, y que ciertamente ha influido en los acontecimientos de dos siglos, debe ser reledo desde el punto de vista de su calidad literaria, o por lo menos, de su extraordinaria estructura retrico-argumentativa.

En 1971 apareci el pequeo libro de un autor venezolano, Ludovico Silva, El estilo literario de Marx, publicado en Italia en 1973 por Bompiani. Creo que est ya agotado, y valdra la pena reeditarlo. Refirindose a la historia de la formacin literaria de Marx (pocos saben que escribi tambin poemas, muy malos en la opinin de los que los leyeron), Silva analiz toda la obra marxiana. Curiosamente, dedic slo pocas pginas al Manifiesto, quizs porque no es una obra estrictamente personal. Es una lstima: se trata de un texto formidable que alterna tonos apocalpticos e irona, eslogans eficaces y explicaciones claras, y que si realmente la sociedad capitalista quiere vengarse de los fastidios que estas no muy numerosas pginas le han causado debera ser religiosamente analizado hoy en las escuelas para publicistas.

Relanlo, por favor. Empieza con un formidable golpe de timbal, como la Quinta de Beethoven: "Un fantasma recorre Europa" (no olvidemos que estamos cerca ya del comienzo prerromntico de la novela gtica, y los espectros son entidades que se deben tomar en serio). Sigue inmediatamente despus una historia a vuelo de pjaro de las luchas sociales, desde la antigua Roma hasta el nacimiento y desarrollo de la burguesa, y las pginas dedicadas a las conquistas de esta nueva clase "revolucionaria constituyen su poema fundador, todava vlido para los sostenedores del liberalismo.

Se ve (quiero decir exactamente "se ve", en sentido casi cinematogrfico) esta nueva fuerza irrefrenable que, impulsada por la necesidad de nuevas salidas para sus mercancas, cruza todo el orbe terrqueo (y a mi parecer aqu el judo y mesinico Marx piensa en el inicio del Gnesis), trastorna y transforma pases lejanos porque los bajos precios de sus productos son una especie de artillera pesada con la que derrumba cualquier muralla china, hace capitular a los brbaros ms endurecidos en el odio contra el extranjero, instaura y desarrolla las ciudades como signo y fundamento de su propio poder, se multinacionaliza, se globaliza, hasta inventa una literatura ya no nacional sino mundial...
Al final de esta apologa (que convence porque es sinceramente sentida) llega de improviso el viraje dramtico: el nigromante se halla impotente para dominar las fuerzas subterrneas que ha evocado, el vencedor se ahoga en su propia sobreproduccin y genera en su propio regazo, de sus mismas entraas, a sus sepultureros, los proletarios.

Entra ahora en escena esta nueva fuerza que, en un primer momento dividida y confusa, se empea con furia en la destruccin de las mquinas y se deja usar por la burguesa como masa de choque, obligada a luchar contra los enemigos de sus propios enemigos, y absorbe gradualmente la parte de los adversarios que la gran burguesa proletariza: artesanos, negociantes, campesinos propietarios. La revuelta se vuelve lucha organizada, los obreros estn en contacto recproco por medio de otro poder que los burgueses han desarrollado para su propio provecho: las comunicaciones. Y aqu el Manifiesto cita los ferrocarriles, pero piensa tambin en las nuevas comunicaciones de masas (no olvidemos que Marx y Engels, en La Sagrada Familia, supieron usar la televisin de la poca, es decir, la novela de folletn, como modelo del imaginario colectivo, criticando su ideologa pero al mismo tiempo utilizando lenguaje y situaciones que ella haba popularizado).

En este punto entran a escena los comunistas. Antes de decir de manera programtica quines son y qu quieren, el Manifiesto (con un movimiento retrico soberbio), desde el punto de vista de la burguesa, plantea que los teme y levanta algunas aterradoras preguntas: pero ustedes quieren abolir la propiedad privada?,quieren la comunidad de las mujeres?, quieren abolir la religin, la familia, la patria?

Aqu, el juego se hace sutil, porque a todas estas preguntas el Manifiesto parece contestar de manera tranquilizadora, como para ablandar al adversario, pero luego, con un movimiento repentino, lo golpea en el plexo solar y obtiene el aplauso del pblico proletario... Queremos abolir la propiedad privada? Qu va!, las relaciones de propiedad han sido siempre objeto de transformacin: Acaso la revolucin francesa no ha abolido la propiedad feudal a favor de la burguesa? Queremos abolir la propiedad privada? Que tontera, no existe, porque es una propiedad de un diez por ciento de la poblacin en contra del 90 por ciento. Nos acusan entonces de querer abolir "su" propiedad? Si, es exactamente lo que queremos hacer. La comunidad de las mujeres? Pero, vamos, lo que nosotros queremos es ms bien quitarles el carcter de instrumento de produccin! Creen realmente que queremos comunizar a las mujeres? Pero si la comunidad de las mujeres la han inventado precisamente ustedes, que adems de usar a sus propias esposas aprovechan a las de los obreros y como mejor pasatiempo practican el arte de seducir a las de sus iguales! Destruir a la patria? Cmo se puede quitar a los obreros lo que no tienen? Nosotros queremos ms bien que, triunfando, los proletarios se constituyan en nacin...

Dos slogans memorables

Y as sucesivamente, hasta aquella obra maestra de reticencia que es la respuesta sobre la religin. Se intuye que la respuesta es "queremos destruir esta religin" pero el texto no lo dice: antes de enfrentar un tema tan delicado, que pasa por alto, da a entender que todas las transformaciones tienen un precio, pero mejor por ahora no abrir captulos demasiado candentes...

Sigue luego la parte ms doctrinaria, el programa del movimiento, la crtica a los varios socialismos, pero en este punto el lector est ya fascinado por las pginas anteriores. Y si la parte doctrinaria resultara demasiado difcil, he aqu el golpe final, dos eslogans que cortan la respiracin, fciles de retener en la memoria, destinados (me parece) a una fortuna fabulosa: "los proletarios no tienen nada que perder (...) salvo sus propias cadenas" y "Proletarios de todos los pases, unos!".

Adems de la capacidad potica para inventar metforas memorables, el Manifiesto permanece como una obra maestra de retrica poltica (y no solamente) que debera ser estudiada en las escuelas, junto con las Catilinarias y el discurso shakesperiano de Marco Antonio ante el cadver de Julio Csar. Porque, dada la amplia cultura clsica de Marx, no hay que excluir que haya tenido presentes estos textos.

Umberto Eco, Che spot, compagno Marx,
en "L'Espresso", enero de 1998. Roma. Italia.
Traduccin de Annunziata Rossi. La Jornada Semanal.
En: www.rcci.net/globalizacion/fg020.htm


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