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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-10-2008

Por qu vivo en EEUU?

Jorge Majfud
Alai-amlatina


En 2001, Oriana Fallaci escribi su clebre artculo La Rabbia e l'Orgoglio donde no slo haca un ataque indiscriminado a los inmigrantes del tercer mundo en Europa y Estados Unidos, sino a todas las culturas que no eran la cultura occidental. En 2002 publiqu en algunos diarios una larga respuesta sobre al menos una veintena de puntos, los cuales consider errores de la autora. El ensayo se llam El lento suicidio de Occidente (http://mrzine.monthlyreview.org/majfud141106.html) y, lejos de atacar a Occidente y elogiar a Oriente, la idea central radicaba en prevenir a Occidente de uno de sus mayores enemigos: Occidente mismo.

Gracias a este ensayo he recibido ataques annimos que van desde recuerdos sobre mis antepasados -factor que explicara mis razonamientos- hasta advertencias de los dueos del mundo sobre los peligros de discurrir por carriles no oficiales. Hace pocos das un amigo me envi por correo la crtica de un lector y me pidi que respondiera a sus observaciones. En sntesis, el lector, asumindose como estadounidense, se preguntaba si realmente yo me senta tan incmodo con nuestra cultura y nuestros valores (our culture and values), por qu no me iba a vivir a esos pases que tanto admiraba. Al final agregaba: no importa si Majfud est en lo cierto sobre Occidente. Se trata de coherencia. Lo menos que se le puede pedir a un intelectual es coherencia.

La verdad es que admiro la filosofa griega de los siglos V y IV, la poesa de Omar Kayyam, la fsica de Albert Einstein, pero creo innecesario y quizs imposible irme a vivir a la Grecia de Pericles, a la antigua Persia o la Alemania nazi de los aos veinte. De hecho, la mayor parte de los intelectuales alemanes que se exiliaron en Estados Unidos durante el nazismo no pasaron a ser, por esa razn, acrticos complacientes del nuevo orden -sin duda preferible al que abandonaban-, sino que continuaron coherentes con su pensamiento anterior: el poder no necesita defensores; suficientes aduladores tiene.

Es parte de un pensamiento fascista confundir a todo un pas con la ideologa de quienes dominan sus esferas de poder: si alguien critica la ideologa dominante X -muchas veces articulada por intelectuales funcionales al poder militar y econmico del momento-, estara atacando a todo el pas donde domina X, ergo alguien debe irse a vivir a otra parte y dejar a X expandirse libremente hasta el ltimo rincn de la conciencia humana.

Est claro que este lector no termin de leer el ensayo, urgido por una reaccin epidrmica, propia de las primeras etapas de la nueva cultura digital. Si mencion que los holocaustos, las inquisiciones y la vasta practica de la tortura tambin eran productos bien occidentales, no fue para demostrar la inferioridad de Occidente sino, por el contrario, para ejercitar una costumbre tambin occidental segn la cual ha sido la crtica y no la adulacin la que ha prevenido algunas veces contra nuestros propios defectos. Entre stos, contemos la soberbia y la pureza de la ignorancia, segn la cual todo fue inventado por Europa o por Estados Unidos hace cien aos, desde el alfabeto fenicio, los nmeros arbigos, la teologa africana y hebrea, los fundamentos de las ciencias y el vasto legado de las artes y el pensamiento.

A lo largo de la historia ha existido este tipo de pensamiento, pero en determinados periodos ha dominado la mayora de una sociedad y en ocasiones ha regido las leyes de un gobierno y de un Estado. En el siglo XX se llam fascismo pero hay ejemplos anteriores, como el de la Espaa del siglo XV y XVI. A pesar de que la pennsula ibrica tena una de las culturas ms antiguas y ms ricas en diversidad cultural, racial, religiosa y lingstica, hubo un movimiento poltico que defini cul era nuestra cultura y decidi que ser espaol era ser catlico, hablar castellano, tener la piel blanca y la sangre libre de la contaminacin de moros y judos. Este gran pas se desangr por siglos tratando de superar la cultura del garrote ideolgico y policial hasta que en el siglo XX el generalsimo Francisco Franco rescat el mito fascista: hay una sola forma de ser espaol, de ser hombre, de hablar, de pensar y de publicar, de merecer la vida o de merecer pisar la tierra limitada por unos lmites polticos, generalmente arbitrarios.

Este ejemplo de uno de los pases que ms quiero sobre el planeta despus de mi propio pas es apenas un ejemplo clsico. No tendra espacio para recordar que esta misma idea fascista de unidad y pureza por exclusin hizo estragos en todas las dictaduras de Amrica Latina como en frica, en Oriente y en cualquier rincn del planeta por donde miremos. Incluido, est de ms decir, mi pas de origen, al que quiero sin razones y sin justificar mis emociones diciendo que es el mejor pas del mundo ni que all est la gente ms buena y ms bonita, lo cual adems de arbitrario demuestra un nacionalismo con retardo agudo, cuando el pas no es una potencia mundial, y un nacionalismo peligroso, cuando lo es.

Afortunadamente en Estados Unidos viven millones de personas que no piensan como mi inquisidor. Millones de personas no creen que este pas heterogneo, compuesto de muchos estados y de muchos otros grupos disidentes del poder poltico, se defina por una nica cultura y unos valores nicos, imprecisamente definidos pero claramente declarados por algunos grupos fascistas que ni siquiera conocen la historia del pas donde nacieron pero se arrogan el derecho de excluir de la moral a todos aquellos que no caen dentro de su estrecho crculo mental. En esto son tan coherentes como puede serlo una mula que, al poseer una sola idea para todo, no puede nunca entrar en contradicciones. Tambin los seores que azotaban a los negros esclavos en el siglo XIX -o los apaleaban y arrastraban con sus camionetas en el siglo XX- y los esclavos compartan los mismos valores y la misma cultura. Otros hombres y mujeres, libres y esclavos, despreciaron estos valores y esta cultura dominante y no fueron precisamente los peores norteamericanos.

Debera comenzar respondiendo que vivo en Estados Unidos porque no vivo solo, porque no soy yo el dictador que decide donde debe vivir mi familia, segn sus deseos y necesidades. Vivo en Estados Unidos porque es aqu donde tengo mi trabajo. Estas deberan ser dos razones suficientes, pero nunca debemos subestimar la simplicidad del fascismo.

Cuando viva en mi pas (mi pas de origen, no de mi propiedad) y publicaba duras crticas contra su gobierno y contra algunas de nuestras costumbres, no falt el fascista que me acusara de antipatriota, lo que tambin sugera que para ser patriota es necesario un alto grado de acrtica (hipo-critica). Cuando la crisis econmica azot a la clase media y baja en mi pas, me vi en la definitiva necesidad de emigrar, aceptando una invitacin de un profesor norteamericano para continuar mi carrera aqu. Los ricos y acomodados en el poder de turno no emigran. Mueven sus capitales o salen de vacaciones y luego se inflaman el pecho con su patriotismo. El seor X sirvi toda la vida a su patria, repiten luego, para disimular el hecho de que su patria le sirvi toda la vida.

Es decir, vivo en Estados Unidos porque ejerzo el derecho a trabajar donde considero que hay una mejor oportunidad de trabajo, como cualquier otra persona, y eso no significa que deba hacer un ojo ciego a todos los defectos y barbaridades que veo en el pas donde vivo. Tambin muchos norteamericanos viven y trabajan en Irak y en muchos otros pases, al tiempo que critican o desprecian esas mismas culturas. Y no por eso se van de all. Tambin muchos norteamericanos tienen grandes negocios en casi todos los pases del mundo, trabajan y viven en ellos y no es amor por los valores y la cultura de esos pases lo que los mantiene donde estn.

No es mi caso. Yo no desprecio el pas de mi hijo. Vivo en Estados Unidos porque todava creo que este pas no est compuesto de trescientos millones de McCarthys sino tambin de unos cuantos Carl Sagan, Norman Mailer, Ernest Hemingway, Toni Morrison, Charles Bukowski, Paul Auster, Truman Capote, Noam Chomsky y outsiders como Edward Said, Albert Einstein y muchos ms que en su momento fueron acusados de ser peligrosos, slo porque se atrevieron a ejercer la crtica radical -radical, como toda critica que va a las races de un problema- porque aun crean en la humanidad.

Vivo en Estados Unidos porque tambin admiro algo de este pas -me dan risa los que afirman alegremente que aqu no hay cultura-, no por la basura que es consumida como deliciosos manjares, sino por sus exquisitas mentes que son despreciadas como basura. Es decir que tambin vivo en Estados Unidos porque, para un escritor acostumbrado a la lucha dialctica, nada mejor que vivir, como deca Jos Mart con alguna imprecisin, en las entraas del monstruo.

Vivo en Estados Unidos porque no creo que un pas o una cultura tengan dueos ideolgicos ni dueos legales. Vivo en Estados Unidos como podra vivir en cualquier otro lugar del mundo, porque me puede mover la necesidad laboral y profesional, pero no me amedrentan aquellos que no slo se creen dueos del Planeta, sino que adems pretenden expandir sus dominios exigiendo que los crticos terminen por ceder, amablemente y de forma voluntaria, los ltimos espacios que todava quedan para la disidencia o, simplemente, para el anlisis crtico.




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