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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-10-2008

Acuerdo secreto entre la ONU y la OTAN?
Feroz disputa por Afganistn

M K Bhadrakumar
Asia Times Online

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Se est creando una impresin de que existe una desavenencia entre EE.UU. y Gran Bretaa respecto a la ruta hacia la conciliacin que involucra a los talibanes. La pura verdad es que EE.UU., Gran Bretaa, Arabia Saud y Pakistn estn juntos en este tenebroso juego.

La esencia del juego es hacer ms eficiente y rentable la guerra contra el terror en Afganistn. Con certeza, el modo de ver oficial de EE.UU. es que tiene que haber alguna forma de reconciliacin con los talibanes. El Secretario de Defensa de EE.UU., Robert Gates, lo admiti la semana pasada. Dijo: Tiene que haber en ltima instancia, y lo subrayo: en ltima instancia, reconciliacin como parte del resultado poltico de esta [guerra].v Es en ltima instancia la estrategia de salida para todos nosotros.

Cuando uno repite una palabra tres veces en cinco segundos, es algo que se graba. Gates sugiri que no estaba insinuando en nada una estrategia de salida. Por cierto, en una reunin informal de los ministros de defensa de la OTAN, la semana pasada en Budapest, Hungra, la alianza visualiz un camino largo y difcil en Afganistn.

Reconciliacin con los talibanes

Cualquiera reconciliacin con los talibanes tendra que ver, esencialmente, con recoger los hilos donde estaban en octubre de 2001 cuando EE.UU. invadi Afganistn y derroc el rgimen talibn.

El lder talibn Mullah Omar prometi en el ltimo momento en esos desdichados das desde su escondite en Kandahar, a travs de intermediarios paquistanes que, s, separara verificablemente su movimiento de al-Qaeda y pedira a Osama bin Laden que abandonara el suelo afgano, siempre que EE.UU. aceptara su antigua demanda de reconocimiento de su rgimen en Kabul en lugar de enfrentarlo selectivamente. El gobierno de EE.UU. ignor la oferta del clrigo y en su lugar sigui adelante con el plan de lanzar una guerra contra el terror.

Lo que podemos esperar en el perodo por venir es un acuerdo por el cual los talibanes buenos prometan separarse de al-Qaeda, lo que sera gentilmente aceptado por EE.UU. y sus aliados, y que, por su parte, los talibanes buenos no insistan en la retirada de fuerzas occidentales como una condicin previa. Los saudes lubricaran hbilmente un tal acuerdo.

La pura inasequibilidad de una guerra sin fin en Afganistn influenciar el modo de pensar en Washington si se profundiza la crisis de la economa en EE.UU. Pero an estamos a una cierta distancia de ese umbral. La guerra debiera ser asequible si el nuevo jefe del Comando Central de EE.UU., el general David Petraeus, puede de alguna manera hacerla ms eficiente, que es lo que hizo en Iraq. Por el momento, los polticos estadounidenses solo hablan de conducir vigorosamente la guerra.

No estn ni remotamente cerca de formular el tema fundamental: Cun central es la guerra afgana para la lucha global contra el terrorismo? La respuesta es clara como el agua. Afganistn tiene muy poco que ver con los intereses nacionales bsicos de EE.UU. La violencia poltica en Afganistn est arraigada primordialmente en temas locales, y el rgimen de los seores de la guerra es una caracterstica antigua. Es decir que los talibanes pueden formar parte de la solucin.

En ltima instancia, los objetivos de la construccin de la nacin y del gobierno legtimo en un entorno de seguridad general que permite actividades econmicas y desarrollo slo pueden ser realizados adaptndose a las prioridades e intereses nativos. Washington ha sido de lejos demasiado preceptivo, al crear un sistema presidencial al estilo de EE.UU. en Kabul y pasar luego a controlarlo.

Pero un rgimen semejante nunca ser respetado por los afganos. El despliegue de ms soldados de la OTAN o la creacin de un ejrcito afgano no es la respuesta. La comunidad internacional ha preferido prudentemente no disputar la legitimidad del rgimen de Hamid Karzai, pero existe una crisis de liderazgo. Se necesita urgentemente un dilogo entre afganos. Hay que permitir a los afganos que regeneren sus mtodos tradicionales de competicin por el poder en su contexto cultural y que negocien su cohabitacin en su contexto tribal.

De nuevo, se ha demostrado que EE.UU. se equivoc al creer que el imperialismo poda triunfar sobre el nacionalismo. Al contrario, la prolongada ocupacin extranjera ha provocado una repercusin negativa. La guerra nunca debera haber escalado ms all de lo que debiera haber sido una contienda fratricida de baja intensidad, que ha sido un rasgo recurrente en la historia afgana. En otras palabras, una solucin del conflicto tiene que hallarse primordialmente entre afganos, llevando a un gobierno de amplia base, libre de influencia extranjera, para lo cual la comunidad internacional puede ser un facilitador y un garante.

Rusia arremete

Pero lo que ofusca el juicio es la geopoltica de la guerra. La guerra suministr un contexto para el establecimiento de una presencia militar de EE.UU. en Asia Central; la primersima operacin fuera del rea de la OTAN; un territorio desde el que se domina los dos Estados con armas nucleares sudasiticos India y Pakistn, Irn y la intranquila Regin Autnoma Uigur de Xinjiang de China. Han llegado a ser factores adicionales que es un punto de apoyo til sobre una ruta de transporte potencial para la energa del Caspio evitando Rusia e Irn, etc.; la poltica de Gran Asia Central de EE.UU. y la estrategia de contencin hacia Rusia; la expansin de la OTAN. Sin duda, hay consideraciones geopolticas arraigadas incluso dentro del actual intento de reanimar el rol mediador de los saudes.

La interaccin de estos diversos factores geopolticos ha restado transparencia a la guerra. Importantes potencias regionales Rusia, Irn e India no piensan que EE.UU. o la OTAN estn considerando una retirada de Afganistn en un futuro previsible. Tehern ha estado afirmando que la estrategia de EE.UU. en Afganistn consiste esencialmente en perpetuar su presencia militar.

Como resultado, las declaraciones rusas respecto al papel de EE.UU. en Afganistn han llegado a ser extremadamente crticas. Mosc parece haber estimado que la guerra dirigida por EE.UU. no llega a ninguna parte y que ha comenzado la busca de los culpables. Lo que es ms importante, Rusia ha comenzado a identificar el unilateralismo de EE.UU. en Afganistn.

En un importante discurso reciente respecto a la seguridad europea en la Conferencia de Poltica Mundial en Evian, Francia, el presidente Dmitry Medvedev hizo una referencia mordaz, al decir: Despus del derrocamiento del rgimen talibn en Afganistn, EE.UU. comenz un captulo de acciones unilaterales... Estaba sealando que el deseo de EE.UU. de consolidar su rol global es irrealizable en un mundo multipolar.

Por primera vez en los siete aos de la guerra, el ministro de exteriores ruso utiliz el 27 de septiembre el foro anual de la Asamblea General de Naciones Unidas para lanzar una invectiva contra EE.UU. Sergei Lavrov dijo:

Ms y ms preguntas se estn formulando sobre lo que sucede en Afganistn. Primero, y ante todo, cul es el precio aceptable para prdidas entre civiles en la actual operacin antiterrorista? Quin decide respecto a los criterios para determinar la proporcionalidad del uso de la fuerza?

 

Estos y otros factores dan motivos para creer que la coalicin antiterrorista est ante una crisis. Considerando el ncleo del problema, parece que esa coalicin carece de disposiciones colectivas es decir la igualdad entre todos sus miembros en la toma de decisiones sobre la estrategia y, especialmente, las tcticas operacionales. Sucede que a fin de controlar una situacin totalmente nueva como la que se desarroll despus del 11-S, en lugar del necesario genuino esfuerzo cooperativo, incluyendo un anlisis conjunto y la coordinacin de pasos prcticos, comenzaron a utilizarse mecanismos establecidos para un mundo unipolar, en el que todas las decisiones deban ser tomadas por un solo centro mientras el resto slo deba seguirlas. La solidaridad de la comunidad internacional, fomentada en la ola de lucha contra el terrorismo, result ser en cierto modo privatizada.

Esas palabras desacostumbradamente tajantes subrayan la disipacin del consenso regional sobre la guerra. Despus, el 28 de septiembre, en una conferencia de prensa en la sede de la ONU, Lavrov afirm que en un espritu de sesgo lleno de prejuicios, EE.UU. est bloqueando la posible ayuda para estabilizar Afganistn de la Organizacin del Tratado de Seguridad Colectiva, encabezada por Mosc.

Tambin implic que EE.UU. trat en vano de bloquear toda referencia al combate contra el narcotrfico en la ltima resolucin del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Afganistn a fin de denegar un papel a Rusia. Dijo: No se da plena consideracin a las evaluaciones y a los anlisis de todos los miembros de la comunidad mundial cuando se toman decisiones muy importantes que despus afectan la situacin de todos.

Una disputa ha estallado posteriormente respecto a un acuerdo de cooperacin

ONU-OTAN en relacin con la guerra afgana, supuestamente firmado en secreto por un dcil secretario general, Ban Ki-moon, y su homlogo de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, el 23 de septiembre en Nueva York. Rusia ha amenazado con presentar el asunto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Para citar a Lavrov: Nosotros [Rusia] preguntamos a ambos secretariados [de la ONU y de la OTAN] cul podra ser el significado de este hecho y estamos esperando una respuesta, pero advertimos a la dirigencia de la ONU del modo ms estricto que cosas de este tipo deben ser hechas sin mantener secretos ante los Estados miembro y sobre la base de poderes y autoridad de los secretariados.

El enviado ruso ante la OTAN, Dmitry Rogozin, dijo el mircoles que Mosc considerara ilegtimo el acuerdo Ban-Scheffer, y como nada ms que un reflejo de la opinin personal de Ban. Como era de esperar, Ban guarda silencio, mientras Scheffer disput la afirmacin rusa. Ciertamente, comienzan a aparecer grietas en el entendimiento entre EE.UU. y Rusia sobre la campaa contra el terrorismo en Afganistn. El resultado es una lucha territorial Washington est determinado a excluir a Rusia de Afganistn y Mosc insiste en su legtimo rol.

Postura iran

Del mismo modo, Tehern tambin ha subido las apuestas respecto a Afganistn. Despus de haber apoyado la intervencin de EE.UU. en Afganistn en 2001, han aparecido recientemente varias declaraciones extremadamente crticas de la guerra dirigida por EE.UU. en Afganistn, atribuidas a la dirigencia iran. La ltima declaracin prominente fue la crtica por el presidente de la Asamblea de Expertos, Akbar Hashemi Rafsanjani, en una reunin con el visitante ex secretario general de la ONU, Kofi Annan, en la que lament que los ocupantes que crearon inseguridad en Afganistn y Pakistn ahora sean incapaces de detenerla.

De peor agero es que Tehern haya invitado a visitar Irn al ex presidente afgano Burhanuddin Rabbani, quien dirigi la coalicin contra los talibanes (Alianza del Norte) en los aos noventa. Al recibirlo en Tehern el domingo, el presidente del parlamento (Majlis) iran Ali Larijani, dijo a Rabbani: La situacin en Afganistn es triste y lamentable. Dijo que la presencia de fuerzas extranjeras est creando inseguridad por la prdida de vidas inocentes y est causando un narcotrfico fuera de control.

Dos das antes, en otra declaracin en el Majlis, Larijani conden los ataques de EE.UU. contra reas tribales paquistanes en Waziristn. Fue la primera vez que un dirigente iran se ha referido negativamente a las operaciones militares de EE.UU. en territorio paquistan. Dijo que Irn est preocupado por la amplitud de la devastacin y el nmero de vctimas fatales en Waziristn y que EE.UU. ha excedido los lmites de la Convencin de Ginebra en la lucha contra el terrorismo. Cada da que pasa, hay vctimas civiles de la lucha dirigida por EE.UU. contra el terrorismo, dijo, agregando que EE.UU. est destruyendo Waziristn bajo el pretexto de combatir el terrorismo.

De mayor significacin es que Tehern ha roto su silencio sobre los esfuerzos estadounidenses-britnicos-saudes por negociar una reconciliacin con los talibanes. Esto ha ocurrido, de modo bastante curioso, a travs de una declaracin del poderoso presidente de la Comisin de Seguridad Nacional y Poltica Exterior del Majlis, Alaeddin Broujerdi.

Antiguos observadores de la escena afgana reconocern a Broujerdi como el principal planificador y arquitecto de la Alianza del Norte y un estratega crucial de la resistencia contra los talibanes en el perodo 1996-1998.

Es concebible que Tehern haya enviado una seal significativa al escoger a Broujerdi para hablar de los esfuerzos occidentales por reconciliarse con los talibanes. Broujerdi repudi firmemente la reciente propaganda estadounidense de que Tehern se ablanda hacia los talibanes. Hablando el domingo con una delegacin parlamentaria francesa dirigida por el dirigente socialista, Jean-Louis Bianco, subray la continua oposicin de Tehern a los talibanes. Critic fuertemente a los pases europeos por adoptar una actitud conciliatoria hacia los talibanes. Les aconsej que en su lugar debieran dar un apoyo inequvoco al gobierno popular en Kabul dirigido por Karzai.

Broujerdi seal que la actitud de Occidente y su modus operandi hacia los talibanes, que forman parte de un grupo extremista, daar la estabilidad y la seguridad regionales. Dijo que el problema esencial es la presencia permanente de fuerzas extranjeras y que una solucin slo ser posible cuando se retiren.

Broujerdi puede haber sealizado que Irn cuestionar y se opondr a todo intento occidental de invitar a los saudes a volver al tablero de ajedrez afgano y de asimilar a los talibanes a fin de perpetuar la presencia militar de EE.UU. y de la OTAN. Podemos deducir que la oportunidad de la visita de Rabbani a Tehern tiene el propsito de mostrar que Irn todava tiene reservas de influencia con los grupos de la Alianza del Norte, a pesar de la estimacin estadounidense de que esos grupos contrarios a los talibanes se han dispersado o han sido comprados por los servicios de inteligencia occidentales.

Rabbani parece haberse puesto a la altura de las circunstancias. Tambin sum su voz a la condena de la presencia continua de fuerzas extranjeras en suelo afgano. Al principio, ellos [las fuerzas occidentales] entraron a Afganistn con la consigna de que estableceran la seguridad y combatiran el terrorismo y la droga, pero ahora los afganos presencian una escalada del terrorismo y un aumento en la produccin de droga, dijo el inescrutable lder muyahidn a Larijani.

Lo desconcertante fue la observacin de Rabbani: La nica solucin a la crisis afgana yace en la creacin de la unidad entre todas las fuerzas nacionales y yihadistas [lase muyahidines] en el pas y en el establecimiento de la reconciliacin nacional entre todas las tribus, sin prejuicios tnicos, tribales y religiosos. Era la misma plataforma poltica proclamada por la Alianza del Norte. Sin duda, Irn se opondr a toda estratagema de los servicios de inteligencia de EE.UU. y Gran Bretaa para resucitar el paradigma de los aos noventa a fin de colocar a los talibanes en el poder para pacificar Afganistn y crear un cierto grado de estabilidad, necesaria para el desarrollo de rutas de transporte para la energa del Caspio.

En circunstancias en las que se espera que los fabulosos yacimientos petrolferos Kashagan en Kazajstn comiencen a producir en 2013, cuando Washington confa en revertir la corriente de la cooperacin energtica entre Rusia y Turkmenistn, y cuando la volatilidad en el sur del Cucaso impide el progreso de los nuevos conductos tras-Caspio, Afganistn renace como la ruta ms realista y viable para la energa del Caspio evitando Rusia e Irn siempre que la situacin en el terreno pueda ser estabilizada y se logre seguridad, lo que inversionistas y compaas petroleras consideraran algo reconfortante.

Dilema indio

Tanto Rusia como Irn observarn atentamente como India, que fue un alma gemela a fines de los aos noventa, al apoyar incondicionalmente la alianza contra los talibanes, reacciona ante la actual actividad estadounidense-britnica-saud. Los dirigentes indios nunca se cansaron de subrayar que no hay un buen talibn ni un mal talibn. Eso fue hasta hace un ao. Sin embargo, es probable que haya inquietud tanto en Mosc como en Tehern sobre cul es exactamente la posicin de Delhi en la actual coyuntura de la geopoltica regional.

Una cosa es clara: un conducto de petrleo/gas patrocinado por EE.UU. a travs de Afganistn conviene a India, aunque eso pueda perjudicar a Rusia e Irn en las apuestas energticas.

Segn todos los informes, hubo discusiones entre los establishment de la seguridad de India y de EE.UU. durante los ltimos meses respecto a una participacin militar de India en Afganistn. Washington ha estado presionando por un importante papel indio. Un equipo indio de dos miembros, que visit Kabul a comienzos de septiembre, afirm que iban en una misin auspiciada por el gobierno para hacer una evaluacin de la disposicin para una participacin militar india. Al parecer el equipo tuvo discusiones con altos diplomticos y responsables militares estadounidenses basados en Kabul.

Evidentemente, Delhi no tena idea sobre la mediacin secreta con los talibanes del rey saud Abdullah. Esa falla de los servicios de inteligencia era inevitable. Los diplomticos indios se han mostrado algo petulantes respecto a la influencia sin precedentes que esgrimieron sobre el rgimen de Kabul, y como sucede en tiempos apasionantes, comenzaron a creer de modo insulso en la durabilidad de la actual configuracin afgana.

Trabajaron hombro a hombro con sus homlogos estadounidenses en Kabul y la manera de pensar estadounidense comenz inevitablemente a colorear las percepciones de Delhi. Parece que la osmosis intelectual termin por ser unilateral. Bajo constante aliento de EE.UU., la idea embriagadora de un importante papel militar en Afganistn y de participar en el gran juego se infiltr en el clculo indio. Delhi parece haber perdido cada vez ms contacto con el bazar afgano y las realidades en el terreno.

El plan estadounidense-britnico-saud de dar cabida a los talibanes en la estructura del poder en Kabul crea un dilema para los responsables polticos indios. Es ridculo dar media vuelta y comenzar a distinguir a los talibanes buenos. Ser visto como si estuvieran rindiendo pleitesa a EE.UU. y ser difcil de justificar. La antipata contra los talibanes est firmemente establecida en la forma de pensar india, ya que sin que importe el carcter real del islamismo de los talibanes, la percepcin de una amenaza gan terreno en la opinin india respecto al terror islmico desde Afganistn. El establishment indio contribuy sin querer a esto al insistir en la omnipresente mano extranjera en las actividades terroristas en India. Tomar tiempo para dar marcha atrs con esta tesis.

Adems, India considera a los talibanes como un instrumento poltico de los servicios de inteligencia paquistanes y como dainos para sus intereses de seguridad regional. Con todo, Delhi se sentir muy aliviada si EE.UU. abandona su plan de asimilar a los talibanes buenos.

En el contexto mencionado, tanto Tehern como Mosc esperarn tener consultas a nivel de ministros de exteriores con Delhi en las prximas semanas. El Ministro de Exteriores indio, Pranab Mukherjee, debe visitar Tehern a principios de noviembre. De nuevo, en noviembre, en los preparativos para la visita de fines de ao del presidente Dmitriy Medvedev a India, Lavrov y el primer ministro Vladimir Putin tendrn consultas en Delhi.

La realidad geopoltica, sin embargo, es que los tres pases se han transformado en los ltimos aos y que sus prioridades y orientaciones en poltica exterior tambin han cambiado. Se relacionan actualmente con la hegemona de EE.UU. en Afganistn desde perspectivas diferentes de sus intereses nacionales.

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El embajador M K Bhadrakumar fue diplomtico de carrera del ministerio de Asuntos Exteriores indio. Estuvo destinado en la Unin Sovitica, Corea de Sur, Sri Lanka, Alemania, Afganistn, Pakistn, Uzbekistn, Kuwait y Turqua.

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http://www.atimes.com/atimes/South_Asia/JJ15Df01.html



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