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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-10-2008

Entrevista a Yolande Mukagasana, enfermera y escritora superviviente del genocidio ruands
"No tengo miedo de morir, sino de no decir toda la verdad y de no obrar con dignidad ante los africanos."

Fatoumata Sidib
Oozebap


Yolande Mukagasana naci en Ruanda en 1954. Fue enfermera-anestesista durante diecinueve aos en un centro sanitario de Kigali, y posteriormente jefe de enfermeras en otro centro que ayud a crear, en la misma capital ruandesa, hasta que empez el genocidio de 1994. Vctima de las masacres que arrasaron el pas, sobrevivi al genocidio, pero perdi a sus tres hijos y marido, as como a su hermano y hermanas. Refugiada en Blgica, obtuvo la residencia en 1999. Adems de ocuparse de una veintena de hurfanos ruandeses, Mukagasana ha escrito varios libros, tanto autobiogrficos (La mort ne veut pas de moi, Pars: Fixot, 1997; N'aie pas peur de savoir - Rwanda: une rescape tutsi raconte, Pars: J'ai lu, 1999; Les Blessures du silence. Tmoignages du gnocide au Rwanda, Actes Sud, 2001), como cuentos (De bouche oreille, Pars: Editions Menaibuc, 2003. 2 vol.).

-"Nyamirambo Point d'appui" es el nombre de la asociacin que has fundado y que presides. Qu significa Nyamirambo?

-Es el nombre del barrio de Kigali donde viva. Fue all donde conoc el amor junto a mi marido y mis hijos, y la amistad con mis vecinos. Tambin fue all donde conoc el horror y asist a la transformacin, de la noche a la maana, de mis vecinos en asesinos, algo que nunca haba imaginado que pudiera suceder.

Trabajaba como enfermera en un centro de salud, atendiendo a todo el mundo. Fueron estas personas quienes asesinaron a mis hijos y los arrojaron a la fosa comn. A pesar de todo, encontr mi punto de apoyo para reconstruirme, para continuar amando tras padecer el odio, tras perderlo todo. Me recuperar ante la fosa comn donde yacen mis hijos. Es en Nyamirambo donde encontr otra vez el amor para compartir con otros nios, en particular esos nios africanos olvidados y marginados.

Creamos la asociacin en 1999 siendo tres personas: una hurfana que ms tarde se retir del proyecto, el fotgrafo belga Alain Kazinierakis y yo. Soy la nica africana de la asociacin, pero el resto estuvo de acuerdo con el nombre. Soy africana hasta la mdula, y es por esto que no puedo recuperarme sin reconocerlo. Me gustara que todos los africanos tambin lo reconocieran. Que conozcan lo que me ha ocurrido sin por ello tener enemigos en el pas. En mi trabajo, la gente vena de todos lados. A quienes ayud, a quienes les salv los hijos, mataron a los mos. Hoy en da lo lamentan, lo s porque me lo han dicho. Es a partir de aqu que debemos reconstruir otra frica.

-Despus del genocidio, cundo fue la primera vez que regresaste a Ruanda?

-Seis meses ms tarde. En febrero de 1995 pude salir de all, y en diciembre de ese mismo ao regres. Era una refugiada y no poda entrar, pero logr una autorizacin. Sin frica, estoy muerta. Mis recursos estn en el continente. Tengo que regresar varias veces al ao, nicamente all encuentro la vida, y si no reconstruimos en base a sta, no hay nada que hacer. Para m, frica lo es todo. Veo y comparto los sufrimientos de la mujer africana.



-Cmo supiste dnde estaban enterrados tus hijos?

-Tras su desaparicin, intent averiguar si todava tena familia. Encontr a mi sobrina, con su ta y su primo, en un campo de refugiados. Necesitaba saber que todava haba algo de mi sangre en vida. Me las llev conmigo y fue mi sobrina, que haba permanecido con mis hijos hasta la muerte, quien me cont lo que no vi: cmo fueron asesinados mis hijos.

Actualmente es ella quien se ocupa de los hurfanos que pudimos acoger tras el genocidio. Esto le ayuda a recuperarse, ya que es como si le hubiera renovado mi confianza. Tema que yo pensara que haba sido cmplice del asesinato. Antes de salir de Ruanda, regres para hablar ante la tumba de mis hijos y asegurarles de que har todo lo posible para que se cumpla la justicia. He podido reconstruir una pequea casa en mi terreno de Nyamirambo, ya que mi casa fue completamente arrasada. No les bastaba con destruir a los tutsis, sino que necesitaban acabar con todo lo que les recordase a nosotros. Es la lgica del genocidio.

-Sabes quines fueron los asesinos de tus hijos? Te ves con nimos de hablar con ellos? Crees que es importante que vctimas y verdugos se reencuentren para reconstituir los vnculos sociales?

-Los asesinos de mi marido y de mis hijos? S, fueron los vecinos, los amigos. Entre ellos, un hombre al que prcticamente cri. Nunca imagin que ese chico poda hacer dao, ya que siempre lo haba considerado como un hijo. Hoy en da tiene miedo de encontrarme, ya que sabe que lo que hizo es irreparable. Al escuchar sus testigos queda claro que no puedes permanecer igual tras matar a un ser humano.

He llorado junto a los supervivientes. Tambin era necesario que viera a los asesinos para entender, para recuperarme, para renovar el vnculo social en este pas destrozado. Pude ver sus heridas y creo que es intil que sus hijos sufran por lo que hicieron sus padres. En base a esto debemos reconstruir una frica donde la gente viva como hermanos. Lo que es triste es que los africanos que defienden esta postura son una minora. Incluso si lo entienden, pueden moverse por el oportunismo y matar a sus hermanos. Creo sinceramente que si no podemos sobrepasar esto, frica no tiene solucin.

Si sobreviv en 1994 cuando una gran parte de Ruanda me odiaba, cuando anunciaron mi muerte en la radio, es por una misin concreta: soy una de esas abejas que reconstruyen frica. Quiz me equivoque, pero estoy convencida que puedo aportar mi grano de arena, y asumo mi legado del genocidio. Y no me refiero nicamente a Ruanda, pues cuando veo lo que sucede en la Costa de Marfil, cuando veo el odio entre ruandeses en el Congo, me digo que los africanos no han comprendido nada y que es nuestro deber contribuir a que cambie la situacin. Es uniendo esfuerzos que podemos conseguirlo.



-Has acogido a hurfanos del genocidio?

-S, tengo a veintin nios. Diecisiete de ellos estn en Kigali, de los cuales cuatro ya han terminado sus estudios, trabajan y hacen su vida de adultos. Otros cuatro los he adoptado oficialmente y estn conmigo en Blgica. Tres de stos son los hurfanos de mi hermano pequeo, y de la cuarta desconozco quines eran sus padres. La llev conmigo para poderla curar, ya que por un corte de machete le falta un ojo y no tena mandbula. He conseguido que le coloquen un ojo de cristal y que recompongan su cara. Psicolgicamente lo lleva muy bien.

Para los otros trece, es duro, ya que no tengo muchos recursos, pero compartimos lo que tenemos. Mis nios han entendido que no les niego nada, y esto es lo esencial. Todos los viernes, jugamos y encontramos un pretexto para olvidarnos de las preocupaciones. Todo lo que gano lo comparto con ellos. No tengo nada, pero lo tengo todo. No me hice cargo de estos nios por caridad, sino porque sin ellos no hubiera sido capaz de continuar viviendo. Necesitaba dar todo el amor que senta por mis hijos. Ni uno solo no est escolarizado.

Me ayudan a recuperarme. Lo que les doy no tiene nada que ver con lo que me aportan. Me hacen vivir. Soy incapaz de vivir sin amar, dar y compartir. Me lo han dado todo. Es por esto que cuando me piden qu es lo que pueden dar, les contesto: "Dad lo que yo os doy, con esto me basta". Dar no es fcil, significa abrir la mano y el corazn.

-Qu sentido tiene tu lucha?

-Lo nico que quiero es que all donde mi marido y mis hijos estn, sepan que contino viviendo con una misin. Lucho por los nios y las madres africanas. Las lgrimas que me caen cada da deberan bastar para que ninguna otra africana llore. Los que hemos sobrevivido nos negamos a aceptar que nuestros muertos desaparezcan. Es por esto que es necesario hablar sobre ello, hacerlos vivir. Sera triste dejar que tambin los arrancaran de nuestra memoria. Es ste el papel de la memoria. Hacer pervivir el mayor tiempo posible las vctimas para proteger a nuestras generaciones futuras. Y me irritan los africanos que no han entendido nada. Estas personas no murieron porque s. Me pueden matar, pero mis actos y mis libros continuarn. Las nuevas generaciones tendrn referentes. Intento abonar el terreno con el que se podr continuar reconstruyendo. A la verdad no se la mata. No tengo miedo de morir, sino de no decir toda la verdad y de no obrar con dignidad ante los africanos.

Nuestra asociacin existe. Damos lo que tenemos, que no es gran cosa. Apoyamos a las asociaciones de viudas y hurfanos de Ruanda. Tenemos una exposicin fotogrfica sobre el genocidio que circula por el mundo, especialmente en Europa y en algunas partes de frica. Colaboramos con todos aquellos que quieren apoyar a frica y con los que compartimos unos valores fundamentales.

En ocasiones, escucho a los europeos hablar de frica como si el continente estuviera mejor sin los africanos. Desgraciadamente, visto los problemas con los que se enfrenta frica, muchas mujeres y chicas suean venir a Europa sin conocer nada de ella. Lo que me entristece es que nosotros, los africanos que vivimos en Europa, no decimos toda la verdad sobre Europa y, en este sentido, tenemos una gran responsabilidad. Hasta cierto punto sacrificamos nuestra dignidad para quedarnos. Pero no puedo sacrificar la ma.



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