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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-10-2008

China-USA
La (peligrosa) metamorfosis del mundo

Higinio Polo
El Viejo Topo


En febrero de este ao, la revista norteamericana Forbes publicaba un extenso artculo donde calificaba a China como el pas ms importante del planeta no slo por su enorme poblacin, sino por el acelerado desarrollo de su economa, citando como ejemplos de su potencial que una empresa estatal, Petrochina, se haba convertido en la mayor corporacin del mundo, y que con toda probabilidad China superara, tal vez a finales de 2008, a Alemania, convirtindose as en el mayor pas exportador del mundo. Poda haber aadido que las reservas de divisas chinas son las mayores del mundo (1.550.000 millones de dlares), y que de sus universidades salen cada ao ms de cuatro millones de licenciados. Tambin, que China cuenta con el mayor banco del mundo, ICBC; con la mayor empresa de telefona mundial, China Mobile; con el mayor nmero de internautas y de telfonos del planeta, es el principal fabricante mundial de televisores planos y de ordenadores, y tiene un altsimo crecimiento anual del PIB, inalcanzable para otros pases. Si en 2007, la economa norteamericana supona el 21,36 del PIB mundial, y la economa china el 10,83 (siempre en paridad de poder de compra), se calcula que dentro de cinco aos Estados Unidos producir el 19,22 del PIB mundial y China el 14,69. Mientras Estados Unidos declina, China contina creciendo.

Forbes conclua su artculo afirmando que el siglo XXI va a ser el siglo de China. Esa conviccin, que se va abriendo paso en el pensamiento poltico norteamericano, est muy presente en la planificacin estratgica de Washington y va acompaada de constantes quejas por parte de Estados Unidos hacia la potencia asitica: su dficit comercial con China es utilizado para justificar los crecientes problemas de la economa norteamericana y el aumento del paro entre los estadounidenses (aunque China cumple escrupulosamente con sus obligaciones ante la OMC); el aumento del precio del petrleo se explica por el mayor consumo chino, y el encarecimiento de los cereales por el incremento de las importaciones chinas, pese a la evidencia de que, en ese apartado, China se autoabastece, entre otras muchas acusaciones semejantes. Adems, China ha dejado de ser exclusivamente un pas exportador de productos baratos para convertirse tambin en exportador de bienes de alta tecnologa.

Esa nueva realidad econmica est empezando a tener repercusiones polticas y cambios en las relaciones internacionales y en la fuerza militar relativa de las grandes potencias planetarias. As, el pasado mes de junio, el Stockholm International Peace Research Institute, SIPRI, public su Informe 2007 donde daba cuenta de que el gasto militar chino era ya el tercero en importancia del mundo. El IISS (The International Institute For Strategic Studies, de Londres), mantiene opiniones similares. De esa forma, en 2007, siempre segn el informe del SIPRI, mientras Estados Unidos destin 547.000 millones de dlares a gastos militares, seguido por Gran Bretaa, con 59.700 millones, China aparece ya tras esos dos pases, destinando a la defensa 58.300 millones. La conclusin ms importante del informe era la emergencia de China, cuya posicin en el tercer lugar del mundo por gastos militares era destacada por el Instituto. No hay que olvidar que esos dos institutos forman parte del conglomerado ideolgico occidental que dirige Washington, y que, con un lenguaje ms acadmico, apoyan la visin norteamericana sobre el fortalecimiento militar chino.

En 2000, Estados Unidos empez a publicar un informe anual sobre la fuerza militar china (Annual Report to Congress, del secretario de Defensa, sobre el Military Power of the Peoples Republic of China), que, en sus ltimas ediciones, pone nfasis en destacar el aumento del potencial militar y estratgico chino, en su modernizacin y en el desarrollo de la tecnologa espacial. Robert Gates, secretario de Defensa norteamericano, destac en la presentacin del Informe 2007 los riesgos del fortalecimiento de Pekn, dando carta de naturaleza a la supuesta amenaza militar china, idea que recorre en los ltimos aos los informes del Departamento de Defensa, de los think tank conservadores y de muchas publicaciones acadmicas.

Y, en efecto, China ha aumentado su presupuesto destinado a Defensa, y su fuerza militar se ha robustecido, pero la supuesta amenaza militar china es una completa falsedad. Es cierto que los cambios en el equilibrio militar en Asia (con la consolidacin de la Organizacin de Cooperacin de Shanghai, y las cumbres de pases de Asia central y del sudeste asitico con China, ambas celebradas en Pekn), los acuerdos de cooperacin con Mosc, e incluso la diplomacia china hacia frica, que se concret en la cumbre chino-africana de Pekn, son motivos de alarma para Washington, pero Pekn no est interesado en iniciar un enfrentamiento estratgico con Estados Unidos, sino que sigue una cautelosa poltica internacional que persigue su fortalecimiento econmico, para lo que necesita relaciones pacficas y no tensiones internacionales y guerras, aunque no descuide por ello las necesidades defensivas del pas: nada que ver por lo tanto, con la emergencia de una amenaza militar china, cuyos creadores tienen evidentes propsitos polticos orientados a la contencin del gigante asitico.

Con groseras mentiras, Washington no duda en criticar la poltica exterior china aludiendo a que Pekn, para conseguir abastecerse de recursos energticos, tiene relaciones con pases que violan los derechos humanos, que apoyan el terrorismo internacional y que impulsan la proliferacin nuclear. En un rasgo ms de hipocresa, omitiendo la evidente complicidad norteamericana con feroces dictaduras, como Arabia, pasando por alto la ocupacin militar de un pas rico en petrleo como Iraq, su apoyo a organizaciones terroristas que favorecen sus intereses (como los grupos muyahidin iranes), y su complicidad o tcita aceptacin con el aumento de los arsenales atmicos de Israel o Pakistn, Washington se permite esas referencias crticas a los acuerdos energticos chinos con Irn y a su bsqueda de convenios con las naciones africanas. Pese a sus cautelas, Pekn lleg a denunciar pblicamente la burda injerencia [estadounidense] en los asuntos internos chinos. Hong Yuan, responsable de la agencia que controla la proliferacin armamentstica en el Instituto de Estudios Norteamericanos de la Academia de Ciencias china, destac que Estados Unidos pona nfasis en las nuevas armas chinas, sin tener en cuenta la diferencia en cuanto al potencial militar de ambos pases, y que la supuesta amenaza china que describa el informe del Departamento de Defensa omita el hecho de que China mantiene la poltica de no ser la primera en utilizar armas nucleares. A su vez, el gobierno chino record que, entre 2001 y 2007, Estados Unidos haba aumentado casi en un sesenta por ciento sus gastos militares, y que stos haban pasado de representar el treinta y seis por ciento del total de gastos militares del planeta a ser casi la mitad del total mundial. Pekn pona el dedo en la llaga al sealar que Estados Unidos gasta en armamento y en sus ejrcitos tanto como el resto de los casi doscientos pases del mundo juntos. Cabe sealar que el gasto militar chino representa, aproximadamente, el nueve por ciento del presupuesto militar estadounidense, y que dedica el 1,4 por ciento del PIB chino a la defensa, frente a una media del 3 por ciento de los principales pases capitalistas.

En noviembre de 2007, el secretario norteamericano de Defensa, Robert Gates, viaj a Pekn para abordar con el gobierno chino la situacin en Asia, los conflictos internacionales y la relacin bilateral centrada en las cuestiones militares. Su misin no contribuy a rebajar el tono de las acusaciones norteamericanas. Al contrario, en marzo de 2008, Gates declaraba que el gasto militar chino era mayor del que Pekn reconoca, sin mayores precisiones. El peridico The Washington Post, acudiendo en ayuda de su gobierno, difunda al mismo tiempo la idea de que la inversin china en defensa era dos o tres veces mayor a la declarada, aunque se abstena de ofrecer pruebas y de sacar las conclusiones pertinentes, puesto que aunque el gasto militar chino fuera el triple del declarado por Pekn, an as representara apenas el treinta por ciento del presupuesto militar norteamericano. De manera que, utilizando como prueba sus propias cifras y argumentos, y otorgndose el papel de juez y parte, Estados Unidos proclamaba, otra vez, el peligro de la amenaza china. La presentacin de un nuevo Informe del Pentgono, en marzo de 2008, con ideas similares al anterior, sugera adems que Pekn llevaba a cabo una poltica de intrusin en las redes informticas del gobierno norteamericano, y, en general, occidentales, y fue acompaado con la filtracin a la prensa internacional de noticias que especulaban incluso con la idea de que Pekn podra haber contratado a piratas informticos para sabotear los sistemas de los pases occidentales, acusacin que llev al gobierno chino a presentar una protesta formal a Washington, insistiendo en que China, como puede comprobarse en las relaciones internacionales, no amenaza ni representa una amenaza para ningn pas. El ministerio chino de Asuntos Exteriores hizo pblico un comunicado donde exhortaba a Estados Unidos a respetar la idea de una sola China, a cesar la venta de armamento a Taiwan y abandonar su equvoca poltica hacia el separatismo taiwans. Todava no haba llegado la ltima operacin gestada en Washington para daar el prestigio y las relaciones de China con el resto del mundo: la campaa internacional sobre el Tbet, aprovechando la repercusin de los Juegos Olmpicos de Pekn.

En el mismo mes de marzo pasado, con ocasin de la reunin del Parlamento chino, la Asamblea Popular Nacional, el presidente Hu Jintao (que dirige tambin la Comisin Militar Central, y que vesta para la ocasin, significativamente, un traje militar Mao) se reuni con la delegacin del Ejrcito para insistir en la necesaria modernizacin militar de su pas para garantizar el progreso del socialismo chino y para contribuir al mantenimiento de la paz mundial. Consciente de las acusaciones norteamericanas, las referencias que hizo Hu Jintao a la progresiva utilizacin de la tecnologa ms moderna para responder a las posibles amenazas contra su pas, eran consecuencia del anlisis chino de las ltimas guerras libradas por Estados Unidos, desde la primera guerra del golfo contra Iraq, hasta la invasin de Afganistn e Iraq, pasando por la agresin a Yugoslavia, donde la propia embajada china fue destruida por los misiles norteamericanos, a consecuencia de un supuesto error.

En abril, fuentes de los servicios secretos norteamericanos filtraron a los medios de comunicacin una alarmante noticia donde, basndose en una imagen obtenida por satlite por la compaa norteamericana DigitalGlobe y reproducida en publicaciones especializadas en cuestiones militares, se especulaba con la ampliacin de una supuesta base de portaaviones y con la construccin de hangares y muelles para submarinos nucleares chinos en la isla de Hainan, en el sur de China. La fotografa, donde apenas se apreciaba el perfil de unos muelles, probaba as el fortalecimiento militar chino y la emergencia de una nueva amenaza en el Mar de la China Meridional. No por casualidad, el mes anterior, Estados Unidos y Japn haban celebrado en Washington una reunin para examinar el reforzamiento de su despliegue militar en la zona para dificultar la salida de China al Ocano ndico desde del Mar de la China Meridional. Hay que recordar que ese mar, que baa casi la mitad de las costas chinas, est cerrado en gran parte por el arco que forman Taiwan, Filipinas (ambos territorios facilitan el despliegue militar norteamericano, incluso con bases), la gran isla de Borneo y la pennsula de Malaca, donde Estados Unidos est reforzando su presencia militar martima y est ampliando su base en Singapur. Por el Norte, la base norteamericana de la isla japonesa de Okinawa y el propio archipilago japons suponen una barrera para el desarrollo de la marina china y el paso de sus submarinos. Uno de los acuerdos del encuentro entre Estados Unidos y Japn fue el establecimiento permanente en el archipilago nipn del portaaviones norteamericano Washington y el refuerzo del patrullaje de la VII Flota de Estados Unidos que opera en la zona. Es obvio que Pekn observa con preocupacin esos movimientos.

En mayo, el director de la CIA, Michael Hayden, adverta en Washington de que China (un pas comunista y potencia nuclear, segn sus palabras) era un serio rival econmico y poltico de los Estados Unidos y alertaba sobre el incremento de su poder militar, aunque consideraba que ello no implicaba necesariamente un enfrentamiento a corto plazo. Pocos das despus de las palabras de Hayden, el responsable del Mando Estratgico norteamericano, general Jeffrey Horne, en la reunin de uno de los grupos de estudio del Congreso, acusaba a China de desarrollar tecnologa espacial con propsitos agresivos. Horne alert sobre la capacidad china para derribar satlites y desarrollar sistemas militares de alerta para cegar y ensordecer al enemigo y sugiri la conveniencia de que Estados Unidos protegiese sus efectivos espaciales. Era evidente que las palabras de Horne (con el teln de fondo de la prueba realizada por China, en enero de 2007, derribando un satlite con un misil balstico) no eran slo la reflexin de un general, al margen de la relevancia de su cargo, sino un aviso del gobierno norteamericano a China, y una forma de presionar a los aliados norteamericanos en Asia oriental, y en Europa, ante la nueva fortaleza china. La deliberada y sistemtica presin norteamericana se acompa, a finales de mayo, de la presentacin pblica del Informe del Departamento de Estado sobre la democracia y los derechos humanos, donde Washington criticaba con dureza la poltica gubernamental china, decisin que comport la rplica del Ministerio de Asuntos Exteriores chino recomendando a Estados Unidos que se preocupase por la violacin de los derechos humanos en su propio territorio y que dejase de utilizarlos como recurso propagandstico para intervenir en los asuntos internos de otros pases.

A mediados de junio pasado, el propio vicepresidente, Richard Cheney, proclamaba en una sesin de la Cmara de Comercio norteamericana que China estaba extrayendo petrleo a sesenta millas de Florida, gracias a un acuerdo con Cuba. Con su habitual altanera, Cheney se permiti menospreciar al Partido Comunista Chino y sus palabras fueron interpretadas como un serio aviso sobre la creciente agresividad china, que operaba ya en las propias costas norteamericanas. Por desgracia para Cheney, y ante la evidencia de que sus informaciones eran errneas, dado que ninguna compaa china est perforando pozos petrolferos en esa zona del Caribe, el vicepresidente se vio obligado a rectificar unos das despus. Pero sus palabras fueron reveladoras de la actitud del gobierno norteamericano hacia China. El anterior secretario norteamericano de Defensa, Donald Rumsfeld, era partidario de una agresiva poltica hacia China, que ha sido seguida, en lo sustancial, por su sustituto, pero Pekn no quiere repetir los errores de la URSS y no tiene intencin de dejarse arrastrar a una nueva carrera de armamentos sino que quiere concentrar sus recursos en su desarrollo econmico.

La hipottica amenaza militar china puesta en circulacin por Washington ha sido contestada por Pekn aludiendo a su defensa de la paz y la colaboracin internacional, y su apoyo a los principios de seguridad y confianza mutua. De hecho, desde los aos de Deng Xiaoping, China ha impulsado una poltica exterior de coexistencia pacfica, basada en cinco principios: primero, el respeto mutuo por la soberana e integridad territorial; segundo, la adopcin de una poltica de no agresin; tercero, la no intromisin en los asuntos internos de otros pases; cuarto, la igualdad en las relaciones; y, quinto, el mutuo beneficio. El presidente Hu Jintao mantiene esos principios, que, con el fortalecimiento del poder econmico global de Pekn, ha llevado al pensamiento estratgico chino a formular la tesis de la emergencia pacfica de China: alrededor de ese concepto se mueve la poltica exterior de Pekn. Si histricamente el nacimiento de nuevas potencias planetarias ha ido siempre de la mano de la conquista, la guerra y el colonialismo, Hu Jintao mantiene la tesis de que China necesita un clima pacfico de concordia internacional para asegurar su desarrollo econmico, por lo que, en las relaciones con Estados Unidos, opta por una poltica que fomente la confianza entre ambos pases, sobre bases igualitarias, en un intento de comprender los intereses estratgicos de la otra parte. En el XVII Congreso del Partido Comunista Chino, Hu Jintao respondi a las acusaciones sobre la supuesta amenaza china, optando por una poltica de desarrollo pacfico, defendiendo el multilateralismo, y rechazando la tentacin de buscar exclusivamente el inters chino.

Es decir, frente a las acusaciones norteamericanas, lo cierto es que China tiene en cuenta los intereses estratgicos estadounidenses, en la conviccin de que es el nico camino para consolidar unas pacficas relaciones internacionales (aunque no por ello deje de responder con severidad a los intentos exteriores para estimular procesos de independencia en Taiwan, Tbet y Xingjiang: son las lneas rojas que Pekn no dejar cruzar a nadie), y sigue manteniendo un deliberado bajo perfil en la poltica internacional (pese a una mayor presencia diplomtica china en todos los foros) para asegurar la paz. Es una evidencia que frente a las guerras de conquista norteamericanas y su constante expansin militar por el mundo (nuevas bases para su ejrcito en Europa, Asia y frica, ampliacin de la OTAN, aumento del presupuesto de Defensa, etc), ni siquiera los ms duros estrategas de la supuesta amenaza militar china pueden alegar un solo caso de actuacin agresiva, (y, mucho menos, militar) de Pekn hacia otros pases, por lo que se ven obligados a recurrir a la cuestin de Taiwan, que, obviamente tiene una clara dimensin interna china, para especular con los propsitos de Pekn.

La reciente reunin, a finales de junio, de Condoleezza Rice y su homlogo chino, el ministro de Asuntos Exteriores Yang Jiechi, sirvi para que Rice declarase pblicamente la oposicin norteamericana a la independencia de Taiwan, pero no la renuncia a utilizar esa carta a su conveniencia en sus relaciones con Pekn. Mientras, una vez ms, Yang Jiechi escenificaba el esfuerzo chino por mejorar su comunicacin con Estados Unidos, contribuyendo as al desarrollo de pacficas relaciones internacionales, Rice no se priv de recordar las diferencias que subsisten entre Washington y Pekn. Sin embargo, la tozuda realidad dificulta, aunque no impide, el esfuerzo propagandstico norteamericano. La propia CIA, que elabora parte de los programas de acoso hacia China (en el Tbet, Xingjiang, frica, y otros lugares) se ha visto obligada a admitir que el presupuesto de defensa de Pekn para el ao 2008 (de unos 65.000 millones de dlares, segn la agencia), es apenas la dcima parte del presupuesto militar norteamericano. No hay duda, pese a todo, de que la gran pugna por el predominio entre Estados Unidos y China explica determinadas operaciones de propaganda (gestadas por los servicios secretos norteamericanos), como las acusaciones a China por su supuesta responsabilidad en la crisis de Darfur, en Sudn, que ocultan que Pekn ha aconsejado al gobierno sudans la plena cooperacin con la Unin Africana y con la ONU para la resolucin de la crisis, y que ha nombrado incluso un representante especial para Darfur con una funcin semejante a la mediacin que Tony Blair realiza en la cuestin palestina. Sin olvidar que la creciente presencia china en frica tropieza con confusos incidentes y provocaciones: en enero de 2007, nueve trabajadores chinos de una empresa petrolera fueron secuestrados en Nigeria, y en abril de ese mismo ao, un oscuro grupo guerrillero somal atac las instalaciones de la petrolera china Zhongyuan Petroleum Exploration, en Abole, en el Ogadn etope, causando setenta y cuatro muertos. Son apenas unos ejemplos, pero es obvio que esos incidentes, y otros semejantes de confuso origen, dificultan la presencia china en frica y la consolidacin de su presencia internacional.

Washington reaccion con alarma ante el ensayo contra un satlite meteorolgico realizado por China a principios de 2007, sin querer reparar en el hecho de que Estados Unidos lleva ms de veinte aos haciendo pruebas con armas similares, impulsando de hecho la militarizacin del espacio, y negndose a considerar la propuesta china y rusa de negociar un tratado para limitar la investigacin sobre armamento espacial y para prohibir el despliegue de esos sistemas en el cosmos. Al criticar el ensayo chino, junto a la negativa a negociar la prohibicin, Washington, de hecho, estaba exigiendo a China y a Rusia su acatamiento del monopolio espacial norteamericano, deseo que, obviamente, es inaceptable para Pekn y Mosc. Esa poltica de hechos consumados que sigue Washington busca la ventaja estratgica sin preocuparse por los intereses del resto de las potencias mundiales, y pudo constatarse en febrero de 2008 con la destruccin de un satlite espa norteamericano con un misil lanzado desde un destructor estadounidense en el ocano Pacfico, cerca de Hawai. Para realizar el lanzamiento, considerado un ensayo para la instalacin del sistema antimisiles norteamericano, Washington utiliz la excusa de que su satlite espa corra el riesgo de caer a la Tierra. Es decir, exige que Pekn y Mosc se abstengan de hacer lo mismo que Washington cree legtimo desarrollar.

Por eso, Estados Unidos prosigue con sus planes para desplegar un sistema antimisiles centrado en su propio territorio, con bases en Europa central (Polonia y Chequia) y Asia oriental (Japn y Corea), y tambin con instalaciones para lanzamiento de misiles estratgicos. Ese plan puede destruir la arquitectura estratgica de control de los arsenales atmicos e impulsar una nueva carrera de armamentos, que tanto Pekn como Mosc se resisten a emprender. Al mismo tiempo, Estados Unidos se niega tambin a ratificar el Tratado de prohibicin de ensayos nucleares y descarta adoptar la poltica de no ser el primer pas en utilizar armas nucleares, a diferencia de lo que han proclamado Rusia y China. Al contrario: se reserva el derecho del recurso preventivo de la utilizacin de bombas atmicas. Ante esa realidad, en la cumbre entre China y Rusia celebrada en mayo en Pekn, Hu Jintao y Dmitri Medvdev firmaron un comunicado advirtiendo de que la creacin del sistema global de defensa antimisiles norteamericano alterar el equilibrio estratgico y la estabilidad en el mundo, al tiempo que basaban las relaciones internacionales en la persecucin de los objetivos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y en la coexistencia pacfica. El reforzamiento de los lazos entre Mosc y Pekn y su exigencia de que se respeten la soberana y la integridad de todos los pases era una implcita crtica a Estados Unidos, sin citarlos, atendiendo a que es el nico pas que, en los ltimos aos, ha invadido y ocupado otros pases. Entre las cuestiones que Hu Jintao y Medvdev mostraron el acuerdo de sus gobiernos estaba, adems de su rechazo a que los derechos humanos sean invocados como pretexto para intervenir en los asuntos internos de otros pases, su apoyo al mantenimiento de la poltica de no proliferacin nuclear en el mundo, a la utilizacin pacfica del espacio, y su oposicin a que se desplieguen sistemas de armas en el cosmos. Era obvio que esos planteamientos son contradictorios con la tesis norteamericana de la amenaza militar china.

En ltima instancia, la peligrosa metamorfosis del mundo esconde el intento norteamericano de detener su lenta pero constante decadencia y limitar el ascenso chino. Por eso, recibe con hostilidad el abierto apoyo de Pekn a Cuba, sus relaciones con Venezuela y otros pases de Amrica Latina, y el desarrollo de intercambios en frica, donde China se ha comprometido a dar ayudas por valor de diez mil millones de dlares. Por aadidura, las dificultades norteamericanas con la India, donde el gobierno de Manmohan Singh no ha podido aprobar el acuerdo de cooperacin nuclear con Estados Unidos debido a la oposicin comunista india (que considera dicho acuerdo contrario a los intereses nacionales y a una poltica exterior independiente), hacen dudar sobre la viabilidad del plan norteamericano de apoyarse en la India para limitar el poder chino.

China se mueve. Tras los avances sobre la llamada cuestin nuclear en la pennsula coreana, donde participan en las negociaciones China, Estados Unidos, Rusia, Japn y las dos Coreas, el gobierno de Pekn ha vuelto a mover ficha. La propuesta china a Sel de abrir conversaciones con Corea del Sur para consolidar la paz en la regin, fue acompaada por el portavoz de Exteriores chino de la consideracin de que la presencia militar norteamericana en la zona es ya obsoleta. Pekn incluso ha conseguido mejorar las relaciones chinas con Japn (de quien es el principal socio comercial), tras la visita de Weng Jiabao a Tokio en abril de 2007.

Pese a todo, China es consciente de que contina teniendo un insuficiente desarrollo de su industria militar y de que sus recursos no pueden compararse con los norteamericanos y los rusos. Tanto su Aviacin como su Marina tienen escasa importancia para un pas de las dimensiones de China, pero cuenta con submarinos nucleares y con una apreciable fuerza de misiles balsticos intercontinentales, aunque en nmero mucho ms reducido que los arsenales rusos y norteamericanos. Pekn dispone de unas cuatrocientas ojivas nucleares, mientras que Estados Unidos posee unas cinco mil cuatrocientas, que reducir a cuatro mil quinientas a finales de 2012, (aunque las que retire no sern destruidas sino que sern almacenadas!). A diferencia del pasado, cuando consideraba inevitable la colisin, hoy el pensamiento estratgico chino no contempla la posibilidad de enfrentamientos militares con otros pases, sin que por eso pierda de vista que el acoso norteamericano a Irn, y la guerra secreta que ya se ha iniciado, pueden alterar la situacin mundial.

China representa un doble desafo para Estados Unidos: por su condicin de pas emergente llamado a convertirse, si Washington no puede impedirlo, en la economa ms poderosa del planeta, y por su apuesta, que sigue vigente, por un socialismo con caractersticas chinas. Si la reforma iniciada por Deng Xiaoping tiene riesgos evidentes y contradicciones con arreglo a la teora tradicional del socialismo, que no podemos tratar aqu, no por ello puede negarse que su xito haya supuesto el desarrollo y consolidacin del pas y la emergencia de China como nueva gran potencia, en un mundo peligroso que observa sin aliento su propia metamorfosis.




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