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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-10-2008

La historia de Batoul
Olvido y memoria de las mujeres resistentes en la independencia de Marruecos

Leonor Mir
Revista Pueblos


En el ao 1956 Mohamed V regres a Marruecos tras ser exiliado y enviado junto a toda la familia real a la isla de Madagascar. Ese mismo ao Marruecos logr su independencia de Espaa y Francia tras aos de lucha y resistencia. Las mujeres marroques formaron parte de esta lucha junto a los hombres pero, como viene siendo habitual, fueron olvidadas intencionadamente por la historia. En este caso, como en casi todos, la memoria selectiva se traduce en injusticia.

Se trata de mujeres que se encuentran en un estado de indefensin y que, tras aos de penalidades, se sienten abandonadas por el mismo pas por el que sacrificaron su juventud. El silencio administrativo es la respuesta que reciben estas mujeres, que sienten que en su vejez la lucha debe continuar, aunque por motivos bien distintos. Son mujeres oficialmente sin historia a las que el Estado ha convertido en invisibles. Esto es especialmente grave, si se tiene en cuenta que de esta generacin de mujeres es heredero el movimiento feminista marroqu.

Ahora, ms de 50 aos despus, otra generacin de mujeres busca su imagen en el espejo del tiempo, rescatando del olvido la lucha de sus madres y abuelas. A travs de un arduo trabajo de investigacin, que conlleva localizar a las mujeres resistentes, recuperar y preservar en la medida de lo posible sus testimonios, intentan hacer visibles unas vidas de incuestionable valor histrico, revindicando que el Gobierno marroqu les reconozca un estatus que a diferencia de sus compaeros del sexo masculino les ha sido negado.

Recorren el pas recogiendo testimonios, elaborando listas y entrevistando a mujeres. Presionan para que el Estado las reconozca y albergan la esperanza de que algn da las calles y plazas de Marruecos lleven sus nombres y apellidos. De esta manera no slo quieren acabar con la injusticia de este silencio concreto. Saben que los relatos que recogen ahora son la forma de revindicar los de otras muchas mujeres que en otros lugares y otros tiempos protagonizaron historias que todava permanecen ocultas. Es una forma tambin de conquistar el papel que les corresponde a las mujeres en la historia y en el futuro del pas.

En palabras de Hakima Naji, representante de Assaida Al Horra, una de las asociaciones que trabaja este tema en Marruecos, "el primer paso para sacar a las mujeres del Harem en el que las ha encerrado la historia es nombrarlas, mencionar sus nombres y apellidos". En este sentido me parece necesario relatar una historia particular, como un ejemplo entre tantos, y tambin porque, al fin y al cabo, es de mujeres concretas y no otra la materia de la que se compone la Historia, en maysculas.

El primer recuerdo que tiene Batoul El Aouami de la lucha data probablemente de 1947 cuando Mohamed V ley su famoso discurso en la ciudad de Tnger. Ella recuerda que agitaba una banderita y vitoreaba contenta las palabras del rey. No deba tener ms de 6 7 aos y la bandera que sostena no significaba nada para ella todava. El siguiente recuerdo de Batoul es en la escuela, donde empez a establecer relaciones con miembros de la resistencia. Su voz, que encierra la experiencia de sus casi 70 aos y atrapa al oyente de la misma manera que deba hacerlo desde Radio frica, donde trabaj como locutora tras la independencia, va desgranando cada uno de los recuerdos de aquella epc.

Aos de resistencia

Su relacin con la resistencia empez con acciones de baja intensidad, pasando informacin entre los resistentes. Conjugaba las clases con la venta de pan en el zoco. Batoul entregaba hogazas de pan con mensajes y venda otras a inocentes compradores. Sus compaeras de clase la despreciaban porque vender el pan en el zoco no se corresponda con el estatus que se supona a una seorita con estudios. Ella no se enfadaba, se senta importante, portadora de un gran secreto que deba guardar celosamente.

Batoul lleg a implicarse tanto en la resistencia, que su lucha le impidi seguir estudiando. Eso es una de las cosas que ms lamenta de aquella poca. Sus compaeros iban a buscarla a casa para escribir consignas en las paredes y repartir propaganda. Mientras ellos vigilaban, ella haca el trabajo. Y es que quin iba a sospechar de una nia de 12 13 aos?

Batoul, que creci sin padre, viva con su madre en el barrio de la Alcazaba. La madre, aunque simpatizaba con la causa, vea desesperada cmo Batoul iba implicndose peligrosamente en las actividades de la resistencia. Le prohibi salir de casa y hasta le escondi la ropa, pero Batoul siempre escapaba de una forma u otra. Algunas veces le robaba la gabardina a su hermano y as, vestida de hombre, sala a la noche de Tnger para seguir escribiendo consignas en los muros.

Pronto empez a acompaar a sus compaeros a recoger armas. Amparados por la oscuridad bajaban peligrosos acantilados y recogan los sacos que el mar haba depositado en la playa. Eran sacos que deban contener menta pero que en realidad contenan armas. Batoul los recoga, cruzaba Tnger con ellos y los entregaba a otros resistentes. Eran armas que desde Tnger viajaban a Rabat y Casablanca y se usaban contra los franceses.

Mientras tanto, las manifestaciones se sucedan en Tnger y ella asista a todas. Un da frente al Hotel Rembrandt, en el famoso Boulevard Pasteur, Batoul encaramada sobre los hombros de uno de sus compaeros gritaba consignas contra el gobernador francs, que lea un discurso desde uno de los balcones del hotel. La polica empez a disparar y Batoul cay herida en el muslo. Es una de las cicatrices que le recuerdan esa poca, las otras estn en el alma y duelen mucho ms.

Falta de reconocimiento institucional

Finalmente Mohamed V volvi del exilio y se consigui la independencia. Batoul muestra contenta una foto en la que, con 15 aos, est junto al rey. Es el nico reconocimiento que tiene de todo este tiempo. Batoul ha visto cmo en los ltimos aos todos sus compaeros han conseguido el estatus de resistente. Ella se pregunta qu la diferencia de ellos. El extenso dossier que ha ido recopilando demuestra su participacin en la resistencia, hay declaraciones juradas de otros resistentes reconocidos, fotografas y nombres. Toda una vida encerrada en una vieja carpeta, convertida en un puado de papeles que duermen en el fondo de los cajones de varios despachos: la delegacin de antiguos combatientes, la wilaya y el ayuntamiento. Papeles que, a diferencia de las armas que transport, no viajan ni a Rabat ni a Casablanca.

Todas las puertas se cierran para Batoul, a pesar de que su gran dignidad hace que los guardias de la wilaya se cuadren a su paso cuando visita al gobernador para entregar su dossier. La respuesta siempre es la misma: "tienes que esperar, los papeles tienen que enviarse a su majestad". Y es que parece que su majestad, que decide en esto como en casi todo, tiene mucho trabajo como para ocuparse de estas menudencias.

Batoul lleva aos esperando, pero su lucha no desfallece. Ahora el silencio, la desidia y el tiempo que se le acaba se han convertido en sus enemigos. Ella sigue teniendo fe en su rey y sigue entregando su dossier, una y otra vez. Cree firmemente que cuando el rey conozca su historia, se har justicia.

Batoul no tiene miedo, a pesar de que recientemente la polica la retuvo en comisara varias horas. Su delito: esperar a Mohamed VI con su vieja carpeta a pie de carretera. Quera entregarle su dossier personalmente. En sus propias palabras "el miedo se fue con los que daban miedo, ahora es la poca de Mohamed VI y l ha abierto las puertas para que podamos revindicar nuestros derechos y aquel que es dueo de sus derechos no debe dejar de perseguirlos hasta que los consiga".

Leonor Mir es miembro de Entrepobles. Este artculo fue publicado originalmente en la versin escrita de la Revista Pueblos en su nmero 34, de Septiembre de 2008.


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