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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-10-2008

Tras la muerte del dictador se pact el silencio sobre los crmenes, la impunidad para los responsables y el olvido de las vctimas
Mujeres en el franquismo

Amparo Salvador Villanova
Pueblos

Y si sabes quin te mat a tu hijo, te has de callar! Y si sabes quienes te violaron, te has de callar! Y si sabes quin te rob tu casa, te has de callar! Y si sabes quin te rob y vendi a tus hijos te has de callar!


Durante aos y aos, so que llegara un da, cuando se volviese a instaurar la democracia, que se hara justicia sobre las terribles atrocidades y crmenes cometidos durante el franquismo. Pero se acababan de firmar "Los Pactos de la Transicin" entre la derecha y la "izquierda", tras la muerte de Franco. En ellos se pactaba el silencio sobre los crmenes del genocidio franquista y la destruccin de sus pruebas, la impunidad para los responsables y colaboradores y el olvido de las vctimas. Era el ao 1977 y se acababa de promulgar la Ley de Amnista que daba cuerpo legal a aquellos ignominiosos Pactos.

Deca estas cosas y otras apretando los puos, cayndole las lgrimas una a una a pesar de la rabia contenida y el esfuerzo para no llorar: era la representacin de la impotencia. Haban matado a su compaero y a ella rapado el pelo al cero, y obligado a tragar aceite de ricino mediante el procedimiento de meterle un embudo en la boca, en el que volcaban media garrafa. Muchas se ahogaban en su propio vmito de sangre debido a las heridas provocadas por la "colocacin" del embudo. Despus, la unieron a otras y obligadas por la Guardia Civil a caminar de pueblo en pueblo, para exponerlas en las plazas, sucias por la descomposicin y la gastroenteritis producidas por el ricino, deshidratadas, desfallecidas, todas las moscas pegadas a ellas, incluso a veces desnudadas en pblico para que todos/as se rieran y burlaran, e incluso les tirasen piedras, en un intento brutal de aniquilarlas moral y fsicamente. Y ojo con el que no lo hiciese! Todos estaban vigilados y se tomaba puntual nota de los que no las humillasen con el suficiente entusiasmo. Muchas veces, entre los "espectadores", estaba la propia madre de alguna de las mujeres, obligada a asistir al espectculo con la impotencia y el desgarro en el alma al ver a su hija en semejantes circunstancias. Y todo por qu? En el caso de nuestra protagonista, por haber pertenecido al Socorro Rojo durante la II Repblica y realizar trabajos humanitarios.

Las supervivientes de aquellas "excursiones" eran llevadas a la crcel (conventos habilitados casi siempre), en las que muchas moran por hambre, desnutricin, falta de agua e higiene, hacinamiento, epidemias de piojos, sarna, tuberculosis, en las filas del patio en el que eran obligadas a permanecer horas y horas, formadas de pie para ser contadas, para coger la comida, para lo que fuera, acabando en un estado de delgadez tal, que muchas tenan la ltima vrtebra al descubierto, por lo que slo podan sentarse de lado, aguantando un reglamento interno que las llevaba al lmite de la supervivencia psquica y fsica. Las humillaciones a las que se las someta alcanzaban niveles de total deshumanizacin. No haba da en que no sacaran a varias para llevarlas a fusilar, en ocasiones tras una parodia de juicio (Consejo de Guerra Sumarsimo), y otras veces, directamente ejecutadas extrajudicialmente. Y las que conseguan librarse, si podan, acababan marchndose de sus pueblos al no poder resistir la vergenza y humillacin por las vejaciones sufridas, rechazadas por todos, dado que las represalias para con quien las acogiese eran terribles.

El general Queipo de Llano llamaba a las violaciones masivas, llegando a decir textualmente "nuestros valientes legionarios y regulares han enseado a los rojos lo que es ser hombres. De paso han enseado tambin a sus mujeres, que ahora por fin han conocido hombres de verdad, y no esos castrados milicianos. Dar patadas y berrear no las salvar". As pues, con semejantes instrucciones, el ejrcito, la falange y las divisiones marroques, pusieron en marcha la caza de "rojas", siendo tambin secuestradas y utilizadas como rehenes para forzar la aparicin del marido, padre o hermano huido o combatiendo en la guerrilla, a veces muerto ya. Ser mujer y haber sido republicana, y sobre todo cuando el marido o compaero haba muerto en el frente o en la crcel, fusilado "legalmente" o ejecutado extrajudicialmente, daba carta de naturaleza para que cualquier falangista o adicto al rgimen pudiese violarlas cuantas veces se le antojase. Al final, algunas, "las que tenan ese privilegio", se casaban con uno de ellos y as conseguan tener a un solo violador.

La II Repblica legisl para lograr la igualdad de la mujer con el hombre en los terrenos social, laboral, econmico y poltico. Esta situacin fue de inmediato aprovechada por las mujeres para ser las protagonistas de su propia historia, algo que ms tarde el franquismo les hara pagar muy caro, convirtindolas en blanco preferente de la represin. Aquel protagonismo iba en contra de la nueva ideologa que las quera anular y relegar al cuidado de los hijos y el marido, y ello porque les tena reservado el papel de transmisoras de la ideologa franquista y de los "valores" de la Santa Madre Iglesia Catlica a travs de la familia. Pero para conseguir estos fines haba que domesticar como fuese a aquella generacin de mujeres que ya haban conocido la libertad y la igualdad. Por ello, a las mujeres que lucharon por la defensa de la II Repblica, se les aplic una represin especfica, en grado mximo de perversidad, que en muchos casos fue mucho ms cruel que la aplicada a los hombres. Lo primero que hicieron fue abolir todas las leyes que las equiparaban con el hombre. Conocan la fuerza revolucionaria que significaba la incorporacin de la mujer a la vida poltica, y para anularlas, promulgaron leyes que las ponan en el mismo plano que a los menores de edad, a los sordomudos y a los incapacitados mentales. Toda la demagogia del franquismo en cuanto a que la mujer y la infancia deban ser objeto de especial proteccin, no les impidi maltratarlas, torturarlas, violarlas, encarcelarlas y asesinarlas. El desprecio del franquismo hacia las mujeres era tal que no aceptaba su papel como luchadoras polticas, justificando muchas ejecuciones extrajudiciales como muertes naturales y manchando su nombre falseando la causa de la detencin, acusndolas de delitos comunes como asesinato, robo, prostitucin y hurto.

La crcel

En materia de poltica carcelaria, mientras que a los hombres se les encarcelaba solos, no debiendo preocuparse dentro de la crcel ms que de s mismos, a las mujeres se las encarcelaba con sus hijos, teniendo que vivir la impotencia, el desgarro y la locura de verlos morir por carencias de todo tipo: agua, comida, medicinas, ropa las criaturas moran en las crceles como moscas por el hambre, la deshidratacin, el fro, la tia, los piojos, la tuberculosis, las gastroentiritis y la sarna. La mayor parte de los das no haba ni agua, debiendo secar la ropa y los paales sucios para ponrselos otra vez, con lo que eran presa de toda clase de bacterias, bichos y epidemias. Llegaron a crear crceles especficas para mujeres con hijos e hijas, llamadas eufemsticamente "prisiones para madres lactantes", en realidad verdaderos "apartheids" pensados para aniquilar a las mujeres y a sus hijos. Fue tristemente famosa "la maternal" de Segovia, cuya directora, Mara Topete, falangista, se distingui por el trato inhumano que dio a las presas y a sus hijos. No se conoce exactamente el nmero de criaturas que pudieron llegar a morir all dentro, no se conoce un registro de las que encarcelaron, pero se cuentan por cientos, atribuyendo a la directora la responsabilidad directa de sus muertes. Slo las dejaba con sus madres el tiempo imprescindible para darles la escasa comida y asearlos; despus los llevaban al patio donde los dejaban todo el da sin agua ni comida, incluidos los lactantes, al margen del tiempo que hiciese, sometidas a malos tratos por cualquier cosa, en pleno invierno, a bajo cero. Supervivientes atestiguaron que cada da, al meterlas dentro para pasar la noche, muchas haban quedado muertas en el patio por el fro, el hambre o la deshidratacin.

Pero con todo, la peor pesadilla de las presas fueron las carceleras monjas, pertenecientes a rdenes religiosas de mujeres dedicadas ex profeso a este fin. El trato de ellas recibido era infinitamente ms cruel que el de las funcionarias, pertenecientes a la Seccin Femenina. Lleg hasta tal extremo esa crueldad que en el ao 1945 fueron expulsadas de la crcel de Ventas por denuncias del personal civil, segn cuenta Soledad Daz a Giuliana di Febo. Hay que destacar por su crueldad a las rdenes religiosas Hijas de la Caridad, Mercedarias de la Caridad, Hijas del Buen Pastor, la Orden de las Cruzadas, creada especialmente para reeducar a las mujeres en las crceles, la Orden de San Vicente de Paul (a la que perteneca Sor Mara de los Serafines, alemana, que haba pertenecido a la GESTAPO), tristemente famosa por la saa con la que trat a las presas y a sus hijos. Precisamente, en el ao 2005, nuestro Gobierno, que no ha dado un solo paso para la rehabilitacin jurdica de las vctimas del franquismo, y mucho menos en materia de acabar con la impunidad de que gozan los responsables de aquellos terribles crmenes, concedi el Premio Prncipe de Asturias de la Concordia, dependiente del Ministerio de Justicia, a esta ltima Orden religiosa de carceleras citada, caracterizada como ya se ha expresado, por su extrema crueldad.

Sin embargo, las presas, a pesar de aquellas terribles condiciones, fueron capaces de crear cadenas de solidaridad para ayudar a las ms necesitadas, de desarrollar actividades recreativas y culturales y de organizar huelgas de hambre y plantes. Las ms preparadas daban clases de alfabetizacin, matemticas e historia, y todo ello sin libros, sin mesas, sin pizarras, sin nada; marcaban sobre unas tablitas con trozos de lpices que ellas mismas conseguan. Llegaron a editar publicaciones y crearon bibliotecas, incluso compusieron canciones que cantaban con voz queda en las largas horas de patio para no perder la moral, y afrontaban la pena de muerte con dignidad y valor. Celebraban el 1 de Mayo y el 14 de Abril. Precisamente ese da, en 1940, en el convento de Santa Clara, en Valencia, gueda Campos Barrachina, junto a otras dos presas, fabric una bandera republicana que pasearon por el convento, lo que le vali la celda de castigo y el fusilamiento, junto a su marido, Amando Muiz Vedalles, el da 5 de abril de 1941 en Paterna (Valencia).

Aqu en Valencia la represin fue terrible (aunque tambin lo fue en el resto del Estado), precisamente por haber resistido hasta el ltimo momento. Los tribunales de guerra, los interrogatorios en comisaras y centros habilitados al efecto y las ejecuciones sumarias y extrajudiciales se sucedan a ritmo frentico, siendo el nmero de mujeres detenidas, torturadas y asesinadas altsimo, precisamente por haber participado activamente en la defensa de la ciudad. Muchas siguieron la lucha en la clandestinidad, organizando la resistencia; precisamente aqu se creo la "Unin Femenina de Valencia", grupo pionero en la ayuda pro-presos, creado en las colas de las puertas de la crcel La Modelo, extendindose luego por toda Espaa. Organizaban manifestaciones, recogan fondos para ayudar a los presos y presas, organizaban fugas, escondan a perseguidos y pasaban fugados por la frontera. Tambin fueron las responsables de los principales puntos de apoyo a la guerrilla, actividades que las convertan en objeto de detencin, fusilamiento y toda clase de violencias, como la aplicacin del "pacto del hambre", consistente en no dejar que recibiesen ningn tipo de ayuda o asistencia, condenndolas a ellas y a sus hijos a la miseria ms absoluta, muriendo de hambre, desnutricin o enfermedades oportunistas, pasando a ocupar un espacio en la fosa comn. Sobre estos episodios de terror y represin an hoy hay un muro de silencio y se sabe que mucha documentacin ha sido destruida.

Para las mujeres de mi generacin, que somos las herederas de su historia, la lucha de las republicanas y resistentes antifranquistas ha sido el referente en el que nos hemos apoyado en nuestra propia lucha contra la dictadura y por la libertad. Ellas nos ensearon con su ejemplo a resistir y a seguir adelante, y tambin a luchar por nuestra propia dignidad personal, para hacernos merecedoras de su legado. A fin de cuentas ellas lucharon y murieron para que heredsemos un mundo ms libre, ms digno y ms igualitario.


* Amparo Salvador Villanova es presidenta del Frum per la Memria del Pas Valenci. Este artculo fue publicado originalmente en la versin escrita de la Revista Pueblos en su nmero 34, de Septiembre de 2008.



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