Portada :: EE.UU. :: Subasta electoral USA 2008
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-10-2008

Puede Obama ver el Gran Can?

Mike Davis
La Jornada


La ceguera presidencial y la catstrofe econmica/ I

Permtaseme empezar, en forma muy oblicua, con el Gran Can y la paradoja de tratar de ver ms all del precedente cultural o histrico.

El primer europeo que mir hacia las profundidades de la gran caada fue el conquistador Garca Lpez de Crdenas, en 1540. Horrorizado por la vista, se retir con rapidez del Borde Sur. Pasaron ms de tres siglos para que el teniente Joseph Christmas Ives, del cuerpo de ingenieros topgrafos del ejrcito de Estados Unidos, encabezara la segunda expedicin de importancia. Como Garca Lpez, expres un asombro casi doloroso de presenciar. En la expedicin de Ives particip un conocido artista alemn, pero el esbozo que traz del can era delirantemente distorsionado, casi histrico.

Ni los conquistadores ni los ingenieros del ejrcito, en otras palabras, pudieron encontrar sentido a lo que vieron; sencillamente quedaron abrumados por la inesperada revelacin. En un sentido esencial, estaban ciegos porque carecan de los conceptos necesarios para organizar una visin coherente de un paisaje radicalmente nuevo.

Slo una generacin despus se produjo un retrato preciso del can, cuando el ro Colorado se volvi la obsesin de John Wesley Powell, hroe manco de la Guerra de Secesin, y de su celebrado equipo de gelogos y artistas. Eran como astronautas de la era victoriana en un recorrido de reconocimiento por otro planeta. Se requirieron aos de brillante trabajo de campo para construir un marco conceptual que permitiera captar el can en toda su complejidad. Al aadir el tiempo profundo como dimensin crtica, fue posible por fin que la percepcin cruda se transformara en una visin consistente.

El resultado de ese trabajo, Historia terciaria del distrito del Gran Can, publicado en 1882, es ilustrado con obras maestras del arte del dibujo que, como alguna vez expres Wallace Stegner, bigrafo de Powell, son ms precisas que cualquier fotografa. Eso es agrega porque reproducen detalles de estratigrafa que por lo regular aparecen oscurecidos en las imgenes de la cmara. Cuando hoy da visitamos uno de esos famosos miradores, la mayora no estamos conscientes de hasta qu grado nuestra vista ha sido adiestrada por esas imgenes icnicas, o cunto nos ha influido la idea, popularizada por Powell, de que el can es un museo del tiempo geolgico.

Pero, por qu hablo de geologa? Porque, al igual que los primeros exploradores del Gran Can, miramos hacia un abismo de turbulencia econmica y social sin precedente que confunde nuestras previas percepciones del riesgo histrico. Nuestro vrtigo se intensifica por la ignorancia de la profundidad de la crisis o de cualquier percepcin del abismo al que acabaremos por caer.

El retorno de Weimar

Permtaseme confesar que, como socialista avejentado, de pronto me encuentro como el testigo de Jehov que abre su ventana para ver que en verdad caen estrellas caen del cielo. Aunque llevo aos estudiando la teora marxista de las crisis, nunca cre que vivira para ver en realidad al capitalismo financiero cometer suicidio. O para escuchar al Fondo Monetario Internacional advertir sobre el inminente derrumbe del sistema.

Por consiguiente, mi reaccin inicial al infamante descenso de 777.7 puntos en Wall Street, hace unas semanas, fue una euforia muy sesentera. Tenas razn, Karl!, grit. Cmanse sus derivados y mueran, cerdos de Wall Street! Como el Gran Can, la cada de los bancos puede ser un espectculo aterrador, pero sublime.

Pero, desde luego, los verdaderos culpables no sern llevados a la guillotina: descienden suavemente hacia la tierra en paracadas dorados. Puede que el resto de nosotros estemos en un avin en llamas y sin piloto, pero el despreciable Richard Full, que us el banco Lehman Brothers para saquear fondos de pensiones y cuentas de retiro, slo hace rabietas en su yate.

Adems, all en los desiertos de estuco de la Tierra del comentarista radial Rush Limbaugh, el miedo ya se destila en una versin para ciudadanos blancos rurales del mito de la pualada en la espalda que atrajo a los pequeoburgueses alemanes en bancarrota hacia la sustica. Si uno escucha el programa de radio AM de ese campen de la ultraderecha, se enterar de que el socialismo ya se apoder de Estados Unidos, que Barack Hussein Obama es el candidato del terrorismo de Manchuria, que el derrumbe de Wall Street fue causado por ancianos negros que tenan prstamos del Fannie Mae, y que los esfuerzos de la organizacin ACORN por registrar votantes han venido inundando desde hace tiempo los padrones electorales con hordas de morenos ilegales.

En otros tiempos, la imitacin que hace Sarah Palin de un Charles Coughlin el sacerdote que predic un Reich estadunidense en la dcada de 1930 con vestido habra arrancado carcajadas, pero ahora que el modo de vida estadunidense est en sbito derrumbe el espectro de un fascismo tachonado de estrellas no se ve tan descabellado. Puede que la derecha pierda la eleccin, pero ya posee un plan siniestro, probado por la historia, para recuperarse con rapidez.

Los progresistas no tienen tiempo que perder. A la vista de una nueva depresin que promete a la gente, de Wasilla a Timbuct, un mundo desconocido de sufrimiento, cmo podemos reconstruir nuestra comprensin de la economa globalizada? Hasta qu punto podemos contar con Obama o con cualquiera de los demcratas para que nos ayude a analizar la crisis y luego acte con eficacia para resolverla?

Obama es otro FDR?

Si hemos de guiarnos por el debate en el cabildo de Nashville, pronto tendremos otro presidente ciego. Ninguno de los candidatos tuvo los redaos o la informacin para contestar las simples preguntas planteadas por el auditorio: qu ocurrir con nuestros empleos?, hasta dnde empeorar la situacin?, qu pasos urgentes hay que dar?

En vez de eso, los candidatos se aferraron como papel matamoscas a sus obsoletos discursos. La nica sorpresa de McCain fue una innovacin ms en el engao: un plan de rescate de hipotecas que recompensara a los bancos e inversionistas sin necesariamente salvar a los dueos de viviendas.

Obama recit su programa de cuatro puntos, infinitamente mejor en principio que la opcin preferencial por los ricos de su oponente, pero abstracto y carente de detalles. Sigue siendo ms una promesa retrica que el proyecto de una verdadera maquinaria de reforma. Slo hizo una referencia pasajera a la fase siguiente de la crisis: el desplome de la economa real y el probable desempleo en masa, en una escala que no se ha visto en los 70 aos pasados.

Con desconcertante cortesa hacia el gobierno de Bush, omiti sealar algunos de los otros eslabones dbiles del sistema econmico: el peligroso voladizo del intercambio de obligaciones de crdito impagas que dej la cada de Lehman Brothers; el hoyo negro de un billn de dlares en deudas por tarjetas de crdito que podra amenazar la solvencia de JPMorgan Chase y el Bank of America; la implacable decadencia de General Motors y de la industria automotriz estadunidense en general; la pulverizacin de los cimientos de las finanzas municipales y estatales; la masacre de las acciones de empresas de tecnologa y del capital de riesgo en Silicon Valley, y, lo ms inesperado, repentinas fisuras en la solidez financiera hasta de General Electric.

Adems, Obama y su candidato a la vicepresidencia, Joe Biden, al apoyar el plan del secretario del Tesoro Paulson evaden cualquier anlisis del inevitable resultado de la cataclsmica restructuracin y rescate gubernamental: no el socialismo, sino el ultracapitalismo, que concentrara el control del crdito en unos cuantos bancos leviatanes, dominados en gran parte por fondos de riqueza soberanos pero subsidiados por generaciones de deuda pblica y austeridad domstica.

Jams tantos estadunidenses comunes y corrientes haban estado clavados a una cruz de oro (o de derivados), y pese a ello Obama se porta como aquel iluso populista demcrata que fue tres veces candidato presidencial, William Jennings Bryan, con los modales ms moderados que se pueda imaginar. A diferencia de Sarah Palin, que mastica la frase la clase trabajadora con fruicin desafiante, Obama se apega a una lnea partidista que slo reconoce las necesidades de una amorfa clase media que vive en una mtica calle principal.

Si lo que nos preocupa es el destino de los pobres o los desempleados, no nos queda ms que leer entre lneas, sin ayuda de los postulados de Obama, que hermanan la tecnologa de carbn limpio, la energa nuclear y unas fuerzas armadas ms poderosas, pero eluden la urgencia de una guerra renovada contra la pobreza, como la que propugn John Edwards en su campaa para las elecciones primarias que l mismo destruy de manera tan dolorosa. Sin embargo, tal vez dentro del cauteloso candidato haya un hombre cuyas pasiones humanas trasciendan su miope campaa centrista. Como me dijo el otro da un amigo cercano, exasperado por mi pesimismo crnico: No seas tan injusto. Tampoco FDR tena un programa armado en 1933. Nadie lo tiene.

Lo que Franklin D. Roosevelt s po-sea en aquel ao de largas colas para comprar pan y bancarrotas bancarias, segn mi amigo, era una enorme empata por el pueblo llano y una voluntad de experimentar con la intervencin gubernamental, aun de cara a la monoltica hostilidad de la clase media. Segn este punto de vista, Obama es lo que MoveOn vuelve a imaginar de nuestro presidente nmero 32: calmado, fuerte, en contacto profundo con las necesidades de las mayoras y dispuesto a aceptar el consejo de los mejores y los ms brillantes ciudadanos del pas.

*Comentarista social, terico del urbanismo, historiador y activista poltico estadunidense. Autor de In Praise of Barbarians: Essays Against Empire (Elogio de los brbaros: ensayos contra el Imperio; Haymarket Books, 2008) y Buda's Wagon: A Brief History of the Car Bomb (La carreta de Buda: breve historia del coche bomba; Verso, 2007). Prepara un libro sobre ciudades, pobreza y cambio global.

2008, Mike Davis. Publicado originalmente enTomDispatch.com. Reproducido con autorizacin del autor

Traduccin: Jorge Anaya



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter