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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-10-2008

La segunda transicin

Carlo Frabetti
Rebelin


Durante el franquismo, los progresistas sufran en sus propias carnes los rigores de la represin, y no tenan ms opciones que la resignacin o la clandestinidad. Pero, en un pas desarrollado, al poder le sale ms a cuenta comprar a los progresistas que reprimirlos, y as, con la autodenominada transicin democrtica, la mayora de los intelectuales y de los militantes de izquierdas se dejaron estabular dcilmente a cambio de pasto abundante y un pequeo reducto de permisividad en el que retozar. El progresista se cort la coleta subversiva y se convirti en progre. Y se cre un partido poltico a la medida de este progresista apocopado, un partido de aluvin apresuradamente articulado alrededor de un ncleo pequeo pero prestigioso, combativo pero dentro de un orden. Y en poco, poqusimo tiempo el PSOE se convirti en la primera fuerza parlamentaria del Estado espaol, en el principal dique de contencin de la verdadera izquierda, en el mayor fraude poltico de nuestra historia reciente. Y en la coartada perfecta para millones de progres.

Es lo mismo que sucedi -y sigue sucediendo- con el cristianismo: en su nombre y para la supuesta defensa de sus ideales de igualdad y fraternidad, surgi la ms perversa institucin de todos los tiempos, la Iglesia Catlica, la gran gestora del miedo y la ignorancia, impulsora o cmplice de los mayores atropellos de la historia, el soporte moral de la burguesa depredadora. No es casual que la Iglesia, la mejor aliada del capitalismo, haya servido de inspiracin y modelo a mafias, partidos polticos y multinacionales, sobre todo en la catlica Espaa.

Pero la plena aceptacin de la moral cristiano-burguesa requiere un grado de ofuscacin o de hipocresa excesivo, inasumible para los sectores ms ilustrados de una sociedad desarrollada. Solo un necio o un canalla puede defender, a estas alturas, la barbarie neoliberal o la represin sexual, por lo que era necesario articular un discurso alternativo (pero no radicalmente distinto) al del nacionalcatolicismo tradicional: haba que crear una seudoizquierda que sirviera de refugio y coartada a los progres. Y hay que reconocer que el PSOE, con la interesada colaboracin de la ms poderosa mafia mediticocultural del pas y de un importante sector de los sindicatos y de otros partidos supuestamente de izquierdas, ha hecho un buen trabajo. Hay muy pocos intelectuales que no hayan vendido su voz o su silencio, y solo uno, entre los grandes, que se atreva a denunciar el criptofascismo reinante (me refiero, obviamente, a Alfonso Sastre). Y los jvenes revolucionarios de los setenta se han convertido, en su mayora, en ejecutivos agresivos o funcionarios obedientes.

La represin y la caspa del franquismo no han dado paso a la libertad y la dignidad, sino a la seudolibertad del consumismo y la suprema indignidad de la impostura. Los progres de la Espaa democrtica (las comillas indican el uso irnico de ambos trminos) son gourmets y llevan trajes de Armani, ven el cine de Almodvar y de Amenbar, admiran a Woody Allen y a Paul Auster, escuchan a Serrat y a Sabina, leen a Muoz Molina y a Javier Maras, sus filsofos son Fernando Savater y Jos Antonio Marina... La elegancia superficial y la superficialidad elegante son sus emblemas, sus seas de identidad. Han sustituido el mito del hroe por el del antihroe, a John Wayne por Humphrey Bogart, a Hrcules Poirot por Philip Marlowe; han sustituido el compromiso y la lucha por el glamour y el talante. Creen que estar informado consiste en leer El Pas y ver la Cuatro, y ni siquiera tienen la decencia de callarse.

Pero su impostura es cada vez ms difcil de mantener, no solo ante los dems sino tambin ante s mismos. Tras la infamia de los GAL y otras manifestaciones flagrantes de fascismo explcito, ya no basta con ser moderadamente tonto para creer que el PSOE es un partido de izquierdas: hay que ser tonto de remate. Ante las pruebas irrefutables, cada vez ms difciles de ocultar, de que la tortura es una prctica sistemtica e impune en el Estado espaol, hay que estar muy desinformado o ser muy obtuso para seguir pensando que esto es una democracia. Y si para algo est sirviendo la actual crisis econmica, es para que cada vez ms personas se den cuenta de que el pas sigue estando en manos de una oligarqua criminal que, una vez ms, pretende que sean los trabajadores -y los inmigrantes, sobre todo los inmigrantes de usar y tirar- quienes paguen los platos rotos de un mercado que solo es libre para los ricos.

Se impone, pues, una segunda transicin, un nuevo cambio (recordemos que esta fue la palabra fetiche del PSOE de Felipe Gonzlez) hacia un capitalismo supuestamente nuevo, un nuevo traje nuevo para el emperador de siempre. Pronto asistiremos -estamos asistiendo ya- a un nuevo Pacto de la Moncloa, a un nuevo acuerdo entre ladrones de guante blanco y bota de hierro. Pero esta vez lo tendrn mucho ms difcil. Solo podrn engaar a los que quieren ser engaados, a quienes dicen que votan con la nariz tapada, pero sin aclarar que tienen que taparse la nariz para no percibir su propio olor.

Si un fascista es un burgus asustado y un progre es un burgus con mala conciencia, en qu se convertirn los asustados progres de la segunda transicin?



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