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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-11-2008

Una conspiracin inmensa

Naomi Wolf
Pblico


Estamos en la Era de la Teora de la Conspiracin? Hay evidencias que sugieren que estamos viviendo una especie de era dorada de la especulacin que cobra forma, habitualmente, en Internet y que se propaga de manera viral por todo el mundo. En el proceso, se extraen teoras de la conspiracin que a veces llegan a inyectarse en el corazn mismo de la poltica.

Esto lo aprend cuando di por casualidad, en mi bsqueda de nuevos proyectos, con historias on line que adoptan narrativas de manipulacin. Existen algunos temas importantes. Uno frecuente en EEUU es que las lites globales estn tramando a travs del Grupo Bildeberg y del Consejo de Relaciones Exteriores, entre otros establecer un Gobierno del Mundo. A veces, entran en juego detalles folclricos: los Iluminados, los francmasones, los Rhodes Scholars o, como siempre, los judos.

Los sellos de esta narrativa son familiares para cualquiera que haya estudiado la transmisin de ciertas clases de historias en tiempos de crisis. En trminos literarios, esta teora de la conspiracin se asemeja estrechamente a los protocolos de los mayores de Sin, al describir una lite global esotrica con un gran poder y objetivos perversos. Histricamente, tiende a existir el mismo conjunto de temas: un cambio transformador terrible y descontrolado liderado por cosmopolitas educados.

Los estudiosos de la Alemania de Weimar saben que las desarticulaciones y los traumas repentinos motivaron a muchos alemanes a volverse receptivos a teoras simplistas que parecan dar respuesta a su confusin y ofrecer un significado ms amplio para su sufrimiento.

De la misma manera, el Movimiento de la Verdad del 11-S asegura que el ataque de Al Qaeda a las Torres Gemelas fue un trabajo desde dentro. En el mundo musulmn, existe una teora generalizada de la conspiracin segn la cual los israeles estaban detrs de esos atentados, y que todos los judos que trabajaban en los edificios ese da se quedaron en su casa.

Por lo general, estas teoras salen a la superficie en lugares donde la gente no tiene un buen nivel de educacin y falta una prensa independiente y rigurosa. La explosin actual de teoras de la conspiracin se ha visto alimentada por las mismas condiciones que provocaron su aceptacin en el pasado: un rpido cambio social y una profunda incertidumbre econmica. Un enemigo claramente identificado con un plan inconfundible es psicolgicamente ms reconfortante que la evolucin catica de las normas sociales y las acciones o anomalas de un capitalismo irrestricto. Y, si bien las teoras de la conspiracin suelen ser claramente irracionales, las cuestiones que abordan son muchas veces saludables, aun si las respuestas, frecuentemente, no hay por dnde cogerlas o, simplemente, son errneas.

Muchos ciudadanos creen, y con razn, que sus medios de comunicacin no investigan ni documentan los abusos. Los diarios de la mayora de los pases avanzados estn en crisis, y el gasto en investigacin suele ser lo primero que se recorta. La concentracin de la propiedad y el control de los medios alimenta an ms la desconfianza popular, lo que favorece un escenario para que la investigacin ciudadana ocupe ese vaco.

De la misma manera, en una poca en la que los cabilderos corporativos tienen mano libre a la hora de darle forma si no redactar las polticas pblicas, mucha gente cree, nuevamente con razn, que sus funcionarios electos ya no los representan. De ah su impulso por creer en fuerzas ocultas.

Finalmente, hasta la gente racional se ha vuelto ms receptiva a ciertas teoras de la conspiracin porque, en los ltimos ocho aos, en rigor de verdad, hemos visto algunas conspiraciones sofisticadas. La Administracin Bush conspir para llevar a cabo una guerra ilegal apelando, para ello, a la evidencia fabricada. Ha de sorprender, entonces, que tanta gente intente encontrar sentido en una realidad poltica que en verdad se ha vuelto opaca? Cuando hasta los comisionados del 11-S renuncian a sus propias conclusiones (porque se basaban en evidencias obtenidas a travs de la tortura), sorprende acaso que muchos quieran una segunda investigacin?

La tendencia de los medios tradicionales de evitar corroborar lo que en realidad es noticioso en las teoras de la conspiracin en Internet refleja, en parte, un sesgo de clase. Estas teoras son consideradas vulgares, de manera que hasta las cuestiones vlidas o los datos bien documentados desenterrados por investigadores ciudadanos tienden a ser considerados como radioactivos por los periodistas formales altamente educados.

El problema real de estas teoras frenticas de la conspiracin es que deja a los ciudadanos emocionalmente agitados pero sin un cuerpo slido de evidencia en el que basar su visin mundial y sin direcciones constructivas hacia dnde conducir sus emociones. Esta es la razn por la que muchos hilos de discusin pasan de la especulacin ciudadana potencialmente interesante al discurso del odio y la paranoia. En un contexto febril, sin una buena validacin editorial o herramientas para investigar las fuentes, los ciudadanos pueden ser fustigados por demagogos, como pudimos ver en las ltimas semanas en los mtines de Sarah Palin despus de que algunas teoras de Internet pintaran a Barack Obama como un terrorista o en connivencia con terroristas.

Necesitamos cambiar el flujo de la informacin en la era de Internet. Los ciudadanos deberan organizar nuevas entidades online en las que se pague un honorario por reportajes de investigacin directos, sin presiones corporativas mediante. Estos investigadores deberan ser capacitados en periodismo bsico: encontrar buenos datos, confirmar historias con dos fuentes independientes, utilizar citas de manera responsable y evitar el anonimato (es decir, estar dispuestos a estampar su nombre, como hacen los periodistas convencionales).

As es como los ciudadanos pueden ser tomados y ellos mismos tomarse seriamente como investigadores. En un tiempo de mentiras oficiales, la energa investigadora saludable debera arrojar luz, no slo generar calor.

Naomi Wolf es ensayista y cofundadora de American Freedom Campaign

Copyright: Project Sindicate, 2008

www.project-syndicate.org

traduccin de Claudia Martnez



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