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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2008

El New York Times, mquina de fabricar consenso para el Estado imperial
Los medios y los crmenes de guerra

Edward S. Herman
Znet

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Marlise Simons, la principal periodista del New York Times en el juicio de Milosevic y en el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (ICTY), ha vivido un ao difcil. Tal vez lo ms doloroso fue la revelacin de que en 1999, el ELK albano de Kosovo envi a casi 300 prisioneros serbios a Albania para ser asesinados y para que se cosecharan sus rganos internos para venderlos en el extranjero, algo apenas mencionado en el New York Times (vea a continuacin). Me sent extremadamente tentado de escribir a Marlise Simons y ofrecerle mis condolencias: Marlise, si los malos en esta historia fueran serbios, qu maravilloso artculo de primera plana habras presentado!

Ella y su peridico tuvieron un golpe de fortuna con el arresto del antiguo lder bosnio serbio Radovan Karadzic y su transferencia a La Haya para ser procesado en julio (18-21), lo que fue aprovechado al mximo con nueve artculos firmados por Simons, cobertura multi-das en portada, una serie de fotos de familiares de vctimas acongojadas (o celebrando la captura), y la usual ausencia total de todo contexto crtico sobre la historia bosnia o la naturaleza y los antecedentes del ICTY. (Para un anlisis del lamentable historial de Simons y de sus antecedentes sobre los temas en cuestin, vea Herman y Peterson, "Marlise Simons on the Yugoslavia Tribunal: A Case Study in Total Propaganda Service," ZNet, marzo de 2004; para buenos estudios sobre el papel del ICTY: John Laughland: Travesty [Pluto: 2007].y Michael Mandel: How America Gets Away With Murder [Pluto: 2004]; para un anlisis ms amplio de los temas:

Herman y Peterson: "The Dismantling of Yugoslavia: A Study in inhumanitarian intervention and a Western liberal left intellectual and moral collapse," Monthly Review, octubre de 2007).

Simons y el Times se han ajustado de cerca a la narrativa de los crculos gobernantes sobre los temas involucrados en las guerras y en el desmantelamiento de Yugoslavia, incluyendo la dicotoma del bien y del mal, una satanizacin permanente del mal (los serbios), la credulidad, la supresin de hechos inconvenientes, y un extremo elogio del trabajo del ICTY. Simons hizo un artculo muy lisonjero sobre la fiscal del ICTY, Carla Del Ponte en 2002 ("The Saturday Profile: On War Criminals' Trail, an Unflagging Hunter," New York Times, 9 de febrero de 2002), y durante todo el juicio de Milosevic, Simons inform casi a diario sobre las afirmaciones de Del Ponte (y las de su asociada de relaciones pblicas, Florence Hartmann), sin la menor seal de escepticismo. (Les ayud el hecho de que simplemente ignoraron algunos de los actos y declaraciones ms insignes de Del Ponte, como ser sus pedidos de apoyo pblico para el ICTY haciendo enrgicas afirmaciones pblicas sobre la culpa de los procesados, y su declaracin de que no encausara los presuntos crmenes de guerra de la OTAN al bombardear Serbia, porque acepta la palabra de la OTAN que alega que no hicieron nada ilegal se mostr muy conforme con que no hubo ataques deliberados contra civiles u objetivos militares ilegales por la OTAN durante la campaa de bombardeo; los que ocurrieron fueron autnticos errores.)

Pero la antigua amiga de Simons, Del Ponte, ha escrito un libro, hasta ahora publicado slo en Italia, intitulado La Caccia: Io e i criminali di guerra [La caza: yo y los criminales de guerra], escrito en colaboracin con Chuck Sudetic, en el que se hacen varias afirmaciones dramticas que constituiran valiosas noticias para un Peridico de Referencia. En primer lugar, afirma que presin de EE.UU. alej al ICTY de criminales de guerra croatas, musulmanes y kosovares, y que la no-cooperacin de la OTAN y la dependencia de la OTAN del ICTY para el resto del trabajo del Tribunal (es decir procesar a serbios) hizo que toda investigacin y acusacin de funcionarios de la OTAN fuera polticamente imposible. Su hipocresa y auto-engao al respecto son masivos, pero sigue siendo interesante ver como ella admite ahora la base poltica del trabajo permisible del ICTY. Simons y el Times nunca han explorado este aspecto crucial, y ciertamente nunca hicieron una resea de los libros de John Laughland y Michael Mandel que discuten en detalle los temas involucrados. (Travesty de Laughland demuestra a plenitud la corrupcin del procedimiento judicial por el ICTY; Mandel, en How America Gets Away With Murder muestra de manera convincente que el ICTY fue un brazo poltico de la OTAN y fue planeado para facilitar la guerra, no la paz o la justicia).

Ms espectacular que su admisin de la politizacin, Del Ponte informa en su libro de lo antes mencionado que el ELK albano de Kosovo estuvo involucrado en un programa de envo de serbios, sobre todo de civiles capturados, a un sitio en Albania en el que doctores extrajeron los rganos internos de los cautivos, que fueron enviados para ser vendidos. Calcula que 300 serbios secuestrados fueron tratados de esa manera. (Para una traduccin parcial, no autorizada, del informe de Del Ponte, vea Harry de Quetteville: "Serb prisoners were stripped of their organs in Kosovo war," Daily Telegraph, 11 de abril de 2008). Ocurri precisamente mientras las fuerzas de la ONU y de la OTAN eran desplegadas en Kosovo, cuando la guerra de intervencin humanitaria estaba terminando en 1999. Human Rights Watch ha encontrado afirmaciones serias y verosmiles del tema de la extraccin y venta de rganos en una serie de informes, pero Del Ponte afirma que de nuevo en este caso, como en los posibles crmenes de guerra de la OTAN, fue difcil iniciar una investigacin y un proceso serio al respecto. El New York Times ha mencionado slo una vez esta acusacin, en una sola frase oculta profundamente en un artculo sobre otro tema, en el que la acusacin es descartada con desdn por el terrorista del ELK y alto funcionario albano en Kosovo, Ramush Haradinaj (Dan Bilefsky, "Ex-Soldier May Go From The Hague's Docket to Kosovo's Ballot," New York Times, 12 de julio de 2008).

El rechazo del caso contra Haradinaj por el ICTY, as como el del dirigente musulmn bosnio Naser Oric, tambin present un problema para los defensores del ICTY como empresa independiente y autnticamente judicial, con el resultado de que fueron mantenidos virtualmente fuera de la vista del pblico en el mismo perodo en el que el caso Karadzic obtuvo inmensa publicidad. Haradinaj haba sido acusado y llevado a La Haya en 2005, pero se le permiti que volviera a Kosovo para hacer campaa para un alto puesto a pesar de ser un criminal de guerra bajo acusacin! Fue durante el mismo perodo en el que se neg permiso al extremadamente enfermo Milosevic para que fuera a Mosc a recibir tratamiento mdico, con una garanta rusa de retorno. (Muri en prisin dos semanas despus de esa negativa de atencin mdica del ICTY.) Tanto Haradinaj como Oric fueron no slo dirigentes de organizaciones que mataron a numerosos civiles serbios, en contraste con Karadzic y Milosevic, ambos fueron asesinos participativos, lo que aumentaba la probabilidad de que un tribunal imparcial los hubiera condenado a largas sentencias de prisin.

Haradinaj fue lder de los guilas Negras, que secuestraron y asesinaron a cientos de serbios y albanos kosovares que cooperaron con Serbia, pero fue declarado no culpable de todas las acusaciones Bilefsky menciona que abogados y jueces en el tribunal se quejaron de que la intimidacin de testigos fue generalizada, pero no menciona que una serie de testigos potenciales contra Haradinaj fueron asesinados, y no seala que, una vez ms, los jueces del ICTY no encontraron culpa basada en una empresa criminal conjunta en el proceso de un no-serbio. Ese concepto, originado en el ICTY, se limita aparentemente al uso contra la poblacin blanco del ICTY y de la OTAN.

El caso Oric es an ms interesante porque se vanaglori pblicamente de su participacin en la masacre de serbios del rea de Srebrenica ante el periodista del

Toronto Star canadiense, Bill Schiller, y el periodista del Washington Post, John Pomfret, y mostr a ambos vdeos de algunas de sus vctimas serbias. (Schiller, "Fearsome Muslim Warlord Eludes Bosnian Serb Forces," Toronto Star, 16 de julio de 1995; Pomfret, "Weapons, Cash and Chaos Lend Clout to Srebrenica's Tough Guy," Washington Post, 16 de febrero de 1994.) Aunque exista ese tipo de evidencia, y aunque Oric afirm abiertamente ante Schiller que haba participado en la matanza de 114 serbios en un solo episodio, el ICTY tard hasta 2003 en acusarlo, y entonces fue acusado por slo seis asesinatos realizados entre septiembre de 1992 y marzo de 1993, no por l, sino por sus subordinados. La implicacin de que no haya sido responsable por asesinatos despus de marzo de 1993, cuando Srebrenica fue un rea segura en abril de 1993, es contraria a hechos bien establecidos.

Ms recientemente, el bosnio musulmn Ibran Mustafic, quien haba sido miembro del parlamento de Bosnia-Herzegovina y fue presidente del Consejo Ejecutivo de de la Asamblea Municipal de Srebrenica, public un libro: Planirani haos (Caos planificado), que suministra mucha evidencia en apoyo de la afirmacin de que Oric es un criminal de guerra (palabras de Mustafic). Mustafic deba testificar en el juicio de Oric, pero posteriormente tuvo una discusin con la fiscala, afirmando que no haba acusado a Oric por sus verdaderos crmenes, y finalmente los jueces decidieron que no permitiran que testificara. Ni Schiller ni Pomfret fueron llamados como testigos ante el ICTY por el caso de Oric, y sus artculos no fueron incluidos en la evidencia. El general francs y ex comandante militar de la ONU en Bosnia, Philippe Morillon, quien haba sido testigo de la acusacin en el juicio Milosevic, haba declarado entonces que los asesinatos de Srebrenica en julio de 1995, fueron una reaccin directa a las masacres de Oric en aos anteriores, y no fue llamado a testificar en el juicio de Oric.

Oric fue luego hallado culpable, no de matar a alguien sino de no haber controlado a sus subordinados, y fue liberado con slo una sentencia de dos aos, despus de haber pasado tres aos en La Haya. Esto fue seguido por otra decisin del tribunal ICTY que descart su condena y su sentencia a dos aos por prueba insuficiente del conocimiento de Oric de lo que hacan sus subordinados. El doble rasero respecto a la prueba de responsabilidad de comando y el alcance ridculamente limitado de la acusacin original contra ese importante criminal de guerra confirma enteramente el papel del ICTY como instrumento poltico y que su proceso fue una parodia.

Exactamente como Marlise Simons ignor a Naser Oric en aos anteriores, en estos juicios de exoneracin, la cobertura del Times se limit a un breve anuncio el 4 de julio de 2008, tomado de Agence France Presse, " Bosnia: exoneran a ex comandante. El libro y el testimonio de Ibran Mustafic, claro est, nunca fueron mencionados en el peridico.

Otro acontecimiento que Marlise Simons ha tenido que esquivar es la publicacin en 2007 de un libro de Florence Hartmann: Peace and Punishment, que, como el libro de Del Ponte, acusa a las potencias occidentales de haber politizado el trabajo el ICTY, especficamente por haber bloqueado la captura y enjuiciamiento de Radovan Karadzic una afirmacin acorde con la afirmacin de Karadzic de un trato con Richard Holbrooke. An ms interesante es la afirmacin de Hartmann de que cuando Del Ponte era fiscal del Tribunal Ruanda (ICTR), al que fue asignada junto con su servicio en el ICTY, EE.UU. le orden que abandonara todas las investigaciones y acusaciones contra el ejrcito tutsi y Paul Kagame, un cliente de EE.UU. Se neg y fue despedida. Anteriormente, cuando Louise Arbour era fiscal del ICTR, su personal encontr considerable evidencia de que Kagame y sus asociados haban organizado el derribo del avin del presidente hutu el 6 de abril de 1994, el acto que inici la escalada de asesinatos en Ruanda. Arbour haba seguido rdenes de EE.UU. y cerrado la investigacin. Del Ponte se neg a hacerlo y fue removida.

Ese hecho nunca fue mencionado por el New York Times cuando sucedi, y Marlise Simons y compaa no tienen la menor intencin de otorgar actualmente alguna publicidad a la confirmacin de esa importante historia de Hartmann. No corresponde a los prejuicios establecidos. Como he mencionado en otros sitios y a menudo, cuando se forma una fuerte lnea oficial dentro del establishment de EE.UU., como en el caso tanto del desmantelamiento de la antigua Yugoslavia como en el de las matanzas en Ruanda, el New York Times coopera regularmente, con el resultado de que se conduce como agencia de propaganda del Estado de un modo similar al servicio de Pravda para las autoridades soviticas. As fue, por ejemplo, en el caso del inexistente complot blgaro-KGB de 1981 para asesinar al Papa, del patrocinio de EE.UU. para los dictadores paquistanes y en cuanto a la ayuda a Bin Laden y a la resistencia afgana antisovitica en los aos ochenta, las amenazantes, pero inexistentes, armas de destruccin masiva de Sadam en 2003, la amenaza nuclear de Irn [carente de armas nucleares] en la actualidad, as como la falsa intervencin humanitaria de la OTAN para encarar un inexistente genocidio serbio en Bosnia y Kosovo. Es un gran Peridico de Referencia, que ayuda a fabricar consenso para las polticas del Estado imperial cuyas referencias mantiene con un cuidado meticuloso y una selectividad cumplidora.

Edward S. Herman es un columnista sobre temas econmicos y polticos, y crtico meditico.

URL: http://www.zcommunications.org/znet/viewArticle/19263



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