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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2008

Socialismo y sociedad de consumo. Ponencia en el Congreso Internacional Marx y los desafos del siglo XXI. La Habana en 2008
Cuba y los desafos culturales del siglo XXI

Enrique Ubieta
Rebelin


Los seres humanos nos sentimos ms tranquilos y seguros cuando alguien nos vende una clasificacin en la que cabe el mundo. Esa tendencia innata hacia el esquematismo nos permite resolver la humana necesidad de hallarle respuesta a todo. Dicen que en La Habana hay tres grupos fundamentales de adolescentes segn la msica que escuchan: esta lo marca todo, la ropa, las amistades, el estilo de vida. Los roqueros o los friquis que parecan cosas distintas en los ochenta, ahora parecen ser lo mismo--, los miquis y los punkie (estos ltimos, a medio camino entre los friquis y los miquis, ms aceptados por los segundos, con quienes comparten el culto a la moda), y los reparteros, conocidos tambin como repa. Los reguetoneros estn ms cerca (o forman parte) de los repa. Por lo general, los friquis tambin escuchan trova, aunque para los trovadictos hay un trmino especial, no exento de irona: los profundos.

Pero me interesa especialmente, por su trascendencia socio-clasista, la oposicin de miquis y reparteros. Los primeros son hijos de familias de mayores recursos, viven obsesionados por la moda y la ropa de marca, el pulver muy apretado al cuerpo; las muchachas prefieren el color rosado o el amarillo, ostentan el dinero y las posibilidades materiales que puedan tener. Gustan de la msica tecno, house o disco, pero aceptan otros tipos de msica, incluso el reguetn, basta con que est de moda. Fueron los iniciadores de las llamadas fiestas house, en casas particulares, para las que haba que pagar un cover de cinco o diez cuc (a veces ms) y en las que se venda cerveza o bebida de marca, fiestas a las que los muchachos llegaban en los carros de sus paps.

De origen ms humilde, los reparteros o repa la palabra alude a quienes viven en repartos perifricos, y escuchan msica salsa y reguetn--, son despreciados por los miquis y en general, nombrados en sentido peyorativo por otros sectores juveniles, aunque en realidad comparten todos los espacios educacionales de aquellos. Tienen su propia esttica en la forma de vestir, sus seas de identidad. En realidad, no es una tendencia exclusivamente de adolescentes o jvenes. Se les atribuye cierta agresividad, sobre todo cuando media el alcohol. A diferencia de los miquis y de los friquis, los repa en su mayora son hijos de padres (o son padres) no profesionales y a veces pertenecen a familias disfuncionales. Pero uno los encuentra incluso en el Instituto Preuniversitario Vocacional V. I. Lenin, una escuela que exige altas calificaciones a sus pupilos.  En realidad, la oposicin o el rechazo de cierto sector capitalino hacia los muchachos de la periferia que se identifican ms con la msica salsa ya exista en los setenta; entonces se calificaban de pepillos a los primeros y de guapos o cheos a los segundos.

En Cuba conviven e interactan todos los grupos los adolescentes se renen segn sus preferencias y hbitos socio-culturales--, pero no hay bordes muy definidos ni definitivos para sus elecciones musicales y conductas grupales. Tratndose generalmente de adolescentes, la permanencia en uno u otro grupo es variable. Por lo general, esas diferencias extremas se borran con los aos. Entre los reparteros existe adems una capa de nuevos ricos con ms deseos de parecer, que razones para ser--, que adora las cadenas, los anillos y los dientes de oro, la msica alta en el carro, lleno de baratijas luminosas y si son hombres, de muchachas bonitas y plsticas. Ya sabemos que los miquis escuchan y bailan cualquier cosa, si est de moda, y si el acompaante y el ambiente son adecuados. Hay un punto final donde lo miqui y lo repa se tocan, como siempre sucede con los extremos. El refinamiento de los primeros se disuelve frente al dinero contante y sonante.

Andrs Berazan, un trovador de los novsimos, narra su encuentro con una chica miqui, en su cancin Pobre corazn:

Andrs me coment que para su composicin tom como referentes musicales la Chica Plstica del panameo Rubn Blades y la Barby Super Star del espaol Joaqun Sabina. Viejas canciones que ahora adquiran todo su sentido en Cuba. En realidad, existe una mirada crtica mayoritaria entre los jvenes cubanos frente a ese tipo de comportamiento ostentoso: creyentes, suelen llamar a los varones que se creen mucho. Como resultado, hay miquis que no se autodefinen como tal. Puede afirmarse que en la cancionstica y en el refranero popular cubanos culturalmente machistas--, siempre existieron mujeres fatales interesadas slo en el dinero, pero en los noventa comienza a resurgir una tendencia social que entre tantas carencias--, privilegia el consumo; a pesar de ello, no se hablaba an de un grupo social (capitalino) tan sofisticado y numricamente significativo como es el miqui.

El diario cubano Juventud Rebelde, publicaba un reportaje el domingo 11 de noviembre de 2007 con el asombroso ttulo de Un macho menos macho?, mientras que en Internet apareca como Aumentan hombres (cubanos) que usan atributos femeninos:

El reportaje periodstico no ofrece una explicacin nica de su aparicin en Cuba quizs sea mejor decir, prudentemente, en La Habana--, y muestra el abanico de respuestas obtenidas: rebelda juvenil?, verdadero cambio de concepciones estticas y de comportamiento?, moda, influencia del mercado? Ms adelante consigna:

Y aqu surge un elemento decisivo: el culto al cuerpo es intil sin afeites y ropas caras, de marca. El metrosexual cubano suele ser un exhibicionista un especulador, se dira en el barrio--, no slo de su cuerpo, tambin de su poder adquisitivo.

En una ocasin, una joven y bella colega de trabajo, mencion a un amigo del que todos hablaban porque era muy poderoso: llega a las fiestas en un Porsche. Sent curiosidad ante lo que me pareca inusitado, casi imposible, un Porsche en Cuba? cmo lo obtuvo? Y claro, la primera pregunta que hice fue tonta: pero, quin es su pap?, dnde trabaja? Mi colega tard unos minutos en entender mi pregunta; eso qu importa, hay muchas maneras de hacer dinero en Cuba, respondi. El malentendido tena como base diferentes experiencias de vida: en mi poca los hijos de pap andaban en Ladas, porque los padres eran funcionarios o profesionales destacados, tenan ropa quizs de marca si aquellos viajaban--, pero no necesariamente dinero en el bolsillo. Aquellos paps malcriaban a sus hijos, pero eran revolucionarios (en el peor de los casos, simulaban serlo). Sin embargo, la composicin social actual de los paps es sorprendentemente diversa: hay hijos de funcionarios, es cierto, pero sobre todo son hijos de gerentes, de negociantes improvisados, de empleados de firmas extranjeras, a veces de msicos exitosos, y entre estos, hay estrellas del da, cantantes del momento o locutores de algn programa de xito en la televisin. Los poderosos paps de ahora no necesariamente son revolucionarios, a veces todo lo contrario. Y el Porsche del que se hablaba con admiracin era por supuesto de los cincuenta, quizs del 60 o del 61. El Lada era un smbolo de la insercin social de la persona, de sus mritos o responsabilidades; los almendrones carros americanos o europeos de los cuarenta y cincuenta--, son smbolos de un xito self made, que no depende de las instituciones, del sistema. Ahora el nivel social incluye la exhibicin de almendrones meticulosamente reconstruidos, devueltos al esplendor del primer da, de carros cmicos, es decir, modernos, asociados a empresas mixtas o extranjeras, y de Ladas recomprados (ilegalmente) a sus antiguos dueos revolucionarios, siempre al xito econmico de su dueo.

No es casual que los empresarios extranjeros hayan captado de inmediato el filn nostlgico y simblico de la recuperacin de aquella dcada, en un contexto internacional de agotamiento de valores y estticas de vanguardia. Lo que fue sin dudas un smbolo de la resistencia revolucionaria mantener esos carros en funcionamiento frente al bloqueo--, se presentaba ahora como su contrario: la resistencia del pasado a desaparecer. Los promotores cubanos del turismo siguieron la lgica del mercado, y crearon incluso una lnea de taxis en divisa para que el visitante pudiese cumplir su sueo ms inslito: evadir el presente abrumador en una mquina del tiempo que lo paseara por una ciudad detenida en su evolucin arquitectnica, en autos que fueron lujosos cuatro, cinco o seis dcadas atrs. Si en aquella ciudad se movan decenas de miles de profesionales y una cifra similar de estudiantes universitarios, si entre los transentes observados o filmados en cmaras de video como los personajes de Spielberg, los turistas del tiempo toman muestras de esa misteriosa isla donde todava habitan los dinosaurios, para tener constancia del descubrimiento--, no existan analfabetos y la mayora posea un extrao noveno grado de instruccin general, o apenas fallecan cinco por cada mil nacidos vivos, o la expectativa de vida de sus habitantes era de 78 aos, eran datos que las imgenes no reflejaban.

Lo mismo suceda con la msica: un avispado comerciante haba reunido a un grupo de maravillosos intrpretes ancianos en un pas de maravillosos intrpretes de todas las edades-- y los haba hecho famosos. La msica, los autos, los edificios y por qu no? el empecinado socialismo una ideologa del siglo XX ya en desuso--, se complementaban para que el turista pudiese vivir el pasado de forma real. Paradjicamente, los smbolos del socialismo un Patria o Muerte o el rostro del Che en una pared, la paoleta en el uniforme escolar--, an cuando no pertenecan a las dcadas de culto, reforzaban la ilusin de un tiempo detenido. Superposicin de tiempos pasados, en un pastiche postmoderno. Algunos incluso se apresuraban a venir antes de que como pensaban que ocurrira--, todo se desvaneciera con la muerte de Fidel, y los dinosaurios desaparecieran.

Qu sentido tena decir que en las calles de La Habana o de Santiago, por ejemplo, podan encontrarse miles de excelentes msicos jvenes graduados en las Escuelas Nacionales de Arte? La escenografa abarcaba toda la primera mitad del siglo XX, hasta los sesenta; el pueblo cubano ostentaba los ndices educacionales y de salud que anhelaba la sociedad latinoamericana del siglo XXI. Pero, qu importaba? Como los peninsulares del siglo XVI en Amrica, vean sin ver. Tras ellos, los pintores-artesanos encontraron una mina de oro reproduciendo en sus cuadros en serie, en artesanas de madera o de papel mach, los viejos modelos de autos, y algunos tpicos del teatro vernculo ya desaparecido, ahora escenificado en plena calle para el incauto (o no) gallego, o en una versin ms actualizada, para el italiano(a).

Los trabajadores ms viejos del hotel Meli Cohiba inaugurado en 1994--, coinciden en sealar al primer gerente espaol como la persona que tuvo la idea de disear el cabaret Habana Caf como un espacio retro de los cincuenta, con un Chevrolet del 57, una moto Hart Davidson y una avioneta, autnticas joyas de la poca dispuestas entre las mesas. Cierto que en una esquina hay fotos de las manifestaciones estudiantiles y de la represin policial de los cincuenta, pero entre tanto esplendor de poca, entre el glamour de los cantantes nacionales y extranjeros que aparecan sonrientes en centros nocturnos, o a su llegada al aeropuerto y las luces de nen de una ciudad que simulaba estar eternamente de fiesta, aquellos episodios son ms bien notas aisladas de una obstinada prensa roja. No se trata de entender el mundo, sino de sentirlo. Para convertir el pasado en nostalgia, se llena el recuerdo de fragmentos sin articulacin posible, y se evita su reconstruccin racional.

Hace unos aos, en una esquina de la ciudad de Estocolmo, tropec con el KGB Bar. En su interior, desgajados de su contexto, sin orden, se amontonaban banderas, carteles, bustos, medallas, del desaparecido orbe sovitico. Pedazos de historia, piezas de un viejo retrato que ahora, desde la anarqua, incitan a la nostalgia. A pesar de su apariencia, el extrao bar no era un museo, sino ms bien un templo. No atesoraba explicaciones o verdades sino emociones, aoranzas de una identidad perdida. Era apenas una evidencia muda, un espacio que transformaba, entre libaciones alcohlicas, el pasado en mito. El arquitecto cubano Juan Luis Caveda, quin particip en la adaptacin del diseo original del hotel Meli Cohiba, me comentaba:

Probablemente a Caveda se le escapa que el efecto de nostalgia elude cualquier concrecin, y se produce no ante un objeto especfico, sino ante un ambiente evocativo. Ante la muerte por decreto meditico de las ilusiones en torno a la posibilidad de un futuro mejor, esas estticas cultivan la nostalgia por el pasado (todo pasado fue mejor), una nostalgia desmovilizadora, de puertas cerradas: el pasado puede libarse, soarse, pero al final hay que despertar, volver al presente. Cuba simula ser un parque temtico del pasado de todos los pasados que tuvo el siglo XX--, y esos empresarios la venden no como museo, sino como bar, no para la inteleccin de su presente y su futuro, sino para el deleite nostlgico en una estacin detenida, a punto de desaparecer.

A veces la nostalgia por ese pasado pierde su justificacin mercantil, como cuando se restaura una institucin como el Country Yatch Club antiguo centro de recreacin de la aristocracia habanera--, para diplomticos, residentes extranjeros y celebraciones nacionales, y alguien decide situar en la galera de entrada las fotos color sepia de aquellos aristcratas desplazados, mientras festejaban, paseaban en sus yates o participaban en eventos nuticos. Hay autores francamente contrarrevolucionarios que delimitan las dos pocas, el antes y el despus del 59, por su supuesta actitud social ante La Fiesta: derroche, despreocupacin y alegra antes; austeridad, seriedad y tristeza despus. Uno de ellos, Jos Manuel Prieto, escribe sobre sus aos de Revolucin desde el exilio: ramos buenos, no caba duda, pero nos moramos de aburrimiento. Y a propsito de su reconciliacin como lector de Tres tristes tigres, el clsico de Guillermo Cabrera Infante, sintetiza su mensaje, que coincide con los nuevos valores de ese grupo generacional: los hombres a salvo en el reducto de su piel; anteponer lo personal, la motivacin que puede ser tildada de frvola y egosta, pero que cuenta con la gran ventaja de ser tuya y de nadie ms (2). Tambin los llamados metrosexuales se sienten literalmente a salvo en el reducto de su piel, lo estn?

Otro autor, Antonio Jos Ponte, considera que el pequeo recinto por cierto, tambin un bar, parece que la nostalgia y el alcohol, como en los boleros, espontneamente se asocian--, que recoge la historia del emblemtico Hotel Nacional, es un museo de la fiesta, y se detiene en las fotos de los huspedes famosos, que han sido colocadas por dcadas:

No s si en efecto en las dcadas de Revolucin se hospedaron en ese hotel menos personajes famosos, pero la comparacin obliga a definir a qu tipo de estrellas el autor se refiere: si por tales entiende a los actores y actrices de Hollywood, o a los nobles y burgueses del jet set europeo, o a la mafia del Norte, tiene toda la razn; si se trata de hombres y mujeres de verdadera relevancia en el mundo del arte y la escena, cabra apuntar que los convocados cada ao desde 1959 por Casa de las Amricas, por el Ballet Nacional, por el ICAIC, por el Instituto del Libro o directamente por el Gobierno Revolucionario, son muchos ms, tantos que la casi totalidad de los escritores, bailarines, actores y cineastas latinoamericanos y europeos de importancia, de derecha o de izquierda, surgidos o consagrados en esas dcadas, pasaron por La Habana. Invitados que, probablemente, no eran tan divertidos.

Es cierto que el socialismo traz objetivos demasiado serios en el horizonte personal; quizs el mejor ejemplo de la conversin exigida sea el de Tina Modotti: de gran dama de la farndula, sexualmente libre, musa de artistas, creadora ella misma, pasa a ser la monja consagrada, la Madre Teresa de la Internacional Comunista (de la futilidad pequeo burguesa al sacrificio de una vida entregada a la clase obrera). Julio Antonio Mella, su pareja cubana, en cambio, que muri joven, conserva el encanto del hombre culto, atltico, bien parecido, sin prejuicios. Que los soviticos producan acero en proporciones inusitadas, aviones y naves espaciales y no podan hacer zapatos hermosos y de calidad, es una verdad ya manida. Que el capitalismo envuelve la vida cotidiana de aspiraciones (insaciables, siempre insatisfechas) ftiles, asociadas al mercado, al consumismo y desconectadas de proyectos colectivos, tambin es conocido. Alegres pero profundos, es el slogan que la Unin de Jvenes Comunistas promovi en Cuba para contrarrestar esa contradiccin de propsitos. El pero trataba de marcar la diferencia, porque los jvenes cubanos por tradicin e idiosincrasia--, no podan imaginarse en la tristeza. La acumulacin excesiva de frivolidad que Jos Manuel Prieto detecta en la Cuba de los cincuenta, probablemente produjo la explosin de trascendentalismo de los sesenta; y ya lo sabemos, si la Revolucin alguna vez es destruida, se desencadenara en Cuba una desenfrenada pasin por lo frvolo, un individualismo feroz centrado en el cuerpo, en la piel, que bien pudiera desentenderse del destino nacional.

Suele interpretarse el concepto de Modernidad como un eufemismo cultural del Capitalismo y de hecho, autores marxistas y antimarxistas lo utilizan abierta o solapadamente en esa acepcin. Pero el Socialismo es tambin un producto de la Modernidad, es decir, del Capitalismo, aunque sea su negacin. Hubiese querido en este punto hablar de negacin dialctica, de superacin, pero la prctica de los socialismos histricos ha demostrado que hasta el momento--, el nuevo orden social se ha mantenido en el molde preestablecido por el capitalismo, diseado para reproducir de forma espontnea los viejos contenidos. Solo un esfuerzo conciente, sacrificial, heroico, mantuvo en el caso de Cuba, mantiene--, el nuevo contenido en ese espacio reducido, donde inevitablemente tiende a deformarse.

Es preciso insistir en ello: el socialismo se ha intentado construir en el molde cultural del capitalismo. No existe una cultura alternativa porque el Mercado globalizado lo abarca todo, y penetra por los poros abiertos de la piel nacional. Lo ms que se ha hecho es intentar dotar a ese espacio ya modelado de nuevos contenidos. Pongo ejemplos cubanos: en lugar de la NBA en el baloncesto, la LSB (Liga Superior de Baloncesto); en lugar de la Coca Cola, la Tropi Cola; en lugar de la cadena Mc Donalds, la cadena El Rpido; en lugar de la alfombra roja convertida en pasarela para entrar al Kodak Theatre de Los ngeles durante los premios Oscar, la alfombra roja que en ocasiones se coloc a la entrada del cine Charles Chaplin de La Habana, durante la premiacin del Festival Latinoamericano. En Cuba, a pesar de sus cincuenta aos de Revolucin y de sus innegables logros educativos y sociales, el imaginario colectivo de una zona no despreciable de la sociedad todava se identifica con el modelo norteamericano.

La moda atraviesa todas las aduanas, y modela los gustos, las costumbres, los valores, las formas de recreacin. Nos convierte en seguidores de los cantantes, actores y deportistas de xito el xito es dinero--, e imitadores inconscientes de sus formas de vestir y comportarse. Y los cantantes, actores y deportistas socialistas terminan siendo versiones opacas de aquellas estrellas, no importa su calidad. Es cierto que esa preeminencia es posible por el dominio que posee el capital sobre los grandes medios de comunicacin sobre la industria de los sueos, sea Hollywood para el mundo o las diferentes televisoras hispanas (Venevisin, O Globo o Univisin) que producen telenovelas--, y su capacidad para sembrar normas de conducta y sueos de vida. Pero, cuando el socialismo toma posesin de los medios nacionales, los utiliza racionalmente? es capaz de desembarazarse del molde cultural capitalista?

Esta fue una de las mayores preocupaciones tericas que tuvo el Che Guevara. Su decepcin del modelo sovitico y este europeo estaba signada por la certidumbre de que esos pases avanzaban sobre rales culturales capitalistas (el clculo econmico, el estmulo material, y a veces la solidaridad internacional condicionada), an cuando el fundamento econmico era socialista. Entonces aparece el factor cultural: la guerra definitiva, la que puede transformar o no el socialismo en un estadio natural, duradero, es cultural. Porque el socialismo no sita la ganancia individual como motivacin; su horizonte es la justicia social, la solidaridad entre todos los seres humanos. Y esas no son categoras econmicas. Para el socialismo, segn el Che,

Es decir, de darle un sentido nuevo a la relacin de lo individual y lo colectivo. En sus escritos y apuntes econmicos, el Che creador del concepto y la prctica del trabajo voluntario en das y horarios de asueto--, vuelve una y otra vez sobre la misma preocupacin: cmo incentivar al trabajador con mtodos socialistas? cmo educarlo en una concepcin colectivista y no individualista de la vida?

Desde luego que no es posible construir un nuevo orden mental (cultural) desde la pobreza. Para que el ser humano pueda cultivar su espritu es necesario que primero tenga garantizadas algunas condiciones mnimas de vida y un acceso ilimitado al conocimiento. En la medida en que estos sean mayores, tambin sern mayores sus necesidades espirituales y materiales. Pero el consumismo, a diferencia del consumo racional, inevitablemente creciente (al igual que crecen las necesidades y los avances tecnolgicos genuinos), sita al individuo no como sujeto, sino como objeto del consumo. El bloqueo econmico a Cuba incentiva la insatisfaccin material en una poblacin con altos niveles de instruccin. Es muy sospechoso que en el contexto de una intensa campaa meditica que enarbola un trnsito hacia el capitalismo en Cuba, tericos de izquierda como Heinz Dieterich aconsejen al gobierno cubano renunciar a sus proyectos sociales a su defensa de la tica--, para proporcionar a sus miles de profesionales un nivel de vida similar al de la clase media del primer mundo. Por otra parte, el modelo cultural capitalista es inviable desde el punto de vista ecolgico, una sentencia que en los ltimos aos ha dejado de ser una simple conjetura a largo plazo, para convertirse en una amenaza concreta, visible a la vuelta de la esquina.

La urgencia individual que todos sentimos frente a los problemas econmicos que enfrenta la Revolucin, puede ocultar o desvirtuar la comprensin de la herencia cultural que nos leg el llamado Perodo Especial, o ms exactamente, el derrumbe del socialismo este europeo y sovitico. La carencia de dinero en el bolsillo del ciudadano comn, es decir, de moneda dura, en condiciones de doble circulacin monetaria, el crecimiento del sector terciario en divisas, la disminucin de los productos subsidiados y la inversin de la pirmide social, as como la disfuncionalidad progresiva del discurso revolucionario ante la desaparicin del horizonte histrico del socialismo conocido, de una parte, y las diferencias sociales engendradas por la contradictoria realidad nacional, de otra--, han hecho que la sociedad cubana empiece peligrosamente a girar en torno al tener o no tener, al dinero que se tiene o al que no se tiene, y a las estrategias individuales (individualistas) para su obtencin. No olvidemos que todo el sentido de la llamada cultura moderna nos induce hacia el consumismo. El capitalismo tiene su expresin cultural en el consumismo, es decir, en la mxima fetichizacin de la mercanca y consecuentemente, en la enajenacin humana. En los ltimos 17 aos, la conciencia social en Cuba se ha reproducido en condiciones francamente adversas para el socialismo.

Es ya inevitable la cada vez mayor interaccin de la poblacin cubana con el sistema reproductor de valores del capitalismo. Es necesario construir estrategias culturales eficientes para la reproduccin de valores socialistas. No pueden estas sustentarse en largas y aburridas explicaciones sobre cmo deben ser sacrificadas nuestras vidas: el socialismo debe pensarse como una relacin cualitativamente nueva entre lo individual y lo colectivo, en la que la satisfaccin espiritual (aqu incluyo lo material) de las cada vez ms ricas y diversas individualidades que el socialismo crea no contradiga, sino que confirme el inters colectivo. Puede hacerse en condiciones de bloqueo econmico, de subdesarrollo, de asedio meditico? Los retos que el socialismo cubano enfrenta en las dcadas por venir no son simplemente econmicos: son, en primer lugar, retos polticos, es decir, culturales.




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