Portada :: EE.UU. :: Subasta electoral USA 2008
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-11-2008

El 4-N, gracias al cielo!

Javier Ortiz
Pblico


Eramos muchos los que estbamos ya hasta la coronilla del aluvin abrumador de noticias y reportajes sobre la campaa presidencial estadounidense. Se nos vena encima a todas horas y en todas partes: que si el mitin tal, que si la acusacin cual, que si el voto indeciso de Ohio, que si los obreros blancos de Pensilvania, que la ltima tontera de Sarah Palin Cada noticia, considerada aisladamente, poda tener cierto inters (o no), pero el ataque de todas ellas en continuo tropel resultaba apabullante.

Hemos llegado, por fin, al fin. Se mojen ms o menos, hoy es el da del paso del Rubicn y sabremos de una vez quin es el nuevo Csar del imperio. Enterados de lo cual, podremos regresar a una cierta normalidad meditica. Ya era hora.

No soy de esos que dicen en tono despectivo que les da igual quin sea el presidente de la primera potencia mundial. A m s me importa. Me interesa saber qu sucede hoy, porque puede haber bastantes asuntos, tanto internos como externos de los EEUU, que tomen un sesgo parcialmente distinto (slo parcialmente, pero distinto), segn qu candidato resulte elegido, aunque no sea fcil pronosticarlo a partir de sus proclamas electorales, tan vaporosas como demaggicas. Pero una cosa es sentir ese inters general y otra que traten de convertirnos en expertos en los ms mnimos intrngulis de la campaa electoral estadounidense y, lo que es peor, de su complicadsimo sistema electoral, que pasa por los llamados votos electorales, sistema de eleccin indirecta que, salvo en un par de estados, excluye por completo la proporcionalidad, es decir, el respeto por las minoras, es decir, la democracia, lo cual contribuye en no poca medida a que la mitad de los ciudadanos estadounidenses con derecho a voto suela abstenerse de ejercerlo.

La paradoja es llamativa: se supone que nosotros, que no votamos en esas elecciones, debemos verlas con ms pasin que la mitad de quienes, pudiendo intervenir en ellas, las desdean.

Lo poco agrada pero lo mucho enfada. Que representen la obra, sea tragedia o comedia, y pasemos de una vez a ocuparnos de otros asuntos, que por aqu no escasean.



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