Portada :: frica :: Sahara: 40 aos de exilio y lucha
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2008

Hemeroteca: un instructivo y esclarecedor texto de 1976.
El robo del Shara

Thomas M. Franck
The American Journal of International Law

Pblicado en octubre de 1976


Introduccin

El Shara Occidental o, hasta ahora, Shara Espaol- es un pequeo lugar. Su descolonizacin y la suerte de sus escasos 75.000 habitantes** no atraen la atencin de la opinin pblica ni por un instante. Sin embargo, o quizs en parte por esa misma razn, el tratamiento  de la cuestin del Shara por las Naciones Unidas ha sido garrafalmente mal llevado, creando as un precedente con un potencial de perjuicios futuros absolutamente desproporcionado con la importancia del territorio.

El arreglo de la cuestin del Shara a favor de la reivindicacin, por Marruecos, de derechos histricos y la denegacin de la autodeterminacin al Pueblo saharaui se desvan radicalmente de las normas de descolonizacin establecidas y aplicadas coherentemente por las Naciones Unidas desde 1960. Ello habr de tener una gran importancia para muchas otras reivindicaciones territoriales irredentistas, tales como la de Guatemala sobre Belize1, de Somalia sobre Yibuti2 y de Argentina sobre las Islas Malvinas3. Tan pronto como Marruecos y Mauritania solidificaron su ocupacin del Shara en febrero de 1976, Marshal Idi Amin, [presidente] de Uganda, reclam como propias extensas partes de Kenya y de Sudn basndose en la afinidad tribal y la historia4. En su momento, una Palestina rabe casi con toda seguridad plantear reivindicaciones territoriales contra Israel. De hecho, puede que no transcurra mucho tiempo antes de que Marruecos renueve sus intenciones actualmente en reposo- sobre su socio, Mauritania5. Las reivindicaciones de derechos histricos sobre territorios han tendido a quedar limitadaas por la insistencia de la comunidad internacional en que las fronteras establecidas tienen que ser respetadas y slo pueden ser modificadas con el libre consentimiento del pueblo que vive en cada territorio. Marruecos y Mauritania, con la ocupacin del Shara sin el consentimiento de su poblacin, han conseguido frustrar la aplicacin de esta norma y han hecho que  el sistema internacional d un paso claro hacia un nuevo conjunto de expectativas mutuamente compartidas  sobre el comportamiento de los Estados incipientes nuevas normas- que son, con mucha mayor probabilidad que las reglas anteriores, generadoras de conflictos, aun cuando sus lneas generales slo se perciben, de momento, vagamente.

Este precedente tambin es desestabilizador de otra manera ms amplia. La exitosa utilizacin de la fuerza por parte de Marruecos y Mauritania para apoderarse del Shara Occidental ha reforzado la tendencia de los Estados del Tercer Mundo a perseguir sus intereses nacionales mediante la agresin militar, en lugar de mediante la ley y la diplomacia. Nada de lo que acontece en el terreno de las relaciones internacionales funciona tan bien como el xito, y tanto en Angola como en el Shara el uso de la fuerza ha funcionado sin mucha oposicin del resto de la comunidad internacional. Estos acontecimientos en frica han sido imitados en Asia con la ocupacin de Timor Oriental por Indonesia, otro lugar donde las reivindicaciones histricas, geogrficas y tnicas fueron hechas valer mediante el recurso a las armas.6 En la medida en que esta leccin se toma en serio, el mundo ser un lugar cada vez ms peligroso consideracin sta agravada con el salto del Tercer Mundo al armamento sofisticado.

El tratamiento [que se ha hecho] del caso del Shara ya ha tenido consecuencias dramticas para el orden mundial. Unos 60.000 saharauis han devenido refugiados7, lo que ha generado grandes dificultades y fuertes presiones en las instalaciones y el presupuesto del Alto Comisionado para los Refugiados de las NN. UU. Ha habido duros combates con el movimiento de liberacin saharaui POLISARIO (Frente Popular para la Liberacin de Saguia el Hamra y Ro de Oro) apoyado por Argelia, y el Gobierno de Mauritania ha informado de una batalla de dos das con cuantiosas bajas en abril de 19768, tan slo dos meses despus de que el Shara hubiere sido pacificado por los ejrcitos de Marruecos y Mauritania. Este asunto ha provocado fuertes divisiones en el seno de la Organizacin para la Unidad Africana (OUA). Su Comit Poltico haba recomendado en el mes de febrero el apoyo al Ejrcito de Liberacin [saharaui], lo que provoc que Marruecos y Mauritania amenazasen con abandonar la Organizacin.9 Aunque la divisin pudo evitarse temporalmente10, Argelia y otros pases reconocieron unilateralmente al Gobierno saharaui en el exilio, y Rabat y Nouakchott rompieron inmediatamente las relaciones diplomticas con Argelia11. No pasar mucho tiempo antes de que otros Estados se vean forzados a elegir bando.12

Tambin los Estados Unidos se han visto involucrados en la disputa. El anuncio, en febrero de 1976, de que EE.UU vendera una escuadrilla de 24 reactores de combate F-5E al rey Hassan II13, estuvo dictado indudablemente por la realpolitik. Marruecos, junto con Espaa, es la llave de EE.UU al Mediterrneo. El Gobierno del Rey [Hassan II] es generalmente considerado pro-estadounidense, lo que no sucede con los gobernantes de Argelia. Por el contrario, los dirigentes del POLISARIO son anatemizados por su estrecha asociacin con los argelinos. Para Washington, el derecho a la autodeterminacin de unas 75.000 personas es algo de mucha menor trascendencia que la estabilidad del inestable trono del rey Hassan, y ms considerando que aqullas podran tender a estar dominadas por Argelia. As pues, en nombre del pragmatismo poltico, EE.UU ha desertado de su compromiso histrico con el principio de autodeterminacin.14 En lugar de defender la primaca de una importante norma del orden internacional, EE.UU. ha consentido que la poltica dicte su posicionamiento internacional. Al actuar as, nos hemos encontrado, una vez ms, enfrentados a la cuestin de si EE.UU., como potencia lder mundial tiene mayor inters en preservar y reforzar las reglas de juego que en ganar [determinadas] partidas subalternas sin tener en cuenta cmo nuestra accin afecta a las normas. Dicho de otra manera, el caso del Shara nos confronta con un conflicto clsico entre criterios legales y criterios polticos.

La poblacin saharaui

El Shara Occidental est situado a lo largo de la costa atlntica del noroeste de frica. Su escasa poblacin habita una superficie territorial de 266.000 kilmetros cuadrados, casi exactamente el tamao de Colorado.15 Muchos de ellos son pastores nmadas del desierto que cuidan rebaos de camellos, cabras y ovejas, si bien en el transcurso de los ltimos aos se ha producido un considerable asentamiento urbano en la capital, El Aain, que antes de la salida de Espaa tena una poblacin civil de casi 30.000 personas, as como tambin en Smara y Villa Cisneros, con unos 7.000 y 5.500 habitantes respectivamente.16 Esas cifras no incluyen a los saharauis que han estado viviendo en pases vecinos, especialmente Marruecos y Argelia, ya sea por razones polticas o econmicas. Las mejores estimaciones del nmero de esos exilados han oscilado entre la cifra de 10.000 facilitada por Espaa y un mximo de aproximadamente 50.000 segn los movimientos de liberacin y los Estados vecinos.17 Dado que tanto Marruecos como Mauritania han adoptado la posicin de que los saharauis son ciudadanos suyos, no existan fronteras para contener o incluso registrar sus desplazamientos, ni siquiera en la poca colonial [espaola]. Los vnculos sociales y tnicos entre los habitantes del Shara Occidental y aquellos otros cercanos de Marruecos, Mauritania y Argelia hacen particularmente difcil concretar de un modo definitivo quin es y quin no es saharaui. (As por ejemplo, uno de los dirigentes exilados del POLISARIO es Ahmed Baba Miske, ex embajador de Mauritania ante las Naciones Unidas y Washington). Este hecho cobr relevancia poltica cuando se plante el debate sobre un referndum de autodeterminacin. Mediante los apaos correctos, la votacin podra fcilmente sesgarse importando marroques y mauritanos que aparentaran ser saharauis.18

Esta dificultad, aun siendo importante tenerla presente al valorar las tcticas de descolonizacin empleadas en el caso del Shara Espaol, en absoluto carece de precedentes en frica. De hecho, es la regla, en lugar de la excepcin, que las fronteras de esas nuevas naciones reflejen la arrogante indiferencia de las potencias coloniales para con los grupos tribales y las rutas de paso de los nmadas. En prcticamente todos los Estados africanos hay tribus con estrechos vnculos histricos y sociales que sobrepasan las fronteras polticas. En algunas regiones, como en el caso de Ogaden, en el Cuerno de frica, el problema es tan grave como y similar al del Shara Occidental. Adems, la Historia es un manantial de injusticias y, en muchos casos, la memoria de los agraviados se remonta a tiempos muy lejanos. La cuestin es si, por mor de reparar antiguos agravios habra que infligir nuevas injusticias traumticas a los actuales habitantes de un territorio.

La primaca de la autodeterminacin y la integridad de las fronteras

Los precedentes en tales casos, con anterioridad a los casos del Shara Occidental y Timor, son relativamente coherentes y sencillos. Por lo general, a los Estados vecinos no se les ha permitido robar territorios adyacentes por el mero hecho de alegar derechos histricos; los reajustes de fronteras deben ser el resultado de la expresin de la voluntad libremente expresada de quienes se ven sometidos al reajuste en cuestin. La supremaca de la autodeterminacin contempornea frente a las reivindicaciones histricas y la reparacin de antiguas injusticias se basan en dos consideraciones. En primer lugar, se parte de la hiptesis  de que cualquier otro enfoque conducira a conflictos interminables en la medida en que los Estados modernos se sometiesen a la presin de incorporarse a un proceso de revisin de fronteras para regresar a no se sabe cul situacin histrica previa  y de validez igualmente incierta. Y en segundo lugar, es un hecho ampliamente constatado que Estados o incluso colonias con fronteras establecidas y poblaciones bien definidas, independientemente de la manera injusta o fortuita como se haya llegado a ello, enseguida desarrollan una lgica propia de cohesin estatal que no debera descartarse a la ligera.

Es por esas razones por las que los Estados africanos han insistido en que cualquier colonia, en la fase final de la descolonizacin, tiene que ejercer su derecho de autodeterminacin dentro de los lmites de las fronteras establecidas. Incluso aunque, en algunos casos, esto tienda a perpetuar ciertas injusticias histricas o ciertos problemas culturales, se ha reconocido que otras alternativas son peores. Intentar un rediseo completo del mapa de frica en base a antiguas reivindicaciones o a vnculos tribales slo conducira al caos, la guerra y a destejer el sistema de Estados del Continente. Los dirigentes del frica post-independencia comprendieron que, aunque haba injusticias, stas podan resolverse mejor mediante arreglos funcionales entre Estados soberanos, tales como servicios y mercados comunes regionales, derechos de libre circulacin a travs de las fronteras y, tal vez, federaciones.

De manera que fue ante la insistencia del Tercer Mundo por lo que el que el hito de la Declaracin de las Naciones Unidas sobre la Concesin de la Independencia a los Pases y Pueblos Coloniales19, al tiempo que proclamaba que todos los pueblos tienen el derecho a la autodeterminacin20, tambin adverta de que cualquier intento de ruptura parcial o total de la unidad nacional y la integridad territorial de un pas es incompatible con los objetivos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.21 Y la Organizacin para la Unidad Africana ha reforzado la norma de que los territorios tienen que ejercer su derecho a la autodeterminacin dentro de las fronteras coloniales establecidas.22 Si un territorio desea unirse a uno o varios Estados vecinos, tendr el derecho a manifestar esa preferencia en el proceso de descolonizacin, pero tiene que ser la libre decisin de la mayora de esa colonia concreta; y un territorio con fronteras reconocidas no puede ser absorbido ni desmembrado en contra de la voluntad de sus habitantes.

La praxis de la ONU en la aplicacin de la norma de la autodeterminacin dentro de las fronteras coloniales establecidas

El historial de la democracia en los nuevos Estados (o, para el caso, en una mayora de los viejos), difcilmente llenara de alegra a Montesquieu o a J. S. Mill. Sin embargo, la aspiracin democrtica ha ido relativamente bien en un aspecto. Durante las ltimas tres dcadas fue una prctica corriente alentar a las poblaciones coloniales, en el momento justo antes de la independencia, a participar en un acto genuino de libre eleccin. En la mayor parte de los casos, ese acto determinaba qu partido y qu gobierno asumiran las riendas del poder. En otros casos, las cuestiones eran ms complejas: Deba la nueva nacin acceder a su era de independencia como una sola entidad? Deba la nueva nacin, o parte de ella, unirse a otro Estado? Deba reconstituirse en varias naciones independientes o federadas? Desde entonces, la mayor parte de los votantes de esos nuevos Estados no han vuelto a tener ocasin de participar mediante votacin secreta en el proceso de toma de decisiones de sus propios pases. Pero al menos, en lo que concierne a aquella primera eleccin decisiva, el principio de la participacin popular ha sido generalmente respetado.

Ya en la temprana fecha de 1945, la Asamblea General de la ONU haba aprobado que si la Asamblea General lo estima oportuno, una Misin debera visitar, de acuerdo con el [Estado] Miembro Administrador, el Territorio-No-Autnomo antes de o durante el perodo en que la poblacin es convocada a decidir sobre su estatus futuro.23

En consecuencia, las Naciones Unidas supervisaron plebiscitos o elecciones en Togolandia Britnica en 1956, en Togolandia Francesa  en 1958, en la britnica Camern del Norte  en 1959 y 1961, en Camern del Sur en 1961, en la Ruanda-Urundi administrada por Blgica en 1961, en Samoa Occidental en 1962, y en Papa-Nueva Guinea en 1972.24 Representantes del Consejo de Administracin Fiduciaria de la ONU (UN Trusteeship Council) tambin asistieron como observadores al controvertido plebiscito en las [Islas] Marianas en junio de 1975, en el cual la mayora vot por separarse de las Islas del Pacfico en fideicomiso de EE.UU. y convertirse en Commonwealth en unin poltica con los Estados Unidos.25

Con la creacin, en 1961, del Comit Especial de Vigilancia de Naciones Unidas sobre la Situacin relativa a la Aplicacin de la Declaracin sobre la Concesin de la Independencia a los Pases y Pueblos Coloniales26, la adhesin a las normas para la descolonizacin de Territorios bajo Administracin Fiduciaria [Trust Territories] en los que las Naciones Unidas tenan un claro inters legal- empez a ser reclamada tambin por las colonias ordinarias. Desde su creacin, el Comit Especial en palabras del Departamento de Asuntos Polticos y Descolonizacin de las NN.UU- ha enfatizado la deseabilidad de la presencia de las Naciones Unidas en las fases finales del proceso de autodeterminacin en los territorios-no-autnomos, particularmente en aquellas situaciones en que se pide a la poblacin que decida sobre una formula constitucional muy cercana a la independencia o all donde se ha manifestado preocupacin con respecto al pleno cumplimiento de los procesos democrticos durante la consulta electoral.27 As, en abril de 1965 el Comit Especial de Naciones Unidas organiz la supervisin de las elecciones para una legislatura que redactara la nueva constitucin de las Islas Cook, y que condujo a la libre asociacin con Nueva Zelanda.28 En 1967, la Asamblea General recomend la celebracin de elecciones generales previas a la independencia en Guinea Ecuatorial con la participacin de la ONU, y en 1968 Espaa cumpli esa peticin.29 La ONU tambin ha participado en votaciones de autodeterminacin en el Territorio neozelands de Niue en 197430 y, en ese mismo ao, actu de observador en el referndum de las Islas Ellice, mediante el cual los votantes decidieron convertirse en una colonia separada con el nombre de Tuvalu.31

No todas las iniciativas han provenido de la Asamblea General. En 1963, los gobiernos de la Federacin Malaya, Indonesia y Filipinas pidieron al Secretario General [de la ONU] que enviase una Misin a los territorios britnicos de Sarawak y Borneo del Norte para determinar si esas poblaciones deseaban integrarse con Malaya en una nueva Federacin de Malasia. La Misin, compuesta por diplomticos de alto nivel nombrados por el Secretario General, inform de que los votos a favor de la Federacin en las circunscripciones de Borneo del Norte y Sarawak representaban la voluntad libremente expresada de la poblacin de esos territorios.32

Por supuesto, hay excepciones a la regla. En un caso, las Naciones Unidas adoptaron la posicin de que en una determinada colonia no deba celebrarse una votacin o plebiscito de autodeterminacin libres. De hecho, la Asamblea General se opuso a la celebracin de un referndum en Gibraltar, en 196733, que pretenda pedir a los votantes que eligieran entre la unin con Espaa o la continuacin de los vnculos con Gran Bretaa. La ONU se neg a aprobar el envo de un observador de la Organizacin a ese plebiscito. De hecho, el Comit Especial deplor que aqul se hubiera celebrado, insistiendo, en cambio, en que el futuro de Gibraltar debiera resolverse mediante negociaciones entre Espaa y Gran Bretaa34.

En el caso de la descolonizacin de West Irian, la ONU, en una votacin controvertida y profundamente dividida35 que dejaba presagiar los debates sobre el Shara, vot aceptar como vlido el acto de libre eleccin organizado por Indonesia, que implicaba no una votacin secreta sino solamente consultas colectivas celebradas al tiempo que la Administracin indonesia ejerca en todo momento un frreo control poltico sobre la poblacin.36 El delegado de Sierra Leona en la Asamblea General de la ONU manifest su temor, de su propia delegacin y de otras delegaciones, de que los mismos argumentos que estaban siendo utilizados por Indonesia en contra de aplicar a West Irian estndares internacionales de elecciones libres, abriran la puerta para que otros pases, como Sudfrica, Portugal y Rodesia del Sur denegaran la autodeterminacin a sus mayoras africanas negras, promoviendo, en cambio, unas consultas amaadas.37

Ha habido otros pocos ejemplos, desde la creacin del Comit Especial de Naciones Unidas en 1961, en los que una potencia colonial ha rechazado una peticin de la ONU para supervisar unas elecciones o un referndum de autodeterminacin38, as como tambin unos pocos casos (como el de las colonias de Portugal) en los que la descolonizacin se produjo esencialmente como resultado de una guerra nacional de liberacin, en lugar de mediante una evolucin poltica. Pero tambin ha prevalecido en la inmensa mayora de los casos un modelo claro de descolonizacin pacfica mediante elecciones libres o plebiscitos, frecuentemente bajo la supervisin de la ONU, en los cuales la poblacin local ha tenido la oportunidad de elegir su propio porvenir como nacin. Es este modelo el que ha sido quebrantado de manera espectacular en el caso del Shara Espaol.

El infructuoso esfuerzo de Naciones Unidas para garantizar el derecho de los saharauis a la autodeterminacin

El fracaso de las Naciones Unidas en garantizar unas elecciones o un plebiscito de autodeterminacin en el Shara antes de su descolonizacin definitiva es una ruptura no slo con un slido y saludable modelo general de normas para las colonias en general, sino tambin en la poltica sistemticamente defendida especficamente para el Shara en los debates y resoluciones de Naciones Unidas durante ms de una dcada. Durante los dos ltimos aos [en cambio], el tratamiento de la cuestin del Shara en la NN.UU ha revelado la deriva extremadamente poltica de esa Organizacin y su nfima consideracin de los principios que la informan.

La cuestin del Shara Espaol ha sido exhaustivamente debatida en el Comit Especial de la Asamblea General desde septiembre de 1963, y en las sesiones plenarias de la Asamblea General desde diciembre de ese mismo ao. La primera de toda una serie de resoluciones requiriendo a Espaa a que materializara el derecho a la autodeterminacin del Shara fue aprobada por dicho Comit el 16 de octubre de 196439; la Asamblea General sigui su ejemplo un ao despus40. La posicin de Madrid durante este perodo era que sus territorios africanos, en tanto que provincias de la Espaa metropolitana, no estaban sujetos a la autodeterminacin41.

Ya desde el principio mismo, los delegados de Marruecos eran ambiguos sobre si apoyar o no la autodeterminacin. Por una parte, afirmaban que su pas en ltima instancia recuperara los territorios marroques que estaban bajo dominio colonial y que haban sido separados del pas mediante una poltica arbitraria y anexionista (sic) llevada a cabo, a sus expensas, por las potencias, que los haban puesto bajo la jurisdiccin de sus respectivos protectorados42. Sin embargo, admitiendo que la opinin pblica espaola y mundial no toleraran entonces una reunificacin a la fuerza, el rgimen de Rabat, en una reunin del Comit Especial de la ONU celebrada en Addis Abeba, en agosto de 1966, tom de hecho la iniciativa al proponer que al Shara y a las otras colonias espaolas debera concedrseles la independencia tan pronto como fuera posible 43 (nfasis del autor). Esa independencia, aadan, tiene que ser genuina, permitiendo a los habitantes de esos Territorios ejercer por s mismos todas las responsabilidades del poder, sin presencia colonial alguna y eligiendo la va ms adecuada para sus intereses dentro del marco de la unidad africana44, con lo que Rabat esperaba que libremente decidieran unirse a Marruecos.

Una posicin similar fue adoptada en esa misma reunin de 1966 por el gobierno de Mauritania, cuyo representante tambin insisti en los derechos histricos de su pas respecto al Shara Occidental, al tiempo que sealaba que el Presidente de Marruecos [sic; N. del T.: Evidentemente, se trata de un error] haba caracterizado las reivindicaciones de Marruecos de tan ridculas como las que Inglaterra pudiera hacer ahora contra Francia bajo el pretexto de que, en los tiempos de Juana de Arco, Pars y una gran parte de Francia haban estado ocupadas por los ingleses 45. No obstante, tambin Mauritania afirm que el Shara Occidental, an cuando histricamente haba sido parte de sus dominios, debiera ser completamente independiente, lo que significaba independiente de Espaa, pero tambin, por supuesto, de Marruecos.46

La vigsimo primera sesin de la Asamblea General, [celebrada] en 1966, reafirm el derecho del pueblo del Shara Espaol a la autodeterminacin, pero fue an ms lejos al describir cmo debera llevarse a cabo aqulla. [La Asamblea General] invitaba a Espaa

La Asamblea tambin pidi al Secretario General que nombrara y enviara al Shara una Misin especial con la finalidad de recomendar medidas prcticas para el cumplimiento ntegro de las resoluciones relevantes de la Asamblea General, y en particular para determinar el grado de participacin de Naciones Unidas en la preparacin y supervisin del referndum 48

El 11 de mayo de 1967, el Gobierno de Madrid promulg un decreto estableciendo una Asamblea General del Shara Espaol o Yema-, una parte de cuyos miembros seran elegidos.49 La Vigsimo Segunda Sesin de la Asamblea General no qued muy convencida, viendo en ello un claro esfuerzo por parte de Espaa en crear un Gobierno local pilotado por los miembros mayores de las tribus del establishment  y otros elementos conservadores que deban su posicin a Espaa y al status quo, y volvi a reiterar la resolucin del ao anterior.50 De hecho, las seis resoluciones aprobadas por la Asamblea General entre 1967 y 1973 repiten las recomendaciones de la resolucin de 1966 y, en particular, aquellos prrafos relativos a la organizacin de un referndum y al envo de una Misin especial de Naciones Unidas para supervisar la autodeterminacin en el territorio.51

A pesar de esa poco frecuente y reiterada exhibicin de unanimidad pblica de todos los Estados clave, las claras y normativas prescripciones de las resoluciones no fueron cumplidas. En lugar de ello, lo que se produjo durante los siguientes seis aos decisivos fue una aceleracin de los esfuerzos de todas las partes para amaar su solucin preferida tras una fachada de apoyo a la autodeterminacin. Espaa sigui argumentando que, debido a la naturaleza nmada de la poblacin y las caractersticas fsicas del territorio, no podan acelerarse los preparativos para la autodeterminacin.52 Marruecos y Mauritania interpretaron esto como una forma de ganar tiempo para atrincherar a los conservadores pro-espaoles instalados en la Yema y asegurar su victoria en un eventual plebiscito. Al mismo tiempo, ambos pases utilizaron el derecho a ser consultados por Espaa sobre la evolucin poltica del Shara (un derecho ampliado por las resoluciones de la Asamblea General) como una forma de impedir, en lugar de acelerar, la evolucin hacia el autogobierno. En pblico, Espaa, Marruecos y Mauritania compartan su adhesin a la autodeterminacin. Pero en privado, los tres compartan una profunda desconfianza respecto a un proceso decisorio popular genuinamente libre.

Tambin durante este perodo, Argelia empez a emerger ms visiblemente como protagonista. Si bien continuaba negando que tuviera reivindicacin territorial alguna, pidi ser consultada en cualquier arreglo, insistiendo en que sus intereses, basados en consideraciones geopolticas obvias y en la necesidad de unidad regional, no deban ser pasados por alto en la bsqueda de una solucin al problema.53

Sin duda, un factor primordial en este endurecimiento de las posiciones fue la creciente evidencia de que el Shara Espaol, lejos de ser un erial sin utilidad alguna, contena grandes riquezas minerales. Los abundantes yacimientos de fosfatos de Bu-Craa, directamente extrables, estn situados a tan slo 97 km. de la costa. Cuando estn plenamente operativas, esas minas producirn hasta unos 10 millones de toneladas de fosfato para la exportacin.54 Se han descubierto minas de hierro en varias zonas y hay expectativas de encontrar petrleo en la importante plataforma continental del Shara Occidental.55 En opinin de las autoridades espaolas, la industria de los fosfatos podra proporcionar a la actual poblacin del territorio una renta por habitante igual a la de algunos pases desarrollados de Europa.56 Las autoridades marroques, por su parte, manifiestan que consideran una injusticia el restringir unos recursos tan enormes a una poblacin pequea y, en privado, dicen que un Kuwait en el mundo rabe ya es suficiente.

El 21 de septiembre de 1973, en respuesta a una peticin de la Yema, el general Franco, en nombre del Consejo de Ministros de Espaa, transfiri efectivamente a esa Asamblea un cierto grado de potestad legislativa interna, pero reteniendo [las competencias de] Asuntos Exteriores, Defensa y algunas otras potestades de veto e iniciativa. Franco tambin prometi que el Territorio podra votar sobre su futuro cuando la poblacin libremente as lo pida57 La resolucin de Naciones Unidas aprobada poco despus reafirmaba nuevamente el principio de autodeterminacin y, en los trminos para entonces corrientes, peda la libre y autntica expresin de la voluntad de los saharauis.58 Estos criterios fueron respaldados firmemente por el Tercer Mundo en las reuniones de los Estados Africanos y de los Pases No Alineados.59

En julio de 1974, Espaa, despus de haber informado a Marruecos, Mauritania y Argelia, revel un nuevo ordenamiento jurdico para el Shara que aumentaba sustancialmente las competencias de la Yema.60 Seis semanas despus, Madrid anunci que, por fin, celebrara un referndum bajo los auspicios de Naciones Unidas durante el primer semestre de 1975.61

Estos acontecimientos seminales haban estado precedidos por una serie de reuniones en las que Espaa, infructuosamente, haba intentado conseguir la cooperacin de Marruecos y Mauritania en la realizacin de un plebiscito. El ministro espaol de Asuntos Exteriores se reuni con su homlogo marroqu en Rabat en marzo, y en Madrid en abril. Este ltimo seal en privado que su pas permitira un plebiscito slo si a los saharauis se les limitaba a elegir entre la unin con Marruecos o permanecer como colonia espaola, excluyendo as la opcin de la independencia. El ministro espaol [de Exteriores] tambin se reuni con su homlogo mauritano en Nouakchott, en abril, sin conseguir ningn compromiso de cooperacin. Por otra parte, cuando los ministros de Asuntos Exteriores de Argelia, Marruecos y Mauritania se reunieron en Nouakchott el 10 de mayo y, nuevamente, en Agadir el 24 de julio, de nuevo pblicamente reafirmaron su adhesin al principio de autodeterminacin para el Shara Espaol y emitieron un comunicado conjunto declarando que la autodeterminacin habra de llevarse a cabo sin interferencia extranjera y de conformidad con las resoluciones relevantes de Naciones Unidas.62

ste, sin embargo, fue el ltimo homenaje de Marruecos a la norma de la autodeterminacin. Con Espaa comprometida ahora a un referndum supervisado por NN.UU, la hasta ahora oposicin en privado de Marruecos a una votacin libre empez a emerger como poltica pblica. El 8 de Julio, el rey Hassan II, en su discurso del Da de la Juventud, reafirm la reivindicacin histrica de Marruecos sobre el Shara y amenaz con una movilizacin general en caso necesario para recuperar los territorios usurpados.63 Hasta ese momento, no obstante todas las resoluciones de NN.UU y las decisiones de las conferencias de los Pases No Alineados y de los Pases del Magreb, Rabat estaba convencida de que Espaa en su momento se avendra a negociar una unin entre Marruecos y el Shara Occidental. Pero cuando, en lugar de eso, Espaa inesperadamente accedi a los requerimientos de la Asamblea General para llevar a cabo un plebiscito de autodeterminacin, Marruecos tuvo que improvisar de repente toda una nueva estrategia. Tom la decisin de que la cuestin fuera sometida al Tribunal Internacional de Justicia, con lo cual por lo menos se aseguraba el aplazamiento del referndum durante el tiempo en que la Corte estuviera deliberando. Tambin se decidi que la consulta al Tribunal se limitara al examen de la validez de la reivindicacin marroqu del ttulo histrico, de tal manera que se hiciera de ese asunto una cuestin dispositiva. Usted, el Gobierno espaol, afirma que el Shara era res nullius", declar el Rey Hassan. Ustedes afirman que se trata de un territorio o de una propiedad sin heredero, usted afirma que en el Shara no haba establecido poder ni administracin algunos; Marruecos alega lo contrario. En consecuencia, vamos a solicitar el arbitraje del Tribunal Internacional64

Inicialmente, Mauritania no se uni a la peticin de someter el caso al TIJ, reiterando, en cambio, su sincera intencin de respetar fielmente la voluntad libremente expresada de las poblaciones concernidas65 Sin embargo, en una reunin al ms alto nivel celebrada en Rabat, en el mes de octubre, el rey Hassan y el presidente Ould Daddah de Mauritania acordaron la estrategia de acudir al Tribunal y, al parecer, repartirse el Shara con independencia del resultado de las deliberaciones del TIJ.66

Argelia respald a regaadientes la iniciativa marroco-mauritana, habiendo sido persuadida de hacerlo as en nombre de la solidaridad del Tercer Mundo. Despus de todo se argumentaba-, el retraso no implicara ms de un ao y en absoluto iba en contra del derecho de la poblacin a adoptar la decisin definitiva67. El error de clculo de Argelia es comprensible: En los debates en NN.UU, un pas tras otro, al tiempo que estaban de acuerdo en remitir el asunto al Tribunal, especificaban que esto no deba interpretarse como una dejacin del principio de autodeterminacin.68 Espaa, sin embargo, recelaba ms de los motivos marroques. En un esfuerzo por contemporizar, Madrid ofreci apoyar la solicitud de un dictamen (advisory opinion), pero slo si estaba formulada de tal manera que se pidiera al Tribunal examinar no solamente [la cuestin de] el derecho histrico (historic legal title), sino tambin, considerar los efectos legales de las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas y las resoluciones de la Asamblea General sobre la Potencia Administradora, los pases colindantes con el Territorio y, sobre todo, la poblacin indgena.69 Marruecos, sin embargo, rechaz la reformulacin propuesta.70

La votacin en el Cuarto Comit de la Asamblea General tuvo lugar el 11 de diciembre, y la resolucin que solicita y elabora las cuestiones de cara a un dictamen consultivo del Tribunal fue aprobada por 81 a 0, con 43 abstenciones.71 Espaa, que se abstuvo, seal que las cuestiones formuladas eran, desde un punto de vista legal, ambiguas, incompletas e irrelevantes, puesto que no tomaban en consideracin la evolucin del Derecho Internacional contemporneo en relacin con los Territorios-No-Autnomos, tal como est consagrado en la Carta de la ONU y en las declaraciones y resoluciones de la Asamblea General sobre descolonizacin.72 El representante de Kenya, Sr. Francis Njenja, conden el retraso en la celebracin del plebiscito, y aadi: El Tribunal debera ser el propio pueblo del Shara Espaol De hecho, se est pidiendo a Naciones Unidas que trate a esa gente como muebles, en lugar de como personas.73 Guatemala, por su parte, admiti con franqueza que haba apoyado la resolucin como una forma de frenar el plebiscito, para crear as un precedente para impedir a Honduras Britnica (Belize) pedir la autodeterminacin.74

El Informe de la Misin Visitadora de la ONU

El 13 de diciembre, la Asamblea General aprob la accin del Cuarto Comit al aprobar la Resolucin 3292 (XXIX)75. Esta resolucin contena tres importantes mandatos: (1) el aplazamiento del referndum, (2) el envo de una Misin Visitadora al Shara, y (3) la peticin al TIJ de un dictamen consultivo. Si bien Espaa se haba resistido a (1) y (3), acogi favorablemente (2). Sobre la base de consultas con sus Miembros, el Presidente del Comit Especial nombr a los representantes de Cuba, Irn y Costa de Marfil para constituir la Misin, bajo la direccin de Simon Ake, Representante Permanente de Costa de Marfil ante la ONU.76 Se encomend a la Misin la responsabilidad de obtener informacin de primera mano sobre la situacin prevaleciente en el Territorio, incluyendo informacin sobre las condiciones polticas, econmicas, sociales, culturales y educativas, as como tambin sobre los deseos y aspiraciones de la poblacin77 (nfasis del autor). Para cumplir su mandato, tendra que estudiar las medidas que Espaa propona adoptar para garantizar la descolonizacin del Territorio, y llevar a cabo contactos directos con el mayor nmero posible de habitantes autctonos del Territorio, incluyendo aquellos que actualmente estuviesen viviendo fuera del mismo, con el fin de verificar los deseos y aspiraciones de la poblacin autctona78.

El viaje de la Misin dur desde el 8 de mayo hasta el 9 de junio, empezando en Madrid y terminando en Mauritania. Entre medias, viaj ampliamente por el interior del Shara, as como tambin a Marruecos y Argelia. Mantuvo conversaciones con los dirigentes de los gobiernos y con miembros de los partidos polticos que haban empezado a formarse en el Shara y entre los refugiados y exilados en los pases vecinos. Todo indica que se hizo un esfuerzo concienzudo de investigacin rigurosa de los hechos, y la Misin inform de la ausencia de cualquier medida, en los pases visitados, para interferir en la libertad de movimientos de la Misin.79

Lo que se desprende de esa amplia investigacin de un mes de duracin no es nada ambiguo. La pgina inicial del informe unnime de la Misin sobre la situacin poltica seala de manera inequvoca que:

Se constat que la independencia era el objetivo del conservador PUNS (Partido de la Unin Nacional Saharaui), el nico movimiento [poltico] legalmente reconocido en el Territorio y con el que la mayor parte de los miembros de la Yema dijeron estar identificados.81 La independencia tambin era el objetivo del POLISARIO, que se opona al PUNS y lo consideraba un instrumento de los espaoles.82 El POLISARIO demostr que poda organizar manifestaciones masivas dondequiera que fuera el equipo [de la ONU], y durante la estancia de la Misin consigui la desercin de dos patrullas de las Tropas Nmadas y la captura de sus oficiales espaoles.83 Tambin paraliz la cinta transportadora que une las minas de fosfatos con la costa. Como mnimo, esas actividades disiparon cualquier tipo de duda, en la mente del equipo de la ONU, de que el mayor de los movimientos independentistas no era precisamente el vehculo de las autoridades espaolas. Lejos de estar orquestada, la acogida dispensada [por la poblacin] a la Misin sorprendi a las autoridades espaolas, que, hasta entonces, slo haban sido parcialmente conscientes del profundo despertar poltico de la poblacin.84

Ningn otro movimiento poltico fue considerado ser, ni remotamente, una expresin tan importante de la opinin de los saharauis como el POLISARIO.85 As que la Misin pudo llegar a la conclusin, despus de visitar el Territorio, de que la mayora de la poblacin en el Sahara Espaol estaba claramente a favor de la independencia.86 Esa impresin estaba basada "en las manifestaciones pblicas de que [la Misin] fue testigo y en el extremadamente amplio nmero de entrevistas con grupos e individuos que representaban los diferentes matices de opinin. Todas esas entrevistas se hicieron en privado, en ausencia de cualquier representante de las autoridades espaolas. Tambin se mantuvieron conversaciones, de forma aleatoria, con personas de entre el pblico en general.87 En El Aain, por s solo, varios miles de personas acudieron a manifestarse a favor del POLISARIO.88 La Misin est convencida de que, dentro del Territorio,la poblacin, o al menos casi todas las personas encontradas por la Misin, estaba categricamente a favor de la independencia y en contra de las reivindicaciones territoriales de Marruecos y Mauritania, aunque fuera del Territorio, entre los pequeos y fragmentados movimientos de refugiados, las opiniones eran ms variadas, reflejando las respectivas polticas de sus anfitriones marroques, mauritanos o argelinos.89

La Misin conclua con la recomendacin de que "la Asamblea General debera tomar medidas para permitir a esos grupos de poblacin decidir su futuro en completa libertad y en un ambiente de paz y seguridad..."90 Con ese fin, la Asamblea General debera autorizar al Secretario General a nombrar una nueva Misin Visitadora para definir las condiciones en que habra de celebrarse la consulta, que se realizara bajo los auspicios de las Naciones Unidas.91

La unanimidad de la Misin Visitadora instando a la convocatoria de un plebiscito de Naciones Unidas sobre la cuestin de la independencia es tanto ms notable por cuanto que el miembro [de la Misin] de Irn y el presidente [de la Misin] de Costa de Marfil estaban ambos sometidos a una considerable presin de sus respectivos gobiernos, para que informasen de unos resultados ms favorables a la causa marroqu. Sin embargo, quedaron tan convencidos de las pruebas, que tuvieron que resignarse a complacer a sus respectivos gobiernos con poco ms que rebajando el tono, en el proyecto de informe, de algunas de las referencias ms crticas con las aspiraciones de Marruecos.

El Dictamen consultivo del Tribunal Internacional

Unos das despus de la publicacin del Informe de la Misin Visitadora, el Tribunal Internacional emiti su Dictamen.92 Espaa haba argumentado que las cuestiones planteadas en la peticin de dictamen, por parte de la Asamblea general, no deberan ser contestadas en absoluto, ya que, al centrarse exclusivamente en la cuestin de res nullius y ttulo histrico, las respuestas seran carentes de objetoirrelevantes.93 En opinin de Argelia, no pueden tener ningn efecto prctico94 porque no afrontan el principio fundamental que rige la descolonizacin, la autodeterminacin.95 El Tribunal atendi esas objeciones afirmando que, en efecto, cualesquiera que fueran las preguntas que le haban sido formuladas, sus respuestas, para ser completas, indudablemente tendran que tener en cuenta los principios aplicables de la descolonizacin, porque son una parte esencial del contexto de las preguntas contenidas en la solicitud. No cabe pensar que la referencia en esas preguntas a un perodo histrico encadenen u obstaculicen al Tribunal en el desempeo de sus funciones judiciales.96

Al negarse a ceirse estrictamente a las preguntas formuladas, el Tribunal pudo replantear la cuestin esencialmente en la forma anteriormente propuesta por Espaa, esto es, Qu importancia tiene, en el acto final de la descolonizacin, el ttulo histrico, en comparacin con el derecho a la libre determinacin? Plantendose a s mismo esta pregunta diseada por el propio Tribunal, ste determin que, al menos durante los ltimos cincuenta aos, la libre determinacin ha sido la norma; que la independencia, la libre asociacin con otro Estado, o la integracin en otro Estado, si bien todas ellas formas legtimas de descolonizacin, deben producirse slo como "resultado de los deseos libremente expresados de los pueblos del territorio actuando con pleno conocimiento del cambio en su situacin [status], expresndose sus deseos mediante un proceso informado y democrtico, llevado a cabo con imparcialidad y basado en el sufragio universal."97

El Tribunal citaba con aprobacin las diversas resoluciones de la Asamblea General que establecen esos prerrequisitos de una consulta popular, as como otras que aplican esas normas especficamente para el propio Shara.98 Todas esas resoluciones desde 1966 a 1973, observ el Tribunal, fueron adoptadas ante los recordatorios, por parte de Marruecos y Mauritania, de sus respectivas reivindicaciones de que el Shara Occidental constitua parte integrante de sus territorios.99 El Tribunal conclua [sealando] que las normas aplicables a la descolonizacin exigen respeto a el derecho de la poblacin del Shara Occidental a determinar su estatus poltico futuro mediante la expresin libremente ejercida de su propia voluntad. Este derecho no se ve afectado por la presente solicitud de dictamen.100 [As pues,] el Dictamen del Tribunal sobre el ttulo histrico en modo alguno poda considerarse como una excepcin del derecho del pueblo a decidir su destino contemporneo.101 Mediante una lectura ms bien generosa de la solicitud de dictamen, el Tribunal pudo llegar a la conclusin de que no se pretenda tal excepcin, [sino] que el inters por la cuestin del ttulo histrico era probablemente slo para hacer posible que la Asamblea General decidiera "la celebracin de consultas entre los Estados interesados, y los procedimientos y garantas necesarias para asegurar una libre y genuina expresin de la voluntad del pueblo".102

Con lo cual, el Tribunal pas a considerar la cuestin del ttulo histrico. Despus de un minucioso examen de las pruebas de las prcticas [usos, costumbres] en los terrenos poltico, militar, religioso y fiscal en la regin antes de la llegada de Espaa, los jueces concluyeron que la informacin presentada al Tribunal no apoya la reclamacin de Marruecos de haber ejercido soberana territorial sobre el Shara Occidental.103 Si bien la informacin aportada indica la manifestacin de alguna autoridad por el Sultn [marroqu] sobre alguna, pero solamente alguna, de las tribus nmadas de la regin, las pruebas no establecen ningn vnculo de soberana territorial entre el Shara Occidental y ese Estado. No evidencian que Marruecos ejerciese actividad estatal efectiva y exclusiva en el Shara Occidental.104 Las inferencias que pueden extraerse de la informacin proporcionada al Tribunal relativa a actos internos de la soberana marroqu y de la que se refiere a actos internacionales estn de acuerdo, por tanto, en no proporcionar indicios de la existencia, en el perodo pertinente, de cualquier vnculo jurdico de soberana territorial entre el Shara Occidental y el Estado marroqu.105

En el caso de la reclamacin de Mauritania, la respuesta del Tribunal fue esencialmente la misma. Si bien hay indicios de la existencia de derechos, incluidos algunos derechos relativos a la tierra, que constituyeron vnculos jurdicos entre la Entidad Mauritana, como lo entiende el Tribunal, y el territorio del Shara Occidental, la conclusin del Tribunal es que los documentos y la informacin que le han sido presentados no establecen ningn vnculo de soberana territorial entre el territorio del Shara Occidental y la Entidad Mauritana.106

La decisin relativa a la reclamacin de Marruecos fue aprobada por 14 votos contra 2; y la relativa a Mauritania, por 15 contra 1.107 Uno de los votos disidentes con respecto a Marruecos y Mauritania fue emitido por un juez ad hoc, M. Boni, nombrado por Marruecos conforme a las normas del Tribunal. El segundo voto disidente en el caso de la reivindicacin marroqu fue el del juez Ruda, quien, lejos de apoyar la reclamacin sheriffiana, consider que el Tribunal debera haber rechazado sin reservas la afirmacin de vnculos jurdicos histricos. Manifestaciones espordicas de lealtad y autoridad, manifest, incluso si estuvieran probadas, no son suficientes para declarar la existencia de vnculos jurdicos, ya sean stos de carcter territorial o personal.108 El juez Ammoun, de Lbano, Vicepresidente del Tribunal, vot con la mayora, pero en una opinin separada poda apreciarse su inclinacin a favor de Marruecos y Mauritania. En conjunto, sin embargo, los resultados fueron un rechazo ntido y esencialmente unnime tanto de la reivindicacin histrica de Marruecos como de la de Mauritania. Y lo que es ms importante an, el Tribunal rechaz enfticamente la afirmacin de que la "retrocesin automtica"109 puede tener prioridad sobre el derecho de los habitantes a la autodeterminacin.

El uso de la fuerza para impedir la autodeterminacin

La Misin Visitadora haba encontrado pruebas slidas de la preferencia por la independencia en el pueblo del Shara y recomend la celebracin de un plebiscito bajo los auspicios de Naciones Unidas. El TIJ haba dictaminado que Marruecos y Mauritania no tienen ninguna reclamacin vlida sobre el Shara basada en derechos histricos; pero que, incluso en el supuesto de que lo tuvieren, el Derecho Internacional contemporneo otorga prioridad al derecho de los saharauis a la autodeterminacin. Cuando estos resultados estuvieron claros, el Gobierno de Marruecos lleg a la sorprendente conclusin, digna de la perversa Reina Roja de la obra de Lewis Carroll Alicia a travs del espejo (Through the Looking Glass), de que el Dictamen del Tribunal slo puede significar una cosa: el as llamado Shara Occidental fue parte del territorio marroqu sobre el cual la soberana era ejercida por los reyes de Marruecos y que la poblacin de este territorio se consideraba a s misma, y era considerada, marroqu Hoy, las demandas de Marruecos han sido reconocidos por el rgano de asesoramiento jurdico de las Naciones Unidas.110

Al da siguiente de que el TIJ hiciera pblico su dictamen, el Gobierno marroqu anunci que habra una marcha masiva de 350.000 civiles desarmados desde Marruecos al interior del Shara para obtener el reconocimiento del derecho [de Marruecos] a la unidad nacional y la integridad territorial.111 El representante de Espaa ante Naciones Unidas respondi que esto amenaza la paz y la seguridad internacional, e invoc el artculo 35 de la Carta de la ONU para llevar la situacin a la atencin del Consejo de Seguridad.112 Dos das ms tarde, Costa Rica present al Consejo de Seguridad un conciso proyecto de resolucin exigiendo que el Gobierno de Marruecos desista inmediatamente de la proyectada marcha sobre el Shara Occidental.113

Los miembros del Consejo de Seguridad no estaban dispuestos a dar el paso incondicional propuesto por Costa Rica. En lugar de ello, propusieron pedir al Secretario General emprender consultas inmediatas con las partes concernidas e interesadas palabras en cdigo para Espaa, Marruecos y Mauritania (pases concernidos) y Argelia (pas interesado)- e informar al Consejo de Seguridad tan pronto como sea posible sobre los resultados de sus consultas, con el fin de que el Consejo pueda adoptar las medidas adecuadas para hacer frente a la situacin actual114 La resolucin evitaba cualquier mencin especfica al derecho de autodeterminacin, si bien reafirmaba la Resolucin 1514 (XV) y todas las dems resoluciones relevantes de la Asamblea General sobre ese Territorio.115 Tampoco ordenaba a Marruecos no llevar a cabo su marcha. En lugar de ello, de forma poco convincente, apelaba a las partes concernidas e interesadas a ejercer contencin y moderacin y a posibilitar que la misin del Secretario General se emprendiera en condiciones satisfactorias.116 Esto represent una victoria de algn tipo para Marruecos, en la medida en que [la resolucin] supona an ms retraso en los preparativos para el referndum y sustitua la funcin de Naciones Unidas en preparar y supervisar el acto de la autodeterminacin, por un papel de negociador.

El secretario general, Sr. [Kurt] Waldheim, actuando conforme al vago mandato del Consejo de Seguridad, realiz un viaje de tres das, manteniendo conversaciones con el Rey de Marruecos y los jefes de Gobierno de Mauritania, Argelia y Espaa, as como tambin con los ministros relevantes. A esto le sigui un breve viaje adicional de su representante personal, Mr. Andr Lewin. De esas negociaciones sali lo que Waldheim consider como un consenso de que todas las partes estaran dispuestas a reconocer a Naciones Unidas como elemento esencial en la bsqueda de una solucin aceptable.117 Espaa, en particular, estaba dispuesta a cooperar plenamente con las Naciones Unidas, que podran ser llamadas a desempear un papel apropiado, pudiendo incluir la administracin temporal del Territorio por Naciones Unidas hasta el momento en que pudieran determinarse los deseos de la poblacin.118

El 1 de noviembre de 1975, el da despus de la publicacin del Informe del Secretario General, Espaa volvi a pedir urgentemente la reunin del Consejo de Seguridad.119 La Marcha Verde, como vino a conocerse la invasin marroqu, haba sido anunciada por Rabat para el 4 de noviembre, y Madrid haba declarado ahora que defendera el territorio del Shara con la fuerza militar, si fuera necesario.120 La resolucin aprobada por el Consejo, sin embargo, fue poco ms dura que la anterior. Simplemente, reiteraba el llamamiento a todas las partes concernidas e interesadas a evitar cualquier accin unilateral o de cualquier otro tipo que pudiera elevar an ms la tensin en la zona e invitaba al Secretario General a continuar e intensificar sus consultas.121 Varios miembros del Consejo, en particular Costa Rica y Suecia, mostraron su disgusto por el hecho de que la necesidad de un consenso hubiera impedido la redaccin de una decisin ms concreta dirigida a Marruecos. Una vez ms, dijo el representante de Costa Rica, Sr. Salazar, el Consejo de Seguridad ha eludido llamar a las cosas por su verdadero nombre y el no haberlo hecho as puede dar a entender que no pudo llegar a un acuerdo sobre la verdadera causa de la crisis.122 Estados Unidos y Francia, sin embargo, se opusieron con xito a todos los intentos de exigir a Marruecos que cesara y desistiera.

El representante de Argelia dijo concisamente que su pas considera que esta marcha, si llega a cruzar las fronteras del territorio del Shara, constituira una violacin de la soberana de ese territorio; un acto contrario al Derecho Internacional; una iniciativa de tal naturaleza que alterara el equilibrio de esta regin; y, finalmente, una decisin cuyas incalculables consecuencias afectaran directamente la paz en esta regin y las relaciones futuras de todos los pases limtrofes con el territorio del Shara Occidental.123 Denunci que otros pases africanos estaban siendo ganados para la posicin marroqu bajo "condiciones" secretas y advirti de que la conquista del Shara por la fuerza constituira sin duda uno de los ms serios precedentes que jams hayamos tenido ocasin de ver. Si situamos esa iniciativa en el contexto africano, estoy convencido, aadi el Representante [argelino] Sr. Rahal, de que ni un solo pas africano dejar de ver las consecuencias, tanto en lo inmediato como a largo plazo, del xito de tal solucin si se aplica a las diversas fronteras y problemas territoriales que se presentan en el continente africano.124 Y a continuacin, manifest:

Una vez que la Marcha marroqu hubo cruzado la frontera, el Consejo de Seguridad volvi a reunirse otra vez, en la noche del 5 de noviembre. En una inusual sesin a puerta cerrada, Francia y Estados Unidos, de nuevo, impidieron eficazmente que el Consejo ordenase al Rey [de Marruecos] desconvocar la marcha. En lugar de ello, el Presidente del Consejo fue meramente autorizado a dirigir una peticin urgente al Rey Hassan para poner fin inmediatamente a la anunciada marcha al Shara Occidental.126 Todos y cada uno de los miembros del Consejo, sin embargo, fueron conscientes de que este gesto no sera suficiente para dar marcha atrs, y a la maana siguiente el Consejo recibi una respuesta negativa del rey Hassan.127 No obstante, el Consejo, ese mismo da ms tarde, aprob una ineficaz resolucin ms que deploraba la Marcha y haca un llamamiento a Marruecos para que se retirase del Territorio y reanudase las negociaciones bajo los auspicios del Secretario General.128

La Marcha, por supuesto, continu. La pacfica agresin procedi de conformidad con un inmutable guin escrito en otros casos de "Anschluss" [anexin, en alemn]. Y justo antes de que se iniciara [la Marcha] tuvo lugar el obligatorio acto de defeccin: Khatri Ould Joumaini, el presidente electo de la Yema, huy a Agadir y rindi ritual vasallaje al rey Hassan.129

Espaa vende el Shara

Entre el 3 y el 6 de noviembre, el representante del Secretario General, Mr. Andr Lewin, volvi a visitar Marruecos, Mauritania, Argelia y Espaa. En esta ocasin qued claro que, desde su anterior viaje, se haban producido cambios importantes en las posiciones de las partes, que convertan en obsoleto el plan del Secretario General para una administracin provisional de Naciones Unidas. Aunque la Marcha todava no haba empezado, enseguida qued claro para Lewin que algo haba ocurrido que haba endurecido la posicin de los marroques y suavizado la de Espaa. Ahora los marroques rechazaban de plano cualquier administracin provisional de NN.UU, afirmando que esa idea haba sido superada por los acontecimientos.130 Lewin tambin hall que, mientras que Espaa todava finga estar de acuerdo con la propuesta del Secretario General, el Presidente del Gobierno espaol expres la opinin de que un acuerdo trilateral tambin podra proporcionar una frmula apropiada si Naciones Unidas estuviera dispuesta a aceptarla.131 As pues, se haba preparado el escenario para el abandono del principio de autodeterminacin, con los dirigentes de Marruecos, Mauritania y Espaa amaando cmodamente una solucin en Madrid para repartir el botn. Con evidente disgusto, el Secretario General inform de que l continuara con sus consultas.132

El 9 de noviembre, el rey Hassan pidi a los participantes de la marcha Verde que volviesen al punto de partida. El 11 de noviembre empezaron en Madrid las negociaciones tripartitas a nivel de ministros, culminando el 14 de noviembre con un Comunicado conjunto de Marruecos, Mauritania y Espaa que sealaba que las negociaciones se haban llevado a cabo con un espritu de suma amistad, comprensin y respeto de los principios de la Carta de las Naciones Unidas y han conducido a unos resultados satisfactorios conforme al firme deseo de comprensin entre las partes y su objetivo de contribuir al mantenimiento de la paz y la seguridad internacional.133

Esos resultados fueron, efectivamente, satisfactorios para aquellos que participaron. Aunque comprensiblemente los trminos [del acuerdo] permanecen en secreto134, la esencia de los mismos ha sido objeto de amplias conjeturas. Espaa estuvo de acuerdo con una frmula de descolonizacin que permita dividir el Shara de la manera previamente acordada entre Marruecos y Mauritania.135 El referndum sera enterrado en silencio. Espaa, a cambio, seguira detentando el 35 por ciento de las acciones de Fos-Bucraa, la planta de fosfatos del Shara valorada en 700 millones de dlares.136 Adems, hubo concesiones, por parte de Marruecos, de derechos de pesca en las aguas saharauis y marroques, concesiones de particular importancia para la industria pesquera de las cercanas Islas Canarias, que estn pobladas casi en su totalidad por espaoles.

Espaa acord que establecera inmediatamente un rgimen provisional en el Shara con un Gobernador Adjunto marroqu y otro mauritano; que traspasara su responsabilidad en la administracin del Territorio el 28 de febrero de 1976; y que la Yema, la cual expresar la opinin de la poblacin saharaui, colaborar con esa Administracin.137

En este ltimo aspecto, sin embargo, los tres padrinos del acuerdo se equivocaron. En un irnico giro final, la hasta entonces servil Yema ideada primero para ser esencialmente un dcil amigo apoltico de Espaa y reivindicada despus por Marruecos como si se hubiera pasado a su bando- se neg a seguir jugando papel alguno en el proceso. Ella misma se autodisolvi con el fin de evitar tener que ratificar un rumbo de acontecimientos en los que no haba sido consultada.138 Para las potencias anexionistas, este gesto importaba poco.

Cmo logr Marruecos esta victoria incruenta? Una de las claves parece haber sido la enfermedad terminal, primero, y la muerte, despus, del general Franco, que fue el contrapunto en aquellos acontecimientos. Al tiempo que la incapacidad del Caudillo paralizaba a gran parte del Gobierno espaol, la iniciativa pas a un pequeo grupo de conservadores en Madrid respaldado por el Ejrcito y encabezado por el Presidente del Gobierno, Sr. Carlos Arias Navarro. Esos ultras, algunos de los cuales se haban convertido a regaadientes a la independencia del Shara slo en el supuesto de que ello ocurriera bajo los auspicios de la pro-espaola Yema y el pro-espaol PUNS, ahora estaban a favor de una solucin marroqu y en contra de un Shara independiente dominado por el POLISARIO. Hacia finales de octubre, el Sr. Jos Sols Ruiz, ministro y secretario general del Movimiento falangista, fue autorizado a entablar negociaciones con los ministros de Asuntos Exteriores marroqu y mauritano. Al tener conocimiento de ello, Argelia envi su propia representacin a Madrid con la intencin de participar en las negociaciones y conseguir el apoyo de los no-ultras, en particular del prncipe Juan Carlos, que en esos mismos momentos asuma los poderes del agonizante Franco, y del ministro de Asuntos Exteriores, Sr. Cortina Mauri. En esos esfuerzos, Argelia tena cierta capacidad de maniobra, al ser Espaa fuertemente dependiente de aqulla para el abastecimiento de gas natural.

Por un momento, este punto final pareci tener xito. Las negociaciones tripartitas fueron aplazadas por el Prncipe, que, habiendo devenido Jefe del Estado en funciones vol a El Aain y, el 2 de noviembre, se comprometi a dirigir el Ejrcito espaol para defender el Territorio. An as, sin embargo, el primer ministro marroqu, Ahmed Osman, lleg a Madrid y, tras una reunin con Juan Carlos, se reanudaron las negociaciones con los ultras espaoles encabezados por Arias [Navarro]. A Juan Carlos, o no le hicieron caso o consiguieron que desistiese de su idea. Despus de dos das de negociaciones, Osmn retorn a Marruecos con un proyecto de propuesta. Parece que se acord que la Marcha Verde marroqu continuara como estaba prevista, pero que slo habra una ocupacin simblica, ya que la Marcha se detendra poco antes de llegar a [donde estaba] la Legin espaola, lo que permitira a ambos gobiernos guardar las apariencias. Pero detrs de lo que el representante de Argelia ante Naciones Unidas haba denominado esta farsa,139 se permiti que el Ejrcito regular de Marruecos penetrase en el Shara para empezar la tarea de liquidar a las tropas del POLISARIO.140

El 8 de noviembre, el Ministro espaol adjunto al Primer Ministro, Antonio Carro Martnez, visit Marruecos y al da siguiente el rey Hassan anunci el fin de la Marcha Verde. Simultneamente, el Primer Ministro y el Ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos volaron a Madrid acompaados por el Director General de la industria marroqu de fosfatos. El acuerdo hispano-marroqu estaba casi formalizado. En el Consejo de Ministros, el ministro de Asuntos Exteriores, Sr. Cortina, qued aislado en su oposicin [al acuerdo]. Unos das despus de la firma del Acuerdo Tripartito el 14 de noviembre, las tropas de Mauritania iniciaron el bombardeo de la ciudad de La Gera, al sur del Shara, que el POLISARIO haba ocupado. A ello sigui una larga y sangrienta batalla, que fue ganada gracias a la ayuda marroqu y tras ocasionar un gran nmero de bajas.

EPLOGO

Hacia mediados de noviembre, el Shara era escenario de duros combates entre las tropas marroques y mauritanas, de una parte, y un nmero considerable y aparentemente bien adiestrado de tropas del POLISARIO que, inicialmente, afirmaban tener el control de dos terceras partes del territorio.141 Durante el mes de diciembre [, sin embargo,] las tropas marroques expulsaron al POLISARIO de las principales ciudades y aldeas, mientras que los saharauis huan a Argelia.

Aun cuando las partes se estaban preparando para la guerra, la Asamblea General de la ONU aprob dos resoluciones contradictorias. La primera (Resolucin 3458(A)) nuevamente peda a Espaa que organizara un acto de autodeterminacin libre y genuino bajo la supervisin de Naciones Unidas.142 Y la segunda (Resolucin 3458(B)) tomaba nota del Acuerdo Tripartito de Madrid y peda al Secretario General que nombrase un representante para realizar consultas con las tres partes de la administracin temporal con la finalidad de ayudar en la celebracin de una consulta libre a las poblaciones saharauis.143 En un primer instante, la Asamblea General convocaba a los saharauis a ejercer su inalienable derecho de autodeterminacin y, en el siguiente, reconoca el hecho consumado que les haba sido impuesto por Marruecos, Mauritania y Espaa. Las dos resoluciones slo tenan en comn que, cada una a su manera, ambas creaban un escenario para una mayor implicacin del Secretario General en unas circunstancias muy poco realistas, respecto a las cuales aquel acosado funcionario se ofendi primero en privado y, finalmente, tambin en pblico.144 La oportunidad de mantener a Espaa responsable ante Naciones Unidas para llevar a cabo un plebiscito de autodeterminacin tal como prevea la Parte A, se vio viciada por la Parte B, que, de hecho, reconoca el nuevo estatus tripartito creado en el Shara por los Acuerdos de Madrid. Puesto que el acuerdo tripartito ya estipulaba exactamente cmo sera repartido el Shara Espaol entre Marruecos y Mauritania, esperar que esos pases fueran a llevar a cabo una consulta libre despus de haber ocupado sus respectivos sectores era como pedir peras al olmo.

Es imposible conciliar esas dos resoluciones. Sin embargo, ambas resoluciones fueron aprobadas por la Asamblea; la primera, por 88 votos a cero, con 41 abstenciones; la segunda, con un margen mucho ms estrecho, por 56 votos contra 42 y 43 abstenciones.145 De los 40 Estados africanos que votaron sobre la primera resolucin, 29 votaron a favor, mientras que 11 se abstuvieron. En lo que respecta a la segunda resolucin, slo 12 Estados africanos votaron a favor de Marruecos y Mauritania, mientras que 21 votaron en contra y 8 se abstuvieron. Estados Unidos se abstuvo en la primera resolucin, que peda una autntica autodeterminacin, pero vot a favor de la segunda, reconociendo [as] la particin impuesta por el acuerdo tripartito. As pues, Estados Unidos se aline firmemente contra la autodeterminacin y contra la mayora de los Estados africanos, y a favor de una solucin antidemocrtica y arbitrariamente establecida, en contradiccin radical con las reglas de juego que haban venido siendo observadas hasta entonces.

El voto de Estados Unidos slo puede entenderse como un acto de conveniencia poltica basado en las alianzas polticas Este/Oeste de la guerra fra. Sin embargo, entre los Estados africanos, un considerable nmero de ellos votaron sobre una cuestin de principios, no sobre consideraciones polticas. As, la mayor parte de los miembros pro-Occidentales de la O.U.A. [Organizacin para la Unidad Africana] incluidas Zambia, Lesotho, Kenya, Botswana, Swazilandia, Malawi y Ghana- votaron a favor de la autodeterminacin y en contra de la legitimacin de los Acuerdos de Madrid: Y esto, a pesar de la evidente ausencia de afinidad poltica de esas naciones con Argelia o el POLISARIO.

La Resolucin 3458(B), que peda consultas entre las tres partes de los Acuerdos de Madrid, enseguida devino flagrantemente inaplicable. Despus de que la Yema (el instrumento elegido por los ocupantes para [realizar] las consultas) se autodisolviera, 54 de sus 103 miembros (incluidos 4 diputados de las Cortes Espaolas) se unieron al POLISARIO y huyeron a Argelia.146 El nmero de trnsfugas eventualmente lleg a 72, lo que oblig al rey Hassan a declarar disuelta la Yema.147 A finales de febrero de 1976, algunos de esos trnsfugas parece que retornaron a El Aain, lo que permiti al Rey convocar de nuevo a un retazo de la Asamblea para que aprobara la particin y la anexin.148 Sin embargo, la credibilidad de ese Ente haba cado tan bajo que Espaa prefiri dar por terminado su papel en la administracin tripartita dos das antes y no verse as implicada en una consulta tan falsa.149 El Representante Especial del Secretario General, el sueco Ulaf Rydbeck, regres del Shara a finales de febrero para recomendar que Naciones Unidas debiera negarse a legitimar las acciones de Marruecos y Mauritania, que, junto con los combates y la falta de seguridad en el Territorio, hacan imposible cualquier consulta autntica.150

Aunque los combates fueron especialmente encarnizados durante los meses de enero a marzo de 1976,151 el ritmo de la guerra en el Shara parece haber amainado temporalmente. En opinin de expertos de Naciones Unidas y de observadores africanos, la Unin Sovitica, que se haba beneficiado de la reticencia de Estados Unidos en apoyar a sus clientes en Angola, correspondi restringiendo el nivel de ayuda suministrada al POLISARIO y a las fuerzas armadas argelinas.152 No obstante, tal descenso, an en el caso de que se produzca, no es probable que sea de larga duracin. Los rusos no tienen el monopolio en la capacidad de ayudar al POLISARIO. Corea del Norte, por ejemplo, que ha reconocido al Gobierno del POLISARIO, podra llenar cualquier hueco que dejaran las restricciones soviticas. Y tambin Libia ha sealado su disposicin a apoyar el esfuerzo a largo plazo del POLISARIO con dinero y armas.

Ms importante an que la perspectiva de que contine el derramamiento de sangre  en el noroeste de frica, son las consecuencias del precedente del Shara para la estabilidad del sistema internacional, que depende del respeto de las fronteras existentes y del rechazo de reivindicaciones territoriales revisionistas basadas en la alegacin de derechos histricos. El Presidente de la Asamblea General de la ONU en 1976, Mr. Shirley Amerasinghe, de Sri Lanka, ha advertido de la deprimente tendencia generalizada entre los Estados del Tercer Mundo a reemplazar el viejo imperialismo por otras formas de control extranjero basadas en reivindicaciones territoriales.153 El representante de Tanzania ante la ONU, Mr. Salim, aadi que estaban implicados principios esenciales y que la manera como las Naciones Unidas los afronten tendra consecuencias no slo en el Territorio mismo sino tambin ms all de sus fronteras e incluso ms all del Continente africano.154 El representante de Zambia en el Cuarto Comit de la Asamblea General seal un claro paralelismo entre las reivindicaciones de Guatemala sobre Belize, de una parte, y las de Marruecos y Mauritania sobre el Shara Espaol, de otra Se estaban practicando polticas de expansin y de anexin haciendo un absoluto caso omiso de las aspiraciones de los habitantes de los territorios en cuestin y se estaba pidiendo a las Naciones Unidas que bendijera esos injustos proyectos.155 En caso de hacerlo efectivamente as, ello creara un precedente extremadamente peligroso y tendra implicaciones de largo alcance para el trabajo futuro de Naciones Unidas en el terreno de la descolonizacin. En caso de acoger las reivindicaciones de Marruecos y Mauritania, las Naciones Unidas no podran seguir teniendo credibilidad; de hecho, su derecho moral a insistir en la autodeterminacin en otros muchos casos pendientes sera cuestionado.156 El portavoz representante de Somalia advirti de que su pas podra seguir exactamente el mismo tipo de reivindicacin histrica para con Somalilandia Francesa (Yibuti o el Territorio de los Afars e Issas) que el que Marruecos y Mauritania hacan valer para con el Shara Occidental.157

El fcil xito de Marruecos y Mauritania en el Shara (y, simultneamente, de Indonesia sobre Timor) frente a una oposicin absolutamente ineficaz de Naciones Unidas, no har ms que aumentar las posibilidades de triunfar con esta tctica y fomentar una bsqueda ms enrgica de otras reivindicaciones territoriales. Tampoco hay razn alguna para pensar que esta vigorosa tendencia a hacer valer reivindicaciones de derechos histricos tenga que limitarse a cuestiones de descolonizacin. Los argumentos exitosamente esgrimidos ayer para justificar el despliegue de tropas marroques contra la colonia del Shara Espaol pueden ser utilizados maana tambin para legitimar el uso de la fuerza para reafirmar el ttulo histrico de Marruecos sobre el Estado independiente de Mauritania. Parece extrao que la diplomacia estadounidense se haya puesto del lado de ese comportamiento que transforma todo el sistema. De hecho, gran parte del territorio mismo de Estados Unidos es susceptible de reclamaciones basadas en derechos histricos. En el contexto de la descolonizacin, el apoyo de Estados Unidos a Marruecos ha hecho ms fcil para Somalia la prosecucin de sus intenciones sobre Yibuti, una regin de considerable importancia estratgica, donde los intereses de Estados Unidos estaran mejor servidos mediante la aplicacin rigurosa de las mismas normas que han sido socavadas en otros lugares con el consentimiento de Estados Unidos.

Una parte importante del papel de los juristas especializados en Derecho Internacional consiste en asesorar a sus gobiernos sobre las implicaciones recprocas en el terreno normativo de un determinado curso de conducta poltica. Aun cuando los estrategas polticos de Washington puedan creer que han salvado al Shara Espaol de las garras del izquierdista ejrcito pro argelino, el especialista en Derecho Internacional debe advertir de que, aun en el supuesto de que esta valoracin poltica fuera correcta, esa victoria ha sido obtenida al coste de reforzar una tendencia en la conducta internacional que podra redundar en perjuicio de los intereses nacionales de Estados Unidos. En particular, cabe predecir que Israel, un Estado salido del Oriente Medio rabe-otomano mediante un acuerdo entre una potencia colonial mandataria (Gran Bretaa) y una Asamblea General de la ONU de la que todava estaban excluidas la mayor parte de frica y Asia, habr de sentir el impacto negativo de la mayor credibilidad ahora inevitablemente otorgada a las reivindicaciones de derechos histricos. La supervivencia de Israel, como la de la mayor parte de los pases, depende principalmente de su capacidad para defenderse. Sin embargo, en la medida en que su futuro tambin depende de su lugar en el sistema internacional, el tratamiento de la cuestin del Shara por las Naciones Unidas ha minado inevitablemente, por extensin, la legitimidad de Israel. Ello ha puesto de manifiesto que muchas naciones, incluidos los propios Estados Unidos, estn dispuestos a tolerar el uso de la fuerza para conseguir restaurar derechos histricos incluso haciendo caso omiso de los deseos de los habitantes.

Por esa misma razn, Israel y, por extensin, tambin los Estados Unidos debieran estar preocupados por el efecto transformador de las normas [derivado] del apoyo de Estados Unidos a la conquista de Timor Oriental por Indonesia. En otros tres casos actualmente ante Naciones Unidas, la reivindicacin de derechos histricos est siendo utilizada como argumento mediante la afirmacin adicional de que la poblacin residente en esos territorios en cada uno de los tres casos, durante ms de un siglo- no tienen derecho a la autodeterminacin porque son poblaciones importadas no nativas del territorio en el que habitan.158 En los casos de Gibraltar y las Islas Malvinas, esta alarmante propuesta ha sido formulada por la parte que tiene asegurado un respaldo abrumadoramente mayoritario en la Asamblea General. El representante de Argentina ante Naciones Unidas, reclutando votos para el caso de su pas en contra de permitir a los habitantes de las Islas Malvinas decidir su propio futuro, record a sus colegas delegados ante Naciones Unidas que el desplazamiento de la poblacin original y su sustitucin por otra, ajena a la regin, es una injusticia que ellos deberan reparar en sus propias regiones.159 El mensaje para Israel es sin duda [el mismo] en versin corregida y aumentada. No obstante, Israel ha apoyado sistemticamente la posicin de Argentina a cambio del apoyo de Argentina en votaciones de importancia para Israel.

Esto no tendra por qu sorprendernos, dirn los realistas. La poltica -preocupacin por ganar- tiene que tener inevitablemente prioridad sobre la ley preocupacin por las normas. Pero dicho as, el realista plantea una falsa dicotoma. La crisis en el Shara Espaol ofreci una excelente oportunidad para que Estados Unidos surgiera como un paladn del principio del derecho de un pueblo dentro de las fronteras existentes a decidir su propio destino, independientemente de cmo las fronteras, o la gente, hubieran llegado all. Pero de ello no se deduce que la preocupacin por las normas niegue la preocupacin por obtener beneficios polticos. Los Estados Unidos podran haber intentado negociar un frente comn, en las Naciones Unidas, con los Estados del Tercer Mundo comprometidos con esos principios y sensibles a su importancia para la estabilidad mundial, as como para la descolonizacin de frica del Sur.160 Y entonces, esa coalicin fundamentada en los principios podra haber tratado de vincular las crisis de Angola y del Shara Espaol, y exigir soluciones basadas, en ambos casos, en una autodeterminacin supervisada por las Naciones Unidas.

Tal como result, el apoyo de Estados Unidos al uso de la fuerza por parte de Marruecos en el Shara, y la historia de la intervencin militar de Estados Unidos en Vietnam, hicieron imposible suscitar mucha preocupacin internacional (o del Congreso [estadounidense]) sobre el uso de la fuerza en Angola por parte de Cuba. Un realista tiene que comprender que una poltica basada en la utilizacin de la fuerza, en lugar de en los principios, nos ha llevado ahora a perder Vietnam y Angola, mientras que slo hemos ganado el Shara Espaol. Si estos son los resultados de una estrategia basada en ganar, quizs incluso los partidarios del realismo poltico pudieran, no obstante, ser persuadidos de intentar una estrategia basada en la preocupacin por los principios normativos recprocos.

 

Notas 1 Para un resumen reciente del examen del caso de Belize por la ONU, vase The Report of the Special Committee on the Situation With Regard to the Implementation of the Declaration on the Granting of Independence to Colonial Countries and Peoples [Informe del Comit Especial sobre la Situacin relativa a la Aplicacin de la Declaracin sobre la Concesin de la Independencia a los Pases y Pueblos Coloniales], UN Doc. A/10023/Add.8 (Part III), pp. 15-29 (1975).

2 El London Times ha sealado que si Francia se retira completamente, parece seguro que Somalia, siguiendo el ejemplo de Marruecos en el Shara Espaol, lo invadir [Yibuti] durante los subsiguientes disturbios entre las facciones Issa y Afar. The Times (Londres), 6 de febrero de 1976, p. 15 (editorial). Para un resumen reciente del examen de este caso por la ONU, vase The Report of the Special Committee on the Situation With Regard to the Implementation of the Declaration on the Granting of Independence to Colonial Countries and Peoples [Informe del Comit Especial sobre la Situacin relativa a la Aplicacin de la Declaracin sobre la Concesin de la Independencia a los Pases y Pueblos Coloniales], UN Doc. A/10023/Add.6 (Part II) (1975).

3 Nota 1 supra, pp. 3-14.

4 The Times (Londres), 17 de febrero de 1976, p. 7; 20 de febrero de 1976, p. 6; 25 de febrero de 1976, p. 7.

5 Marruecos se ha opuesto durante mucho tiempo a la independencia de Mauritania. En el histrico debate sobre la Resolucin 1514 (XV), Marruecos acus a Francia de intentar dividir Marruecos y romper la unidad de su territorio nacional mediante la creacin de un Estado artificial en la zona del sur de Marruecos que los colonialistas llaman Mauritania. La poblacin de esa zona ni siquiera conoce la palabra Mauritania. Si usted le dice a un beduino de esa denominada Mauritania que usted est en Mauritania, no comprender de qu le est usted hablando. 15 GAOR 947, p. 1271 (1960) (Observaciones del Sr. Ben Aboud, Representante de Marruecos).

6 Se estima en casi 60.000 el nmero de timorenses asesinados en el transcurso de la descolonizacin del Territorio. N. Y. Times, 15 de febrero de 1976, p. 11.

7 The Times (Londres), 2 de abril de 1976, p. 11.

8 N.Y. Post, 28 de abril de 1976, p. 17.

9 N.Y. Times, 27 de febrero de 1976, p. 3.

10 Id., 1 de marzo de 1976, p. 3.

11 Id., 28 de febrero de 1976, p. 6; Id., 8 de marzo de 1976, p. 7.

12 En la reunin de Ministros de Asuntos Exteriores celebrada en Addis Abeba a principios de marzo de 1976, se inform de que unos veinte Estados africanos estaban a favor del reconocimiento del POLISARIO. Id., 1 de marzo de 1976, p. 3.

13 Id., 22 de febreo de 1976, p. 1.

14 Sobre la trayectoria histrica de EE.UU con respecto a la autodeterminacin, vase Pomerance, The United States and Self-Determination: Perspectives on the Wilsonian Conception, AJIL, Vol. 70, N 1 (1976).

15 Informe de la Misin Visitadora de Naciones Unidas al Shara Espaol, 1975, en The Report of the Special Committee on the Situation With Regard to the Implementation of the Declaration on the Granting of Independence to Colonial Countries and Peoples [Informe del Comit Especial sobre la Situacin relativa a la Aplicacin de la Declaracin sobre la Concesin de la Independencia a los Pases y Pueblos Coloniales], UN Doc. A/10023/Add.5, Anexo, p. 26 (1975). [Citado en lo sucesivo como Misin Visitadora].

16 Id., p. 27.

17 Id., p. 28.

18 Un excelente y breve resumen de la demografa saharaui lo proporciona el Informe de la Misin Visitadora de la ONU al Territorio en 1975. En l se afirma que:

la poblacin autctona del Territorio est compuesta en su mayor parte por personas de raza mora o beduina, raza que est unida por una lengua comn, el hassania (una variante del rabe), y por fuertes vnculos culturales y tradicionales La unidad social bsica, la familia, no est pensada como un grupo independiente, sino como formando parte de un grupo social (la fraccin), y de un grupo de familias (la subfraccin) de una tribu, que en la mayor parte de los casos se extiende mucho ms all de las fronteras polticas del Territorio. As, la mayora de los saharauis se identifican estrechamente con otros miembros de su tribu, por ejemplo los Erguibat, Ait Lahsen, y Ulad Delim, por mencionar slo tres, que se encuentran tambin en Mauritania, Marruecos y Argelia. Esto est en conformidad con la antigua tradicin por la cual los diversos grupos tribales han practicado el nomadismo en amplias zonas sin tener en cuenta las fronteras polticas impuestas por los regmenes coloniales; de hecho, ello era una caracterstica intrnseca de un sistema econmico tradicional basado en una continua bsqueda de pasto y agua, y en el cual la propiedad de la tierra era algo desconocido. Actualmente, aunque el nomadismo est en declive, hay todava un marcado sentido de parentesco entre los miembros de las tribus y sus subdivisiones, que estn a horcajadas entre las fronteras del Territorio y los pases vecinos, y muchos saharauis han dejado el Territorio ya sea para vivir permanentemente con sus familiares y parientes en los pases vecinos, ya sea para establecerse temporalmente por razones econmicas (incluida la sequa), o porque son exilados y refugiados polticos. Por esta razn, por ejemplo, en la provincia marroqu de Tarfaya o en las regiones limtrofes de Mauritania es extremadamente difcil determinar quin de entre ellos es un saharaui autctono del Territorio. Id.

19 G.A. Res. 1514, 15 GAOR Supp. 16, pp. 66-67, UN Doc. A/4684 (1966).

20 Id., Art. 2.

21 Id., Art. 6.

22 OAU Assembly AHG/Res. 17(I), Cairo Ordinary Session, 17-21 July 1964. Vase tambin la Carta de la Organizacin para la Unidad Africana, Artculo III (3), que promete respeto a la soberana y a la integridad territorial de cada Estado y a su inalienable derecho a la existencia independiente.

23 G.A. Res. 850, 9 GAOR Supp. 21, p. 28 UN Doc. A/2890 (1954).

24 Fifteen Years of the United Nations Declaration on the Granting of Independence to Colonial Countries and Peoples, 2 DECOLONIZATION, No. 6, p. 19 (1975) [En lo sucesivo, citado como Fifteen Years].

25 Id., p. 22.

26 G.A. Res. 1654, 16 GAOR Supp, 17, p. 65, UN Doc A/5100 (1961).

27 Fifteen Years, Nota 24 supra, p.19. Estn enumerados aqu los numerosos casos de elecciones y plebiscitos de autodeterminacin en los que la Asamblea General de NN.UU pidi implicarse como observador y supervisor, una implicacin unas veces bienvenida y otras no por la autoridad colonial correspondiente.

28 G.A. Res. 2005, 19 GAOR Supp. 15, p. 7, UN Doc. A/5815 (1965).

29 G.A. Res. 2355, 22 GAOR Supp. 16, pp. 54-55, UN Doc. A/6716 (1967).

30 G.A. Res. 3285, 29 GAOR Supp. 31, p. 98, UN Doc. A/9631 (1974).

31 Fifteen Years, Nota 24 supra, p.21.

32 3 Repertory of Practice of UN Organs, Supp. No. 3, (period 1959-1966), p. 98; vase tambin 19 GAOR Supp. 1A, pp. 8-9, UN Doc. A/5801/Add.1 (1964).

33 G.A. Res. 2353, 22 GAOR Supp. 16, p. 53, UN Doc. A/6716 (1967).

34 22 GAOR, Annexes, Addendum to Agenda Item No. 23 (Part II), p. 238, UN Doc. A/6700/Rev.1 (1967).

35 G.A. Res. 2504, 24 GAOR Supp. 30, p. 3, UN Doc. A/7630 (1969). Antes de ratificar el acto de libre eleccin, la Asamblea General rechaz una enmienda presentada por Ghana que habra dado a la poblacin de West Irian una oportunidad adicional para expresar su voluntad. La enmienda de Ghana fue derrotada por una votacin de 60 contra 15, y 39 abstenciones.

36 Informe del Secretario General relativo al acto de autodeterminacin en West Irian, 24 GAOR, Annexes, Agenda Item No. 98, p. 2, UN Doc. A/7723 (1969).

37 Informe del Secretario General sobre el Trabajo de la Organizacin, 25 GAOR, Supp. 1, p. 64, UN Doc. A/8001 (1970).

38 Francia se neg a aceptar la presencia de Naciones Unidas durante el referndum, celebrado en 1967, sobre el futuro de Somalia Francesa.

39 19 GAOR, Annexes, Annex No. 8 (Part I), pp. 290-291, UN Doc. A/5800/Rev. 1 (1964).

40 G.A. Res. 2072, 20 GAOR Supp. 14, pp. 59-60, UN Doc. A/6014 (1965).

41 Nota del Secretario General, 13 GAOR, Annexes, Agenda Item No.36, p. 37, UN Doc. A/C.4/L385/Rev. 1 (1958). Vase tambin Ley de 21 de abril de 1961 y Decreto n 3349 de 29 de noviembre de 1962.

42 Report of the Special Committee on the Situation With Regard to the Implementation of the Declaration on the Granting of Independence to Colonial Countries and Peoples [Informe del Comit Especial sobre la Situacin relativa a la Aplicacin de la Declaracin sobre la Concesin de la Independencia a los Pases y Pueblos Coloniales], 21 GAOR, Annexes, Addendum to Agenda Item No. 23, p. 603. UN Doc. A/6300/Rev. 1 (1966).

43 Id. p. 604.

44 Id. p. 605.

45 Id. p. 607.

46 Ibid.

47 G.A. Res. 2229, 21 GAOR Supp. 16, pp. 72-73, UN Doc. A/6316 (1966).

48 Ibid.

49 22 GAOR, Annexes, Addendum to Agenda Item No. 23, p. 209. UN Doc. A/6700/Rev. 1 (1967).

 

50 G.A. Res. 2354, 22 GAOR Supp. 16, pp. 53-54, UN Doc. A/6716 (1967).

51 La resolucin de 1968 es G.A. Res. 2428, 23 GAOR Supp. 18 pp. 63-64, UN Doc. A/7218 (1968). La resolucin de 1969, que tambin lamenta que todava no haya sido posible celebrar las consultas que la Potencia Administradora iba a organizar en relacin con la celebracin de un referndum, es G.A. Res2591, 24 GAOR Supp. 30, pp. 73-74, UN Doc. A/7630 (1969). Las resoluciones aprobadas entre 1970 y 1973 son: G.A. Res. 2983, 27 GAOR Supp. 30, pp. 84-85, UN Doc. A/8730 (1972); G.A. Res. 3162, 28 GAOR Supp. 30, pp. 110-111, UN Doc. A/9030 (1973).

52 Carta de fecha 8 de septiembre de 1966, del Representante Permanente de Espaa ante la Naciones Unidas dirigida al Presidente del Comit Especial, 21 GAOR, Annexes, Addendum to Agenda Item No. 23, Annex, p. 621 (1966).

53 Misin Visitadora, Nota 15 supra, p. 24.

54 Id, p. 40.

55 Ibid.

56 Id. Pp. 40-41.

57 Contestacin a la Comunicacin de la Asamblea General del Shara por el Jefe del Estado espaol. UN Doc. A/9176, Annex IV, p. 1 (1973).

58 G.A. Res. 3162, 28 GAOR Supp. 30, pp. 110-111, UN Doc. A/9030 (1973).

59 NAC/FM/CONF.1/Res.5/august 12, 1972, THE GEORGETOWN DECLARATION, THE ACTION PROGRAMME FOR ECONOMIC CO-OPERATION AND RELATED DOCUMENTS, CONFERENCE OF FOREIGN MINISTERS OF NON-ALIGNED COUNTRIES, Georgetown, Guyana, August 8-12, 1972; OAU Council Res. CM/Res.301 (XXI), OAU COUNCIL OF MINISTERS, Addis Ababa, May, 1973; Res. No. 6, IV CONFERENCE OF HEADS OF STATE OR GOVERNMENT OF NON-ALIGNED COUNTRIES, Algiers, 5-9 September, 1973; FUNDAMENTAL TEXTS, DECLARATIONS, RESOLUTIONS, ACTION PROGRAMME FOR ECONOMIC CO-OPERATION.

60 Carta de fecha 10 de julio de 1974, del Representante Permanente de Espaa ante la Naciones Unidas dirigida Secretario General, UN Doc. A/9655 (1974).

61 Carta de fecha 20 de agosto de 1974, del Representante Permanente de Espaa ante la Naciones Unidas dirigida Secretario General, UN Doc. A/9714 (1974).

62 Report of the Special Committee on the Situation With Regard to the Implementation of the Declaration on the Granting of Independence to Colonial Countries and Peoples Covering its Work During 1974 [Informe del Comit Especial sobre la Situacin relativa a la Aplicacin de la Declaracin sobre la Concesin de la Independencia a los Pases y Pueblos Coloniales sobre la labor realizada en 1974], UN Doc. A/9623/ Add.4 (Part II), p. 23 (1974).

63 Nota 60 supra, p. 2.

64 Carta de fecha 23 de septiembre de 1974, del Ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos dirigida al Ministro de Asuntos Exteriores de Espaa, UN Doc. A/9771, Annex, (1974).

65 Carta de fecha 20 de agosto de 1974, del Encargado de Negocios de la Misin Permanente de Mauritania ante Naciones Unidas, dirigida al Secretario General, UN Doc. A/9715, Annex, p. 1, 2 (1974). Vase tambin UN Doc. A/PV.2251, p. 82 (1974) (Sr. Ould Mouknass, Representante de Mauritania dirigindose a la Asamblea General). 

66 Le Monde, 27 de noviembre de 1975, pp. 1 y 5; The Economist, 13 de septiembre de 1975, p. 58.

67 UN Doc. A/PV.2265, pp. 57-60 (1974).

68 La Representante de Estados Unidos, Barbara White adopt la posicin que su pas apoyaba en principio la utilizacin del Tribunal, siempre que fuera posible, para la resolucin de controversias jurdicas.

69 UN Doc. A/C.4/SR.2126, p.7 (1974).

70 UN Doc. A/C.4/SR.2130, p.27 (1974).

71 UN Doc. A/C.4/SR.2131, p. 19 (1974).

72 Id., p. 8.

73 Id., p. 12.

74 Id., p. 25.

75 G.A. Res. 3292, 29 GAOR Supp. 31, pp. 103-104, UN Doc. A/9631 (1974).

76 Los otros miembros de la Misin fueron Marta Jimnez Martnez (Cuba) y Manouchehr Pishva (Irn).

77 Misin Visitadora, nota 15 supra, p. 4.

78 Id., p. 5.

79 Id., pp. 7-14.

80 Id., p. 48.

81 Id., p. 50.

82 Id., p. 52.

83 Id., pp. 52 y 63.

84 Id., p. 48.

85 Id., p. 55.

86 Ibid.

87 Ibid.

88 Id., p. 56.

89 Report of the Special Committee on the Situation With Regard to the Implementation of the Declaration on the Granting of Independence to Colonial Countries and Peoples [Informe del Comit Especial sobre la Situacin relativa a la Aplicacin de la Declaracin sobre la Concesin de la Independencia a los Pases y Pueblos Coloniales], UN Doc. A/10023/ Add..5, p. 11 (1975).

90 Ibid.

91 Una consulta popular a los habitantes, sealaba la Misin:

tiene que estar basada en la participacin de todos los saharauis pertenecientes al Territorio. Las partes concernidas e interesadas han acordado que esta tarea debe ser confiada a una comisin de expertos designada por las Naciones Unidas, que trabajara en estrecha cooperacin con la Potencia Administradora y con las otras partes concernidas e interesadas. Id., p.9.

92 Advisory Opinion on Western Sahara [Dictamen sobre el Shara Occidental], 1975 ICJ REP.12 [en lo sucesivo, Advisory Opinion].

93 Id., p. 29. Las preguntas formuladas al Tribunal mediante la Resolucin 3292 (XXIX), Nota 75 supra, fueron las siguientes:

I. Era el Shara Occidental (Rio de Oro y Sakiet El Hamra) en el momento de la colonizacin de Espaa un territorio no perteneciente a nadie (terra nullius)?

Si la respuesta a la primera pregunta es negativa,

II. Cules eran los vnculos jurdicos entre este territorio y el Reino de Marruecos y la Entidad Mauritana?

94 Ibid.

95 Id., p. 30.

96 Ibid.

97 G.A. Res. 1541 (XV), 15 GAOR Supp. 16, pp. 29-30, UN Doc. A/4684 (1960), citado por el Tribunal Internacional de Justicia, con aprobacin, en su Advisory Opinion [Dictamen], pp. 32-33.

98 Id., pp. 34-35.

99 Id., p. 35.

100 Id., p. 36.

101 Id., pp. 36-37.

102 Id., p. 37.

103 Id., p. 48.

104 Id., p. 49.

105 Id., pp. 56-57.

106 Id., p. 68.

107 Id., p. 69.

108 Id., p. 176 (Opinin Disidente del Juez Ruda).

109 Esta expresin aparece en la Opinin Separada del Magistrado Dillard, donde considera que ese concepto no era aplicable al Shara Occidental y que, por lo tanto, era innecesario que el Tribunal tratara el principio de integridad territorial. Id., p. 120.

110 Comunicado de Prensa de la Misin Permanente de Marruecos ante las Naciones Unidas, 16 de octubre de 1975, citado en UN Doc. S/PV.1849, p. 11 (1975).

111 Carta de fecha 18 de octubre de 1975, del Representante Permanente de Marruecos ante Naciones Unidas al Presidente del Consejo de Seguridad. UN Doc. S/11852 (1975).

112 Carta de fecha 18 de octubre de 1975, del Representante Permanente de Espaa ante Naciones Unidas al Presidente del Consejo de Seguridad. UN Doc. S/11851 (1975).

113 Costa Rica, Proyecto de Resolucin. UN Doc. S/11853 (1975).

114 S.C. Res. 377 [Resolucin 377] (1975) aprobada por el Consejo de Seguridad en su Reunin 1850, el 22 de octubre de 1975.

115 Ibid.

116 Ibid.

117 Informe del Secretario General en cumplimiento de la Resolucin 377 (1975) del Consejo de Seguridad relativa a la situacin del Shara Occidenta.: UN Doc. S/11863, p. 5 (1975).

118 Ibid.

119 Carta, de fecha 1 de noviembre de 1975, del Encargado de Negocios, A.I. de la Misin Permanente de Espaa ante Naciones Unidas al Presidente del Consejo de Seguridad. UN Doc. S/11864 (1975).

120 UN Doc. S/PV.1852, pp. 13-15 (1975). (Sr. Arias-Salgado, Representante de Espaa, dirigindose al Consejo de Seguridad).

121 Resolucin 379 (1975) del Consejo de Seguridad, aprobada por el Consejo de Seguridad en su Reunin 1852, el 2 de noviembre de 1975.

122 UN Doc. S/PV.1852, p. 22 (1975).

123 Id., pp. 72-75.

124 Id., p. 76.

125 Id., pp. 82-85.

126 Comunicado Oficial de la 1853 Reunin del Consejo de Seguridad, UN Doc. S/11869 (1975).

127 UN Doc. S/PV.1854, p. 16 (1975) (Representante Slaoui, dirigindose al Consejo de Seguridad).

128 S.C. Res. 380 (1975) , aprobada por el Consejo de Seguridad en su 1854 Reunin el 6 de noviembre de 1975.

129 La declaracin de Mr. Joumaini se cita en UN Doc. S/PV.1854, pp. 26-27 (1975).

130 Informe del Secretario General en cumplimiento de la Resolucin 379 (1975) del Consejo de Seguridad relativa a la situacin del Shara Occidental. UN Doc. S/11874, p. 4 (1975).

131 Id., p. 6.

132 Id., p.7.

133 Tercer Informe del Secretario General en cumplimiento de la Resolucin 379 (1975) del Consejo de Seguridad relativa a la situacin del Shara Occidental. UN Doc. S/11880, 19 de noviembre de 1975, Anexo I, p.1.

134 En abril, Marruecos public los trminos del acuerdo mediante el cual Marruecos y Mauritania compartirn los ingresos procedentes de las lucrativas minas de Bou Craa. The Times (Londres), 17 de abril de 1976, p. 5.

135 Para ms pruebas de ese acuerdo, vanse, por ejemplo, los alegatos orales, Mr. Slaoui (Marruecos) CR 75/6 (traduccin no corregida) (mimeo), mircoles 25 de junio de 1975, pp. 6-9. En los alegatos escritos, Mauritania y Marruecos reivindicaron la totalidad del Shara, cada uno de los dos pases, y el Sr Slaoui se encarg de poner esto en conformidad con el acuerdo de particin. En efecto, dijo al Tribunal que no se preocupara por eso, que:

... hay un norte y un sur que yuxtaponen en el espacio los vnculos jurdicos del Shara Occidental con Marruecos y Mauritania. Teniendo en cuenta la cuestin planteada al Tribunal, y considerando que, por definicin, el mandato del Tribunal no hace referencia a problema poltico alguno y no implica delimitacin territorial alguna, el hecho de que haya solapamiento entre el norte y el sur que no servira para definir con ms precisin, no puede modificar el sentido de las respuestas dadas por el Tribunal. Id., p.8.

136 New York Times, 11 de febrero de 1976, p. 28.

137 Nota 133 supra, Anexo II, p. 1.

138 THE ECONOMIST, 20 diciembre 1975, p. 50.

139 UN Doc. S/PV.1854, p. 36 (Representante Rahal, dirigindose al Consejo de Seguridad).

140 AFRICAN RESEARCH BULL., 1-30 noviembre 1975, p. 3837.

141 Id., 1-31 de diciembre de 1975, pp. 3872-3874.

142 G.A. Res. 3458 (A), UN Doc. GA/5438, pp. 254-255 (1975). (Comunicado de prensa).

143 G.A. Res. 3458 (B), UN Doc. GA/5438, p. 256 (1975). (Comunicado de prensa).

144 Waldheim Given Difficult Missions [Misiones difciles encomendadas a Waldheim] (Entrevista al Secretario General), THE DIPLOMATIC WORLD BULL., No. 5, 8 de marzo de 1976, pp. 1237 y 1243. Lamento esta evolucin, dijo Waldheim respecto al papel que se le haba asignado en esas resoluciones contradictorias. Es una evolucin negativa: no podra darle a usted una respuesta ms clara. Id., p. 1243.

145 Hay que sealar que la segunda Resolucin podra haber sido derrotada si la Asamblea, por mayora simple, hubiera determinado que ambas resoluciones eran importantes, con lo cual su aprobacin hubiera necesitado el voto favorable de dos tercios de los presentes y una votacin acorde con el Artculo 18(3) de la Carta de las Naciones Unidas.

146 UN Doc. A/PV.2435, p. 92 (1975). (Representante de Argelia, Sr. Rahal, dirigindose a la Asamblea General); Le Monde, 9 de diciembre de 1975, p. 3.

147 NEWSWEEK, 26 de enero de de 1976, p. 35.

148 Conforme a las informaciones de la prensa, 65 miembros [de la Yema] tomaron parte en la votacin, que coincidi con la proclamacin, por el POLISARIO, de la Repblica rabe Saharaui Democrtica. N. Y. Times, 28 de febrero de 1976, p. 6.

149 Id., 27 de febrero de 1976, p. 5, y entrevistas.

150 Id.; THE DIPLOMATIC WORLD BULL., No. 5, 8 de marzo de 1976, pp. 1237 y 1242.

151 La finalizacin de la Administracin tripartita no disminuy la voluntad del POLISARIO, o de Argelia, de resistir. La prensa espaola informaba en enero de encarnizados combates entre las guerrillas y las tropas mauritanas, incluso en las distantes ciudades sureas de Villa Cisneros y Aargub, lejos de donde estaban concentrndose los argelinos. En Villa Cisneros (Dakhla), el jefe del Ejrcito marroqu coment que sus hombres estaban all para proteger al Ejrcito mauritano. WEST AFRICA, 26 de enero de 1976, p. 124. Durante los meses de enero y febrero se repitieron sangrientas batallas entre las columnas blindadas argelinas y el Ejrcito marroqu en torno al oasis de Amgala y Mahabes. N. Y. Times, 28 de enero de 1976, p. 3. Id., 29 de enero de 1976, p. 8; Id., 12 de febrero de 1976, p. 2; Id., 16 de febrero de 1976, p. 10; Id., 17 de febrero de 1976, p. 9.

Sin embargo, los efectos ms lamentables fueron los sufridos por la poblacin civil. En represalia por la huida de los refugiados saharauis a Argelia, el Presidente Boumediene ya haba expulsado expeditivamente de su pas a 30.000 civiles marroques (NEWSWEEK, 26 enero 1976, p. 35). El 6 de febrero, Argelia denunci formalmente que las acciones militares de Marruecos y Mauritania estaban adquiriendo prcticamente las proporciones de un genocidio (Carta de fecha 6 de febrero de 1976, del Representante Permanente de Argelia ante las Naciones Unidas al Secretario General, UN Doc. A/31/48 y S/11971, p. 7 (1976)). Segn el POLISARIO, el 18 de febrero los marroques, utilizando aviones de combate USA F-5, empezaron a atacar los campos de refugiados saharauis dentro de Argelia, en Um Dreiga. En los primeros dos das se inform de la matanza de 45 civiles y de 378 heridos.

152 Esta opinin ha sido manifestada, en entrevistas, por diversas personas de alto rango del Secretariado [General de la ONU]. Tambin est recogida en JEUNE AFRIQUE, 13 de febrero de 1976, p. 20.

153 UN Doc. A/C.4/SR.2175, p. 15, 3 de diciembre de 1975.

154 Id., p. 22.

155 Id., p. 32.

156 Id., p. 33.

157 Id., p. 5.

158 Respecto a una reivindicacin de Guatemala basada en este argumento, vase UN Doc. A/PV.2431, 8 de diciembre de 1975, pp. 37 y 38-40, Sr. Maldonado Aguirre dirigindose a la Asamblea General. Respecto a la reivindicacin espaola de que la autodeterminacin es aplicable solamente a quienes tenan sus races en un territorio y no a los colonos, vase 23 GAOR, Fourth Comm., 1799th meeting, p. 14 (1968). Respecto al argumento de Argentina, a los mismos efectos, con respecto a los habitantes de las Islas Malvinas, vase Report of the Special Committee on the Situation With Regard to the Implementation of the Declaration on the Granting of Independence to Colonial Countries and Peoples [Informe del Comit Especial sobre la Situacin relativa a la Aplicacin de la Declaracin sobre la Concesin de la Independencia a los Pases y Pueblos Coloniales], 19 GAOR, Annexes, Annex No. 8 (Part I), pp. 436-437, UN Doc. A/5800/Rev.1 (1964).

159 28 GAOR, Fourth Comm., 2074th meeting, p. 302 (1973).

160 As por ejemplo, es una afirmacin frecuente, por parte de los blancos de Sudfrica, que la mayor parte de los negros llegaron slo despus de que los colonos blancos hubieran empezado a desarrollar el pas. Asimismo, la posicin de Sudfrica es que, con la creacin de black tribal homelands [patrias tribales negras], los africanos que habitan en reas de blancos no pueden esperar participar en el proceso democrtico.

 

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* Miembro del Consejo Editorial de AJIL. Parte del presente trabajo fue realizado por el autor en su condicin de Director del Programa de Derecho Internacional de la Fundacin Carnegie para la Paz Internacional, si bien las opiniones expresadas pertenecen exclusivamente al autor. El autor desea agradecer al Sr. Paul Hoffman, su ayudante de investigacin en la Fundacin Carnegie, su inestimable ayuda.

Original: The Stealing Of The Sahara

Publicado en: The American Journal of International Law (AJIL), October 1976, Vol. 70, No. 4, pp. 694- 721.

Traduccin: Luis Portillo Pasqual del Riquelme

Revisin: Maria Juana Mira MacWillians

** N. del T.- El autor se refiere al nmero de saharauis mayores de edad con derecho a voto, conforme al censo elaborado por Espaa en 1975.

 

En el momento de salir a la luz la presente traduccin en espaol (noviembre de 2008), Thomas M. Franck es Profesor emrito en la Universidad de New York:

http://its.law.nyu.edu/facultyprofiles/profile.cfm?personID=19925



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