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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-11-2008

Los dos carriles de la Casa Blanca

Alberto Piris
La Estrella Digital


El nuevo presidente de EEUU, cuando ocupe su puesto de mando en la Casa Blanca el ao que viene, deber hacer frente a un fenmeno que va a complicar el ya de por s difcil aprendizaje de tan crtico cometido. Consiste en el hecho comprobado de que, a la vez que en los ltimos aos disminuan el peso y la influencia del presidente saliente -y tambin el prestigio de EEUU-, se ha venido extendiendo y agravando su ms peligrosa herencia: lo que l denomin guerra global contra el terrorismo.

Todava hace unos pocos das, cuatro helicpteros de las fuerzas especiales de EEUU cruzaron desde Iraq la frontera siria y atacaron un poblado. Ocasionaron varias vctimas que, segn fuentes sirias, eran unos campesinos inocentes y, de acuerdo con el portavoz estadounidense, peligrosos terroristas de la organizacin Al Qaeda en Mesopotamia. Similares penetraciones transfronterizas encendieron el mes anterior las alarmas en Pakistn. La lucha contra el terrorismo parecera as un cncer cuyas metstasis se extienden a otros pases con el paso del tiempo.

No es esto lo peor, sino que proliferan tambin las declaraciones de altos cargos polticos de EEUU en el sentido de que, sea quien sea el prximo inquilino de la Casa Blanca, no podr abandonar la va que ha sido ya firmemente asentada por Bush. Dos carriles paralelos, construidos con slido metal. Uno de ellos se denomina "guerra preventiva" (derecho a atacar basado en la simple sospecha de poder ser atacado) y es lo que desencaden el caos en Oriente Prximo a partir de la invasin de Iraq. El otro podra conocerse como "soberana limitada" (la misma expresin con la que desde Occidente tan acerbamente se critic a la URSS de Lenidas Breznev) y se materializa en la idea de que las fuerzas de EEUU no reconocen ninguna frontera si se trata de hostigar a quienes son considerados enemigos.

En el Washington Post se lea que si el reciente ataque a Siria puede servir "para avisar a [el presidente] Assad de que EEUU no est dispuesto a respetar la soberana de un rgimen delincuente, habr merecido la pena". Dicho de otro modo, en boca de un analista militar estadounidense: "Slo puede reclamarse la soberana si se respalda por la fuerza". Aviso que, sin duda alguna, se hace tambin con la vista puesta en Irn, para EEUU el delincuente internacional por excelencia, al que la poltica de Bush ha situado en la lista de los pases "en busca y captura".

As pues, quien ocupe la Casa Blanca se tendr que mover inicialmente constreido entre el supuesto derecho a atacar a cualquier pas que sea sospechoso de constituir un peligro para EEUU y el de irrumpir militarmente all donde se estime necesario para destruir a los presuntos enemigos. Varios altos responsables en Washington han expresado su esperanza de que tal doctrina "ser adoptada tambin por el nuevo presidente". ste es el principal y ms peligroso legado del fundamentalismo "bushiano", que siempre ha considerado que mediante la fuerza militar se pueden resolver todos los problemas. Lo malo es que este modo de pensar constituye un slido substrato de la mentalidad dominante en los sectores ms tradicionales del pueblo estadounidense: los que slo confan en "Dios y mis armas".

Pero tambin el nuevo presidente habr de reflexionar sobre la naturaleza y las circunstancias de la situacin que hereda y tendr que reconocer que la estrategia de su antecesor ha conseguido incendiar y llevar el caos a una amplia zona del planeta que se extiende desde el Cuerno de frica hasta el suroeste asitico. Eso, aparte de producir un dao, quiz irreparable, al prestigio y a la hegemona moral del pas que se vena considerando a s mismo como faro de la democracia y defensor de los derechos humanos.

Si el resultado de esas reflexiones le incitase a modificar o abandonar la errnea estrategia de su antecesor, se le plantear otro serio problema, quiz de an ms difcil resolucin: habr de enfrentarse a las poderosas fuerzas interiores que se oponen a cualquier cambio. Es decir, las grandes corporaciones de la defensa, los intermediarios en la venta de armas, las instituciones ms conservadoras de pensamiento poltico y estratgico y todos los sectores de la sociedad de EEUU que viven y prosperan apoyndose en el mito de la guerra global contra el terror. Que no son pocos.

Resulta lgico pensar que esta ltima opcin slo habra de preocupar a Obama, dado que McCain y su equipo no parecen dispuestos a modificar los aspectos esenciales de la poltica internacional de Bush. En cualquier caso, el legado poltico de Bush encierra una bomba de relojera para cuya desactivacin se va a requerir mucha habilidad, inteligencia y flexibilidad. Cualidades, estas tres, de las que ostensiblemente carecen el ultrapatritico John McCain y la esperpntica Sarah Palin, y que s cabe esperar -aunque sea cruzando los dedos- de los miembros de la candidatura del Partido Demcrata.

* General de Artillera en la Reserva



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