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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2008

Por qu los obreros votan republicano. Resea del libro "Crnicas de la Amrica profunda", de Joe Bageant
Los canbales prefieren a McCain

Manuel de Castro Garca
Rebelin


La buena msica se esconde espantada o la esconden- ante los programas televisivos de consumo fcil que presentan a nios con falsos talentos musicales. El sistema est diseado para estos chavales, descaradamente intiles en comparacin con unos cuantos centenares de genios que ha dado y da la msica y a los que estos chicos no se han preocupado de conocer. Si en uno de estos programas se abre el teln y aparecen unos tipos de apellido Brel, Veloso, Morrison (Van o Jim), Vaughan, McRae, Monte, Redding, Joplin, Bowie o Gaye, entre otros; pues dirn que se aburren. La mejor msica no tiene por qu ser la ms escuchada y, mucho menos, la ms anunciada.

Lo dicho en el prrafo anterior sobre la msica rene cierto consenso general, pero no sucede igual con los libros, como si la calidad de los mismos hubiera de medirse por la editorial que lo comercializa, las cifras de ventas o los premios de aparente consenso. Acaso no hubiera por medio marketing, intereses empresariales o salarios a la fidelidad poltica. Pierda el miedo, lector, y no mida la talla a un libro por la insistencia de su promocin o la fuerza del editor. Sobre todo cuando el autor pincha en nervio.

Sucede -dicho esto- que una editorial pequea, Los libros del lince, acaba de publicar un libro grande del periodista Joe Bageant, un izquierdista a ultranza que vive en una villa mediana (como la mayora de los estadounidenses) del ultraconservador estado de Virginia. El autor se hizo famoso hace unos pocos aos por sus artculos en Internet, donde es ledo por millones de personas en los pases anglfonos y, ms recientemente, en Francia. Es una obra llena de realismo spero y de amargura personal sobre la decadencia del modelo de sociedad estadounidense, sobre esa inmensa mayora empujada al canibalismo que no aparece en las pelculas o en las series que llegan a Europa. Son el tipo de personas del montn que hace unas dcadas malvivan en las pginas de algunas novelas magistrales de Mailer (La cancin del verdugo, Los desnudos y los muertos) o protagonizaban el reportaje sobre hechos reales A sangre fra, de Truman Capote. En todos estos casos citados, los relatos describen a sus protagonistas, del bando que sean, como vctimas de una marginacin social o una situacin blica que les sobrepasa y que, en cierto modo, explica o incluso determina y justifica los medios brutales que emplean para sobrevivir (canibalismo a la fuerza, del mismo modo que hay personas empujadas a la lucha armada). La compasin de Mailer y Capote es literaria, pero es humana en el libro de Bageant, y trasladada al campo electoral de su pas. En resumen: cmo no van a tener votos los republicanos si los demcratas estn aburguesados y distantes del mundo real, lo desprecian. Supongo, lector de Espaa, que esta reflexin le suena muy prxima, como veremos ms adelante (1).

Lo que hay que hacer para ser de izquierdas es serlo; no basta con decirlo y hacer lo contrario de lo que se dice, viene a decir Bageant en plena consonancia con las ltimas crticas de Zinn, Chomsky, Moore (2), Petras y toda esa estirpe de intelectuales luchadores y populares de EEUU que no da la izquierda espaola de hoy. Ya s, lector, que este es un libro escrito por un tipo al que Espaa le importa un pimiento, pero el leerlo yo estoy viendo a Zapatero, a Fernndez de la Vega o a Jos Mara Fidalgo presentndose como progresistas mientras recortan derechos, aplauden las maniobras de una multinacional espaola en un pas que no se puede defender, se renen con Jos Mara Aznar en la Fundacin Faes o entregan el dinero de nuestros impuestos a los mismos banqueros que han creado y se han forrado con la parte financiera de la crisis econmica. Me he preguntado siempre y creo que me explico bien- si alguien conoce a un mileurista o a un obrero de a pie que lea El Pas y que no se sienta ms identificado o ms apreciado y atendido- por peridicos que no tienen complejos en definirse de derechas y sirven sin tapujos a los mismos principios empresariales que Prisa.

Para empezar, Crnicas de la Amrica profunda echa por tierra el mito del poder blanco. Mejor dicho: echa por tierra el mito de la pobreza como una exclusiva de las minoras, tan segregadas en aquel pas. El poder en el Estados Unidos de hoy es del dinero puro y duro, venga de los petrodlares o de las inversiones chinas en fondos norteamericanos. El blanco que no tiene dinero es un desgraciado ms. En contra de la opinin extendida entre los europeos, hay un EEUU de millones de trabajadores blancos y pobres metidos en suburbios y condados miserables que es el grupo social que ms crece, a marchas forzadas. Aunque las culturas minoritarias (latinos, negros, asiticos) crezcan en poblacin, la mayora blanca es la que ms crece en proporcin de pobres y de trabajadores pobres (los llamados poor workers, personas que tienen uno o ms empleos pero cuyo salario no alcanza para cubrir los servicios bsicos de salud, vivienda o comida). Este comentario sobre el color de piel es obligado porque en Europa, una parte de la derecha y de los progres acostumbran a poner al pas norteamericano como ejemplo de buena gestin de su mercado laboral (all no hay paro, dicen sin rubor por el salario mnimo de all) y consideran a las minoras como elementos anecdticos en la economa nacional que no quieren trabajar. Pues no; hay precariedad extrema para todos y todas. La igualdad ha llegado, por fin, a los trabajadores pobres de aquel pas (3).

Pues no; hay precariedad extrema para todos y todas. La igualdad ha llegado, por fin, a los trabajadores pobres de aquel pas. Socialista confeso en un entorno que sataniza esta palabra, Bageant explica enrabietado cmo es posible que este arquetipo de familias que trabajan hasta la extenuacin, carecen de seguros mdicos y se encomiendan a un dios y a las armas acaben votando invariablemente al Partido Republicano y entregando con orgullo las vidas de sus hijos para campaas militares del imperio. Es lgico, afirma el autor, pues los republicanos los usan pero por lo menos se dirigen a ellos para pedirles el voto, les miran a la cara aunque sea con distancia, mientras los demcratas se pasean por barrios de intelectuales discutiendo sobre arte y temas de segunda fila como la libertad sexual, la contaminacin o la despenalizacin del consumo de algunas drogas (4). No me malinterpreten, pero es que esos son temas de segunda fila comparados con los millones de estadounidenses que no tienen asistencia sanitaria (le cabe en la cabeza a un europeo?), que tienen pnico a formar un sindicato, que son desahuciados por el alguacil por un impago sin tiempo a preparar la mudanza o que no pueden dar educacin universitaria a sus hijos. Supongo que, salvando las distancias, esto tambin nos recuerda la situacin creciente de muchos espaoles con el agua al cuello aunque con un mdico para contar sus desgracias. Los republicanos son lo que tienen ms a mano, viene a concluir Bageant en su descarnado y dursimo retrato, porque los liberales del Partido Demcrata estn tan ensimismados y desorientados que slo se identifican con una acomodada y minoritaria clase media urbana, propia de una pelcula de Woody Allen.

Sin pretenderlo, el libro se antoja un vivo espejo de la Espaa que se asoma. Los all llamados poor workers es lo que en Espaa llamamos precarios extremos, un escaln por debajo del mileurista. Son miles de personas que viven cada angustioso da como el ltimo para comer o pagar la infravivienda. El PSOE y, hay que decirlo, una parte acomodada de los que estn a su izquierda- vive ensimismado en su progresa y sus asesores de diseo sin programa tico, desconectados de un mundo real formado por una marea humana a la que ni siquiera miran porque piensan algunos estn convencidos- que no existe nadie por debajo de su nivel de bienestar. Ese narcisismo les confiere una mezcla de falsa superioridad moral y, a la vez, complejo de vctimas de divn ante una derecha que slo vive un poquito mejor que ellos.

Crnicas de la Amrica profunda est narrada con gran crudeza en los hechos y con exagerada rudeza literaria (Las palabrotas son para nosotros una forma de puntuacin, como deben haber notado ya los lectores, advierte Bageant), sin duda para reivindicar su origen y orgullo del obrero de Winchester que al final pudo estudiar frente a la pedantera sin fondo de los que estudiaron sin haber trabajado alguna vez con sus propias manos. Es que el libro es, sobre todo, una reivindicacin de clase, de la clase obrera sin complejos (en Espaa somos muy finos y muy pocos se tienen por obreros) a la que el autor, aunque su vida haya mejorado, sigue llamando mi gente (5).

Los dos aspectos ms destacables para un lector espaol de Crnicas de la Amrica profunda son, de entrada, la denuncia de la traicin de la izquierda ms acomodada y, en segundo plano, una descripcin casi visionaria de cmo va a suceder la crisis que finalmente ha sucedido (6). Si un periodista que se proclama cervecero y gordinfln como Bageant puede vaticinar punto por punto la debacle hipotecaria, hay que concluir que la Casa Blanca est dirigida por personas muy intiles o muy mentirosas. Aunque lo ms lgico es pensar lo segundo, yo personalmente soy de los piensan que se puede llegar a lo ms alto siendo una persona muy limitada pero con un rumbo fijo (o fijado por otros). La narracin de las maneras que emplea el sistema para seducir a familias trabajadoras a endeudarse hasta lmites insoportables es memorable.

Pero no hay que dejarse llevar por la apariencia. Tras esa brutalidad en los modos de escribir se esconde un tipo muy sensible, inteligente y, sobre todo, compasivo. Porque hay que ser generoso y compasivo para rechazar la imagen canalla que Europa la Europa de Obama como mesas- vende de los votantes de Bush y McCain. Bageant, pese a estar rodeado de los efectos trgicos de la poltica republicana, sigue pensando que la mayora de esos votantes que le odian por ser socialista son buena gente, buenos trabajadores que han sido llevados a una situacin lmite de miedo, competitividad e ignorancia. La capacidad de anlisis de Bageant es brillante por haber sido capaz de sobreponerse al entorno en el que se cri, tomar distancia y evitar culpar a las vctimas. Pese a esconderse tras la continua jerga tabernaria, es de esos autores a los que se les nota que sufren de verdad. No pretende escribir un libro para crear una obra sino para aliviar y compartir su rabia cuando narra las historias de gente pequea, de una vieja desahuciada que saca unos dlares cantando en un barucho de baja estofa ayudada de una bombona de oxgeno, de aquel que no puede ni pagar los impuestos por el suelo que ocupa su caravana o un pobre diablo que exprime a todo bicho viviente como agente inmobiliario. Pese a la rabia y a la soledad del buen visionario no carga contra el ltimo eslabn, que son los fachas que le amargan la vida en su entorno inmediato. Los disculpa y hasta los justifica compasivamente (mejor dicho: solidariamente, porque l piensa que podra haber actuado igual si no hubiera salido a estudiar y ver mundo) pero destroza a los de arriba.

El libro tiene otros captulos muy interesantes sobre las armas (las considera un elemento ms de su cultura, pese a las estadsticas sobre su mal uso), el sistema sanitario (7), la religin o la televisin, pero como esta no es una resea objetiva o de encargo he de insistir en los paralelismos con una parte de la sociedad espaola, con la deriva de la autoproclamada izquierda de hoy, que ni siquiera ha sabido aprovechar polticamente el cuestionamiento del capitalismo (por parte de algunos medios capitalistas) para hacer propuestas mnimamente dignas. Dos dcadas reinventando la izquierda para acomodarla y someterla al capitalismo y ahora resulta que tenan razn aquellos compaeros a los que fueron dejando en la cuneta. Bageant, deca antes, se remonta a un perodo histrico iniciado a mediados del siglo XX en Estados Unidos al que da el nombre de dcadas de los gnsteres capitalistas, con la criminalizacin del sindicalismo y el creciente abuso de las empresas. El autor sostiene que la propia sociedad fue interiorizando el pensamiento de estos poderosos. Hay un paralelismo cronolgico entre esa etapa y los cuarenta aos de economa franquista, sindicatos verticales y asimilacin de complejos en la sociedad espaola. Se repite la mxima de que la ideologa de los poderosos acaba siendo asumida como propia por las propias vctimas, la sociedad a la que controlan. En Espaa, el PSOE y una parte de la izquierda priorizan determinadas leyes sociales consumo de drogas, sexualidad, aborto- y las ofrecen al pblico/votante como un regalo (cuando son normas que caen de cajn; se aprueban y punto, como debera sentenciarse sobre la Iglesia o lo monrquico) mientras se apartan de los verdaderos problemas de la gente. La economa, de entrada, es una ciencia social que debe regularse con intereses sociales y no al revs. Hay una cantidad importante de trabajadores que viven en condiciones muy duras y que acaban mosquendose de que sus polticos slo hablen de sexo, porros y clulas madre, que est muy bien -es indiscutible- pero cuando tienes un nivel de vida digno.

Notas:

(1): Escribe Bageant: Ya sean republicanos o demcratas, los miembros de las clases adineradas de las ciudades y las zonas suburbanas comprenden que les conviene estar del lado de las grandes corporaciones. Pero los demcratas, advierte el periodista, apoyan a nuestras tropas, cmo no, aunque cranme que lo tendrn difcil si pretenden encontrar a un solo demcrata que haya servido en el ejrcito o que est dispuesto a permitir que uno de sus hijos vaya a Irak y corra el riesgo de perder un brazo o un ojo. Por supuesto, Bageant deja constancia de su absoluto rechazo a las campaas militares de su pas.

(2) Los pueblos tienden a buscar cierto equilibrio en sus lderes antagonistas. Puesto que somos por oposicin a algo, cunto ms notables son tiranos, ms audaces son los proscritos que se enfrentan a ellos, incluso con el pensamiento (Espaa est instalada en cierta mediana, diramos). A pesar de ser bastante cargante con sus chistes fciles para enganchar al pblico, los libros de Michael Moore estn llenos de informacin interesante. Acaba de publicar Mike for president (Editorial Temas de hoy) que, pese a su tono jocoso, ofrece ms informacin sobre el funcionamiento del sistema poltico estadounidense que todo lo publicado en los peridicos espaoles de gran tirada durante el ltimo ao. Un simple ejemplo: comenta lo absurdo de convocar las elecciones un martes laborable de noviembre en un pas en el que no se concede tiempo en las empresas para ir a votar- teniendo en cuenta que esta norma se estableci hace ms de cien aos precisamente para facilitar la asistencia a las urnas, pues coincida con el tiempo libre posterior a la cosecha.

(3) La descripcin que hace Barbara Ehrenreich de los precarios estadounidenses es aterradora. Su libro (Por cuatro duros; Editorial RBA) es una obra imprescindible para interiorizar el da a da de los trabajadores pobres, su vida al lmite, su renuncia progresiva a pagarse un mdico para poder llegar a fin de mes, su deterioro de salud. Y es que los pobres acaban siendo y no es broma- ms feos que los ricos, porque un da renuncian a arreglar un diente, otro da no pueden costearse una crema para unos granos y al siguiente deforman el gesto de su boca por haber soportado en pie unas fiebres para las que en Europa habran pedido una baja laboral. Pero eso no es problema para el buen creyente: un pasaje memorable del libro de Bageant repite un dilogo de un pastor a las mujeres de su grey y les recuerda condescendientemente que muchas de las mujeres de esta comunidad tenis que estar agradecidas porque no haya mujeres feas a los ojos de Dios (pg. 175).

(4) La izquierda mayoritaria espaola y europea se ha inventado grandes debates sobre estos temas de sexualidad, fumar canutos y ligeros matices con la Iglesia para poder ofrecer al pblico una ligera diferencia con la derecha, pues es difcil encontrarla en otros campos del gobierno como la fiscalidad progresiva, el control de la especulacin inmobiliaria y financiera o los servicios pblicos. En todo esto son iguales, por eso hay que inventar diferencias y llevarlas a la exageracin. Como si el Madrid y el Bara fueran tan distintos para un ciclista.

Las cosas se dan por caridad o por solidaridad. La izquierda est obligada a la solidaridad y la derecha a veces tiene gestos encomiables de caridad. Los progres, en medio de ambos, se aferran a su nivel de vida convencidos de que han de ser generosos con su sola presencia y sus teoras entregadas a la humanidad. Lo inmoral es que los que estn por debajo de ellos acaban viviendo de la caridad, que es un gesto de derechas pero que acaba conmovindose por alguien en una posicin inferior.

(5) Es muy refrescante encontrarse con alguien como el rudo Bageant para un periodista como yo, que durante varios aos de mi juventud me gan la vida cargando cajas de merluza del ndico y calamar de Malvinas como estibador portuario, con una carretilla o especializado en tirar casas con una maza. Afortunadamente, a pesar de cierto refinamiento posterior y de hacerme un hueco respetable en esta profesin de trepas, esto nunca se olvida, te da ms humanidad y, adems, una sensibilidad especial para detectar y aborrecer a los progres, que hacen lo que est en sus manos para no tener aspecto ni cultura de obrero. Sucede algo parecido a algunos urbanitas de nuevo cuo que esconden que sus abuelos eran unos campesinos, a pesar de que sacaron suficientes patatas del campo para llevar a sus nietos a la ciudad (suponiendo que la ciudad sea mejor).

(6). La deslocalizacin a China y Mjico ha propiciado que las empresas que quedan en el pas se froten las manos, porque tienen margen para bajar los salarios a su antojo ante una masa de millones de trabajadores que han quedado en el paro. Sobre la crisis hipotecaria, recuerda que cuando se acabe el boom, cuando la venta de hipotecas ya no tenga en qu apoyarse, quedar por pagar una deuda del copn Est claro que cuando se acabe el chollo este pas va a ser un infierno. El sistema, dice Bageant, ya sabe que las familias reventarn a medio plazo y se producir el inevitable desahucio. Y en EEUU los desahucios van en serio, son inmediatos y por la fuerza.

(7). Bageant refresca un estudio de la Universidad de Harvard de 2005 que revela que ms de la mitad de las quiebras familiares que se producen en el pas se debe a deudas para pagar las facturas de salud. En Estados Unidos, cada treinta segundos alguien se declara en bancarrota por un problema de salud grave que no puede pagar. Lo ms grave de todos estos datos tan difciles de asimilar para un europeo es que el 68 por ciento de esas quiebras le suceden a personas que s tenan suscrito algn tipo de seguro, que pocas veces cubre todas las incidencias. Esta desigualdad de oportunidades para acceder a un mnimo de salud universal esta es una opinin ma- es suficiente para cuestionar y deslegitimar un sistema poltico. El autor cuenta casos reales de hijos que tuvieron que acusar a sus padres de demencia para poder colocarlos en residencias que atendieran otras enfermedades que el seguro no habra aceptado como motivo de admisin. Los viejos son medicados como enfermos mentales en un siquitrico pero al menos comen y les cambian los paales.



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