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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-11-2008

Pensar lo impensable

Serge Halimi
Le Monde diplomatique


En los ltimos treinta aos, el ultraliberalismo impuso su pensamiento; cre un mundo basado en el individualismo, ms calculador, menos solidario. Rechaz en nombre del mercado y de las cuentas fiscales ordenadas toda medida destinada a mejorar la vida de los ciudadanos y de los desamparados del mundo. Era sencillamente imposible. Logr al contrario una fabulosa transferencia de recursos del bien pblico a los bolsillos privados, invirtiendo la lgica de la redistribucin. Hoy, la trampa se ha desarmado. En nombre de los bancos, todas las reglas se han infringido. Sin embargo, los idelogos del capitalismo pretenden salvarlo con un simple lavado de cara. Dnde est la izquierda?

As que todo era posible. Una masiva intervencin financiera del Estado. El olvido de las obligaciones del pacto de estabilidad europeo. La capitulacin de los bancos centrales ante la urgencia de una reactivacin. Poner en la mira a los parasos fiscales. Todo era posible porque haba que salvar a los bancos.

Sin embargo, durante treinta aos, la ms mnima idea de una alteracin cualquiera de los fundamentos del orden liberal, con el propsito, por ejemplo, de mejorar las condiciones de existencia de la mayora de la poblacin, choc con el mismo tipo de respuesta: todo esto es bien arcaico; nuestra ley es la globalizacin; las cajas estn vacas, y los mercados no lo aceptarn; ustedes saben que el Muro de Berln se cay? Y durante treinta aos, la reforma se hizo, pero en el sentido opuesto. El de una revolucin conservadora que entreg a las finanzas franjas cada vez ms espesas y ms jugosas del bien comn, como los servicios pblicos privatizados y metamorfoseados en mquinas de dinero en efectivo, creadoras de valor para los accionistas. El de una liberalizacin de los intercambios que atac a los salarios y a la proteccin social, obligando a decenas de millones de personas a endeudarse para preservar su poder de compra, a invertir (en la Bolsa, en los seguros) para garantizar su educacin, prever sus enfermedades y preparar su jubilacin. La deflacin salarial y la erosin de la proteccin social dieron origen y luego fortalecieron la desmesura financiera. Porque la creacin del riesgo alent a garantizarse contra l. La burbuja especulativa se adue de las viviendas, a las que transform en colocaciones. Sin interrupcin, fue inflada por el helio ideolgico del pensamiento de mercado. Y las mentalidades cambiaron, volvindose ms individuales, ms calculadoras, menos solidarias. Entonces el crack de 2008 no es, en primer lugar, tcnico, corregible mediante paliativos tales como la moralizacin o el poner fin a los abusos. Es todo un sistema lo que cay por tierra.

En torno a ese sistema se afanan aquellos que esperan levantarlo, revocarlo y barnizarlo, con el fin de que maana le inflija a la sociedad un nuevo juego sucio. Los mdicos que hacen la mmica de la indignacin ante las (in)consecuencias del liberalismo son los mismos que le suministraron todos los afrodisacos presupuestarios, reglamentarios, fiscales, ideolgicos gracias a los cuales se ha gastado sin lmites. Deberan considerarse como descalificados. Pero saben que un ejrcito poltico y meditico completo va a dedicarse a blanquearlos. As, tanto Gordon Brown, el ex ministro de Finanzas britnico, cuya primera medida fue otorgar su independencia al Banco de Inglaterra, como Jos Manuel Barroso, que preside una Comisin Europea obsesionada por la competencia, y Nicolas Sarkozy, artesano del blindaje fiscal, del trabajo los das domingo, de la privatizacin del Correo, parecieran dedicarse a una refundacin del capitalismo

Su descaro proviene de una extraa ausencia. Porque, dnde est la izquierda? La oficial, la que acompa al liberalismo, la que desrregul las finanzas durante la presidencia del demcrata William Clinton, la que desindex los salarios con Franois Mitterrand antes de privatizar con Lionel Jospin y Dominique Strauss-Khan, la que cort de un hachazo las asignaciones que se pagaban a los desempleados con Gerhard Schrder, evidentemente no tiene otra ambicin que dar vuelta lo ms rpido posible la pgina de una crisis de la cual es coresponsable.

S, pero, y la otra izquierda? Puede en un momento as contentarse con desempolvar sus proyectos ms modestos, tiles pero tan tmidos, como la tasa Tobin, el aumento del salario mnimo, un nuevo Bretton Woods, las granjas elicas? Durante las dcadas keynesianas, la derecha liberal pens lo impensable y aprovech una gran crisis para imponerlo. Desde 1949, Friedrich Hayek, el padrino intelectual de la corriente que iniciaron Ronald Reagan y Margaret Thatcher, les haba explicado: La principal leccin que un liberal consecuente debe sacar del xito de los socialistas es que su valenta para ser utpicos () hace cada da posible lo que hasta hace muy poco tiempo pareca irrealizable.

Entonces, quin propondr el cuestionamiento del ncleo del sistema, el librecambio[1]? Utpico? Hoy todo es posible cuando se trata de los bancos

Traduccin: Luca Vera

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1 En agosto de 1993, el premio Nobel de Economa, el ultraliberal Gary Becker, explicaba: El derecho del trabajo y la proteccin del medio ambiente se han hecho excesivos en la mayora de los pases desarrollados. El librecambio va a reprimir algunos de esos excesos obligando a cada uno a seguir siendo competitivo ante las importaciones de los pases en vas de desarrollo.



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