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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2008

Sobre la memoria histrica y la calavera de Garca Lorca (I)

Alfonso Sastre
Gara


Con este artculo, el escritor Alfonso Sastre inicia una serie que se corresponde con el texto ampliado del que fue ledo en Cortes, Nafarroa, el 1 de noviembre, en el Homenaje a los Fusilados por defender las ideas de Paz, Justicia y Libertad. En l realiza una valiosa aportacin personal al debate abierto en torno a la recuperacin de la memoria histrica, y que este peridico ir publicando en fechas prximas.

En tiempos ya lejanos se deca que la memoria es el talento de los tontos. Hoy ya se sabe que esta frase es poco menos que una gran tontera, pues la memoria en general es la base del pensamiento y sin ella no hay pensamiento que valga. Un aforismo alemn dice as: Ohne Phosphor kein Gedanke: sin fsforo no hay pensamiento; pues bien, de la memoria se puede decir, como nosotros acabamos de hacerlo, otro tanto.

A veces, tambin este desdn de la memoria es algo mucho peor que una tontera: un refugio desde el que se ocultan las realidades del pasado, las cuales son la infraestructura sobre la que emergen las nuevas realidades, de manera que se evita la reproduccin de realidades pasadas que condujeron la historia por muy malos caminos para el conjunto de la humanidad. Se sabe que si no recordamos nuestros errores, por ejemplo, estamos amenazados de repetirlos.

Leyes del olvido, amnistas bajo el rtulo de punto final u otros, ha habido muchas para que grandes crmenes sean no slo olvidados sino magnificados como aceptables episodios de la vida histrica en, por ejemplo, la lucha contra el comunismo o por la dignidad de la patria. Chile, Argentina, son ejemplos a recordar.

Tambin, entre nosotros, el de la transicin espaola desde el franquismo a la democracia, al principio de la cual la idea de una necesaria ruptura con el franquismo se abandon, salvo en Euskadi y por algunos grupos en Espaa. Entonces se discuti, ms o menos, sobre qu hacer, con interrogantes como stas: olvidar?, perdonar?, no slo el olvido sino tambin el perdn?, o ni lo uno ni lo otro?; y ello bajo un ruido de sables, ms o menos real o imaginado por el miedo o por el inters de los devotos del dictador.

En resumen, fuimos conducidos a una perpetuacin democratizada del franquismo en la forma de una monarqua ideada por Franco para atar y bien atar la situacin que l haba creado con la ayuda del nazismo y el fascismo europeos; y as nos vimos encima la Espaa en que vivimos, o, mejor, bajo la que vivimos, y no tuvimos una democracia verdadera y, por ello, capaz de hacer valer sus postulados y de pedir cuentas a los responsables de los crmenes cometidos en los territorios ocupados por Franco durante la guerra y en todos los territorios del Estado espaol desde el fin de la guerra hasta la muerte del caudillo.

Estoy proponiendo con estas palabras contra el olvido un rechazo de toda posible amnista? Veamos esto, pues quien est escribiendo este artculo es partidario de una amnista general y total de todos los presos polticos (de motivacin poltica o ideolgica) que hay actualmente en las crceles espaolas; y ello es as porque para m, aunque ello pueda resultar an hoy escandaloso, hay que distinguir entre amnistas buenas y malas; y stas -las malas- son las que pretenden que sean olvidados los grandes crmenes de los poderosos (opresores) o cometidos bajo su inspiracin, y buenas las que van a favor de los oprimidos, incluso cuando ellos han cometido excesos y, en el lmite, hasta daos muy graves y homicidios. No es fcil decidirse a pensar as, y menos an a decirlo; pero es preciso hacerlo cuando est en juego nada menos que la paz para el futuro de este pueblo, horizonte que se cerrara si no se realiza una amnista general y total. Las cosas son as y no de otra manera, y hay que partir de ellas.

Este tema de la memoria, en lo que se refiere a los crmenes del franquismo, ha sido tratado durante los ltimos tiempos y muy especialmente durante las ltimas semanas de varias formas, algunas muy notables, como ha sido en la revista Pueblos, que ha publicado un dossier referido a varias reas geogrficas, culturales e histricas. Yo quiero destacar aqu, por lo que afecta a la nuestra, el artculo Memoria de las vctimas: hacia una cultura de la memoria, de Marcelino Flrez Miguel, en el que trae a colacin el concepto de memoria que construye W. Benjamin y que Reyes Mate ha explicitado (...). Para W. Benjamin, segn esta referencia, la historia nunca ha sido universal; ha sido, como mucho, una historia de los vencedores, y siempre ha estado ausente una parte de la verdad, la de los vencidos, la de los que desaparecieron y no dejaron rastro.

Esta idea es una base suficiente para legitimar los movimientos, hoy ms o menos activos entre nosotros o en nuestras proximidades, a favor de la memoria histrica, justamente para aportar aquella parte de la verdad que falta, es decir, que est oculta todava por los aparatos del Estado; y ello aunque esta cuestin est siendo ensuciada ltimamente por las presuntas ideas y la real prctica judicial de una persona tan cuestionable desde varios puntos de vista y con variados argumentos como es el juez Baltasar Garzn.

En la misma revista, yo deseo destacar el artculo de Amparo Salvador Villanova Mujeres en el franquismo, en cuya entradilla leemos con asentimiento por nuestra parte la mala ralea de los pactos de la transicin entre la derecha y la izquierda, tras la muerte de Franco. En ellos -dice Amparo Salvador- se pactaba el silencio sobre los crmenes del genocidio franquista y la destruccin de sus pruebas, la impunidad para los responsables y colaboradores y el olvido de las vctimas. Era -aade- el ao 1977 y se acababa de promulgar la Ley de Amnista (as llamada, A.S.), que daba cuerpo legal a aquellos ignominiosos Pactos. Suscribo tan duras palabras, y la referencia que las acompaa: Y si sabes quin mat a tus hijos, te has de callar! Y si sabes quines te violaron, te has de callar! Y si sabes quin te rob y vendi a tus hijos, te has de callar!. Todava hace falta mucho valor para pronunciar estas palabras.

De la revista Pgina Abierta es destacable el artculo Lo pblico de la memoria, de Joseba Eceolaza, aunque nada ms sea para reproducir las cifras que en l constan de la matanza en ambos bandos, ampliamente recordado, sin embargo, en todo lo referente a los crmenes de la `Horda Roja' por los franquistas durante aos y aos, de manera que en ese sentido no hay otro problema de memoria pendiente que el de desmontar las muchas mentiras y exageraciones enfticas circuladas siempre al respecto por la propaganda del Rgimen y sus muchos colaboradores que un poco ms y nos ahogan en la sangre derramada en Paracuellos del Jarama, por ejemplo. (Continuaremos).

Alfonso Sastre es Dramaturgo




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