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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-11-2008

Israel: los mitos de legitimacin

Alfonso Bolado
Comit de Solidaridad con la Causa Arabe


Seguramente todos los Estados-nacin del mundo tienen sus mitos fundacionales: una batalla o guerra, una revolucin, un reinado. Se trata fundamentalmente de acontecimientos histricos que se consideran una especie de cristalizacin de fuerzas internas cuya dialctica se dirige precisamente en esa direccin de unidad de destino (concepto procedente de la filosofa poltica alemana) que es el Estado-nacin.

Menos frecuentes son los que denominaremos mitos de legitimacin, que son los creados inventados en la terminologa de Hobsbawm para dar un sentido a la existencia del Estado; estos mitos de legitimacin suelen darse en los Estados imperiales; as, la defensa del catolicismo para la Espaa de los Austrias, la mision civilisatrice para la Francia decimonnica, la promocin y defensa de la libertad para Estados Unidos, la patria del socialismo para la URSS. Algunas dictaduras crean mitos de este tipo para dar un contenido trascendente a su existencia: la Espaa bastin frente al bolchevismo del franquismo, la Italia que recrea las glorias latinas del fascismo o la patria aria del nazismo. Estos mitos, a diferencia de los fundacionales, desaparecen con la transformacin de la naturaleza del Estado o la extincin de ste, de modo que poner de relieve su inconsistencia que no significa carencia de fuerza movilizadora permite avanzar en la abolicin de estructuras de pensamiento que, si bien confortan a algunos, perjudican a los que se encuentran al margen de ellas, que suele ser una mayora.

Una de las excepciones de Israel es la existencia de potentes mitos de legitimacin al lado de los fundacionales: El Estado judo, la obra fundacional de Herzl; las migraciones o aliya; la primera victoria del David israel frente al Goliat rabe o el milagroso abandono de sus tierras por parte de la poblacin palestina. El acuerdo de la ONU de 1948 es una decisin jurdica de escaso valor mitificador, aunque ha sufrido manipulaciones por parte israel para acomodarla a su voluntad expansionista. De tales mitos de legitimacin, o de algunos de ellos, se tratar a continuacin.

Es preciso decir que esos mitos slo parcialmente se integran en el corpus de la teora sionista, que, en esencia, es una teora nacionalista con fuertes componentes volkisch, propios de la tradicin alemana, y elementos de los nacionalismos antiliberales de la Europa central y oriental (Sternhell). Estos mitos, cuya fuerza procede de su apelacin a los sentimientos, se encuentran en la periferia de la teora pero posiblemente sean ms eficaces que sta, tanto de cara al interior como al exterior de Israel.

Primer mito: el origen bblico

Curiosamente, la idea de que la Biblia da un ttulo de propiedad a los judos sobre Palestina no es juda: procede de la tradicin protestante y est relacionada con la exgesis bblica a partir de la libre interpretacin del libro sagrado; aparentemente, el primer texto que invita a la creacin de un Estado judo en Palestina es Apocalypsis Apocalypseos (1585), del sacerdorte Thomas Brightman; esta idea tuvo fortuna durante las revoluciones puritanas, y Cromwell era partidario de ella. Con el dispensacionalismo del siglo XIX, el regreso de los judos a Tierra Santa se inscribi en un proceso histricamente necesario para llegar a la segunda venida de Cristo y el fin de los tiempos. La Declaracin Balfour (1917), por la que el ministro de Asuntos Exteriores britnico de dicho nombre comunicaba a Walter Rothschild su opinin favorable a la creacin de un hogar nacional judo, es heredera de esas corrientes de opinin. De hecho, el libro de Herlz no cita Palestina como meta nacional.

De forma paradjica, fueron los sionistas laicos los que con mayor firmeza se basaron en la Biblia para apoyar sus proyectos. As, en 1919, el laico ruso Ushishkin dijo en la conferencia de Versalles: En nombre... de los judos de Rusia, [vengo a] presentar la exigencia histrica del pueblo judo: por nuestro retorno a nuestras propias fronteras, por la devolucin a los judos de la tierra que el Poder Supremo nos prometi hace cuatro mil aos... Pedimos que nos restituyan aquel robo histrico.

Ben Gurion, por su parte, consideraba firmemente que la Biblia avalaba el sacrosanto derecho del Pueblo Elegido. Y conclua: Aunque rechazo la teologa, el libro ms importante de mi vida es la Biblia. El libro bblico preferido por Ben Gurion era el de Josu, el conquistador de Jeric que aniquil a los cananeos y cuyas campaas se estudian en las escuelas, en consonancia con las palabras de Moshe Shertok, primer ministro de Asuntos Exteriores israel: Hemos olvidado que no hemos venido a una tierra vaca para heredarla, sino que hemos venido para conquistar un pas que lo habita, que lo gobierna en virtud de su lengua y su cultura salvajes.

Es imposible no observar la contradiccin que late en estas tomas de posicin: recuperar una tierra que quiz se abandonara porque ni en las fuentes romanas ni en el historiador contemporneo judo Flavio Josefo existe ninguna referencia a una dispora; lo ms posible es que la mayora de la poblacin acabara convirtindose a las religiones dominantes casi dos mil aos atrs, slo es posible si el donante es una figura que est por encima de las convenciones que marcan la moral, la lgica y el sentido comn. El ascenso del pensamiento religioso en el Israel actual est prefigurado en el biblismo laico. Los resultados son, como afirma el profesor de la universidad de Haifa Benyamin Beit-Hallahmi, que hoy en da, la mayora de los israeles consideran la Biblia una fuente de informacin histrica fiable de tipo poltico, laico... En Israel la historizacin de la Biblia es una empresa de carcter nacional... Afirmar que esta antigua mitologa es verdadera historia es una parte esencial del nacionalismo sionista laico... Al empeo de corroborar la historicidad de la Biblia se dedicaron esfuerzos intelectuales considerables a partir del siglo XIX, cuando empez a desarrollarse la que se ha llamado arqueologa bblica, un esfuerzo que continu con entusiasmo el Gobierno israel, con renovado inters a partir de la guerra de 1967 y la anexin de Judea y Samaria, en la terminologa bblica para referirse a Cisjordania. Los resultados fueron decepcionantes: los restos de la civilizacin israel resultaron ser muy escasos y adems poco significativos: ningn resto de los momentos ms gloriosos de la historia bblica, como los reinados de David y Salomn, nada que fuera ms all de lo propio de una civilizacin material poco desarrollada. De modo que, a pesar de los esfuerzos, las excavaciones y los hallazgos, han llegado a esta conclusin, en trminos de los arquelogos israeles Finkelstein y Silberman (citados en la obra de Nur Masalha La Biblia y el sionismo, Bellaterra, Barcelona, 2008): En efecto, desde finales de los aos sesenta los descubrimientos arqueolgicos han revolucionado el estudio del antiguo Israel y han sembrado serias dudas sobre la base histrica de relatos bblicos tan conocidos como las andanzas de los patriarcas, el xodo de Egipto, la conquista de Canan y el glorioso imperio de David y Salomn.

Y Zeev Herzog, de la universidad de Tel Aviv y director del Instituto de Arqueologa resume: Esto es lo que los arquelogos han hallado: que los israelitas no estuvieron nunca en Egipto, no atravesaron el desierto, no conquistaron la tierra en una campaa militar y no la transmitieron a las doce tribus de Israel. Quiz resulta ms difcil aceptar que la monarqua unida de David y Salomn... fue como mucho un reino tribal. Y para muchos ser un shock desagradable saber que el Dios de Israel tena una consorte femenina y que... se adopt el monotesmo no en el monte Sina, sino en el ocaso de la monarqua...

Lo cierto es que la mayora de los arquelogos estn de acuerdo con estas afirmaciones. Actualmente se tiende a considerar que los textos bblicos fueron escritos en una fecha muy tarda (siglo VI antes de nuestra era o ms tarde), posiblemente en Babilonia, recogiendo mitos autnticos, presentes en otras culturas (el diluvio universal, el jardn del edn), acontecimientos milagrosos y verdaderas novelizaciones de tradiciones remotas, conocidas a partir de numerosas mediaciones, todo ello escrito con el fin, en trminos de Giovanni Garbini en Historia e ideologa en el Israel antiguo (Bellaterra, Barcelona, 2002), de afirmar una tesis (ideologa). As pues, los distintos redactores de la Biblia no pretendieron en ningn momento escribir historia, sino crear un corpus ideolgico que sirviera de referente a un pueblo con grandes dificultades de cohesin. De hecho, los primeros talmudistas, como los primeros cristianos, expurgaron los textos que peor se acomodaban a sus intereses. Ello no obsta para que, a fines del siglo XX, un 55% de la poblacin israel crea en la historicidad de la Biblia, frente a un 14% que la rechazaba totalmente.

Toda historia nacionalista es en buena parte una historia mtica: narra un esfuerzo colectivo para crear, engrandecer o retrasar el proceso nacionalizador de un pueblo determinado. Para ello reinterpreta o selecciona los datos de la realidad histrica. Los problemas de convertir la Biblia en historia nacional son mucho ms grandes: por un lado, pensar que un Estado moderno es el sucesor de otro desaparecido hace 2.000 aos (la destruccin de Jerusaln tuvo lugar en el ao 70 despus de nuestra era) es un verdadero despropsito que slo resulta concebible desde una fe muy arraigada o un clculo perverso; por otro, la Biblia no es una reelaboracin nacionalista de los datos del pasado: es directamente, y en buena parte, una obra de ficcin, con muy dbil sustrato real, que, por mucho que pudiera confortar a espritus religiosos, proyecta unos valores (presencia de Dios en la Tierra, idea del Pueblo Elegido, odio feroz al enemigo) que tienen poco que ver con la racionalidad.

Segundo mito: la superioridad moral

La confluencia de la creencia en la condicin de los judos de pueblo elegido (que an hoy acepta el 68% de la poblacin israel) y una aguda y poco matizada conciencia de haber sido perseguidos sistemticamente, dio a los pioneros del nuevo Estado la conviccin de una superioridad moral (ellos eran los justos de la Tierra, los no contaminados por el afn de dominio) que se trasladara al mismo; como dice el progresista crtico Avraham Burg, ex presidente de la Agencia juda y del Knesset, el Parlamento israel: Nuestra vocacin era convertirnos en un modelo, la luz de las naciones; aunque aade: Y hemos fracasado (artculo La revolucin sionista ha muerto, 2002). Es esa conciencia de superioridad moral lo que ha producido en el establishment israel una actitud arrogante que se manifiesta en las sistemticas acusaciones de antisemitismo dirigidas a todos los crticos con su poltica. Y tambin lo que lleva a los israeles, incluso a los ms progresistas, a no poner en cuestin los criterios de legitimacin de su Estado; de ese modo, el citado Burg afirma: La realidad, al cabo de 2.000 aos de lucha por la supervivencia, es un Estado que establece colonias... Los comportamientos depredadores, para l, no comenzaron en 1948, sino en 1967. En el mismo sentido, el diario progresista Haaretz declaraba en 1967: Nuestro derecho a defendernos del exterminio no nos da el derecho a oprimir a los dems... La confiscacin de los territorios ocupados nos convertir en asesinos. Por supuesto, contra quienes se proyecta ms acusadamente esa superioridad moral es contra los palestinos; se trata de una actitud tpicamente colonial; el colonizado (schwartz, negro, era el trmino despectivo de los primeros colonos hacia los palestinos) es ignorante, incapaz de trabajar con constancia, y eso se nota en el estado de postracin material y espiritual en que se encuentra; ms an, es invisible. Buena parte de la propaganda incluida la que se disfraza como educacin se basa en que Palestina era una tierra prcticamente vaca, habitada por grupos seminmadas que en ltima instancia no se sentan apegados al pas y que perfectamente podan trasladarse a cualquier otro territorio rabe. Eso, segn la propaganda y en contra de las abrumadoras pruebas histricas, en buena parte debidas a los nuevos historiadores israeles, explica la facilidad con que abandonaron sus casas. Esa invisibilidad se muestra palmariamente en un manifiesto de apoyo al Estado de Israel elaborado por personas de izquierdas espaolas (www.aseiweb.net) en el que acusa de la hostilidad hacia Israel exclusivamente al antisemitismo, sin hacer ni una sola referencia a la actitud israel hacia el pueblo palestino.

Donde se hace ms patente esa conciencia es en la tesis de la pureza de las armas (tohar haneshek). Dicha idea surge, segn el socilogo Uri Ben Elicer, ... de la tradicin revolucionaria y socialista de la direccin del yisuv [la comunidad juda de la Palestina preestatal] y evoca al mismo tiempo las nociones de moralidad, de alto nivel de conciencia y de motivacin ideolgica. La guerra de Independencia instaurar despus esta expresin como efigie identificativa de la talla moral constitutiva y superior del Ejrcito israel.

La pureza de las armas implica para los israeles el uso mnimo de la fuerza, poner el nfasis neoortodoxo, laico y reformista en los valores ticos y morales que derivan de la tradicin proftica. Los hombres y mujeres de las Fuerzas de Defensa de Israel mantendrn la humanidad incluso en el combate y no usarn sus armas contra los no combatientes y prisioneros de guerra.

El balance de la pureza de las armas, al margen de lo creativo del nombre, que se inserta en una tradicin juda (justos absolutos y nicas vctimas), no puede ser ms decepcionante, y eso desde el principio: las matanzas de 1948 (no slo la famosa de Deir Yasin, nica reconocida por Israel) fueron abundantes: Safsaf, Gish, Sasa Saliha Deir al-Asad, Kabri..., as hasta 16 como mnimo (Masalha, 2008; Sylvain Cypel, Entre muros, 2006). Ello llev al historiador israel Uri Milstein a decir: En todas las guerras de Israel se han cometido matanzas, pero no albergo ninguna duda de que la guerra de Independencia fue la ms sucia de todas. La consecuencia de esta guerra fue la prctica desaparicin de la huella palestina, vieja de 1.200 aos, en Israel.

Es difcil saber si la situacin fue peor despus de 1967 y, sobre todo, despus de la primera Intifada (1987-91): lo cierto es que la prensa ha dado cuenta de infinitas irregularidades: muerte masiva de no combatientes, incluidos nios, saqueos, detenciones ilegales, humillaciones..., cuya frecuencia y gravedad van mucho ms all de abusos espordicos y sugieren una tctica implcita.

Si bien la superioridad moral puede servir de coartada de todos los excesos (Israel se concibe como una isla de humanismo, democracia y bienestar en un ocano de tirana y barbarie), lo cierto es que la sistemtica violacin de los derechos ms elementales de la poblacin palestina a partir de 1967 significa el fin de una poca, el fin de la inocencia. Hoy da Israel es un Estado frreamente conservador, violento, despectivo hacia la opinin internacional; un Estado, como denuncian muchos israeles de buena voluntad, contaminado por su carcter colonial. Y otro dato que hara revolverse en sus tumbas a los padres de la patria: ha aparecido la plaga de la corrupcin.

Tercer mito: la Shoah israel

La Shoah, el holocausto de los judos del centro y este de Europa (aunque no slo de ellos) a manos del rgimen nazi, es uno de los acontecimientos ms terribles de muestra modernidad, hasta el punto de haberse convertido en una verdadera materializacin del Mal. Por sus propias caractersticas afecta a la conciencia europea, el continente del que formaban parte vctimas y verdugos, por su trascendencia y las dimensiones de los comportamientos individuales y colectivos implicados en ella es un acontecimiento universal, una llamada a las conciencias de todos los occidentales, responsables de otros genocidios (el de los indgenas norte y sudamericanos, el de los africanos, aparte de los genocidios tutsi y camboyano), de los que apenas los separa el mtodo y la planificacin del nazi y el hecho de que ste hubiera sido perpetrado en la civilizada Europa, por uno de sus pases emblemticos y sobre personas que en buena parte compartan la cultura del opresor.

Como el resto de Occidente, Israel tuvo al principio una postura ambivalente hacia la Shoah. Por una parte, porque los muertos fueron como corderos al matadero (Jeremas, 51), en contra de la imagen de fortaleza frente a los enemigos que pretenda dar el nuevo Estado. Por otra, la Shoah demostraba post factum que los judos no necesitaban un hogar propio, vista la imposibilidad de convivir con quienes siempre los haban perseguido. El Vad Yashem, creado en 1953, guarda la memoria de las vctimas del Holocausto y a l se suele llevar a los nios para que no olviden. Sin embargo, a partir de 1967, cuando las crticas al Estado de Israel aumentaron con la ocupacin de Gaza y Cisjordania, Israel ech mano de forma intensiva al recuerdo del Holocausto. En primer lugar, estableciendo una identificacin en muchos aspectos abusiva entre la tragedia (de la que se expurg a gitanos, homosexuales, comunistas y simples soldados soviticos) y el Estado sionista, al cual pretenda exculpar, a travs de la maldad etnocida, de las maldades propias. En palabras del historiador Yehud Elkana, en un artculo titulado En pro del olvido (Haaretz, 1988), se pas del esto no puede ocurrir nunca ms al esto no puede ocurrirnos nunca ms. La invencin de un absoluto que subsume todo lo concreto ayuda a explicar por qu, ante las acusaciones de brutalidad o conculcacin de los derechos humanos, el Estado de Israel apela sistemticamente a acusar de antisemitismo a personas, organizaciones... a Europa entera si es preciso.

Cara al interior, los efectos de la sobreexposicin de la Shoah son tambin perniciosos. El ya citado Elkana observa en ella peligros para la democracia (el culto del pasado y la adiccin al recuerda minan los fundamentos de la democracia) e incluso para la conciencia colectiva (Qu puede hacer un nio con este tipo de recuerdos? Muchos de ellos slo han visto [en la visita a Yad Vashem] una llamada al odio). Por lo que concluye: Tampoco deseo que se deje de estudiar la historia de nuestro pueblo. Tan slo trato de luchar para que la Shoah deje de ser el eje central de nuestra existencia nacional.

Como conclusin

Yehud Elkana, en el artculo citado, afirma: Creo que si la Shoah no estuviera tan profundamente anclada en la conciencia nacional, el conflicto entre judos y palestinos no provocara tantos actos anormales y el proceso poltico seguramente no estara en un callejn sin salida. Es imposible no estar de acuerdo con esa aseveracin, pero llevndola a las ltimas consecuencias: la desaparicin de estos mitos que hemos llamado de legitimacin supondra el fin de la excepcionalidad del Estado sionista uno de los escassimos Estados coloniales que quedan en el mundo y abrira las puertas a la nica solucin aunque extremadamente difcil al drama de la regin: un Estado binacional, al estilo del logrado en Sudfrica que, lgicamente, pasara por la eliminacin de los infames bantustanes palestinos. Ahora se cumple el sexagsimo aniversario de la constitucin del Estado de Israel, a travs de un acuerdo abrumadoramente mayoritario de la ONU. Lo que se oculta es que la resolucin 181 creaba dos Estados independientes, vinculados por una unin econmica y en los que quedaban expresamente prohibidas las confiscaciones de tierras. Ciertamente, los rabes rechazaron una resolucin injusta que daba a los judos un territorio proporcionalmente muy superior a su poblacin y en el que ms de la mitad de la poblacin era palestina; pero tambin lo es que los judos tenan desde antes la voluntad de no respetar la resolucin. Como dijo Ben Gurion, estamos dispuestos a aceptar la creacin de un Estado judo en una parte significativa de Palestina, al tiempo que afirmamos nuestro derecho sobre toda Palestina.

As pues, el Estado de Israel fue fruto de un expolio. Eso no da medida de excepcionalidad porque una buena parte de los Estados del mundo tienen el mismo origen. Lo excepcional es que eso se produzca en nuestros das y basndose en una ideologa (en el sentido de falsa conciencia) tan vaca de contenidos. Lo excepcional del Estado de Israel es la reclamacin de su excepcionalidad.

En 1996 se public en Espaa (Crtica, Barcelona) el monumental libro de Benzion Netanyahu (el padre de Binyamin) Los orgenes de la Inquisicin espaola, cuya conclusin es que los judos siempre estarn perseguidos. Hoy en da, cuando el antisemitismo es residual y en Occidente es ms peligroso ser rumano, magreb, turco o subsahariano, es llegado para Israel el momento de salir del infernal crculo vicioso de resentimiento y victimismo para impedir que la repugnancia que inspiran sus prcticas hacia los palestinos se transformen en un odio renovado e injusto hacia todos los judos. Es el momento de saber que israeles y palestinos comparten el mismo territorio, con demasiada historia, real o sagrada, a sus espaldas. Es el momento de seguir el consejo de Gide en su Los alimentos terrestres: No aceptes. Desde el da que comprendas que el responsable de casi todos los males de la vida no es Dios, sino los hombres, no tomars ms el partido de esos males. No sacrifiques a los dolos.

http://www.nodo50.org/csca/agenda08/palestina/arti401.html



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