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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-11-2008

Guerra sin fin: la brutalidad en Afganistn ha durado siglos

Robert Fisk
La Jornada


De vuelta en Afganistn, la mente se ocupa del insignificante tema del salvajismo. No la rutinaria crueldad de la guerra, sino la inhumanidad deliberada con que nos comportamos. La tortura y el asesinato de prisioneros en este penoso lugar al estilo estadunidense en Bagram y al estilo talibn en Helmand, es una rutina de la historia. Existe siempre la intencin de volver ms dolorosa hasta una ejecucin. Un cuchillo es ms terrible que una bala.

El culto del atacante suicida en Medio Oriente comenz sus das en Lbano, se mud a Palestina, lleg a Irak, se col a travs de la frontera hasta aqu, Afganistn y atraves sin esfuerzo el paso de Jiber hacia Pakistn, Y Nueva York. Y Washington. Y Londres...

Acaso los seres humanos en guerra en cualquier guerra estn destinados por definicin a cometer atrocidades? El Comit Internacional de la Cruz Roja (CICR) trat de responder a esta pregunta en un reporte publicado hace cuatro aos. Ignoran los combatientes las leyes humanitarias internacionales? Me parece poco probable.

Simplemente no les importa. La Cruz Roja entrevist a cientos de combatientes en Colombia, Bosnia, Georgia aqu al parecer el comit advirti un presagio y Congo, y sugiri que aquellos que cometieron actos execrables se ven como las vctimas y se convencen de que ello les da el derecho de actuar como salvajes con sus adversarios. Desde luego esto aplica en el conflicto palestino-israel, definitivamente ocurri con los serbios de Bosnia en lo referente a Georgia no estoy seguro y desde luego as se sienten los talibanes (sobre todo desde que bombardeamos cada vez ms bodas).

La crueldad es a menudo defendida por lo que constituye un verdadero guardaespaldas idiomtico que consta de frases hechas: operacin policial, limpieza, barrido, ataques con precisin quirrgica, sobre todo cuando se puede matar a control remoto, y en especial cuando los medios no estn presentes para mostrar la realidad del conflicto.

Este es evidentemente el caso en la actualidad, cuando ningn periodista se atreve a merodear por las calles de los poblados de Helmand, o las calles de Baquba en Irak, o para el caso, las aldeas en la frontera paquistan. La guerra, al parecer, nunca ha recibido peor cobertura. Y esto complace tanto a los buenos como a los malos; prefieren regodearse en su brutalidad sin ser vistos.

No hay nada nuevo en esto. De la Batalla de Omdurman en la que los britnicos ejecutaron a todos los rabes que quedaron heridos el joven Winston Churchill describi una escena que ahora es cotidiana en la tierra que entonces se conoca como Mesopotamia y otra que ya entonces se llamaba Afganistn.

l habl de espeluznantes apariciones, de caballos vomitando sangre, tratando de caminar con tres patas, hombres cojeando, hombres sangrando de heridas terribles, que parecan arponeados, otros tenan los brazos y los rostros hechos pedazos, las entraas salindose. Hombres que geman, lloraban, caan, expiraban.... A estos hombres podemos sumar las nias en edad de escolar vctimas de un atentado suicida con bomba, esta misma semana, en Bagdad.

Durante una anterior campaa militar en la frontera Noroeste, Churchill pudo apreciar cmo los ancestros de los talibanes lidiaban con un militar britnico herido: El lder de media docena de pashtunes armados con espadas que se lanzaron sobre la figura postrada y cada uno le dio tres o cuatro tajos con su espada. En ese momento olvid todo excepto mi deseo de asesinar a este hombre. Llevaba mi larga espada de batalla bien afilada... El salvaje me vio aproximarme a l.... Bueno, he aqu algo como para poner a pensar al CICR.

Asimismo, vale recordar que las guerras afganas siempre han sido espantosas. Sir Mortimer Durand el mismo que cre la lnea Durand, que finge ser la frontera afgana-paquistan, y que es cruzada impunemente por estadunidenses y talibanes con el fin de asesinarse mutuamente, fue testigo de primera mano de la crueldad de la guerra en Afganistn.

Durante las misin en el valle de Chardeh, el 12 de diciembre de 1879, escribi, dos escuadrones de la novena divisin de lanceros recibi rdenes de atacar a los afganos con la esperanza de ahorrar municin. La embestida fracas, y ms tarde hallamos a algunos de nuestros muertos horriblemente mutilados por los cuchillos de los afganos... yo lo vi todo...

Sin embargo, el mismo Durand se opuso profundamente a lo dicho por el general Frederick Roberts quien debe su fama a Kandahar tras el asesinato de una misin de diplomticos britnicos en Kabul. Describi estas muertes como un crimen traicionero y cobarde, que ha de causar indeleble vergenza al pueblo afgano... Todas las personas que resulten detenidas y acusadas de estar involucradas (en los asesinatos) sufrirn la inclemencia propia de los desiertos de estas tierras.

Durand se opuso a Roberts por esta versin victoriana de la amenaza que George W. Bush lanzara contra los afganos 122 aos ms tarde.

Me pareci sumamente errneo tanto en tono como en contenido, escribi ms tarde Durand, al grado en que estoy decidido a hacer todo lo posible para contrarrestarlo. Usar ese lenguaje retorcido, y la absurda afectacin con la que predica moralidad histrica a los afganos, cuando que todos nuestros problemas con ellos comenzaron por nuestra propia abominable injusticia. Esto me pareci sumamente peligroso para la reputacin del general.

Desde luego, esto a Roberts no le hizo ni cosquillas. En esta poca de las tcticas de shock y pavor, cuando un general canadiense puede llamar escorias a sus adversarios talibanes, los funcionarios de la OTAN permanecen inmutables.

Deberan estudiar ms. Montgomery nunca insult a Rommel; adems, llevaba consigo en su caravana una fotografa del comandante de Deutsche Afrika Korps, (la fuerza militar alemana enviada al norte de frica en 1941. N de la T) para recordar al hombre a quien combata.

Al mismo tiempo, Montgomery no combati en la era del Holocausto, de las matanzas industriales, de los bombardeos sobre Hamburgo y Dresden. Las convenciones de Ginebra del 12 de agosto de 1949 supuestamente pondran fin a la destruccin masiva de la vida humana. Y el presidente Bush las hizo trizas.

S que es fcil ridiculizar a la Cruz Roja. Hay algo pontificante en todas las convenciones posguerra. Sin embargo, aparte de algunos precedentes de ley internacional, es lo nico que tenemos. Quiz haya que repartir un milln de ejemplares de la Convencin de Ginebra en idioma pashtu a los talibanes y sus seguidores, as como a los combatientes de la OTAN, quienes ganarn la guerra en Afganistn, segn cree absurdamente Barack Obama.

Dudo que eso resolviera algo. La condicin de vctima se asienta cmodamente en los hombros de todos. Si Osama Bin Laden tiene conciencia, sta quedar tranquila gracias la destruccin del ltimo califato, la ocupacin colonial del mundo musulmn, la muerte de millones de rabes. Y si nosotros tenemos conciencia qu es lo que hacemos? Decir acurdense del 9-11. Y as seguimos incesantemente.

The Independent

Traduccin: Gabriela Fonseca

http://www.jornada.unam.mx/2008/11/21/index.php?section=opinion&article=030a1mun



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