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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-11-2008

Repblica, democracia y socialismo

Carlo Frabetti
Rebelin

Resumen de la intervencin en los Askencuentros, Donosti, noviembre de 2008


Quiero empezar agradecindoles a los organizadores su amable invitacin a participar en los Askencuentros; es la tercera vez que tengo el honor de hacerlo y espero que no sea la ltima. Y tambin quiero sealar la importancia y el valor simblico que, en estos momentos de total sumisin de la cultura a los poderes establecidos, adquiere el hecho de que nos reunamos alrededor de la figura de Alfonso Sastre, uno de los poqusimos intelectuales de primera magnitud a los que el poder no ha podido ni comprar ni silenciar. Y hablar de Alfonso Sastre es, obviamente, hablar tambin de Eva Forest, cuya presencia sigue, hoy ms que nunca, viva y activa entre nosotros. Gracias, Alfonso, gracias Eva, y gracias a quienes nos brindan la ocasin de reunirnos a vuestro alrededor y de fortalecernos con vuestro ejemplo.

Yo pensaba centrar mi intervencin en el trinomio repblica-democracia-socialismo y en su oposicin histrica al trinomio monarqua-aristocracia-capitalismo; pero en sus intervenciones de ayer, y aunque no abordaran el tema de forma directa, tanto Alfonso Sastre como Arnaldo Otegi aludieron a la relacin entre repblica y socialismo, por lo que me limitar a insistir muy brevemente en el hecho de que, en el marco del capitalismo, no tiene sentido hablar de repblica ni de democracia. La incompatibilidad es incluso etimolgica: repblica viene de res publica, la cosa pblica, como nos recordaba ayer Otegi, y democracia significa el gobierno del pueblo. Y cuando los grandes medios de produccin, las tierras y los recursos naturales estn en manos de unos pocos, hablar de gobierno del pueblo o de prioridad del inters pblico sobre el privado es pura contradiccin.

Y esto nos lleva inevitablemente al tema de la revolucin. Quienes aspiramos a instaurar una repblica digna de ese nombre, es decir, una repblica democrtica y socialista (valga la redundancia, pues son trminos equivalentes), no podemos incurrir en la ingenuidad de pensar que, en el seno del capitalismo, ello es posible por una va meramente reformista. El reciente y esperanzador triunfo de la Revolucin Bolivariana de Venezuela ha llevado a muchos a hablar de revolucin pacfica, una expresin peligrosa por lo que tiene de equvoca. Si entendemos la paz en el sentido restringido de ausencia de guerra, tal vez sea posible -y ojal lo sea- una revolucin pacfica, es decir, sin guerra abierta, sin derramamiento de sangre; pero si entendemos la paz como paz social, como ausencia de violencia social, la expresin revolucin pacfica es una contradiccin in trminis. Y la propia Revolucin Bolivariana es un claro ejemplo de ello. No ha sido una revolucin por las armas, pero s una revolucin armada. Si el grueso del ejrcito venezolano no estuviera con Chvez, la Revolucin Bolivariana no habra sido posible. Cuando el veinte por ciento de la poblacin posee el ochenta por ciento de la riqueza, pensar que la situacin puede transformarse radicalmente sin que los privilegiados se resistan a renunciar a sus privilegios sera, ms que ingenuidad, pura insensatez. Y si tenemos en cuenta, adems, que la oligarqua venezolana cuenta con el apoyo del Gobierno de Estados Unidos y del mundo capitalista en general, es evidente que la recin nacida Repblica Bolivariana de Venezuela no podr consolidarse sin afrontar y gestionar grandes dosis de violencia. La alternativa es sucumbir a la tentacin del reformismo y dejar que la revolucin se diluya en un mar de corrupcin, burocracia e inercia sociocultural.

Y estas consideraciones, mutatis mutandis, tambin son aplicables al caso de Euskal Herria. Las desigualdades econmicas son, en este pas, mucho menos drsticas que en Venezuela, y el tejido social es aqu mucho ms tupido y homogneo. El gran mrito de la izquierda abertzale ha sido desarrollar su actividad poltica en constante sintona con las organizaciones de base y los movimientos sociales, nutrindose de ellos y potencindolos sin cesar, dotando a las reivindicaciones populares de una lnea estratgica bien definida e insuflndoles una clara vocacin revolucionaria. En consecuencia, el salto que hay que dar aqu es ms corto (probablemente sea Euskal Herria el pas del mundo donde queda menos camino por recorrer para pasar del capitalismo al socialismo); pero aun as se trata de un trascendental salto cualitativo, un salto que el Estado espaol y el Estado francs van a tratar de impedir por todos los medios legales e ilegales, legtimos e ilegtimos. As pues, hay que apostar por la lucha poltica, incluso por la casi intransitable va parlamentaria, pero sin ingenuidades reformistas: la Europa del capital no puede tolerar que en su corazn mismo surja una repblica socialista vasca (o catalana, o gallega, o castellana...); la brutal represin a la que ha tenido que hacer frente durante el ltimo medio siglo la izquierda abertzale -y no por abertzale sino por izquierda- deja pocas dudas al respecto.

Y esto nos lleva al espinoso tema de la violencia. Cunta violencia institucional podemos soportar quienes luchamos contra la barbarie capitalista? Cunta violencia revolucionaria -y de qu tipo- hace falta para conseguir un mundo libre, equitativo y solidario? Creo que la desperdigada izquierda del Estado espaol tiene pendiente un debate en profundidad sobre la violencia y sobre lo que el poder denomina terrorismo (recordemos las palabras de Alfonso Sastre: Se llama terrorismo a la guerra de los pobres y guerra al terrorismo de los ricos). Un debate imprescindible y urgente que debera llevarnos a cerrar filas junto a la izquierda abertzale y a apoyar la lucha del pueblo vasco. Porque la lucha del pueblo vasco -o de cualquier otro pueblo- por su autodeterminacin es, hoy ms que nunca, la irrenunciable lucha de todos los que aspiramos a vivir en un mundo ms justo y ms libre.



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