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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-11-2008

Entrevista al economista y antroplogo Joan Picas
El "mercado de la solidaridad", un oxmoron con base real

Galizalivre.org
Rebelin


Galizalivre.org.: Tu estudio intenta demostrar que, lejos de ser un acto desinteresado, las actividades solidarias se encuadran en una economa no monetaria, por decirlo de alguna manera, ... en una economa de capital simblico. Lo que yo gasto en una ONG lo gano en capital simblico. Realmente gana mucho ms la persona que da que la que recibe. Es esto as Joan?

Joan Picas.: La idea de inters (y su opuesto, el desinters, la gratuidad) ha sido centro de polmicas fecundas. Desde la antropologa, el debate histricamente se ha asociado a la teora del don y a su interpretacin.

Algunos autores sugieren, de entrada, que el don estudiado por Marcel Mauss, lejos de ser gratuito, no es ms que la forma ficticia que reviste el intercambio obligatorio (por lo que, en propiedad, no cabra hablar de don, que por definicin conlleva la renuncia al derecho de exigir).

De los estudios de Malinowski en el Pacfico occidental se desprende que en el intercambio de dones del llamado kula, lo que parece ser un acto de generosidad voluntario y desinteresado, en realidad es un acto que precede y posibilita el posterior intercambio comercial. Asimismo, entre los indios kwakiutl del noroeste americano estudiados por Boas, el potlatch aparece como una forma de gasto ostentatorio ritual, que se vincula a la bsqueda de prestigio.

Desde este punto de vista, no cabra hablar de don gratuito. Aun cuando existan universos sociales en los que est desaconsejado, por normas explcitas o imperativos tcitos, el lucro, ello no excluye que los individuos puedan movilizarse en busca de premios o beneficios de carcter simblico.

En esta lnea, Bourdieu postula que los agentes sociales siempre tienen una razn (raison pratique) que dirige, gua u orienta sus acciones y que transforma las conductas que aparentemente pudieran parecer arbitrarias en coherentes. A su entender, no existen los comportamientos enteramente gratuitos. Aun cuando las acciones puedan orientarse hacia objetivos no materiales, difcilmente cuantificables, tal y como sucede en las sociedades precapitalistas o tambin en la esfera cultural de las sociedades capitalistas, en la que se reclama la pureza del arte-, tales acciones se estaran planteando, de una u otra forma, alcanzar algn tipo de beneficio, aunque no sea de orden econmico.

Bourdieu define el concepto de capital simblico como cualquier propiedad (cualquier tipo de capital, fsico, econmico, cultural, social) cuando es percibida por agentes sociales cuyas categoras de percepcin son de tal naturaleza que les permite conocerla (distinguirla) y reconocerla, conferirle valor [1] .

A modo de ilustracin, me valgo de los argumentos del propio autor. En sus prolijos anlisis de la produccin cultural en concreto, del arte y de la literatura- advierte que en dicho campo coexisten al menos a partir del siglo XVIII-, dos lgicas figuradamente enfrentadas: en un extremo, se situara lo que se considera arte puro, en el que primara el desinters en forma de repudio de lo comercial y, por consiguiente, un rechazo del beneficio econmico (al menos a corto plazo); en el otro, se hallara la lgica econmica, en sentido genuino, de las industrias culturales, para quienes el arte, en realidad, no deja de ser una actividad comercial como cualquier otra. El reconocimiento de una obra por los agentes sociales esto es, su distincin y clasificacin como arte- es, precisamente, lo que le confiere valor (su precio de mercado, evidentemente, no lo determina el coste de los factores de produccin). Gracias a la acumulacin de prestigio, esto es, a la acumulacin de capital simblico que proporciona su reconocimiento social, el arte puro, que parece menospreciar lo comercial, puede reconvertirse en capital econmico.

Aun salvando las distancias, es plausible advertir ciertas semejanzas en lo que se refiere a la solidaridad y a la actuacin de las ONG. stas, como en el caso del arte, tambin aparecen como el eptome del desinters, del sacrificio que guarda toda su pureza. Su legitimidad, precisamente, descansa no ya en el contenido de sus actuaciones (en realidad, su aportacin a la disminucin de la pobreza, a mitigar el sufrimiento... es poco substancial), sino en la capacidad de representar y expresar un compromiso solidario; no tanto en la calidad de la praxis, como en una cualidad: el hipottico desinters que las empuja a actuar que les confiere reconocimiento social y que se traduce en capital simblico.

Igualmente, como en el caso del arte, pocos discutirn que las ONG se amparan en una doble verdad: por una parte, existe una verdad humanitaria, que les impulsa a enfrentarse a la pobreza y a los infortunios; y, por otra, una verdad econmica, que las induce a posicionarse en el mercado y adquirir en l los recursos indispensables que les permitan existir. El paradigma altruista y el econmico, pese a que aparentemente se refutan, constituyen un mismo tronco: lo atestigua insisto- la propia existencia de este mercado de la solidaridad un oxmoron con base real, en el que las mayores ONG son actores determinantes. Como advierte Bourdieu, el imperativo que impone la negacin de la economa no es ms que el producto de censuras cruzadas.

Opino que pese a que el discurso humanitario encubre y eufemiza las relaciones econmicas, que quedan transfiguradas por medio de la lgica del voluntariado y de la gratuidad, en realidad no deja de estar enteramente integrado en la economa de las prcticas que lo acompaan.

Creo que si se insiste tanto en la cuestin de la gratuidad de la donacin/del acto solidario es simplemente porque de ella depende la arquitectura de las relaciones entre las ONG, sus donantes (a quienes, en consonancia con el sentir de nuestro tiempo, no movera el sacrificio, sino lo que calificara como una vorgine festiva de buenos sentimientos) y los receptores finales de la ayuda; estos ltimos, a la postre, las ms de las veces invitados de piedra, son los que menos ganan.

Galizalivre.org.: Dices en tu artculo: En realidad, el xito de las ONG no es ms que la aceptacin de un fiasco (el discurso de los valores adquiere vigor correlativamente al agotamiento de los grandes proyectos polticos). Su legitimidad descansa no ya en el contenido de sus actuaciones, sino en la capacidad de representar y expresar su compromiso solidario; no tanto en la calidad de la praxis, como en una cualidad: el hipottico desinters que las empuja a actuar. Ests de acuerdo con Slavoj Zizek cuando dice que la defensa de la tolerancia multicultural, de gnero, etc. No es sino el abandono poltico de la esfera econmica, es decir, la despolitizacin de la economa?

Joan Picas.: Parece evidente que las ONG, como agentes sociales y como agentes de desarrollo en el llamado Tercer Mundo, han cobrado protagonismo a medida que el Estado del bienestar ha tendido a menguar y a medida que han fracasado los grandes planes y proyectos de desarrollo que gobiernos y agencias internacionales han estado impulsando desde el final de la II Guerra Mundial. Desde este punto de vista, el xito de las ONG sera el resultado de un cambio de rumbo que se explicara, cuando menos, por el fracaso del modelo precedente.

Sin embargo, la inclinacin a mostrar las ONG como paradigma de unas polticas de desarrollo o quehacer alternativos es prematura y, en cualquier caso, exagerada. Ciertamente, algunas ONG han llegado plantear y afrontar los problemas y algunas menos han obtenido resultados positivos. Pero dado el nmero tan elevado de organizaciones que han aparecido en escena, los casos de xito son escasos y no permiten ser optimistas. Por lo dems, la literatura especializada se recrea citando siempre unas pocas historias afortunadas (v. gr., el caso del Grameen Bank en Bangladesh), olvidando otros muchos ejemplos en absoluto equiparables. Por otra parte, basta observar que, desde una perspectiva histrica, existira una relacin directa entre el auge de las ONG y el deterioro de las condiciones de vida para una mayora.

Creo tambin que cabra relacionar el apogeo de las ONG con un segundo fiasco: el fracaso y descrdito de la accin poltica. La obra caritativa/asistencial ha sustituido la labor social del Estado y lo humanitario conlleva el riesgo de acabar prescindiendo de la poltica, de ocupar su lugar.

En realidad, el discurso de los valores permite desviar la atencin de las causas profundas de la pobreza y despolitizar los problemas as como las soluciones. El humanitarismo, ms que plantearse una tica de la justicia, se limita a poner en prctica una tica de la compasin que pienso que no deja de ser una tica de mnimos.

Segunda parte de la cuestin. Zizek apunta que la problemtica clasista de la explotacin de los trabajadores ha acabado arrinconada por la problemtica multiculturalista. Dado que parece que ya no nos est permitido imaginar la idea de una eventual cada del capitalismo ni cuestionar la homogeneidad del sistema, slo nos quedara dirigir nuestra mirada crtica hacia las diferencias culturales.

Pero en el multiculturalismo seala este autor- pervive, pese a la condescendencia y respeto, una visin eurocntrica y distante hacia las culturas locales. Se acepta la identidad del Otro, pero encuadrndolo en una comunidad autntica y cerrada hacia la cual se mantienen las distancias.

Para Zizek, el respeto multiculturalista por la especificidad del Otro sera precisamente el modo de reafirmar la propia superioridad: sera segn sus palabras- una forma de racismo negada [2] .

Abundando en estas ideas, creo interesante destacar las aportaciones tericas efectuadas desde el llamado pensamiento decolonial. Para Anbal Quijano, desde los orgenes del capitalismo mundial moderno, las gentes son clasificadas segn tres lneas diferentes, pero articuladas en una estructura global comn por la colonialidad del poder: trabajo, gnero y raza, convertidos en instrumentos de explotacin y dominacin. Las caractersticas diferenciables de cada individuo son resultado de esas relaciones de poder, sus seales y sus huellas [3] .

Galizalivre.org.: Bourdieu habla de una mano derecha del gobierno, compuesta por economistas y burcratas, y una mano izquierda, de profesores, trabajadores sociales, etc. La mano izquierda, realmente inoperante por las restricciones de la mano derecha, tan slo ofrece un lavado de cara al gobierno. Las ONG, irnicamente denominadas organizaciones notoriamente gubernamentales, estn asumiendo una funcin de mano izquierda del Estado? Su funcin ms importante es el lavado de cara (capital simblico para el Estado) o solucin real de problemas?

Joan Picas.: Cualquier intento de esbozar una definicin de lo que es una ONG resulta problemtico por la propia indefinicin de la denominacin y por las diversas singularidades a veces contrapuestas- que caben en ella. Junto a la supuesta independencia gubernamental, es fundamental resaltar el carcter no lucrativo (en el mundo anglosajn, el apelativo non profit organization en ocasiones se utiliza como un equivalente), que lo distingue de otras organizaciones que nacen de la iniciativa privada, como las empresas, cuya motivacin es la obtencin de beneficios econmicos. La falta de afn de lucro, unida al hecho de que no se arriesgue capital propio sino el de los donantes-, lleva a algunos a sugerir, en tono irnico, que las ONG pudieran ser vistas como empresas que no asumen riesgos o que, al menos, los transfieren a quienes pretenden ayudar con sus actuaciones.

Chascarrillos aparte, la progresiva implantacin social, en los ltimos aos, de las ONG, y su creciente visibilidad en la opinin pblica, no puede desvincularse del fenmeno de la paulatina consolidacin en nuestra sociedad de lo que se ha dado en llamar Tercer Sector. Como en el caso de las ONG, tambin resulta difcil improvisar una definicin del mismo. Aunque haya quienes lo identifiquen con lo que denominan sector voluntario, de hecho lo habitual es definirlo en trminos de exclusin: en efecto, se trata de un sector que no pertenece a la esfera de lo pblico ni depende de las administraciones pblicas, de lo que se deduce que nace de la iniciativa privada; y se trata de un sector no lucrativo (non-profit motivated), de lo que se infiere que el carcter voluntarista es a pesar de que la significativa profesionalizacin que est afectando a numerosas organizaciones pudiera desmentirlo- un elemento constitutivo.

Las razones que explican la eclosin de las ONG seran semejantes a las que daran cuenta de la extensin del Tercer Sector en general. Salvando las singularidades, no puede llegarse a entender su boom sin situar el hecho tal como se ha adelantado- en el marco de la crisis del Estado del bienestar (un constructo que es a la vez artificio y conquista social), que se manifiesta en la renuncia por parte de ste a garantizar el cumplimiento de las responsabilidades sociales que tena encomendadas y que le proporcionaban su legitimidad dejando a la poblacin a merced de las leyes del mercado- y, en el caso concreto del Tercer Mundo, en el marco de una simple desestatalizacin, con la consiguiente necesidad de buscar alternativas que cubran el vaco dejado.

Mucho se ha escrito acerca de la naturaleza de la crisis del Estado del bienestar. Aunque las ms de las veces es explicada, desde el pensamiento dominante, en trminos fiscales y productivistas (se repite que no pueden atenderse unos costes sociales que se juzgan desmedidos sin poner en peligro la economa productiva), tambin lo es en trminos ideolgicos y de legitimacin poltica, abogando la conveniencia del Estado mnimo. Para autores como Hirschman, el problema radica en que el propio Estado en buena medida se ha visto sobrepasado por las expectativas y demandas que su misma accin ha generado. Otros, a su vez, no pueden dejar de vincular la crisis del Estado del bienestar a toda una problemtica ms amplia que se inscribe en la esfera de lo que se ha dado en llamar la globalizacin, que convierte en cada vez ms irrelevante el papel de un Estado que cede su soberana: aunque la lgica del capital precisa ampliar los lmites de lo nacional y abarcar el conjunto del espacio mundial para la reproduccin del sistema, sin embargo es incapaz de superar la contradiccin entre la gestin de un espacio econmico mundializado y su gestin poltica y social.

El contexto en que aparecen las ONG o, al menos, en que emergen como fenmeno social y meditico, corresponde, as pues, al de un presente caracterizado por la globalizacin, por la desregulacin de la economa (el libre mercado aparece como nica referencia), por el ascenso de las desigualdades hasta un punto nunca visto en pocas histricas anteriores (que se manifiestan, como revelan los informes anuales del PNUD, en relacin al Tercer Mundo, pero tambin en la aparicin de un Cuarto Mundo en el interior de los pases industrializados) y por las problemticas emergentes (revolucin tecnolgica, medio ambiente, cuestiones de gnero...) y las nuevas demandas sociales que surgen y que exigen solucin.

Por otra parte, no puede olvidarse que las ONG no empezaron a tener el protagonismo internacional con que cuentan hoy en da hasta el momento en que el Banco Mundial decidi convocarlas, en 1982, para estudiar el papel que deberan desempear en el contexto de la poltica neoliberal que se iba a aplicar, a escala global, en los aos siguientes y que afectara a la mayor parte de los pases. Evidentemente, no son razones humanitarias o de ndole solidaria las que empujan al Banco Mundial o a otras instituciones multilaterales polticas o financieras, as como a gobiernos nacionales, a promover y a dotar de recursos a las ONG, sino ms bien la consideracin de que stas son un instrumento adecuado para desarrollar una labor asistencial que sirva para amortiguar el malestar social de la poblacin perjudicada por la implantacin de aquellas directrices econmicas. La eficacia supuestamente contrastada de estas organizaciones en movilizar recursos con rapidez y llegar a sectores de poblacin inaccesibles para el Estado, el alto ndice de motivacin del personal que trabaja en ellas, unido al coste reducido de sus actividades y el elevado grado de integracin en las comunidades en que desarrollan su labor, reafirmaran la impresin de que son particularmente aptas para estos menesteres y, especialmente, para canalizar la ayuda de emergencia.

En tal sentido, aun a pesar de los recortes paulatinos en los gastos sociales en las dos ltimas dcadas, paradjicamente ha aumentado el nmero de ONG y las subvenciones que reciben, as como su influencia social, blandiendo unos y otros el argumento que se presume incontestable aunque est por demostrar- de las ventajas comparativas de aqullas en relacin al Estado.

En contra de esa idea dominante, creo que no tenemos ninguna certeza de que la mayora de las ONG sean ms efectivas que el sector pblico, ni siquiera, aunque pueda resultar chocante, en la reduccin de costes. Por otra parte, en cualquier caso el Estado es por principio al menos en la teora- responsable ante los ciudadanos, mientras que las ONG slo estn obligadas a responder ante sus financiadores, que son quienes en ltima instancia determinan el tipo de intervencin. Esta dependencia aumenta su vulnerabilidad, llegando a generar un cierto tipo de autocensura que las lleva a obviar determinadas crticas polticas.

Pese a su amplia difusin, no quiero aqu dejar de mencionar los argumentos de Petras y Vieux. Destacan las ambigedades y contradicciones de la labor asistencial, que juzgan de complementaria de los programas de ajuste estructural. Advierten que las ONG y la cooperacin internacional en general contribuyen a la reproduccin del orden capitalista. Interpretan el apoyo que reciben de gobiernos y organismos internacionales como un intento de contener el conflicto social: suministrando a una parte de la poblacin que recibe las consecuencias negativas del ajuste una porcin de los recursos sustraidos (las ONG no aportan nuevos servicios, sino que en el mejor de los casos los reponen), se pretendera amortiguar eventuales convulsiones sociales y disminuir el potencial de aquellos movimientos que desafen el sistema [4] .

A modo de corolario, la mayora de las ONG y cito de nuevo palabras de Petras entresacadas de un recorte de peridico- no seran ms que auxiliares de gobiernos, que serviran para la despolitizacin de la lucha y aplicar soluciones superficiales a grupos limitados, todo ello a costa de posibles transformaciones sociales [5] .

Galizalivre.org.: Es tentador, y necesario para descubrir los propios lmites de la sinceridad y la actuacin, llevar las teoras de la economa simblica al campo de la militancia poltica. A veces tan crtica con las ONG, en el fondo tambin est sujeta a problemas similares. Le cito a Argia Landariz: La lucha poltica es un factor que dota de una identidad social en la que se reconocer. En este sentido, ser de izquierdas, anarquista, ecologista, etc., otorga un factor que puede desvirtuar la lucha, ya que es fcil que no genere autenticidad, es decir, que no haya una asuncin profunda y responsable del compromiso. As, puede derivar en una cuestin meramente esttica, simblica y ritual, una bsqueda de un entorno afectivo, relacional y de prestigio, pero que no suponga una gran implicacin vital o riesgos personales. Es necesario un Los lmites del compromiso. La militancia y el mercado de bienes simblicos?

Joan Picas.: Comparto el sentido de las palabras citadas. Supongo, asimismo, que pueden hallarse ciertos paralelismos entre solidaridad y militancia, entre los motivos que conducen a una u otra. Por otra parte, creo que cada vez es ms difcil referirse a trminos como autenticidad y compromiso sin tener en cuenta la modificacin producida en nuestro tiempo del marco de las percepciones, hbitos, valores y creencias que hasta hoy nos servan para hablar de moral. En nuestra sociedad, que algunos autores definen como del postdeber, la solidaridad, como la conciencia (o como la militancia) son pura contingencia. Es posible hablar de una crisis de la tica? Sin embargo, opino que, ms all de todo ello, tambin existe una crisis de la militancia que es de otra dimensin. No deseo extenderme en un tema tratado profusamente, pero creo que la evidente crisis del compromiso poltico de nuestros das va paralela como he apuntado- a un descrdito de la poltica en general que no slo afecta a los partidos y sindicatos, sino a una cierta forma de institucin de lo social que pivota alrededor de un eje: el Estado. La emergencia de nuevos actores, tales como movimientos sociales, asociaciones, ONG, sin duda responde al cambio de rumbo en nuestros valores, pero cabe insistir en que no puede desvincularse de esta crisis de la poltica.

Galizalivre.org.:
Ojal los movimientos sociales y las ciencias sociales tengan ms puntos de conexin y encuentro. Comenta lo que t quieras.

Joan Picas.: En relacin a tu comentario, deseo sealar lo siguiente. Queremos, con razn, cambiar de sociedad, ya que est trufada de injusticias... Sin embargo, para llevar a cabo tan ingente tarea, tal vez sea necesario cambiar previamente las herramientas que utilizamos para analizar la sociedad; an ms, creo que no basta ya con concebir las ciencias sociales desde otro prisma, sino tambin que es preciso modificar la propia nocin de sociedad manejada desde las ciencias sociales al uso. Bruno Latour acierta a ver que existe una tensin cada vez mayor entre practicar la sociologa, pensar la poltica y creer en la idea de sociedad. Habitualmente el pensamiento social presupone que la accin sirve para producir ser (o para dar sentido). La idea de lo social se define a travs de la sombra que proyectan otras actividades (tales como la economa, la ciencia, el derecho...) y la labor del socilogo se limita a producir las correspondientes explicaciones sociales. Sin embargo, alternativamente, sera bastante ms fructfero pensar lo social y es difcil resumir el pensamiento de Latour en unas pocas palabras- en trminos de asociacin con otros elementos en constante modificacin; como una construccin reticular, con mltiples tramas, compuesta por materiales diversos cuya principal particularidad es, precisamente, su heterogeneidad. Desde esta ltima perspectiva, la accin no sera el ejercicio de la posibilidad de hacer, ni el resultado o consecuencia de este hacer, ni obedecera a una voluntad instrumental; en su lugar, se presentara como una forma de mediacin: sera el ejercicio de estar entre, de ocupar la posicin de en medio. Entender lo social no ya como un dominio especial de realidad, sino como principio de conexin, abrira nuevos campos de estudio; permitira, por ejemplo, indagar mejor las interacciones entre los seres humanos, el mundo natural, el complejo tecnocientfico...; esto es, posibilitara descubrir nuevas articulaciones que den forma a un nosotros a la vez compartido por agentes humanos y no-humanos, todos ellos portadores de significado... En suma, dara mayor luz a las relaciones que involucran en una misma trama a elementos aparentemente tan distintos como la caresta, las innovaciones cientficas, el subdesarrollo, las catstrofes naturales, el hambre... y tantos otros. Creo que el cambio en los axiomas sociolgicos que propongo tiene claras repercusiones polticas. Comparto la idea de que el concepto de sociedad, tal como actualmente se maneja, se ha convertido en el principal enemigo de todo pensamiento poltico... [6]

Entrevista original (en gallego), disponible en: http://www.galizalivre.org/index.php?option=com_content&task=view&id=1440&Itemid=47&mosmsg=Voc%EA+j%E1+votou+nesta+enquete%21 Joan Picas es es autor del trabajo Los lmites de la solidaridad. Las ONG y el mercado de los bienes simblicos.

[1] Bourdieu, P. (1994) Razones prcticas: sobre la teora de la accin. Anagrama, Barcelona, 1997. p. 108.

[2] Vase Zizek, S. (1998) Multiculturalismo, o la lgica cultural del capitalismo multinacional, en Jameson, F. y S. Zizek, Estudios culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo. Paids, Buenos Aires, 2005. pp. 137-187.

[3] Vase Quijano, A. (2007) Colonialidad del poder y clasificacin social, en Castro-Gmez, S. y R. Grosfoguel (eds.) El giro decolonial. Reflexiones para una diversidad epistmica ms all del capitalismo global. Siglo del Hombre Editores, Bogot. pp. 93-126.

[4] Vase Petras, J. y S. Vieux (1995) Hagan juego! Icaria, Barcelona.

[5] Entrevista en Rojo y Negro, junio 1997. p. 13.

[6] Vase Latour, B. (2005) Re-assembling the Social: An Introduction to Actor-Network Theory. Oxford University Press, Oxford y Picas Contreras, J. (2007) Naturaleza, tecnociencia y desarrollo (sostenible?): redes heterogneas y actantes, Intersticios, vol. 2 (2), 1998. pp. 25-35.



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