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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-11-2008

El creacionismo que viene

M. Garca Vi
Rebelin


En un momento en que los ateos empiezan a dejar de creerse unos proscritos y se lanzan al ataque (como muchos lectores sabrn, a principios del prximo ao, autobuses de Londres y de Washington llevarn en sus laterales propaganda de la inexistencia de Dios), en Espaa, sobre todo en el diario ABC, algunos se han lanzado a la defensa del creacionismo, esto es, de la doctrina, hasta ahora agazapada en las cavernas estadounidenses, que afirma la intervencin de un ser sobrenatural en el origen de la vida. En portavoz del movimiento antievolucionista se ha erigido el escritor y columnista de dicho peridico Juan Manuel de Prada.

De Prada es, sin duda, y no slo por esto, de entre todos los escritores espaoles vivos --buenos, regulares o malos--, el que sostiene ideas ms reaccionarias: la existencia de lo sobrenatural, la monarqua, el derechismo poltico, la moral burguesa, el neoliberalismo econmico Para hacerlo, a veces, comete errores de bulto, como es no distinguir una ley cientfica de una opinin o de una fbula.

No hace mucho, se ha encontrado una carta de Albert Einstein, el ms grande fsico, con Newton, de todos los tiempos, en la que afirmaba su atesmo y sostena que la Biblia no es sino un conjunto de cuentos para nios. De Prada pretende apoyarse en esas fbulas para atacar una de las teoras ms geniales, si no la ms, que ha concebido un hombre, y cuya certeza est avalada por la comunidad cientfica en pleno y en pruebas experimentales. Teora, repito, no "idea heredada", como l escribe. Ello debera llevarle a admitir, pero no le lleva, aquello de que Roma locuta, causa finita, siendo aqu Roma el conjunto de los expertos bilogos, antroplogos, paleontlogos, arquelogos, etc. Para m, que hasta Teilhard de Chardn implica en su teora, de cierto matiz desta, los asertos de Darwin. Pero los fidestas no quieren aprender a diferenciar los "dioses" de la ciencia o de la filosofa, del primer motor de Aristteles y Toms de Aquino ni, mucho menos, del Dios de las religiones, se que hace milagros contra las leyes de la Ciencia y se relaciona personalmente con los seres humanos de unas maneras que a veces resultan ridculas. El Dios imponente, infinitamente todo, por ejemplo, se preocupa por un dolor de muelas, un examen, o por si un adolescente se masturba.

Har una afirmacin rotunda que ayude a ponerse en situacin a quien se alinee con De Prada: negar, a estas alturas de los conocimientos cientficos, el evolucionismo, es tan disparatado como negar el heliocentrismo del sistema solar o la Ley de la gravedad. Y este hombre lo niega sin dominar el tema, y se opone, l solito, desde su columna, a uno de los dos o tres ms grandes genios de la historia de la humanidad y a la legin de cientficos que lo han seguido, desde Alfred Russell Wallace hasta Richard Dawkins. Para colmo -increble!-, apoyndose en Eduardo Punset, un divulgador, que a saber si ha afirmado lo que l dice me extraara--, y en Chesterton, un gran escritor, pero absolutamente lego en la materia. Se trata de la osada de la ignorancia.

Desde esa misma osada, seala lagunas que, segn habr ledo en alguna parte, hoy se pueden sealar al primer darwinismo, lo cual no es sino otra manera de engaar a lectores poco preparados. Hoy en da no hay ningn cientfico que piense que la teora de la evolucin por seleccin natural, tal como la enunci Darwin, lo explique todo, ni mucho menos. Pero s hay bastantes que defienden la Teora Sinttica de la Evolucin, que es algo as como un neodarwinismo, es decir, una teora de la evolucin por seleccin natural a la que se han ido agregando los avances en biologa y paleontologa de todo el siglo XX. Aunque tambin los hay que cuestionan totalmente el papel de la seleccin natural en la evolucin. Lo que no cuestiona ninguno es el hecho de la evolucin, y es que existe una abrumadora cantidad de evidencias a su favor.

Cunto dao puede hacer una persona como sta! que, sin argumentos, sin razonar, se dedica a "tranquilizar", desde una postura de derecha extrema, a los que sestean, sobre sus nulos conocimientos, en "la fe de sus mayores", arrullados por ignorantes de una difcil materia, como De Prada. Como De Prada que, de manera vergonzante, habla de la intervencin del misterio donde "debera hablar" de la intervencin de Dios. Y es que, hasta a l, le debe de resulta poco serio o anacrnico hacerlo.

La verdad del evolucionismo est contrastada, probada, como he dicho. La comunidad cientfica en pleno la ha respaldado, lo cual, segn la ley de Weber-Feschner, equivale a un certificado de veracidad. Es decir, la afirmacin del origen de las especies por evolucin, sea mediante seleccin natural sea mediante otro mecanismo, no admite dudas O es que el creacionista piensa que dudar desde una simple creencia puede ser llamado, siquiera, duda? La razn, no ninguna fe, es la que principalmente nos hace sapiens-sapiens.

Yendo al terreno del autor con quien "discuto", que quiz conozca mejor que l, recordar que hay una encclica de Pio XII, Divino Aflante Spritu (1942), en la que defina los once primeros captulos del Gnesis como histricos, encomendando a los cientficos creyentes la tarea de demostrar su verdad. Resulta curioso recordar que, precisamente durante el pontificado del propio Alejandro Pacelli, fueran grandemente impulsados los estudios de los gneros literarios en las Escrituras. Pues bien, de estos estudios, se desprende muy claramente el carcter de fbula, mito o leyenda nunca de historia- de esos captulos. Tanto la cosmogona que expresan, como el relato del pecado (prometeico) de Adn, conservan adems ecos de religiones mediterrneas ms antiguas, pues est probado por los especialistas tambin por algunos especialistas cristianos-- que el cristianismo es un sincretismo de ellas. Tendra que no olvidar la gente de fe, que, desde Reimarus, mediados del siglo XVIII, esto es, desde que se empezaron a tratar filolgicamente los libros sagrados del cristianismo, como se haban tratado desde siempre los escritos de otras religiones u otras filosofas, aqullos han resultado extraordinariamente vulnerables a la crtica racional. Es muy elemental y fcil de comprender: la demostracin racional prueba, sin la menor sombra de duda, que aquello, lo que sea, fue as. Que alguien, o millones de personas, diga: yo creo firmemente que fue de otra manera no demuestra absolutamente nada. Y nada hay que demuestre la existencia de Dios. En este sentido, son los que la afirman a quienes corresponde la prueba. Quienes negamos no tenemos por qu probar nada. Como ya decan los megricos, en principio, toda negacin es verdadera.

Tanto la constitucin Nostra Aetate, del Concilio Vaticano II, como el reciente Catecismo de la Iglesia Catlica, aseguran que la Biblia es palabra de Dios; o sea precisan-- que es como si tuvieran a Dios por autor. A m, ante esto, se me ocurren dos observaciones: Primera, que para ser obra de Dios, no slo contienen demasiadas contradicciones e incongruencias, sino que, sobre todo en el Antiguo Testamento, prescriben y bendicen autnticas infamias. En segundo lugar, que, para ser obras de Dios, no se ve que sean superiores a obras de hombres como el Zend Avesta, el Tao Te King, los Upasnishads, el Mahabarata, el Talmud, El Corn o algunos documentos cristianos extracannicos, es decir, no considerados insprados, como El Pastor de Hermas, Taciano o las Cartas Clementinas. Ni, por supuesto, al As habl Zarathustra, de Nietzsche.

Que "a mi no me sirva", como dice De Prada, el evolucionismo para explicar la aparicin de la inteligencia y, con ella, el desarrollo de la facultad para la creacin artstica es cuestin de su imposibilidad para comprenderlo, dado el inmenso peso de una determinada cultura que le asfixia, no de la teora. En todo caso, que mediten los creacionistas sobre el hecho de que la Iglesia no se ha atrevido a condenar el evolucionismo, totalmente opuesto a sus doctrinas sobre el origen del hombre, a pesar de haber tenido siglo y medio para hacerlo.

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