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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-12-2008

Gnter Wallraff ha diseccionado, de forma encubierta, la Alemania oculta en cientos de reportajes
Periodismo para desenmascarar la injusticia

Blanche Petrich y Alma Muoz
La Jornada


I Parte

Un hombre se encadena en un poste de luz en el centro de Atenas para protestar por los presos polticos, la falta de libertades, los atropellos del gobierno. Es 10 de mayo de 1974, plena dictadura de la junta militar fascista griega. En cuestin de minutos aparece la polica y lo apresa. Lo torturan. El hombre haba tomado medicamentos para soportar lo ms posible el dolor. Cuando los verdugos empiezan a arrancarle la primera ua de un pie habla. Confiesa que se llama Hans Wallraff y que se solidariza con la oposicin antifascista. Es encarcelado.

Las autoridades no sospechan siquiera que han metido a sus calabozos a un reportero encubierto. Su primer nombre, en realidad, es Gnter. Amigo de exiliados griegos en Alemania, el periodista indeseable formaba parte del Comit de Solidaridad con los disidentes helenos y haba descubierto la colaboracin secreta del gobierno alemn con la junta castrense en Atenas.

Empieza el juicio en su contra. Enfrenta una condena de al menos dos aos. En su comparecencia ante los jueces todos militares los insulta: prostitutos de la CIA que tienen ms tanques que cerebro, dinosaurios en uniforme, les dice. Los saca de sus casillas. Despus logra hacer llegar al extranjero, clandestinamente, las transcripciones del juicio que se transmiten, ntegras, por la BBC de Londres y la Deutsche Welle. El gobierno le reduce la sentencia a 14 meses; tiene prisa en expulsar a Wallraff de Grecia.

El resultado de esta accin es el documental El fascismo de al lado, golpe maysculo para la dictadura, socia de las democracias de la OTAN.

Como un moderno Till Eulenspiegel popular bufn de la literatura medieval germana que se burlaba y sacaba al sol los trapos sucios de la aristocracia, el periodista encubierto se ha inventado decenas de personajes como stos y ha lanzado decenas de acciones de wallraffeo, verbo que ha sido incorporado al diccionario alemn. Estudia largamente su rostro y el papel que va a asumir. Crea cuidadosamente su leyenda. Se maquilla y se prueba decenas de pelucas y anteojos, se mete en el rol, como un actor consumado. S que ya estoy dentro de mi papel cuando empiezo a soar con ese otro yo. Generalmente son pesadillas de que descubren mi verdadera identidad antes de tiempo.

Su tema central es la injusticia. Su obsesin, quitarle la mscara a la hipocresa del sistema laboral alemn. La Constitucin alemana explica tiene una orientacin muy humanista, siendo el pas donde se cometi el peor crimen contra la humanidad. El primer artculo establece que la dignidad del hombre es intocable. Pero en la realidad, hay dos Alemanias.

La oculta, la de abajo, ha sido diseccionada en centenares de reportajes bajo su firma. Cabeza de turco, como se conoce en espaol su experiencia como obrero turco en el complejo automotriz de Thyssen (Ganz Unten, hasta abajo, es su nombre en alemn) y El periodista indeseable son los nicos libros suyos que circulan en Mxico.

Cada rol, cada nuevo engao a la clase patronal, ha generado un reportaje de implacable denuncia, uno y varios libros, documentales y prximamente una pelcula. Inevitablemente, tambin provoca largas, costosas y tediosas sesiones frente a los jueces.

Titulares a modo

En algn lugar de Alemania, una mujer se suicida. El tabloide sensacionalista Bild Zeitung se solaza con la historia: Por una depresin primaveral, afanadora se mata con su propio martillo. Su marido, acosado por las burlas de sus vecinos y la hostilidad de la familia de su mujer, que considera que la ridiculiz pblicamente, tambin se suicida. Cmo reporte Bild esta historia? Pues enviando a sus reporteros, disfrazados de policas, a interrogar a los familiares.

Desde la redaccin, alguien descubre cmo el drama de la mujer es distorsionado en la mesa de redaccin para ajustarlo a un titular ms llamativo. En realidad, la mujer se haba ahorcado, vctima de una crisis depresiva.

Como esta, decenas de historias falseadas destruyen vidas y reputaciones de los ciudadanos. Pero Bild vende ms de un milln de ejemplares cada semana. Hasta que un da, sin saberlo, mete al enemigo en casa. Contrata a un reportero con un nombre falso, que adems de cumplir rdenes tramposas y sucias de su editor, investiga las entraas de esta publicacin. Al cabo de un ao, sale a la luz pblica El titular. Autor: Gnter Wallraff.

Se inici uno de los juicios legales ms prolongados y escandalosos por difamacin, usurpacin de identidad, allanamiento de morada y varios cargos ms. Wallraff debe pagar miles de euros para sostener su alegato legal: que la casa Springer Presse, que publica el diario, comete asesinato moral.

Diez aos despus publica otro libro ms: El manual de Bild. Las nuevas denuncias superan al libro anterior, ya que a lo largo del proceso, recibe decenas de cartas de personas que han padecido el manejo amarillista de la revista. Cuando gana el juicio, Wallraff financia a varias vctimas de difamacin en otras tantas demandas legales. El libro va en su undcima edicin y cada versin contiene nuevas denuncias.

Porque este es uno de sus principios: dar seguimiento en sus casos; ser un actor y partcipe de las crisis que provoca hasta las ltimas consecuencias.

Engaar a cambio de un salario

Una maana cualquiera, Michael G. llega a su trabajo, el call center ZIU Institut, en una torre de oficinas en Colonia. Ha recibido un intensivo entrenamiento por parte de siclogos que le han enseado cmo engaar con xito: hablar sin parar, someter al cliente potencial a una tormenta de ideas con cortes rpidos de un tema a otro para impedirle pensar con claridad. Jams pedir datos de manera directa. Ejemplo: nunca diga me da el nmero de su cuenta bancaria? En su lugar diga: Bien, ahora vamos a tomar sus datos. Poco a poco la vctima se ve envuelta en el engao. Puede ser que del otro lado de la lnea est un jubilado a punto de comprometer todo lo que le queda de fondos para terminar su vida. No importa. Se le paga por nmero de clientes engaados.

Menos mal que Michael G., que en realidad es Wallraff, apunta los nmeros de sus vctimas y por la noche, desde su casa, les vuelve a llamar para aconsejarles cmo retractarse de las compras intiles y contratos abusivos. Cuando sale el documental, ZIU lo demanda por usurpacin de funciones y personalidad. l se declara culpable. En medio del escndalo transcurre el juicio. La oficina del consumidor lo declara un caso no grave. El dueo de la empresa reconoce: S, mi negocio se basa en el engao. Pero otros engaan ms que yo. Finalmente, pierde y tiene que pagar una multa de 750 mil dlares. Se le ordena cerrar el call center. Se va de Colonia pero se instala en Turqua, Espaa, Holanda y la India. Desde ah sigue vendiendo mentiras.

El periodista encubierto revela que los empleados de este tipo de compaas, en su mayora estudiantes que as pagan sus carreras, no soportan la presin de la mala conciencia y que 80 por ciento abandona el empleo antes de ao y medio con sndrome de burn out (desgaste) o adiccin a alguna droga.

Napalm y los buenos catlicos

Durante los aos de la guerra en Vietnam, un fabricante de sustancias qumicas Wallraff, naturalmente recibe una oferta, un contrato muy jugoso (falso) a cambio de fabricar napalm para subcontratistas del ejrcito estadunidense. El hombre es muy catlico y entra en conflicto. Para lavar su conciencia, consulta con varios clrigos y telogos, gente de la alta jerarqua, incluso funcionarios del Vaticano. Todos excepto dos le aconsejan firmar el contrato. Uno de ellos alega: Mire, mi obispado tiene grandes viedos. Qu culpa tenemos nosotros si el vino de esas uvas lo venden y beben las prostitutas en los bares de mala muerte?. Otro asegura que el napalm ayudar a acortar la guerra. Lo malo, claro, es que entre los vietnamitas hay algunos buenos catlicos. Bueno, pero ya llevaremos obras de caridad a esa gente, con sus donaciones, por supuesto. Solamente un joven capelln de Francfort y un telogo suizo le dijeron: No lo haga, es un crimen.

II Parte

De la mejor tradicin del periodismo germano, Gnther Wallraff es, ante todo, un incansable narrador de historias. En un taller de periodismo ofrecido durante esta su primera visita a Mxico, engarza una tras otra sus acciones como periodista encubierto. Esta es una de las ms increbles.

Se la debe, dice, a un pastor alemn. Data de los das posteriores a la revolucin de los claveles (1975), en Portugal. Haba escuchado que un grupo de militares del viejo rgimen organizaba una contrarrevolucin en el norte del pas. Y hacia all se fue con una amiga. Entraron a un bar donde se reunan los fascistas. En la barra haba un hombre con un perro echado a sus pies. La amiga se acerc a hacerle pltica al dueo del can, quien result ser un activista de la ultraderecha. Ellos se presentaron como partidarios del bvaro Franz Josef Strauss, sin saber que en esos das el viejo partido nazi alemn apoyaba la conspiracin contra la revolucin portuguesa. El activista contrarrevolucionario se trag el embuste y se abri. Con l viajaron a las montaas del norte y visitaron los campamentos de conspiradores.

Ya de regreso a Alemania, Wallraff recibi una llamada inesperada. Su contacto portugus le anunci la llegada del general Walter. A toda prisa, el reportero indeseable arm su grupo de ultraderecha con un conjunto de amigos. Cuando fueron al aeropuerto a recibir al conspirador portugus, su sorpresa fue mayscula: el tal Walter era nada menos que el general Antnio de Spnola, alto militar de la dictadura salazarista. Iba a Alemania a comprar armas para la sublevacin. Durante las falsas negociaciones que escenificaron Wallraff y sus amigos, obtuvieron una detallada lista de objetivos terroristas, participantes en el complot y, efectivamente, la confirmacin de la participacin de Strauss en el plan. El libro La revelacin de la conspiracin portuguesa fue un escndalo poltico mayor. El primer ministro Willy Brandt responsabiliz a Strauss. Suiza encarcel a De Spnola, y Wallraff sum un bestseller ms a su lista en 1976.

Subgnero literario

En la clasificacin de los germanos, los gneros literarios no se dividen en textos de ficcin o no. Catalogan lo que llaman alta literatura y subgneros literarios. Y el trabajo documental de Wallraff lo ubican en este ltimo.

S dice el periodista indeseable, vengo de la tradicin narrativa germana. Ms all de wallraffear (personificacin, enmascaramiento o encubrimiento para penetrar en mbitos hostiles), lo que me importa es contar historias. Al sentarme a escribir, mi desafo es dominar el arte de la accin. Tengo que ser un investigador riguroso, reunir datos y pruebas documentales de todo lo que quiero denunciar y sacar a la luz. Es indispensable, porque s que despus tendr que enfrentarme ante los tribunales a mis acusadores, quienes tratan de desmentirme y destruirme. Pero la documentacin rigurosa no impide que vuelque mis sentimientos, emociones y opiniones en los escritos. Y cuando termino, no me lavo las manos y me voy. Me quedo a ver qu pasa.

Sigue explica un precepto de Bertold Brecht; las historias deben tener impacto en la realidad. Es como jugar ajedrez: hay que provocar al enemigo, obligar al malvado a salir de su madriguera para exponerlo. La diferencia es que esto es mucho ms que un juego. Hay consecuencias y costos que pagar.

En su caso, el costo son las mltiples demandas penales y las campaas de linchamiento que ha tenido que enfrentar. A menudo la prensa comercial ha colaborado alegremente en la difamacin del autor. Como el titular que publicaron los peridicos de la editora Axel Springler su archienemiga en 2003: Wallraff colabor con la Stasi, la polica secreta del rgimen comunista de la Alemania Democrtica (RDA). Se trataba de expedientes desclasificados que, antes de ser entregados al comunicador afectado o a las autoridades correspondientes, fueron filtrados a la prensa. Wallraff tuvo que librar una larga batalla legal para obtener copias de los expedientes para elaborar su defensa.

Finalmente pudo demostrar ante los jueces que nunca colabor con ese aparato represivo, sino que, por el contrario, haba intentado investigar del otro lado del muro los archivos que contenan pruebas sobre polticos nazis con cargos polticos en la Repblica Federal Alemana y la situacin de los presos polticos en la RDA, por lo que l haba sido vctima de espionaje y censura.

Todo ello sin dejar de reconocer que considera vivo y vigente el pensamiento de Karl Marx, aun a la luz del mundo actual. Le su obra muy joven y creo que sus anlisis son muy lcidos, aunque no comparto sus profecas por esquemticas. Me alej de las modas de los izquierdistas de mi generacin y siempre he pensado que si Marx viviera, hubiera condenado las atrocidades que se cometieron en su nombre.

En otra poca se sinti ms cerca de la socialdemocracia alemana. Porque Willy Brandt fue un poltico excepcional; ningn otro gobernante ha estado a su altura. Lamentablemente, el Partido Social Demcrata cort las races de esa tradicin. Basta ver lo que hoy da es Gerhard Schroeder, el ex primer ministro, socio de Vladimir Putin en la empresa de Gazprom! Medio raro, no?

El siquitrico desde adentro

Un da, una mujer llama a la polica para denunciar que su marido, un alcohlico violento, la va a agredir, y pide que el hombre sea encerrado. Al poco tiempo llega la ambulancia y se lo lleva al hospital siquitrico. El paciente es Wallraff, quien desea conocer la dura realidad de los manicomios desde adentro. La mujer, su esposa, cmplice en la nueva accin wallraffeana.

Nunca imagin qu tan dura sera su vida en los meses siguientes, evitando tomar los sedantes, compartiendo la sordidez con todo tipo de enfermos mentales graves y no tanto en manos de mdicos insensibles y enfermeros sin capacitacin. Fue tan intensa la experiencia, que el reportero cay en una fase depresiva real. Cuando su esposa lo quiso rescatar ya no lo dejaban partir, pues en efecto haba enfermado.

Hoy Wallraff se re: recomendara a quien quisiera hacer algo parecido que antes vaya a firmar un acta ante notario que certifique que est sano.

Wallraff ha sido monje en un convento de Baviera, alcohlico en un siquitrico, inmigrante del sur en el norte racista, traficante de indocumentados, fabricante de armas, peregrino en Nicaragua, preso poltico en Grecia, obrero en media docena de fbricas, portero y chofer. No ha conseguido todo lo que ha deseado. Quiso ser negro en Soweto, pero fue disuadido. Quiso entrar al partido nazi, pero fue rechazado. Lo descubrieron antes de tiempo. Tambin se quiso emplear en la IBM. No lo aceptaron. Hoy, a sus 66 aos, sigue probndose disfraces, realizando deportes extremos, defendiendo siempre a los ms dbiles, alrgico a la high society. Ahora tiene a Mxico en la mira. Quiere involucrarse en la proteccin del gremio, acorralado por las guerras del crimen organizado.

Porque Wallraff cree a pie juntillas en un dicho de Bertold Brecht: el crimen tiene nombre y direccin.



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