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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-12-2008

24 horas con los enemigos de la "manipulacion de la memoria histrica"
Sin vergenza

Scott Boehm
Rebelin


El mes pasado tuve mi primer encuentro con la ultraderecha de Espaa. Aunque estudi la particular versin del fascismo espaol en libros acadmicos y a travs de imagenes documentales, nunca antes me haba acercado a una manifestacin suya, ni haba visto brazos en alto en carne viva. Suelo de estar bastante lejos de ellos. Sin embargo, tena ganas de observar los sucesos del primer 20-N despus de la aprobacin de la Ley de la Memoria Histrica que prohbe los smbolos fascistas en el Valle de los Cados. As que sin dar demasiadas vueltas, me cort el pelo, super mi miedo y pas 24 horas con los enemigos de la "manipulacion de la memoria histrica" y de los "payasos cmo Garzn que pretenden de juzgar a cadveres".

Nada ms llegar a las puertas del Monumento Nacional de Santa Cruz del Valle de los Cados en un autobs de la Fundacin Francisco Franco, queda claro que el artculo 16 de la Ley de la Memoria Histrica no es nada popular con la gente que me rodean. Algunos viejos insultan al guardia civil que se registra el autobs en busca de smbolos franquistas. Cuando el "desgraciado" desaparece, las mujeres, indignadas, vuelven a colocar sus insignias ilegales en sus chaquetas de invierno.

En el monstruoso patio de un monumento grotesco se izan un par de banderas con la guila negra volando por encima de las cabezas en alto. Gritos espontaneos de "Arriba Espaa!" alimentan el fro viento que sopla desde un pasado violento nunca juzgado. Un aire cargada de odio, pero tambin de sorberbio. Cuando la Guardia Civil intenta de quitar las banderas, tienen que retirarse enseguida por el enjambre de enojados que corren para enfrentarse con ellos. Dentro de la Baslica, cuatro guardias de La Falange erguidos al lado de la tumba de su sagrado fundador. Padres e hijos se acercan para dar el saludo fascista frente al altar antes de sentarse en los bancos rebosantes de convicciones antiguas, pero vivas, muy vivas.

Por la noche, mientras ando al lado de un jeep militar que lleva algunos falangistas fumando puros con guantes del cuero negro en pleno centro de Madrid, me doy cuenta que esta gente no tienen ningn sentido de vergenza de ser fascista en la actual sociedad espaola. Es ms, tengo la impresin de que ellos piensan que son los dueos legtimos del pas, treinta y tres aos despus de que muri Franco.

Es fcil decir que la ultraderecha son slo cuatro malditos gatos con ocho vidas gastadas. Ms difcil es aceptar que muchos ms compartan sus pensamientos si no su vestuario anacrnico. Por ejemplo, un hombre de poco ms de cuarenta aos paseando por una acera de Argelles que se para y leventa su brazo cuando se cruza con las filas de camisas azules. Y otro grita, "Me trais recuerdos de ms das de Fuerza Nueva!". O una mujer en un balcn de un tercer piso saludando a los guapos abajo. O los conductores de mltiples coches que pitan para dar nimo a los peregrinos en camino al Valle de los Cados para dejar una corona a la memoria del gran Ausente.

En la Plaza de Oriente, tengo otro encuentro con la asombrosa falta de vergenza que tienen los fascistas. Con Blas Piar sentado tranquilamente en el escenario, hay un fervor entre las masas que no pueden contener sus ganas de gritar "Viva Franco!" Cuando la concentracin termina cantando "Cara al Sol" estoy sacando fotos de gente con sus brazos muy en alto. A traves del visor de la cmara puedo ver a una mujer que me esta haciendo un gesto con su nico brazo libre. Quiere que le saque una foto. Lo hago. Sonre. Est contenta. Yo tengo ganas de llorar.

Segn Jacques Lacan, el psicoanalista francs, la vergenza est directamente vinculada a la tica del sujeto. Es as porque el sentido de vergenza surge de un contexto social. Por lo tanto, la falta de vergenza mostrada por los defensores del franquismo hoy en da es el resultado de una sociedad en que los verdugos del rgimen nunca se han hecho responsables de sus crmenes como, por ejemplo, en Alemania. Como consequencia, en Alemania est prohbido organizar actos fascistas o llevar smbolos Nazis, pero en cambio en Espaa se pueden hacer las dos cosas sin sentir ninguna vergenza. Una situacion excepcional de impunidad que requiere que se juzgan a los culpables antes de que todos se mueren en la cama.

Slo la intervencin de justicia, basada en conceptos bsicos de los derechos humanos, puede cambiar un contexto social en que los cmplices de crimenes de lesa humanidad pueden manifestarse con orgullo mientras que sus vctimas tienen que andar por las calles con miedo todava. Lamentablamente esto es la realidad vergonzosa de una democracia sin vergenza.

Scott Boehm es Socio del Centro de los Derechos Humanos de Berkeley y Investigador del Archivo Audiovisual de la Guerra Civil Espaola y la Represin Franquista de la Universidad de California, San Diego.


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