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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-12-2008

Decenas de estudiantes son expedientados y podrían ser expulsados de la Universidad Autónoma de Barcelona
Eficiencia y represión política

L. Duarte
Rebelión


La restricción de libertades políticas es un hecho visible sólo para quienes las ejercemos. Olvidamos que las fórmulas represivas casi siempre han contado con la aceptación, pasiva o activa, de una mayoría. Es la "mayoría silenciosa", o castrada, que trabaja y estudia responsablemente, mientras unos pocos, resentidos y sociopáticos, se enfangan, por aburrimiento o inconsciencia, en una lucha prototerrorista que amenaza el estilo de vida de los primeros. Ya lo dijo J. M. Aznar: él, durante el franquismo, se dedicaba a estudiar. A prepararse para el futuro, que bastante tenía con eso. Para defender el derecho de J. M. Aznar a preparar su futuro como burócrata había otros jóvenes muy dispuestos: policías y milicias paramilitares (guerrilleros de Cristo Rey, etc.), que repartían jarabe de porra entre los enfermos de la disidencia política.

Cuento esto porque varias decenas de compañeros han sido expedientados y podrían ser expulsados de la Universidad Autónoma de Barcelona por ocupar ilegalmente el rectorado. El objetivo de la protesta era evitar que el extremo de la racionalización mercantil se aplique en el ámbito semiautónomo de la Universidad y sus planes de estudio. Traduzco: para que la vida no sea sólo estudiar y trabajar. Para que nuestra vida no esté del todo en manos de Repsol y Endesa. Para que la tasa de producción de individuos como Aznar, obcecados con una salida individual y la competencia hobbesiana, no alcance a un ciento por ciento del alumnado. Es el principio de eficiencia, base teórica del Plan Bolonia: los eficientes estudian, los ineficientes protestan. Y huelen mal.

Quienes hemos sacrificado horas de clase y de sueño para ir a una charla u organizar una reunión, para apoyar a los trabajadores de la Rober o a los vecinos suburbanos de Zona Norte, hemos sentido que con la edad las cosas se ponían duras. Estudiantes trepas (con los que había que competir), el eurocrédito, la necedad burocrática del examen o la asistencia obligatoria nos presionaban para desplazar nuestro espacio de interés como individuos politizados, activos y vivos en favor de aquella Universidad degradada de la tanatocracia capitalista: un parque temático de concentración progresivamente penetrado por el pensamiento feliz de Ronald McDonald's y la praxis flexible de las empresas de trabajo temporal.

El círculo se cierra aquí. Mis compañeros expedientados quizá no puedan volver a estudiar en su Universidad, mientras que los Aznares del futuro continuarán labrándose una carrera sin molestas interrupciones gracias a la labor de estos cristoguerrilleros posmodernos que han diseñado el Plan Bolonia. La mayoría aplaude con rabia o mira para otro lado. Y el que no quiera pasar por el aro, que haga ciclos formativos para teleoperador o pizzero.

L. Duarte es militante del Foro por la Memoria de Granada.




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