Portada :: Colombia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-12-2008

En qu estado se encuentra la guerra en Colombia

Len Valencia
Cambio


El 2008 fue un ao en el que el conflicto armado registr mucha intensidad. Algunos grupos irregulares recibieron verdaderos sacudones y se transformaron radicalmente. El Gobierno del presidente Uribe rompi el proceso de negociacin con los paramilitares y envo en extradicin a 14 de los grandes jefes; el escndalo de la parapoltica toc las puertas de todos los partidos de la coalicin de gobierno y hundi al Congreso de la Repblica en una crisis jams vista; las Farc vieron morir a su mximo comandante y fundador, y recibieron otros golpes contundentes: la 'Operacin Jaque' que liber a un grupo de secuestrados entre quienes se encontraban ngrid Betancourt y tres ciudadanos norteamericanos, y la baja de varios miembros del Estado Mayor Central; el Eln cancel las conversaciones que vena adelantando con el Gobierno y se puso en la tarea de sobrevivir eludiendo los combates y disminuyendo sus operaciones con la intencin de conservar sus fuerzas en medio de la ofensiva gubernamental.

El Gobierno se atrevi entonces a proclamar que los paramilitares eran cosa del pasado y que las Farc estaban derrotadas o, en palabras del comandante general de las Fuerzas Armadas, general Freddy Padilla de Len: "Entramos en el fin del fin de esta guerrilla". No obstante, los medios de comunicacin traen a diario noticias de la presencia y acciones de reductos paramilitares, y de nuevos grupos criminales; las Farc continan dando qu decir en muchas regiones y en algunos lugares han vuelto a crecer; el Eln mantiene su presencia silenciosa en muchas zonas y no ceja en su empeo militar.

La gente se pregunta, entonces, sobre cul es la verdad y en qu estado est la guerra. Estamos doblando la pgina del conflicto o an falta mucho trecho por recorrer para que algn da lleguemos a la paz?. Para responder a estos interrogantes, la Corporacin Nuevo Arco Iris adelant un concienzudo estudio de los actores armados recurriendo a toda la informacin oficial y realizando tambin un esmerado trabajo de campo en todas las regiones del pas.

Las conclusiones no son tranquilizantes. Los reductos paramilitares y grupos emergentes estn creciendo y se estn expandiendo en forma desa-forada. Las Farc se han reacomodado para seguir en la guerra y ahora se van a favorecer de la recesin econmica, los cambios en Estados Unidos y la grave crisis social que vive el sur del pas con motivo de la cada de las llamadas 'pirmides'.

Como antes

Si sumamos los paramilitares reinsertados que han vuelto a las armas, los que no se desmovilizaron y las bandas emergentes, tenemos otra vez 10.200 personas en armas, distribuidas en 102 grupos que utilizan 21 denominaciones distintas, con presencia en 246 municipios del pas. Tal como dice el Gobierno, el propsito de algunos de estos ncleos es el narcotrfico, pero la mayora estn asumiendo muchas caractersticas de las anteriores Autodefensas: atacan a lderes sociales, organizaciones comunitarias y dirigentes polticos, y buscan influir en el poder local y controlar el territorio.

En el caso de las llamadas 'guilas negras', que estn hacia el norte y el oriente del pas, estas tienen una posicin antisubversiva y cuentan con la permisividad de sectores de la fuerza pblica. En espacios como la Universidad Nacional, estos grupos recurren a nombres que evocan a las viejas autodefensas para amenazar al estudiantado: Bloque Capital de las guilas Negras. Quizs estamos entrando en uno de los escenarios que prefigur la Comisin Nacional de Reparacin y Reconciliacin, CNRR, que advirti hace un ao sobre la posibilidad de que surgiera una tercera generacin de paramilitares (ver tabla Municipios...).

Al lado del resurgimiento del fenmeno paramilitar se mantiene viva la parapoltica. Es cierto que la Justicia est haciendo su tarea en medio de grandes dificultades y que ha logrado procesar a 59 congresistas en ejercicio y a 23 ex parlamentarios, lo mismo que a cerca de 300 lderes polticos regionales o funcionarios del Gobierno, y que en ese proceso se han destapado siete pactos -Ralito, Chivolo, Pivijai, Urab, de Coordinacin, Magdalena Medio y Eje Cafetero- en los cuales se hicieron explcitos los compromisos entre los lderes polticos y los jefes paramilitares. No obstante, no se ha avanzado un pice en el establecimiento de la responsabilidad poltica y en su consecuente castigo.

No se ha disuelto ninguno de los partidos -Convergencia Ciudadana, Colombia Viva, Alas-Equipo Colombia, Colombia Democrtica y Apertura Liberal- que tienen a la mayora o la totalidad de sus parlamentarios titulares vinculados a los expedientes judiciales, y tampoco han sido sancionados otros partidos grandes como La U, el Partido Conservador, Cambio Radical y el Partido Liberal, con prestantes miembros encarcelados o enjuiciados. La figura de la "silla vaca" no pudo aplicarse porque el presidente Uribe hundi el primer proyecto de reforma poltica con el argumento de que no iba a dejarse quitar las mayoras en el Congreso. En las pasadas elecciones locales, los cinco partidos ms estrechamente vinculados a la parapoltica presentaron 29.000 candidatos y, a pesar de que aunque en algunas partes empezaron a ser castigados por sus electores, lograron ampliar su influencia a otras regiones y mantuvieron su poder local y regional.

Reacomodo de las Farc

Cuando empez el gobierno del presidente Uribe, las Farc tenan aproximadamente 18.200 hombres distribuidos en 81 frentes. Ahora tienen cerca de 10.800 distribuidos en 64 frentes, y han disminuido sus compaas y columnas. Sus fuerzas han sido desplazadas de los grandes centros poblacionales y de produccin a lo profundo de las montaas. Su mando central ha sido duramente golpeado. Muchas de las rutas de abastecimiento logstico han sido cortadas y las fuentes de recursos econmicos obstruidas. Y con el rescate o la liberacin de los secuestrados han perdido el factor de presin poltica que los mantena comunicados con la comunidad internacional.

Pero esta guerrilla tiene an posibilidades de subsistir a la poltica de seguridad democrtica y continuar la guerra a lo largo y ancho del pas. En los das posteriores a la 'Operacin Jaque', algunos sectores del Gobierno abrigaron la esperanza de que las Farc entraran en una desbandada general con la desmovilizacin de frentes y bloques enteros. Pero lo que se ha visto en estos meses es que 'Alfonso Cano' ha logrado consolidar su mando y definir una estrategia propia para resistir a la ofensiva gubernamental.

Ahora tenemos unas Farc con gran movilidad, distribuidas en pequeos grupos, que utiliza intensivamente el minado de grandes zonas, recurre a la fabricacin de morteros y armas artesanales, apela a francotiradores, busca alianzas con bandas emergentes para retomar corredores del narcotrfico y las rutas de acceso a las ciudades. En varias regiones han empezado a recuperar terreno y a crecer. En el Bajo Cauca antioqueo, por ejemplo, donde haban quedado reducidas a menos de 100 hombres, ahora tienen cerca de 600.

En cuanto al Eln, aun en medio de su debilidad militar conserva intacto su mando central, y en algunas regiones como Arauca y Nario ha ganado el pulso que mantena con las Farc, y mediante la vinculacin parcial de algunas estructuras al narcotrfico sobrevive a la ofensiva del Estado. Se sabe que ha vuelto a crecer en zonas de Cauca y Nario y en algunos puntos de la frontera con Venezuela.

No obstante, la mayor preocupacin no viene de la efectividad de las estrategias defensivas de la guerrilla, sino del entorno internacional, nacional y regional que tienen estas fuerzas para mantenerse y crecer.

El pas est entrando en una innegable recesin econmica y los analistas no esperan ms de 3,5 por ciento de crecimiento en el PIB, cuando el ao pasado creci 7 por ciento.

En estas condiciones ser imposible sostener la inversin en defensa de ms de cinco puntos del PIB, que fue lo que alcanz en los ltimos aos. La ayuda militar promedio de 700 millones de dlares por ao que vena desde los Estados Unidos, tampoco se sostendr por su situacin de recesin econmica y por los futuros cambios en el Gobierno, que se darn con el triunfo de Barack Obama. Ya Washington ha anunciado el recorte y tambin la reorientacin de algunos fondos para una destinacin distinta a la militar.

Y mientras esto ocurre se ha presentado una inesperada y explosiva situacin en el sur del pas donde las Farc siempre han tenido su mayor asiento: las 'pirmides' se vinieron al suelo porque se agot su fraudulento sistema de captacin de dineros y el Gobierno se vio obligado a intervenir, quizs muy tardamente.

La ruina de millones de personas que apostaron a las 'pirmides' ha desatado una verdadera rebelin popular con grandes movilizaciones sociales antigubernamentales, hecho que ya se refleja en los sondeos de opinin. Segn Gallup, en esta regin, el 62 por ciento de los encuestados se muestra contrario a la reeleccin presidencial y solo un 34 por ciento la aprueba.

No es difcil colegir que la guerrilla tratar de pescar en ro revuelto y que aprovechar el momento para estrechar lazos con la poblacin y aumentar el reclutamiento. La primera seal la dieron con su ataque a la Inspeccin de Polica en Puerto Ass, Putumayo, donde murieron varios uniformados y los guerrilleros dejaron un comunicado en el que expresaban su solidaridad con los damnificados de las 'pirmides' y sealaban la responsabilidad del Gobierno en la crisis.

Tampoco son desdeables las dificultades por las que atraviesa el Ejrcito. La tragedia de varios jvenes que fueron sacados con engaos de la poblacin de Soacha y aparecieron muertos en Norte de Santander a manos de militares destaparon una secuencia de "falsos positivos" o cadena de ejecuciones fuera de combate que llevaron a la separacin fulminante de 27 altos oficiales y a la renuncia del comandante del Ejrcito, general Mario Montoya. Esta situacin no solo inhibe un poco la accin militar sino que ha creado tensiones innegables entre el Ejecutivo y las Fuerzas Armadas.

Los escenarios de 2009

Despus de la 'Operacin Jaque', lo que traslucan todas las declaraciones oficiales era que, en lo que restaba de su segundo mandato, el gobierno de Uribe buscara afanosamente darle una estocada final a las guerrillas, destruir sus fuerzas al estilo del Per en los aos noventa del siglo pasado. Pero con la nueva situacin de dificultades para la financiacin de la guerra, de fatiga del Ejrcito y de crisis en el sur del pas, no es descartable que empiece a abrirse paso un nuevo escenario: acercamientos entre las partes para iniciar negociaciones.

Sin embargo, esto implicara cambios de lado y lado que no son fciles de poner en marcha porque, en los ltimos seis aos, los contendientes han estado empeados en la derrota del contrario. Puede Alfonso Cano convencer a sus huestes de iniciar conversaciones con un Gobierno que les ha dado tan duro? Puede el presidente Uribe dejar atrs la euforia del triunfo y nombrar un nuevo equipo que le permita tender puentes con la guerrilla?

En todo caso hay dos factores que no le dan espera el presidente Uribe y a su gobierno: el diseo de una estrategia para atender la grave crisis del sur del pas; y empezar a atacar de frente a las reductos paramilitares y bandas emergentes para romper cualquier complicidad o complacencia de la fuerza pblica con estos grupos ilegales.

Los departamentos del sur van a necesitar una intervencin ms de tipo econmico y social que militar, y en esto quizs resulten providenciales los cambios en el Plan Colombia. Tambin podra aprovecharse el remezn que trajo consigo el destape de los "falsos positivos" para hacer una revisin profunda de las conductas en las Fuerzas Armadas y hacer un pacto interno para cortar todo vnculo con acciones y fuerzas ilegales.

[email protected]



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter