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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-12-2008

Los talibanes tal como son
Quines son exactamente los insurgentes afganos?

Anand Gopal
TomDispatch/The Nation

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Introduccin del editor de TomDispatch, Tom Engelhardt

Si hay un lugar exacto que marque los fracasos de Occidente en Afganistn, es el modesto punto de control policial ubicado en la carretera principal a 20 minutos al sur de Kabul. El puesto indica el borde de la capital, una ciudad en una tensin espectacular, con muros de proteccin contra explosiones, y trfico paralizado. Ms all de ese punto, los edificios polvorientos, bajos, y las estrechas calles de Kabul ceden el paso a una vasta planicie de serenas tierras agrcolas enmarcadas por arenosas montaas. En este valle en la provincia Logar, el gobierno de Afganistn respaldado por los estadounidenses ha dejado de existir.

En lugar de funcionarios gubernamentales, hombres con enlodados turbantes negros y rifles de asalto en bandolera patrullan la carretera, buscando ladrones y espas. La carcasa carbonizada de un camin cisterna, que deba entregar combustible a las fuerzas internacionales ms al sur, yace boca arriba al borde de la ruta.

La polica dice que no se atreve a entrar a esos distritos, especialmente de noche cuando los guerrilleros dominan las carreteras. En algunas partes del sur y del este del pas, los insurgentes incluso han establecido su propio gobierno, que llaman el Emirato Islmico de Afganistn (nombre del antiguo gobierno talibn). Imparten justicia en improvisados tribunales sharia. Resuelven disputas por tierras entre aldeanos. Dictan los planes de estudio en las escuelas.

Hace slo tres aos, el gobierno central todava controlaba las provincias cercanas a Kabul. Pero aos de mala administracin, criminalidad rampante, y crecientes vctimas civiles han llevado a una espectacular resurreccin de los talibanes, y de otros grupos relacionados. Hoy en da, el Emirato Islmico tiene el control de facto de grandes partes del sur y del este del pas. Segn ACBAR, organizacin que representa a ms de 100 agencias de ayuda, los ataques de los insurgentes han aumentado en un 50% en el pasado ao. Soldados extranjeros mueren ahora a un ritmo mayor que en Iraq.

El incipiente desastre lleva al gobierno afgano del presidente Hamid Karzai y a protagonistas internacionales a hablar abiertamente de negociaciones con sectores de la insurgencia.

Los nuevos talibanes nacionalistas

Quines son exactamente los insurgentes afganos? Todo ataque suicida y secuestro es usualmente atribuido a los talibanes. En realidad, sin embargo, la insurgencia est lejos de ser monoltica. Por cierto, existen los mullahs de ojos sombros e intensos, y los estudiantes de religin meneando sus cabezas. Pero tambin estn los estudiantes universitarios eruditos, pobre campesinos analfabetos, y veteranos comandantes antisoviticos. El movimiento es una mezcla de nacionalistas, islamistas, y bandidos que se reparten incmodamente en tres o cuatro facciones principales. Las facciones en s estn compuestas de comandantes en competencia, con diferentes ideologas y estrategias, quienes sin embargo estn de acuerdo en un objetivo esencial: expulsar a los extranjeros.

No fue siempre as. Cuando las fuerzas dirigidas por EE.UU. derribaron el gobierno talibn en noviembre de 2001, los afganos celebraron la cada de un rgimen vilipendiado y desacreditado. Tenamos ganas de bailar en las calles, me dijo un kabul. Cuando las fuerzas respaldadas por EE.UU. entraron en Kabul, la capital afgana, los restos del viejo rgimen talibn se dividieron en tres grupos. El primero, incluidos numerosos burcratas y funcionarios basados en Kabul, simplemente se rindieron a los estadounidenses; algunos incluso se sumaron al gobierno de Karzai. El segundo, formado por la dirigencia superior del movimiento, incluyendo a su lder Mullah Omar, huy a travs de la frontera hacia Pakistn, donde permanecen hasta la fecha. El tercer y mayor grupo los soldados de a pie, comandantes locales, y funcionarios provinciales desaparecieron silenciosamente en el paisaje, volviendo a sus granjas y aldeas para esperar y ver hacia dnde soplaba el viento.

Mientras tanto, el pas era repartido entre seores de la guerra y criminales. En la completamente nueva carretera que une Kabul con Kandahar y Herat, construida con millones de dlares de Washington, grupos bien organizados de bandidos aterrorizaban regularmente a los viajantes. [Una vez] 30, tal vez 50 criminales, algunos en uniformes de la polica, detuvieron nuestro autobs y rompieron a tiros nuestras ventanillas, me dijo Muhammadullah, propietario de una compaa de autobuses que utiliza regularmente la ruta. Registraron nuestro vehculo y a cada uno le robaron todo. Sindicatos criminales, a menudo con conexiones en el gobierno, organizaban olas de secuestros en centros urbanos como el antiguo baluarte talibn de la ciudad de Kandahar. A menudo, los pocos que eran capturados eran simplemente liberados despus de untar a quienes corresponde.

En este panorama de violencia y criminales aparecieron de nuevo los talibanes, prometiendo ley y orden. La dirigencia exiliada basada en Quetta, Pakistn, comenz a reactivar sus redes de combatientes que haban desaparecido en las aldeas del campo. Resucitaron las relaciones con tribus pastunes. (Los insurgentes, histricamente un movimiento sobre todo pastn, todava tienen poca influencia en otros grupos tnicos minoritarios en Afganistn, como los tayikos y los hezaras.) Con fondos de acaudalados donantes rabes y entrenamiento de la Inteligencia Inter-Servicios (ISI), el aparato de inteligencia paquistan, pudieron llevar armas y pericia profesional a las aldeas pastunes.

En una aldea tras la otra, expulsaron a los simpatizantes del gobierno que quedaban mediante intimidacin y asesinatos. Luego conquistaron a la mayora con promesas de seguridad y eficiencia. Los guerrilleros implementaron una versin dura de la ley sharia, cortando las manos de ladrones y fusilando a adlteros. Fueron brutales, pero tambin incorruptibles. La justicia ya no se venda al mejor postor. Ya no hay crmenes, como antes, dijo Abdul Halim, quien vive en un distrito bajo control talibn.

Los insurgentes reclutaron a combatientes de las aldeas en las que operaban, pagndoles a menudo 200 dlares por mes ms del doble del salario tpico de un polica. Arbitraron en disputas entre tribus y entre terratenientes. Protegieron campos de adormidera contra los intentos de erradicacin del gobierno central y de ejrcitos extranjeros un paso que les gano el apoyo de campesinos pobres cuyos nicos ingresos estables provenan del cultivo de la adormidera. reas bajo control insurgente fueron limitadas a no tener servicios ni de reconstruccin ni de asistencia social, pero para aldeanos rurales que haban visto tanta intervencin extranjera y tan poco progreso econmico bajo el gobierno Karzai, no fue nada nuevo.

Al mismo tiempo, la ideologa talibn comenz a experimentar una transformacin. Luchamos por liberar nuestro pas de la dominacin extranjera, me dijo por telfono el portavoz talibn Qari Yousef Ahmadi. Los indios lucharon por su independencia contra los britnicos. Incluso los estadounidenses otrora condujeron una insurgencia para liberar su propio pas. Esta veta nacionalista emergente atrajo a los aldeanos pastunes que estaban cada vez ms cansados de la presencia de EE.UU. y de la OTAN.

Los insurgentes tambin combaten para instalar una versin de la ley sharia en el pas. No obstante, los guerrilleros, famosos por su puritanismo, han moderado algunas de sus doctrinas ms extremas, por lo menos en principio. El ao pasado, por ejemplo, Mullah Omar emiti un edicto declarando permisibles la msica y las fiestas prohibidas en la encarnacin previa de los talibanes. Algunos comandantes talibanes, incluso han comenzado a aceptar la idea de la educacin de nias. Algunos dirigentes de la lnea dura, como Mullah Daddullah, un hombre de legendaria brutalidad (cuyas orgas de decapitacin a veces resultaron ser demasiado hasta para Mullah Omar) fueron muertos por fuerzas internacionales.

Mientras tanto, una dirigencia ms pragmtica comenz a tomar las riendas. Agentes de inteligencia de EE.UU. creen que en realidad la dirigencia de da a da del movimiento est ahora en manos del experto poltico Mullah Brehadar, mientras Mullah Omar retiene una posicin sobre todo decorativa. Brehadar puede estar detrs del impulso por moderar el mensaje del movimiento a fin de ganar ms apoyo.

Incluso en el mbito local, algunos funcionarios provinciales del talibn estn atemperando polticas talibanes al estilo antiguo a fin de conquistar corazones y mentes locales. Hace tres meses en un distrito en la provincia Ghazni, por ejemplo, los insurgentes ordenaron que se cerraran todas las escuelas. Cuando los ancianos tribales apelaron al consejo religioso gobernante talibn del rea, los jueces religiosos revirtieron la decisin y reabrieron las escuelas.

Sin embargo, no todos los comandantes en el terreno siguen las intimaciones contra la prohibicin de la msica y las fiestas. En muchos distritos controlados por los talibanes, tales diversiones siguen siendo ilegales, lo que apunta a la naturaleza descentralizada del movimiento. Los comandantes locales fijan a menudo sus propias polticas e inician ataques sin rdenes directas de la dirigencia talibn.

El resultado es un movimiento escurridizo que se transforma de distrito a distrito. En algunos distritos controlados por los talibanes en la provincia Ghazni, si atrapan a un afgano que trabaje para una organizacin no gubernamental (ONG) le espera una muerte segura. En partes de la provincia vecina Wardak, sin embargo, donde dicen que los insurgentes son ms educados y comprenden la necesidad de desarrollo, las ONG locales pueden funcionar con permiso de los guerrilleros.

Los otros talibanes

Sin que nunca falten armas y guerrilleros, Afganistn ha demostrado ser un campo frtil para toda una serie de grupos insurgentes aparte de los talibanes.

Naqibullah, estudiante universitario de barba rala y habla en tonos suaves, comedidos, no tena 30 aos cuando nos encontramos. Estbamos en el asiento trasero de un Corolla polvoriento aparcado en una ruta llena de hoyos cerca de la Universidad de Kabul, donde estudia medicina. Naqibullah (su nombre de guerra) y sus amigos en la universidad son miembros de Hizb-i-Islami, un grupo insurgente dirigido por el seor de la guerra Gulbuddin Hekmatyar, aliado de los talibanes. Su crculo de amigos se rene regularmente en los dormitorios de la universidad, para discutir poltica y ver vdeos en DVD de los recientes ataques.

Durante el ltimo ao, su crculo se ha reducido. Sadiq fue arrestado mientras intentaba un atentado suicida. Wasim muri mientras trababa de armar una bomba en casa. Fuad se mat en un atentado suicida exitoso contra una base de EE.UU. Los estadounidenses tienen sus B-52, explic Naqibullah. Los ataques suicidas son nuestras versiones de los B-52. Como sus amigos, Naqibullah, tambin haba considerado la posibilidad de convertirse en un B-52. Pero matara a demasiados civiles, me dijo. Adems, tena planes para utilizar su educacin. Dijo: Quiero ensear a los talibanes sin educacin.

Durante aos, los combatientes de Hizb-i-Islami han tenido la reputacin de ser ms educados y mundanos que sus homlogos talibanes, quienes son frecuentemente campesinos analfabetos. Su lder, Hekmatyar, estudi ingeniera en la Universidad de Kabul en los aos setenta, donde lleg en cierto modo a la fama lanzando cido a las caras de mujeres sin velo.

Estableci Hizb-i-Islami para contrarrestar la creciente influencia sovitica en el pas y, en los aos ochenta, su organizacin se convirti en uno de los partidos fundamentalistas ms extremos, as como el principal grupo que combata a la ocupacin sovitico. Implacable, poderoso, y anticomunista, Hekmatyar result ser un aliado capaz para Washington, que canaliz millones de dlares y toneladas de armas a sus fuerzas a travs del ISI paquistan.

Despus de la retirada sovitica, Hekmatyar y otros comandantes muyahidn volvieron sus armas los unos contra los otros, desatando una devastadora guerra civil de la cual Kabul, en particular, todava no se ha recuperado. Afganos cojos, mutilados por los cohetes de Hekmatyar, todava deambulan por las calles de la ciudad. Sin embargo, no pudo capturar la capital y sus patrocinadores paquistanes terminaron por abandonarlo a favor de una nueva fuerza islamista, an ms extrema, que apareci en el sur: los talibanes.

La mayora de los comandantes de Hizb-i-Islami desertaron para unirse a los talibanes, y Hekmatyar huy estigmatizado a Irn, y perdi gran parte de su apoyo al hacerlo. Permaneci en una situacin tan mala que fue uno de los pocos seores de la guerra que no obtuvieron un puesto en el gobierno respaldado por EE.UU. que fue formado despus de 2001.

Fue, de cierto modo, su buena suerte. Cuando ese gobierno fracas, volvi a su papel de lder insurgente, y aprovechando frustraciones locales en comunidades pastunes tal como lo han hecho los talibanes, resucit lentamente Hizb-i-Islami.

Actualmente, el grupo es una de las unidades insurgentes de ms rpido crecimiento en el pas, segn Antonio Giustozzi, experto en insurgencia afgana en la London School of Economics. Hizb-i-Islami mantiene una fuerte presencia en las provincias cercanas de Kabul y en reas pastunes en el norte y el noreste del pas. Colabor en un complejo intento de asesinato del presidente Karzai la primavera pasada y estuvo tras una prominente emboscada que mat a 10 soldados de la OTAN durante este verano. Sus guerrilleros combaten bajo la bandera de los talibanes, aunque independientemente y con una estructura separada de comando. Como los talibanes, sus dirigentes consideran que su tarea es restaurar la soberana afgana as como establecer un Estado islmico en Afganistn. Naqibullah explic: EE.UU. instal aqu un rgimen ttere. Fue una afronta al Islam, una injusticia contra la cual deberan alzarse todos los afganos.

Es indudable que el Estado islmico independiente por el que lucha Hizb-i-Islami sera comandado por Hekmatyar, no por Mullah Omar. Pero, como durante la yihad antisovitica, el ajuste de cuentas queda para el futuro.

El nexo paquistan

Los contragolpes abundan en Afganistn. El antiguo agente de la CIA, Jalaluddin Haqqani, dirige una tercera red insurgente basada en las regiones de la frontera oriental de Afganistn. Durante la guerra antisovitica, EE.UU. dio a Haqqani, considerado ahora por muchos como el enemigo ms temible de Washington, millones de dlares, misiles antiareos, e incluso tanques. Responsables en Washington estaban tan enamorados de su persona que el ex congresista Charlie Wilson una vez lo llam la bondad personificada.

Haqqani fue un temprano propugnador de los rabes afganos, quienes viajaron en tropel a Pakistn en los aos ochenta para sumarse a la yihad contra la Unin Sovitica. Dirigi campos de entrenamiento para ellos y despus desarroll estrechos lazos con al-Qaeda, que se desarrollo de las redes afgano-rabes hacia fines de la guerra antisovitica. Despus de los ataques del 11 de septiembre de 2001, EE.UU. trat desesperadamente de ponerlo de su parte. Sin embargo, Haqqani afirm que no poda ver con buenos ojos una presencia extranjera en suelo afgano y tom una vez ms las armas, ayudado por sus veteranos benefactores en el ISI de Pakistn. Se dice que introdujo los atentados suicidas a Afganistn, una tctica desconocida all antes de 2001. Funcionarios de inteligencia occidentales culpan a la red de Haqqani, no a los talibanes, por la mayor parte de los ataques espectaculares en los ltimos tiempos como ser un masivo coche bomba que destroz parte de la embajada india en julio.

Los haqqanis mandan a la mayor parte de los combatientes extranjeros que operan en el pas y tienden a ser an ms extremos que sus homlogos talibanes. A diferencia de la mayora de los talibanes y de los elementos de Hizb-i-Islami, elementos de la red Haqqani trabajan en estrecha cooperacin con al-Qaeda. Es muy probable que la dirigencia de la red est basada en Waziristn, en las reas tribales paquistanes, donde goza de la proteccin del ISI.

Pakistn apoya a los haqqanis, dando por sentado que la red mantendr su guerra santa dentro de las fronteras de Afganistn. Esos acuerdos son necesarios porque, en los ltimos aos, la antigua poltica de Pakistn de ayudar a grupos islmicos militantes ha llevado al pas a una devastadora guerra dentro de sus propias fronteras.

A medida que restos de los talibanes y de al-Qaeda llegaban a Pakistn despus de la cada del gobierno talibn en 2001, Islamabad se sum a la guerra contra el Terror del gobierno de Bush. Fue una empresa lucrativa: Washington suministr miles de millones de dlares en ayuda y armamento avanzado al gobierno militar de Pakistn, mientras miraba hacia otro lado cuando el dictador Pervez Musharraf aumentaba su frreo control del pas. Por su parte, Islamabad atac a militantes de al-Qaeda, presentando cada unos pocos meses a un alto dirigente capturado ante las cmaras, y dejaba inclume a la dirigencia talibn en su territorio.

Aunque el establishment militar paquistan nunca erradic por completo a al-Qaeda al hacerlo podra haber detenido el flujo de la ayuda mantuvo suficiente presin para que los militantes rabes declararan la guerra al gobierno. Para 2004, el ejrcito paquistan haba penetrado en masa por primera vez las reas Tribales bajo Administracin Federal, una regin semiautnoma poblada por tribus pastunes (donde se haban refugiado combatientes de al-Qaeda), en un intento de desarraigar a los combatientes extranjeros.

Durante los prximos aos, repetidas incursiones del ejrcito paquistan, junto con una creciente cantidad de ataques de misiles de EE.UU. (que a veces mataron a civiles), enfurecieron a las poblaciones tribales locales. Pequeos grupos con base tribal, que se llamaban a s mismos talibanes comenzaron a aparecer; para 2007, ya haba 27 grupos semejantes activos en las tierras fronterizas paquistanes. Los guerrilleros pronto lograron el control de reas en distritos tribales como Waziristn del Norte y del Sur, y comenzaron a actuar como una versin recurrente de los talibanes de los aos noventa: prohibieron la msica, golpearon a propietarios de tiendas de bebidas alcohlicas, e impidieron que las nias asistieran a escuelas. Mientras se mantenan independientes de los talibanes afganos, tambin los apoyaban de todo corazn.

A fines de 2007, los diversos grupos talibanes paquistanes se haban fundido en una sola unidad, Tehrik-i-Taliban, bajo el comando de un enigmtico guerrillero de unos 30 aos - Baitullah Mehsud. Las autoridades paquistanes culpan al grupo de Mehsud, al que usualmente se refieren simplemente como talibanes paquistanes, por una serie de importantes ataques, incluyendo el asesinato de Benazir Bhutto. Mehsud y sus aliados tienen fuertes vnculos con al-Qaeda y siguen librando una guerra intermitente contra los militares paquistanes. Al mismo tiempo, algunos miembros de los talibanes paquistanes se han infiltrado a travs de la frontera para unirse a sus compaeros afganos en la lucha contra los estadounidenses.

Tehrik-i-Taliban result ser sorprendentemente poderoso, derrotando a unidades del ejrcito paquistan cuyos soldados de a pie aborrecan tener que combatir contra sus compatriotas. Pero casi apenas haba aparecido Tehrik, surgieron grietas. No todos los comandantes talibanes paquistanes estaban convencidos de la eficacia de librar una guerra en dos frentes. Parte del movimiento, que se llamaba talibanes locales, adopt una estrategia diferente, evitando batallas contra los militares paquistanes. Adems, una cantidad importante de otros grupos militantes paquistanes incluyendo a muchos entrenados por el ISI para combatir en Cachemira india operan ahora en las zonas fronterizas de Pakistn, donde se abstienen de combatir al gobierno paquistan y concentran su fuego en los estadounidenses en Afganistn, o contra sus lneas de aprovisionamiento.

El resultado de todo esto es un ovillo enrevesado de alianzas y ceses al fuego en los que Pakistn libra una guerra contra al-Qaeda y una parte de los talibanes paquistanes, mientras deja libre a otra parte, as como a otros grupos militantes independientes, para que se dediquen a lo suyo Eso incluye que crucen la frontera hacia Afganistn, donde los talibanes paquistanes, al-Qaeda, y combatientes independientes de las regiones tribales y de otros sitios se suman a una mezcla que ha producido lo que un funcionario de inteligencia occidental califica de coalicin arco-iris desplegada contra las tropas de EE.UU.

Vida en un mundo de guerra

A pesar de tales conexiones extranjeras, la rebelin afgana sigue siendo sobre todo un asunto interno. Los combatientes extranjeros sobre todo de al-Qaeda tienen poca influencia ideolgica sobre la mayor parte de la insurgencia, y la mayora de los afganos mantienen su distancia frente a semejantes forasteros. Algunas veces grupos de extranjeros que hablan diferentes lenguajes pasan caminando, recuerda el residente de Ghazni Fazel Wali. Nunca hablamos con ellos y ellos no hablan con nosotros.

La visin de una yihad global de al-Qaeda no tiene resonancia en las escabrosas tierras altas y en los desiertos azotados por el viento del sur de Afganistn. En su lugar, la principal preocupacin en gran parte del pas es intensamente local: la seguridad personal.

En un mundo de guerra perpetua, con un gobierno depredador, bandidos merodeadores, y misiles Hellfire, el apoyo va hacia los que pueden crear seguridad. En los ltimos meses, una de las actividades ms peligrosas en Afganistn ha sido una de sus ms festivas: las grandes fiestas matrimoniales que tanto aman los afganos. Las fuerzas de EE.UU. bombardearon una tal fiesta en julio, matando a 47. Luego, en noviembre, aviones de guerra dieron en otra fiesta matrimonial, matando a unos 40. Un par de semanas despus volvieron a atacar una fiesta de compromiso, matando a tres.

Comenzamos a pensar que no deberamos salir en gran nmero o celebrar matrimonios pblicos, me dijo Abdullah Wali. Vive en un distrito de la provincia Ghazni donde los insurgentes han ilegalizado la msica y el baile en semejantes fiestas matrimoniales. Es una vida austera, pero eso no impide que Wali quiera que vuelvan al poder. Parece ser que matrimonios aburridos, son mejores que ningn matrimonio.

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Anand Gopal escribe frecuentemente sobre Afganistn, Pakistn y la guerra contra el terror. Es corresponsal del Christian Science Monitor basado en Afganistn. Para leer ms informaciones y despachos suyos de la regin, visite su sitio en la Red. Este artculo aparece impreso en la ltima edicin de Nation Magazine.

(Copyright 2008 Anand Gopal.)

http://www.tomdispatch.com/post/175010/anand_gopal_making_sense_of_the_taliban

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