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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-12-2008

La digna rabia en Amrica Latina

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada


Mientras sus pensamientos envuelven los pasos sobre los que ya no podrn volver, se desplazan. Otras se quedan; tambin hay quienes optan por una solucin drstica. Mientras tengan la capacidad de ejercer sus derechos ante las violaciones del enemigo, el acto de amor es evitar sufrimiento. Se han apoderado de su territorio, no de su dignidad. Optan por el aborto. Es la respuesta a una infamia.

Durante aos los paramilitares, los terratenientes y el gobierno se comprometen con el exterminio de los pueblos indgenas. El ejrcito entra sin contemplacin alguna. Arrasa poblaciones enteras de campesinos mayas. Los descuartiza. Algunos soldados juegan al futbol con la cabeza de sus vctimas. Otros prefieren el canibalismo. Tambin empalar no es mala opcin, supone un ejemplo de machismo a la tropa. Mientras tanto, las ONG de ayuda al desarrollo buscan dinero en Europa para construir puentes y carreteras en medio de la selva. Es la forma de llevar la civilizacin. Senderos de gravilla para mantener comunicadas las aldeas. Sin mala intencin podrn obtener recursos y pasar algunos aos de su juventud en un pas extico. Es la otra cara de la moneda. Desconocen los usos que darn las autoridades a sus proyectos. Han hecho el trabajo sucio a las fuerzas armadas. El genocidio puede comenzar gracias a la buena voluntad de las ONG. Son los efectos no deseados de la accin. Los daos colaterales. Jeeps fabricados en Estados Unidos, financiados con la ayuda al desarrollo, entrarn semanas ms tarde a los poblados antes casi inaccesibles sin muchos contratiempos. En pocos minutos nadie queda vivo.

De esta guisa fueron exterminados en Guatemala, segn consta en las conclusiones de la Comisin de Esclarecimiento Histrico de Naciones Unidas, a manos del ejrcito, 180 mil civiles. La mayora campesinos indgenas de cuatro regiones pobladas por cinco grupos tnicos, mayas-qanjobal, maya cluj, maya ixil, maya-kiche y maya-achi. El informe fue demoledor y se defini su actuacin como genocidio. Agentes del Estado de Guatemala, en el marco de las operaciones contrainsurgentes, ejecutaron actos de genocidio en contra de los grupos del pueblo maya Sin embargo, esta realidad fue conscientemente ocultada. La poltica del olvido y el pragmatismo se impone.

Los procesos de paz de los aos 80 acaban por reducir las matanzas a reflejos de una poca de violencia donde las bajas fueron consecuencia de la guerra fra y de la lucha anticomunista. Pero hoy se sigue exterminando a los pueblos mayas. Son miles los desplazados. En la frontera con Mxico se ve transitar a cientos de familias guatemaltecas en campamentos de refugiados que han perdido todos sus bienes. Estn olvidados, tienen miedo y no regresan. Su futuro es arrebatado por las multinacionales agroalimentarias. Sobreviven en medio de la indigencia. Los pueblos indios llevan en esta situacin desde la conquista. No es necesario incidir en el colonialismo interno, tan bien expuesto por Pablo Gonzlez Casanova y Rodolfo Stavenhagen. En dicha realidad, la sociedad blancomestiza se siente cmoda explotando y dominando. Es el exterminio de una cultura.

El etnocidio como la solucin final les evitar una guerra interna, como en Chiapas o el sur de Chile con los mapuches, donde se mandan el ejrcito y las fuerzas armadas aplicando la ley antiterrorista de 1984, es decir, creada durante la dictadura de Pinochet. En la crcel ms de 200 mapuches acusados por dicha ley. Una realidad que se generaliza a todo el continente. En la mayora de los pases latinoamericanos los pueblos indios sufren las consecuencias de un poder poltico racista, fundado en teoras de la superioridad tnico-racial del siglo XVI.

La conquista traz sus lmites y puso sobre la mesa la cosmovisin del colonizador, ms adelante mutado en criollo, transformado en oligarca en el siglo XIX y reconvertido en neoliberal por obra del proceso de trasnacionalizacin del capital. De gustos toscos y comportamientos impropios de cristianos viejos, se convirtieron de porqueros en hacendados, luego en grandes mineros, financistas e industriales, y hoy travestidos en gerentes de la Monsanto, Endesa, Telefnica, Iberdrola o Repsol. Herederos de los Alvarado, Coronado, Pizarro, Valdivia, Alvear son los actuales forjadores de las dinastas de los conquistadores. No han variado un pice sus mentalidades primitivas. As se explican las matanzas y el odio profundo contra los pueblos indios. Mapuches, mayas, chibchas, yanomamis, guarans, quichuas o aymaras. No de otra manera se comprende que emerja en Chiapas una rabia en forma de resistencia y se organice traspasando fronteras. Que su presencia se extienda y que amerite un debate. Esa defensa frente a la explotacin, la muerte, la tortura y la codicia. No hay pica en la resistencia, hay perseverancia, y un nuevo modo de construir el futuro. Es la otra historia, la de la digna rabia, aquella que abre caminos y se presenta de manera irreverente, sin pedir permiso a las clases dominantes, a sus partidos, a sus intelectuales y, sobre todo, a sus aliados de la izquierda neoliberal.

Hoy, ms que nunca, es obligado escuchar la voz de quienes en su resistencia incorporan nuevas formas de actuar y pensar desde los principios de la dignidad, la justicia, la democracia, sin renuncia a su identidad. nica manera de construir un proyecto donde la soberana y la independencia se renen en la lucha contra la explotacin capitalista.



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