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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-12-2008

Una emboscada contra el dilogo
Interposiciones, giros presidenciales, giras de Ingrid y encrucijada para las FARC

Carlos Alberto Ruiz Socha
Rebelin


Recuento. En un ao una ttrica realidad se ha cimentado. Su fermento comenz mucho antes del 9 de diciembre de 2007. Ese da, hace doce meses, una sombra borrone un mapa de esperanza. El suceso del nio Emmanuel comenz a gestarse para profundizar los apocamientos. Un comunicado de las FARC conocido en La Habana, previendo entonces la liberacin del nio, deca tambin que sta deba producirse en circunstancias tales que se evite bajezas uribistas como las sucedidas con las pruebas de vida. Efectivamente, ya se saba que el gobierno Uribe Vlez destrozara no slo cualquier resultado, desde unas pruebas de vida de las personas privadas de su libertad por esta organizacin guerrillera, hasta su liberacin, o cualquier aproximacin de dilogo mnimo, que buscara superar los obstculos tendidos en el camino.

Dicho y hecho: Uribe hizo lo propio. Engull hasta la ltima racin del banquete servido por el extravo de las FARC. Se dio el lujo de demostrar que stas adulteraban la realidad en ese episodio, cuando ese nio ni siquiera estaba ya en manos de la insurgencia. A esta torpeza vergonzosa, siguieron muchas ms. Lo que hubo entonces fue y es un juego muy inteligente, del lado de Uribe y los suyos, basado en gran medida en interposiciones: poner algo entre cosas o entre personas. As, Uribe pudo sabotear, confinar y retardar la entrega por las FARC de algunos/as polticos/as que desde aos atrs estaban en su poder. Fue el 10 de enero. Las imgenes comenzaron en selvas de Colombia y terminaron en el palacio presidencial de Caracas. Hubo regocijo por el hecho, mientas en el palacio presidencial de Bogot hubo clculos. Al da siguiente el presidente Chvez peda coherentemente el reconocimiento de las guerrillas ELN y FARC como organizaciones beligerantes.

Luego lamentablemente se desdijo. De ah en adelante las maniobras se intercalaron, apoyado el rgimen de Uribe en inteligencia punta para seguir e interceptar comunicaciones, as como en infiltraciones que rentabilizaron flaquezas y errores capitales de los rebeldes, para dar con las pistas sobre el paradero de correos y comandantes de las FARC. Cuando unas coordenadas situaban algn contacto en la frontera colombo-ecuatoriana con opacos y rastreados emisarios para tratar algunas liberaciones, una feroz y sofisticada intervencin militar se clav en la mdula del proceso. Incluy desde la ms alta tecnologa militar hasta ejecuciones de combatientes. Fue el 1 de marzo de 2008. El cuerpo del comandante Ral Reyes se secuestr en Ecuador y se mostr al mundo como un gran trofeo. Mientras, otros engranajes se preparaban. Cuatro meses despus lo veamos. La Operacin Jaque ense al mundo grandes fortalezas de un poderoso ncleo transnacional y debilidades considerables de una guerrilla. Nuevos trofeos se enrostraron. Quedaron libres no slo la poltica Ingrid Betancourt sino militares colombianos y mercenarios de los Estados Unidos. Toda esa historia es harto conocida.

Lo que no deja de ser. Miles y miles de pginas, vdeos y fotos atiborran con su nombre asociado casi siempre a la repulsa de un delito. No a otros crmenes. Bsquese donde se busque. Bien al lado del registro de una verborrea y de una pose religiosa hasta la porfiada nominacin frustrada al Nobel de la Paz, junto con Ingrid se nos patenta el secuestro. Es lgico. Ella fue vctima de aquello, lo sufri, lo sabe bien. Con su pleno derecho, ella, quien escribi hace aos un libro, La rabia en el corazn, dirigido para protestar un poco contra la corrupcin de la clase poltica de la que entonces tambin haca parte, en los hechos ha optado con el tiempo por una conveniente alianza con la cabeza pblica de esa putrefacta casta. Con Uribe, a quien felicita una y otra vez. En general con quienes la liberaron. Y dentro y fuera de Colombia, con quienes la adulan, la premian, la invocan, la escoltan y le defienden. Y ms con quienes la proyectan. Que no fuera as sera lo sorprendente. Su rabia en el corazn est regodendose da a da, no slo contra la denominada prctica del secuestro, lo que es obvio, sino contra la propia existencia de la guerrilla como tal. Como hace aos. Es natural. No hay nada extraordinario en ello. O s: que se sume, como ninguna otra persona liberada hasta ahora, bien por intencin fundada o conciente, o ya por manipulacin, en caso de que ella fuera manejable, a una estratagema infame que en estos instantes podra producir no la libertad de quienes permanecen en doloroso cautiverio sino su postergacin.

No el deseado intercambio de prisioneros; apenas un solicitado intercambio epistolar. Las pocas cartas van y vienen. El 11 de septiembre de 2008 la senadora Piedad Crdoba junto con decenas de intelectuales y defensores de una salida poltica al conflicto, piden a las FARC mantener correspondencia. En esa misiva se expresa que tenemos la certeza de que los presidentes y jefes de Estado de pueblos hermanos en el hemisferio y de los denominados pases amigos europeos concurrirn de manera solidaria a apoyar los procesos de dilogo que estamos proponiendo. El 16 de octubre esa organizacin insurgente ratifica su intencin de dilogo y agrega: sugerimos, para reforzar este nuevo emprendimiento, tener en cuenta la manifiesta disposicin de la gran mayora de Presidentes latinoamericanos para contribuir con sus esfuerzos en el proceso de intercambio humanitario y paz. Dicha determinacin es confirmada en posterior comunicado del 30 de octubre.

El da 6 de noviembre decenas de intelectuales y activistas internacionales apoyan el intercambio epistolar, con otra carta encabezada por el Premio Nbel de la Paz Adolfo Prez Esquivel y los profesores James Petras y Franois Houtart. El propsito de vincular a esa bsqueda de conversaciones a algunos presidentes que en Amrica Latina no estn identificados con una poltica guerrerista o que podran alentar algn acercamiento, no estaba slo en la agenda de esta guerrilla o de ese sector importante de quienes tomaron la iniciativa de comunicarse por carta con este movimiento insurgente. Vista la viabilidad y el impacto de esa hiptesis, como miel atrajo a otros, se produjeron giros de otros, que pusieron en marcha sus viejos y nuevos recursos para relamerla. As, das despus, en Espaa, Ingrid Betancourt recibe dos premios: el Prncipe de Asturias y el apoyo incondicional del gobierno espaol.

Entre la rutina de recompensas y galardones, otro es escenificado el 6 de noviembre: el que bajo el nombre de Cooperacin espaola con Colombia recibe de empresarios colombianos el ministro de exteriores espaol, Moratinos, quien la noche en que lo recibi, adems de felicitar a Uribe (como ya lo hace habitualmente Ingrid Betancourt) por su gran xito y su gran labor de derechos y seguridad para los colombianos (para la poca ya se saba de las cientos de ejecuciones, o, mejor dicho, de los asesinatos en serie cometidos por el ejrcito oficial contra jvenes de barrios pobres, entre miles de crmenes), tambin expres su solidaridad para el 28 de noviembre en la protesta convocada por Ingrid contra el secuestro y las FARC. As fue: esa noche en la emblemtica Plaza Coln de Madrid, Moratinos acompa en el tablado a la poltica colombiana. Junto a ella tambin estaban otros personajes: el alcalde Ruiz Gallardn y, no pudo faltar al show, el cantante Miguel Bos. No llegaron Juanes, ni Shakira, ni Sanz.

La gira. Al da siguiente Betancourt inici un periplo: lleg a Colombia, se entrevist y abraz con Uribe y el ministro de guerra, Santos, y tom la bandera de una cierta representacin en nombre de algunas familias de personas retenidas por las FARC (sera clarificador saber si todas refrendan los pasos de la poltica franco colombiana). Fue pasando por otros pases (Ecuador, Chile, Argentina, Per, Brasil, Bolivia, Venezuela), para visitar a los mentados presidentes latinoamericanos, que por supuesto le han recibido y le han ofrecido no slo palabras concordantes con el propsito de buscar que las FARC deje en libertad a los cautivos sino que la han asistido en lo que es el objetivo central y estratgico del discurso tanto de Ingrid como de Uribe, ms all del tema de los secuestros: la presin a la guerrilla para que deponga su lucha armada.

De tal modo, lo que eran, o son, una perspectiva y expectativa modestas, alentadas antes en el dilogo virtual entre las FARC y una parte de la sociedad colombiana y de la comunidad internacional, estn resultando torpedeadas, temporalmente al menos, y no complementadas o fortalecidas, por la sagacidad de muchos factores conjugados, que configuran como antes lo hizo Uribe, una nueva emboscada en contra de los dilogos; interposicin que podra, ojal no, atrasar, usufructuar o impedir nuevas liberaciones, las cuales es posible se estn planteando las FARC, como avance unilateral, ante la pavorosa situacin que todo ello implica, ya sea por erosin de su control y por resolver con una demostracin de voluntad en una acertada direccin, un peso insoportable, tico y poltico.

Ardid y adalid / Isaza e Ingrid. Consideremos siete probables razones en el nuevo cerco que puede obstaculizar o usar esa factible puesta en libertad quizs ya decidida de forma unilateral por las FARC, o por establecer: 1) en el tiempo, porque Ingrid aprovecha y dilapida con su protagonismo y su delantera o anticipacin, con evidente ventaja, sobre todo meditica y su arrastre poltico, la toma de contacto con los presidentes latinoamericanos con posibilidades de incidir favorablemente, comprometiendo y agotando en este perodo su arbitraje; 2) porque pone en primer lugar la cuestin de los llamados secuestros, evidentemente un tema muy grave y prioritario pero no el nico, generalizando o acudiendo a esa denominacin o tipo penal, cuando es claro que hay que mirar a ambas partes, no slo a las FARC, y observar que el problema de la privacin de libertad es ms complejo; que, para un conflicto como el colombiano, tambin cabe hablar de otras categoras, como la de prisioneros de guerra, atendiendo a principios del derecho internacional, o a otros conceptos, los que se derivaran o deducen de una juridicidad insurgente, si la guerrilla definiera con seriedad sus bases o cdigos de actuacin, como lo hicieron en las leyes del Llano las guerrillas liberales que les precedieron, o el FMLN en El Salvador, cuando explic en los ochenta sus mtodos y medios de lucha, como lo hicieron otras insurgencias o embriones revolucionarios, no slo de resistencia sino con vocacin de construccin de poder poltico, independientemente de lo que luego pas con cada formacin; 3) porque Betancourt encadena el llamamiento que pregona y para el que busca padrinos, Sarkozy o Rodrguez Zapatero, con la derrota de la guerrilla, pidiendo que sta renuncie a un legtimo derecho, como es la rebelin contra la opresin, es decir que deponga su levantamiento en armas, o sea que se rinda; 4) porque la adalid o lder de esta campaa es Ingrid Betancourt, o sea una persona que no es considerada por las FARC como interlocutora de primer orden, y es probable que no lo sea ni de segundo, siendo por el contrario descalificada por esa guerrilla pblicamente, o sea ex profeso sin confianza bsica, inhabilitada, ya por sus alianzas polticas y su discurso no slo antiguerrillero, que es comn, sino por estar abiertamente ajena a otras terribles desgracias de los/as colombianas/as: con millones de micrfonos abiertos para su voz en el mundo, no se han escuchado de su boca palabras de condena al entramado narco-paramilitar que dirige el Estado y desde donde se siguen cometiendo desapariciones forzadas, torturas, desplazamiento y despojo, as como asesinatos y amenazas de miles y miles de los que en su retahla llama compatriotas; 5) porque adems secunda activamente una gestin de gran repercusin poltica y simblica, como es la salida a Francia de Isaza, el exguerrillero que se entreg al Estado colombiano llevndose al poltico scar Lizcano, muchos aos cautivo por las FARC, sirviendo ella de recadera entre Uribe y Sarkozy. Aun siendo comprensible e incuestionable desde su personal razn poltica y su derecho a la rabia en el corazn, Betancourt colisiona por lo bajo para un eventual cometido humanitario en este momento, al llevar de su mano a Pars la insignia Isaza, al refregar su desercin en la cara de las FARC, al avalar el repudiable sistema de las recompensas y la delacin. Evidentemente con este hecho no propicia la condicin de un entendimiento con las FARC, sino que acrecienta con su propio derecho al encono lo que ella misma reconoce como humillacin vivida por ese grupo insurgente: Ya me reun con los presidentes Sarkozy y Uribe y ambos me confirman que las garantas que le fueron ofrecidas se le cumplirn. Se le pagar la recompensa que se merece y podr viajar a Francia. Estamos pendientes de la Fiscala y confo en que eso se d pronto; 6) porque Ingrid ha dado un puntillazo en parte muy delicada: La ex secuestrada ha justificado en los ltimos das como "necesaria" la accin militar regular contra las FARC, que, a su juicio, est "completamente de espaldas" a Colombia y ha sealado a ese grupo de haberse convertido en "un cartel de la droga" (diario El Tiempo, www.eltiempo.com.co del 9 de diciembre de 2008). Es muy importante enfrentarla militarmente porque ella (la guerrilla) acta de una forma que no deja otra salida (ver www.abn.info.ve / noticia del 9 de diciembre); y 7) Ha tomado partido por una criminal estrategia como es el Plan Colombia, vector de una poltica militarista en el tablero de la rehegemona de los Estados Unidos en el rea. Afirm que el criticado Plan Colombia 'es necesario' y debe complementarse con el Plan Ecuador. Otras conclusiones sociolgicas de Ingrid no merecen por ahora comentario: Betancourt asegur que en las selvas y zonas agrcolas de Colombia existe una juventud que anhela 'tocar el mundo del ipod' y cuando este mundo le es negado 'tienen la tentacin de buscar respetabilidad empuando las armas de la guerrilla, de la delincuencia comn o de los paramilitares.

Las encrucijadas. Uribe ya se ha pronunciado. l y su tenebroso asesor Jos Obdulio Gaviria juzgan como trampa el intercambio epistolar de un grupo de colombianos/as que le apuestan a la paz con justicia mediante el dilogo con las FARC, o que aspiran al menos en el mediano plazo a soluciones humanitarias o a la aplicacin de mecanismos de regulacin del conflicto. La agenda es clarsima: impedir cualquier reconocimiento de los rebeldes, cualquier fundamento de derecho que tanto devele el conflicto poltico-militar como remita a la consideracin de la insurgencia como la otra parte: todo lo que afirme una interlocucin con ella resulta proscrito. No hay ms ideal que envolverla poltica y belicosamente para aniquilarla; para inhibir iniciativas imparciales que busquen liberaciones seguras o aproximaciones para dilogos.

ste ha sido el guin, y dentro de l hay un triste papel interpretado por Ingrid, que de hecho puede conducir deliberadamente a ms demoras, a ms dilaciones, a ganar tiempo para ms asedios y asaltos, cuando precisamente debe hacerse lo contrario: hablarle de forma despierta a las FARC, como organizacin rebelde que debe explicar y explicarse; por qu y cmo existe; por qu lucha y cules son sus lmites, si los tiene, como es manifiesto que s; que se refiera a los llamados secuestros, que diga si renuncia a hacer prisioneros, si depone su interina y pobre juridicidad, si asume disposiciones jurdicas que incluso no le obligan a ese desistimiento. Las FARC deben responder. Justo ahora, cuando Pablo Emilio Moncayo, el hijo del conocido profesor Moncayo, y otro militar, cumplen once dursimos aos como prisioneros de guerra, privados con muchos sufrimientos, como no lo han estado nunca ni un poltico, ni un general o un empresario corruptos y criminales, que los hay en abundancia en un pas de miserables.

Las FARC deberan, como todas las fuerzas revolucionarias en la historia, aprender y corregir en la dialctica de la humildad y la dignidad. Deben liberar a Moncayo, a sabiendas de ser un prisionero de guerra. Y ojal a todos los que permanecen cautivos. Slo como un solo gesto, magno y superador ante el porvenir que seguir siendo nebuloso. Y al lado de esa responsabilidad, tienen otra, adems de seguir luchando por la transformacin del pas: dilucidar o despejar dudas. Si los liberan como una seal con el pueblo colombiano cuya conciencia de futuro deber producirse, pese a los lodos del fascismo, o porque ha obrado sobre s el aplastamiento, efectuado por un sistema perverso, con las botas de Uribe o los tacones de Ingrid. De ser esto ltimo, ya veo en estampitas a Ingrid, o recibiendo el Nbel de la Paz, que este ao le fall, o a Uribe todava ms en el estrellato Qu es una encrucijada? - Lugar donde se cruzan dos o ms caminos; - Panorama de varias opciones donde no se sabe cul elegir; - Punto en el que confluyen varias cosas; - Y tambin: trampa o celada que se prepara con intencin de hacer dao. Hay caminos para liberar, hay opciones posibles an en la extrema dificultad, sin declinar en la esencial lucidez.

- Carlos Alberto Ruiz Socha es abogado yautor del libro La rebelin de los lmites. Quimeras y porvenir de derechos y resistencias ante la opresin (Ediciones Desde Abajo, Bogot, 2008).

 



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