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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-12-2008

En el 60 aniversario de la Declaracin Universal de los Derechos Humanos
Contradictoria celebracin

Ana Delicado Palacios
Rebelin


Aunque ahora se conmemore el 60 aniversario de la Declaracin Universal de los Derechos Humanos, hay poco que festejar. Cierto es que, paradjicamente, es el documento que ms se ha traducido en el mundo, de modo que puede leerse en ms de 300 lenguas diferentes. Ha servido de impulso tambin para que a lo largo del tiempo hayan proliferado pactos, convenciones, estatutos, y en definitiva, un sinfn de instrumentos que han pretendido asentar y reforzar los 30 artculos que la componen.

Pero a pesar de la profusin de iniciativas que siguieron a la Declaracin Universal, ninguna de ellas ha conseguido ser vinculante u obligatoria para los Estados que las han respaldado. La falta de una jurisdiccin que garantice de forma real cuantos derechos quedan estipulados incluso en las Constituciones de cada pas ha provocado un desinters general en exigir su efectividad. Ha sido cuestin de tiempo que esto diera paso, en consecuencia, a un simple desconocimiento de los derechos que deben amparar a cada ciudadano.

As ocurre que una breve ojeada a las cifras de pobreza, por poner un caso, desvelan que casi la mitad de la poblacin mundial, unos 3.000 millones de personas, viven por debajo del umbral (esto es, que sobreviven con menos de dos dlares al da). La pobreza extrema, o aquellos que no llegan a un dlar diario, son ms de 1.400 millones, de acuerdo con la ONU, lo que entra en clara contradiccin con no pocos artculos de la Declaracin Universal.

Lo mismo ocurre con la esclavitud, que afecta a ms de 27 millones de personas en el mundo, aunque el art. 4 de la Declaracin establezca que n adie estar sometido a ella. Con especial urgencia debera entonces atenderse a otra parte del escrito en la que se afirma que (art. 3) todo individuo tiene derecho a la vida o bien que (art. 25) toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, as como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentacin, el vestido, la vivienda, la asistencia mdica y los servicios sociales necesarios. Algo diran sobre esto, si pudieran, los 26.000 nios menores de 5 aos que mueren cada da por falta de acceso a una mnima cobertura sanitaria y nutricional.

Si se acude a la situacin actual de ciertos pases, se podr observar que hay quienes sufren con mayor agudeza la violacin de algunos derechos. El artculo anterior sealado, por ejemplo, sera uno de los que ms rpido reclamaran los 47 millones de estadounidenses que no tienen seguro mdico. Si la Declaracin Universal no pudiera ser contradecida, millones de migrantes en cualquier parte del mundo pasaran por cualquier frontera con la tranquilidad de que en el art. 13 se afirma que toda persona tiene derecho a salir de cualquier pas, incluso del propio, y a regresar a su pas.

Si los derechos humanos, en suma, fueran de inevitable cumplimiento, 300.000 saharauis, que viven confinados en la parte occidental del desierto argelino desde 1975, podran levantarse de inmediato y presentarle a Marruecos esa parte en la que se explicita que (art. 28) t oda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaracin se hagan plenamente efectivos. Y as podran seguir los palestinos, iraques, afganos, congoleos, nigerianos, somales, y originarios de tantas regiones que se encuentran en conflicto.

Dice el escritor Eduardo Galeano, en su libro Espejos, que fue en 1886 cuando las grandes transnacionales lograron hacer suyos los derechos que tenan las personas. Todava tendra que pasar ms de medio siglo para que se ratificara la Declaracin Universal de Derechos Humanos, valorada por haber universalizado, al menos en papel, una serie de derechos bsicos que hasta entonces haban ido surgiendo de manera aislada.

Todo lo anterior no hace sino ensombrecer el sexagsimo ao de vigencia de un tratado que, al menos por un da, ser el protagonista a su paso por los medios de comunicacin. Ms all de los fastos que se presenten de cara al pblico, el hecho es que la Declaracin Universal ha supuesto un gran avance en cuanto que triunf su vocacin ecumnica y fue acogida como el instrumento al cual podan abrazarse todas las naciones del mundo. Y precisamente porque hoy es la insignia de referencia en cuanto a reconocimiento de derechos humanos se refiere, cabra preguntarse cmo puede ser que casi cualquier Gobierno se apreste a recordarla, a elogiarla, y, con el mismo nimo, a desentenderse de cuanto en ella est escrito. Sera de esperar que por cautela y pudor, este 10 de diciembre pudiera ser recordada con mayor sobriedad. La mayora de los habitantes del planeta no tienen nada que celebrar.



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