Portada :: EE.UU.
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-12-2008

Informe del Senado de EEUU
Seis aos y miles de torturados y asesinados despus

Roberto Montoya
El Mundo


El informe bipartidista del Comit de las Fuerzas Armadas del Senado estadounidense llega con demasiado retraso, con seis aos de atraso. Cuntos miles de personas fueron vejadas, torturadas, cuando no asesinadas durante estos aos en Afganistn, Irak, Guantnamo o en las prisiones secretas de la CIA?

En momentos en que se estn retirando del poder los responsables polticos principales de las violaciones a los derechos humanos que se denuncian ahora en el informe, demcratas y republicanos descubren los delitos que cometieron. Ni en ese informe ni seguramente en los debates que se abran a partir de l se mencionarn sin embargo las corresponsabilidades polticas.

Al Partido Demcrata tampoco le interesar que recuerden pblicamente que su silencio de todos estos aos permiti cubrir con un manto de impunidad a los autores de la trama legal que dio luz verde a la tortura generalizada, a los que inventaron el laboratorio de Guantnamo, a los verdaderos responsables de actos como los de Abu Ghraib, a quienes disearon y ejecutaron el plan internacional de secuestros y vuelos de la CIA.

El voto demcrata no se enfrent a la Orden Militar del 13 de noviembre de 2001 de George W. Bush sobre la detencin, tratamiento y juicio de ciertos no ciudadanos en la guerra contra el terrorismo, por la que el comandante en jefe de EEUU decidi unilateralmente no reconocer para los prisioneros de su cruzada los derechos que las Convenciones de Ginebra otorgan desde 1949 a todos los prisioneros de guerra. Bush invent para ellos el concepto de combatientes ilegales, estipulando que slo podran ser juzgados por tribunales militares especiales, rechazando explcitamente su derecho a recurrir "ni en Estados Unidos ni en ningn otro pas ante ningn tribunal internacional".

Gracias a la tenaz labor de importantes organizaciones defensoras de los derechos civiles en Estados Unidos, como la American Civil Liberties Union (ACLU), se lograron desclasificar ya hace aos memorandos clave del Pentgono, del Ministerio de Justicia y de la Secretara de Estado, en los que desde Donald Rumsfeld, hasta el entonces colaborador y luego fiscal general del Estado Alberto R. Gonzales y muchos funcionarios de alto nivel intercambiaban ideas hasta encontrar la frmula jurdica que dio luz verde total a sus fuerzas armadas y servicios de inteligencia en el tratamiento de los prisioneros, dejando a todos los responsables, desde el torturador de a pie, hasta al propio comandante en jefe, cubiertos por un blindaje legal absoluto ante cualquier tipo de denuncia que pudiera presentarse frente a tribunales nacionales o internacionales. Los documentos son conocidos y llevan firmas concretas como las leyes que se promulgaron con ese fin.

Denuncias y silencios

A pesar de eso, la direccin del Partido Demcrata no hizo en ningn momento de la denuncia de esos hechos una batalla fundamental contra la Administracin Bush, como no dio una batalla contra la nueva doctrina militar de las guerras preventivas, ni contra la autorizacin de la guerra contra Irak justificada con mentiras a todas luces, ni contra tantas y tantas restricciones a las libertades democrticas de sus propios ciudadanos. Muy pocos miembros de la Cmara de Representantes o el Senado se salieron del guin, muy pocos se arriesgaron a ser tildados de antipatriotas, de resquebrajar la unidad nacional frente a una cruzada salvadora de la humanidad como aquella.

Desde poco despus de que comenzara la guerra contra el terror tras el 11-S, lanzada a nivel planetario y por tiempo indefinido por la Administracin Bush en su proclamada lucha del Bien contra el Mal, organizaciones humanitarias tan poco sospechosas de radicales como Human Rights Watch o Amnista Internacional empezaron a denunciar las vejaciones y torturas a que sometan las tropas estadounidenses a los prisioneros capturados en Afganistn.

Haban pasado slo das desde el inicio de la guerra en Afganistn, en octubre de 2001, cuando ya estos organismos defensores de los derechos humanos recogan testimonios de los sistemticos abusos contra la poblacin civil y las vejaciones, torturas y asesinatos de prisioneros sospechosos de pertenecer a las fuerzas talibn o a los milicianos de Al Qaeda de Osama bin Laden. Esta situacin, sumada a los constantes daos colaterales entre la poblacin civil, no hara ms que empeorar.

Aunque se conocera un tiempo despus, de esa poca datan tambin los primeros secuestros de la CIA en el extranjero y los traslados de las vctimas a bases militares propias o prisiones en pases aliados dispuestos a torturarlos bajo supervisin de la agencia, lejos de los tribunales federales estadounidenses. Este plan estrella de la CIA para capturar en sus guaridas a terroristas tan dispersos geogrficamente como los de Al Qaeda, supuso la operacin encubierta ms gigantesca realizada por EEUU desde la primera guerra de Afganistn en los 80. Paradjicamente en aquella, en la que se batallaba para derrotar militarmente y expulsar al Ejrcito Rojo de Afganistn, EEUU tena como aliados fundamentales a miles de integristas islmicos como el mismsimo Osama bin Laden. Dos dcadas despus, EEUU volva a la regin para combatir al monstruo que haba ayudado a crecer.

Lecciones para el futuro

Donald Rumsfeld, uno de los miembros de la Administracin Bush que peor sale parado en el informe actual de la comisin del Senado, no se vio obligado a abandonar su cargo precisamente por alguno de los hechos por los que ahora se lo acusa y que ya estaban suficientemente documentados desde hace aos y denuciados pblicamente por medios de comunicacin y slidos libros. No, Rumsfeld sobrevivi a todas aquellas denuncias, acus a algunas manzanas podridas del Ejrcito de los actos ms repudiables que salieron a la luz pblica, como fue el caso de Abu Ghraib, y slo cay cuando los propios mandos militares pidieron su cabeza por su manifiesta incapacidad como estratega miliar en las guerras de Afganistn e Irak.

Sin duda el actual informe es valioso, recopila cronolgicamente algunos de los documentos oficiales clave que permitieron semejante vulneracin de los derechos humanos incluida la Orden Militar de Bush de 2001 citada pero slo tendra trascendencia y supondra un real ejemplo de rectificacin ante el mundo entero, aunque sea muy tarda, si no se queda en papel mojado, si sirve para depurar responsabilidades polticas y penales y, sobre todo, si sirve para cambiar con el nuevo Gobierno radicalmente la postura de EEUU con respecto a los derechos humanos y el Derecho Internacional.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter