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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-12-2008

Grecia
Jvenes que no tienen miedo a nada

Noelia San Romn
Pblico

Muchos en Grecia creen que la revuelta de la generacin olvidada es el inicio de una revolucin


Cae la noche sobre Atenas y el centro de la ciudad se vaca. La actividad, escasa an, se paraliza. Las calles se cierran a la circulacin; los comerciantes, cuyas tiendas han sobrevivido a los ataques de estos das, bajan la persiana; los trabajadores que reparan escaparates y puertas cesan en su actividad. Unos pocos permanecen junto a sus comercios y contemplan el panorama, mientras se entretienen con su komboloi. Miran, pero no ven. Con inusitado sigilo, grupos de policas toman posiciones en las calles que rodean la plaza Omonia.

"Eh, vosotros, adentro!", le grita un agente a un grupo de subsaharianos que asoma la cabeza para ver qu pasa. De momento, no pasa nada. Nada diferente, al menos. Los estudiantes se manifiestan, como por la maana, como ayer, como anteayer. La Polica los aguarda. Esos adolescentes se han convertido en su cruz.

"No tienen miedo a nada", dice Manuel, un treintaero que comparte sus reivindicaciones. "Son inteligentes, saben lo que quieren, tienen ideas y la fuerza y la rabia de los chicos de 15 aos. No soy partidario de la violencia, pero cmo pararlos; es imposible", aade a la puerta del viejo Polytexnio, epicentro de toda esta revuelta.

Apenas 500 metros ms all, una pila de flores, velas y notas manuscritas sealan el lugar del trgico episodio que dio pie a lo que sin duda es una autntica revolucin social. "La muerte de Alexis [Grigoropoulos] fue slo la gota que colm el vaso", coinciden en sealar varios estudiantes. No slo ellos.

"Cuando no vigilas lo que tienes que vigilar, cuando no te ocupas de lo que te tienes que ocupar ni proteges lo que debes, suceden estas cosas. Lgico o no es as", argumenta un abuelo, que pasea a su perro, como cada da, como si a 200 metros de donde deja la basura no hubiese sucedido nada.

Servir de algo todo esto? "Es el principio de una revolucin: en unos aos, veremos el resultado", aade y prosigue su camino. Justo a su lado, una joven friega la acera. "Qu puedo temer ahora? Nunca he tenido ningn problema", asegura. Es albanesa y se inventa el nombre: Miranda.

"Cuando ves que nadie se preocupa por los jvenes, que no encuentras trabajo despus de aos en la universidad, que la Polica vuelve a matar sin tomarse siquiera la molestia de ocultarlo y llevas un ao entero asistiendo a escndalos protagonizados por el poder, es evidente que, en algn momento, la cosa har bam!", explica Makis, un ingeniero de 32 aos que trabaja respondiendo al telfono en una empresa de servicios de Internet. Sus estudios le han servido para eso, para ganar 700 euros al mes con los que sobrevivir sin permitirse apenas caprichos.

Los jvenes no tienen futuro. Han perdido la esperanza y, de paso, la fe en quien los gobierna. Estn hartos. La muerte de Alexis Grigoropoulos les ha revuelto las tripas y les ha llevado a expresar en la calle, con toda su rabia, el descontento que acumulan desde hace aos. "Queremos un mundo mejor. Ayudadnos! No somos terroristas ni encapuchados. Somos vuestros hijos. Soamos. No matis nuestros sueos!", proclaman los amigos de Alexis en una carta abierta.

"Vivs falsas vidas, habis claudicado, os habis bajado los pantalones y slo esperis el da de vuestra muerte. No sois, no amis, no creis nada", prosiguen en su escrito. Muchos de los destinatarios del mensaje lo reconocen: tienen razn.

Tambin los padres de la generacin de los 700 euros se han cansado de trabajar en dos o tres sitios a la vez para llegar despus al supermercado y ver cmo no les cuadran los nmeros, mientras los medios de comunicacin escupen el ensimo escndalo: por si no tuvieran bastante con todos los polticos que han engordado sus cuentas ejerciendo de ministros, ahora ven cmo hasta el lugar ms sagrado, el Monte Athos, tambin ha sucumbido a la corrupcin.

Efre, su gua espiritual, nutre el alma de sus monjes con una promotora de terrenos y viviendas tan poderosa que muchos prefieren no saber qu ms se esconde detrs. En el cielo y la tierra, las diferencias sociales se agrandan cada da y los adolescentes han dicho: Basta ya!



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