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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-12-2008

El caso del Poema de Mio Cid
La honestidad intelectual es lo que cuenta

Merc Roman
Rebelin


Hay una investigacin dentro de mi especialidad que me ha tenido en suspenso, me ha preocupado, ms que ocupado, a lo largo de todo el tiempo en que he sido profesora de Literatura. En los aos setenta, justo antes de empezar a dar clases, le un estudio sobre el Poema de Mio Cid (en adelante PMC) que me deslumbr y me inquiet. Se trata de un trabajo de slo cien pginas (y digo slo porque entre los eruditos de temas literarios hay mucha aficin a llenar cientos y cientos de pginas para decir muy pocas cosas de inters, o nada) en las que Colin Smith, un hispanista (investigador en literatura e historia espaola), profesor de Cambridge, daba un vuelco total a las teoras vigentes sobre la fecha de composicin y la autora del PMC. Lo haca con un rigor extraordinario y con unos planteamientos nuevos respecto al propsito de la obra, su estructura y su sentido. Se trasluca una labor de aos sobre el manuscrito, incluyendo el anlisis qumico de las tintas, y el resultado pona en evidencia las manipulaciones que haba sufrido el documento en manos de los estudiosos. Hasta aqu doy razn del deslumbramiento. Y la inquietud? Pues resida en la autoridad inmensa de quien quedaba desacreditado: don Ramn Menndez Pidal.

Antes de seguir conviene recordar que Menndez Pidal es uno de los intelectuales eminentes de la tradicin liberal y regeneracionista (la de los que se proponan modernizar Espaa), que particip en organismos relacionados con los principios de la Institucin Libre de Enseanza, fue director del Centro de Estudios Histricos y presidente de la Real Academia Espaola desde 1925 hasta su muerte en 1968 a los casi cien aos, con la interrupcin que va desde el final de la guerra civil (1939) hasta 1947. Pas la guerra en el extranjero y tard despus ocho aos en ser readmitido en Espaa a pesar de que durante la Repblica haba participado en publicaciones derechistas y manifestaba un fuerte nacionalismo espaol, pero tena demasiados amigos comprometidos con la Repblica. (La actitud de Franco en este caso no es nada de extraar si pensamos en el caso de Camb, que muri justo antes de poder entrar en Espaa en el mismo ao 47 a pesar de haber contribuido a sufragar el glorioso Levantamiento; sus compromisos con ciertos catalanistas podan ser tambin un estorbo para hacer limpieza). Tampoco hay que olvidar que Menndez Pidal inaugura, por decirlo as, la filologa cientfica con la observacin de las regularidades fonticas en la evolucin del castellano (Gramtica histrica). Con esta informacin se haca difcil de creer, tal como dejaba claro Colin Smith, que se hubiera dedicado a retocar con su propia tinta ciertos finales de verso del manuscrito para que el lenguaje quedara ms antiguo, como del siglo XII y, aun ms sorprendente, que defendiera la existencia de una C (de cien) en la fecha, que en realidad no estaba. En el colofn del manuscrito (llamado explicit) donde dice, modernizado, lo escribi Per Abat en 1207, lea 1307. De manera que Per Abat tena que ser un copista del s. XIV de un texto antiguo del s. XII.

Las teoras de Menndez Pidal aparecan en los libros de texto de bachillerato hasta bien entrados los aos noventa: un juglar de San Esteban de Gormaz compuso el primer cantar (El destierro) hacia1120, pocos aos despus de la muerte del Cid real (1099). En 1140 otro juglar de Medinacelli refundi el anterior y compuso los dos restantes (El cantar de las bodas y La afrenta de Corpes) de carcter ms novelesco. Esto situaba el PMC como contemporneo, o incluso anterior, al gran cantar de gesta francs, La cancin de Roldn (en trminos traducidos) y explicaba la abundancia de detalles histricos, geogrficos, legales, de costumbres, etc. por la proximidad de los hechos narrados a los que ocurrieron en realidad. Lo que llama la atencin es que las localidades de los supuestos autores se determinara con pruebas tan endebles como expresiones lingsticas propias de estos pueblos, pero no exclusivas de los mismos, ni mucho menos.

Colin Smith se opone a estas teoras. De entrada presenta los datos que se conocen sobre Rodrigo Daz de Vivar, el Cid histrico, y distingue claramente lo que son datos histricos de lo que es el poema. Por ejemplo, el autor del poema convierte los distintos destierros y rifirrafes entre el rey Alfonso VI y Rodrigo Daz en un solo conflicto, con gran sentido esttico. Tambin suprime el hecho de que el desterrado emprendiera la conquista de Valencia con permiso del rey moro de Zaragoza a cuyo servicio se encontraba (a pesar de que lo delata su apodo; cid significa seor o jefe en rabe), introduce elementos de los llamados novelescos desde el primer cantar (la nia de nueve aos que va a hablar ella sola con las huestes del Cid, guerreros armados, para decirles que no les pueden ofrecer alojo en Burgos debido a las amenazas del rey: perderemos los ojos de las caras...; el engao al matrimonio judo: el hroe castellano pide al matrimonio de prestamistas una cantidad mdica de dinero a cambio de que le guarden un cofre lleno de riquezas, en realidad lleno de pedruscos del camino, con la condicin de que no lo abran hasta pasado un ao, etc.). Es cierto que muchos de los nombres geogrficos son verdicos y sealan, ms o menos, las zonas de los hechos reales, pero esto responde a una esttica realista basada en datos que se conocan. Por otra parte, algunos datos histricos, as como muchos detalles legales, de costumbres, etc. pertenecan o eran slo posibles a principios del siglo XIII, en correspondencia con la fecha consignada en el manuscrito, si se lea correctamente, 1207. Por ejemplo el reino de Navarra, citado as en el texto, se llamaba reino de Pamplona en 1140. Que Menndez Pidal subordinara su teora a un enfoque historicista y dejara de sealar las incongruencias histricas con las fechas que l daba resulta decepcionante.

Segn Smith, el autor es Per Abat, pues su nombre est consignado como el que escribi el libro junto a una fecha que se ha demostrado que encaja con todo. No es la fecha de copia, sino de composicin. Para defender que el PMC es de un autor nico,y culto, Smith se basa en la unidad de estilo y en la de estructura. El poema empieza con un primer plano del hroe llorando en un momento bajo, bajsimo,en el que va volviendo la cabeza para ver su casa abandonada y fijarse en lo que no hay: puertas sin candados y perchas sin mantos, ni pieles. Sale desterrado, sin honra y sin bienes. Empieza as:

De los sos ojos tan fuertemiente llorando

Y acaba con el verso:

Los reyes dEspaa sos parientes son

Se trata de una recuperacin de la honra y de un ascenso social a travs de hechos perfectamente pautados y bien distribuidos. Una serie de pequeos hitos acaban en un punto culminante. En el Cantar del destierro, una serie de victorias contra pequeos pueblos musulmanes culmina con la victoria sobre un rey cristiano, Ramn Berenguer. La conquista de Valencia en el Cantar de las bodas culmina con la visita en persona del rey Alfonso, su perdn y su apadrinamiento de los condes de Carrin como maridos de las hijas del Cid. El poema podra acabar aqu, pero para que el rey sea un gran antagonista es necesario que siga. Las fechoras de los condes en el tercer cantar culminan con la afrenta de Corpes, el maltrato a sus esposas. El rey ha quedado en falta respecto al Cid por apadrinar a semejantes cobardes (la situacin ha dado la vuelta) y el hroe est en condiciones de exigir una reparacin a un nivel ms alto (las mujeres, por supuesto, ganan o pierden la honra a travs de sus padres o maridos, no son sujetos jurdicos). Solicita la convocacin de unas Cortes en Toledo. As que el Cid recupera la honra delante de todos los reyes de Espaa (la Espaa cristiana) y sus hijas son pedidas en matrimonio por hijos herederos de los reyes de Navarra y Aragn. [ste ltimo dato es verdico. El Cid se hizo muy rico por la nica va entonces posible: el pillaje que supona la guerra. Y, segn parece, este personaje histrico nunca perdi una batalla].

Tambin difieren ambos estudiosos en la interpretacin del propsito, o significacin ideolgica. Lo que para el erudito espaol es el gran poema de la Reconquista, de la cristiandad contra los musulmanes, para el hispanista ingls es el poema nacional de Castilla, a travs de este hroe que se hace a s mismo. De hecho, la guerra no aparece como una Guerra Santa, es un medio para ganarse la vida. Cuando el Cid recibe a su mujer y a sus hijas dice estar muy contento porque ellas afarto vern por los ojos como se gana el pan. Y, por lo que se refiere a cuestiones nacionales, los leoneses aparecen como cortesanos soberbios y cobardes. Los catalanes, como personajes bien vestidos y calzados, en comparacin con las botas rsticas de los castellanos, y ms bien ridculos con ese rey dispuesto a mantener una huelga de hambre cuando se ve vencido y a la que renuncia ante la promesa hecha por el Cid de liberarlo si le concede el placer de verlo comer. Promesa que cumple. Los judos son engaados y los musulmanes hostigados y vencidos (en este caso hay excepciones, pues aparecen algunos moros amigos). Slo los castellanos, vctimas de una traicin inicial, poseen las virtudes viriles propias de la pica: valenta, responsabilidad, esfuerzo, nimo frente a la adversidad, lealtad, religiosidad, que encarna, sobre todo, el hroe. No es de extraar que esta obra siga levantando tanta expectacin, ya sea entre americanos, rusos, e incluso catalanes, a pesar de ser tan nacionalista castellana, y aun en poca de pujanza de los valores femeninos. Es de una gran belleza y sus valores son viriles, pero no machistas. Sobre todo, si comparamos este poema con otros poemas europeos, en los que domina la desmesura, podemos apreciar hasta qu punto la virtud mxima del cantar de gesta castellano es la mesura, el tomar decisiones con prudencia. Slo en los treinta aos, en los que de vez en cuando me he asomado a esta discusin, se habrn publicado ms de cien obras entre ediciones y estudios sobre el PMC.

Ni Pidal, ni Smith, surgen de la nada. El primero sigue la tradicin romntica de Gastn Pars. Los cantares de gesta son construcciones populares que pasan por muchas manos y van tomando forma en sucesivas versiones. Manifiestan as el autntico espritu de un pueblo. El segundo sigue la llamada corriente individualista de Bdier, que defiende los cantares de gesta como obras individuales de un poeta, cuyo nombre a menudo no se ha conservado, y admitiendo que cada juglar y cada copista, por despiste o por comodidad en la interpretacin, introduce pequeos cambios. Por eso Smith califica con benevolencia en alguna ocasin a Pidal de ltimo juglar. Pero hasta sus ediciones ms recientes mantiene la disensin con los retoques pidalianos. Las razones por las que Pidal los hizo no parecen ser otras que por dogmatismo y vanidad (Smith no usa trminos tan duros; son mos): para que el manuscrito se adaptara a sus teoras. Y todo ello sustentado por un nacionalismo profundo: Espaa contaba con un gran cantar, no tan regular mtricamente como el de los franceses (aunque l se molest en regularizar bastantes fragmentos), pero tan o ms antiguo que el de ellos y con un valor histrico muy superior. Smith no ha sido el primero, ni el ltimo en defender lo que defiende, pero lo ha hecho con un rigor, una coherencia y un enfoque global tan adecuados que merece un lugar importante dentro del hispanismo. Lugar que se le ha negado por poner en evidencia a un gran valor patrio. Evidencia que no estaba tan oculta pues el mismo Pidal admiti en algn momento que haba anticuado el texto como si fuera lo ms natural. El seor Pidal era propietario del manuscrito. Lo tuvo en su casa durante muchos aos -qu menos que darle un toquecito de vez en cuando!- hasta que la Fundacin March se lo compr en 1960 y sta lo don al Estado espaol. Ahora reposa en la Biblioteca Nacional (Madrid).

A todo eso, yo iba esperando que hubiera un cataclismo desmitificador. En un pas ms puritano se hubiera bajado a don Menndez Pidal de su pedestal (con perdn por el ripio). Espera intil. Algunos se alineaban discretamente con Smith; otros, con Pidal. Lo ms frecuente era que los distintos estudiosos pasaran como sobre ascuas por las manipulaciones pidalianas, ni hablaban de ellas. Muchos seguan usando la edicin de Pidal, dedicndole su trabajo, invocando su memoria, pero al mismo tiempo iban aceptando casi todos los planteamientos de Smith. El caso ms paradigmtico es el de Montaner, una edicin de la editorial Crtica, auspiciada y prologada por Francisco Rico, que en su versin para especialistas es de las de cientos de pginas. Pretende sentar ctedra sobre el estado de la cuestin y reconoce las dos figuras aqu tratadas como las ms representativas. La dedicatoria y los respetos son para Pidal. En cambio defiende que la fecha de composicin es de principios del siglo trece, que el autor es nico y culto, que se trata de una obra literaria con referencias histricas y no de un documento de valor histrico con elementos novelescos. En lo nico en lo que est totalmente en desacuerdo con las ideas de Smith es en que el autor sea Per Abat. Para l, es un copista. A m, modestamente, me parece que si se admite que una parte de la frase lo escribi Per Abat en 1207 es muy posiblemente la fecha de composicin, hacen falta argumentos y pruebas muy contundentes para admitir que la otra mitad de la frase no se refiera a quien compuso la obra. Lo que hay que demostrar es aquello que no parece evidente. Y esto, a mi entender, no se consigue. Es cierto que no ha aparecido una prueba contundente como la del caso de La Celestina: se encontraron unos legajos de un juicio por cuestiones de judasmo en el que el acusado declara ser el suegro de Fernando de Rojas, famoso autor de La Celestina. As que era cierto lo que pona en los versos acrsticos que abren la obra (el nombre del autor se puede leer usando la primera letra de cada verso). Y los eruditos se quedaron compuestos y sin ms especulaciones que hacer al respecto. Volviendo a la edicin de Montaner, llama la atencin que Smith quede desacreditado cuando se han aceptado ms o menos la mayora de sus propuestas, pues slo destaca el punto de Per Abat como autor, diciendo que ya casi nadie apoya su tesis, ni l mismo. Esta afirmacin me extraa. Ms bien me consta lo contrario.

Lo que me consta es que del trabajo de Colin Smith, la editorial Ctedra ha hecho veinte ediciones en esos treinta y pico aos, frente a una, dos o tres ediciones existentes de cada uno de los otros autores que han presentado el PMC. Desde luego, este erudito no ha conseguido ser marqus, como Menndez Pidal, ni creo que le importara lo ms mnimo, pero s ha conseguido que los profesores de las universidades confiaran en l, que los estudiantes lo estudiaran. (Ha aparecido una revista sobre cuestiones de literatura espaola, dirigida a profesores de instituto, llamada Per Abat). El trabajo que tanto me admir, supongo que ha admirado a mucha gente. Seguir aferrado a las ideas de Pidal o invocar su figura como ejemplo intelectual a seguir por aquello de que rescat el hispanismo de las manos extranjeras en las que hasta entonces haba estado me parece de un nacionalismo rancio. Y es triste que la aceptacin de hecho que manifiesta el consumo de la obra de Smith no se haya traducido en un reconocimiento oficial. La idea me qued confirmada esta pasada primavera en mi ltimo trimestre como profesora de instituto. Formaba parte yo de un tribunal de acceso a ctedra y tuve ocasin de examinar a una aspirante, especialista en el PMC, en su datacin precisamente. Emocionada y llena de respeto por alguien que haba trabajado seriamente sobre algo que me interesaba, le pregunt qu opinaba sobre las dataciones de Colin Smith y Pidal. Ella, muy inteligentemente, no se decant por ninguno y sali por la tangente. Despus habl en privado con ella y me dio a entender que mi pregunta tocaba un terreno minado y que por si las moscas era yo pidalista haba contestado como lo hizo. Me cont adems que a ella le encargaron recibir y acompaar a Colin Smith en una estancia que hizo en Barcelona, un ao antes de su muerte. Se lo encargaron a ella, que ni siquiera estaba en la Universidad. Adems tuvo dificultades para encontrar aulas para las conferencias. Haba resistencias.

Por mi parte, cuando me sent un poco segura como para explicar este asunto, segn lo entenda, ya no exista, prcticamente, la literatura en los programas, y menos poda entretenerse uno con el PMC, ese poema que habla de hombres y de Castilla, y menos con temas eruditos como la datacin. As que agradezco esta oportunidad de clase magistral (qu lejos queda esta palabra!) para rendir mi pequeo homenaje a esa especie de brigadista internacional del hispanismo que se meti a lidiar en las aguas turbulentas de un pas, que no aprecia demasiado la inteligencia ni la verdad, con la honestidad intelectual como arma arrojadiza.

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Merc Roman es Catedrtica de Literatura Espaola del IES Puig Castellar de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona) y profesora-tutora de la UNED.



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