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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-12-2008

Para el libro blanco del comunismo en el siglo XX

Francisco Fernndez Buey
Papeles Eco-Sociales


 Fuera de Italia el nombre de Rossana Rossanda empez a ser a conocido en 1969 a raz de la expulsin del partido comunista italiano del grupo Il Manifesto. Desde entonces, y a lo largo de cuarenta aos, su nombre ha quedado asociado a esta publicacin, sin duda la ms singular de las aventuras poltico-culturales del comunismo crtico en la segunda mitad del siglo XX. Singular porque, sin llegar a constituir propiamente un partido poltico comunista, Rossanda y sus compaeros de Il Manifesto han estado constantemente presentes, con sus anlisis e intervenciones, en todos los acontecimientos polticos, socio-econmicos y poltico-culturales de importancia para la izquierda revolucionaria en el mundo.

Para valorar en sus justos trminos lo que ha sido esta aventura hay que tener en cuenta que hacia 1968 los comunistas se dividan por as decirlo en dos: los que pensaban que fuera del partido no haba "salvacin" (en trminos cuasi religiosos) y los que estaban convencidos de que fuera del partido no haba accin posible, al menos eficaz, para cambiar el mundo en un sentido socialista de acuerdo con los intereses de aquellos que se supona que haban de ser sujeto de la revolucin, los proletarios, los obreros de la industria. Hoy esto suena raro, pero slo prestando atencin a aquellas convicciones se puede entender bien el impacto que entonces tuvieron las palabras con las que Aldo Natoli, en nombre del grupo de Il Manifesto, se despidi del partido comunista: "Para ser comunista no hace falta carnet". De hecho, si se mira la cosa con una perspectiva histrica ms amplia, aquella declaracin que Rossanda comparta entonces y sigue compartiendo hoy, no debera haber resultado tan traumtica como lo fue en el momento en que se hizo. Pues el fundador del comunismo moderno, Karl Marx, en el que decan inspirarse unos y otros, haba sido un comunista sin partido (y sin carnet) la mayor parte de su vida. Solo que en las controversias polticas del momento esas cosas, relevantes para los historiadores, no solan tenerse en cuenta.

Tambin esta historia ha conocido su paradoja: veintitantos aos despus de aquellos hechos Rossana Rossanda y los compaeros de Il Manifiesto expulsados del PCI seguan haciendo una publicacin que se declaraba comunista mientras la direccin del partido que los haba expulsado decida dejar caer el viejo nombre y con l la cosa misma, o sea, el concepto de comunismo, obviamente deshonrado en varios lugares del mundo en los que se impuso el denominado "socialismo real", pero no precisamente en Italia. As, en los ltimos veinte aos Il Manifesto de Rossana Rossanda pas a ser uno de los pocos referentes explcitamente comunistas con eco internacional. Eso explica, entre otras cosas no menores (como la capacidad de anlisis poltico y el haber sido una especie de periodista de guardia de los valores renovados de la tradicin comunista durante aos y aos) que Rossana Rossanda haya acabado siendo un mito para muchas personas que, en Italia y fuera de Italia, conservaron sus ideales comunistas o los encontraron cuando sus mayores los abandonaban.

Y mito es justamente la primera palabra con la que Rossanda ha querido enfrentarse al escribir sus recuerdos en La ragazza del secolo scorso, cuya primera edicin apareci en Italia hace tres aos y que ahora acaba de ser traducida al castellano1. A Rossanda, que ha defendido siempre un comunismo laico y que lleva dcadas combatiendo toda versin religiosa, doctrinaria o dogmtica del marxismo, esa palabra no le gusta ni siquiera cuando se pronuncia amablemente y con empata. Los mitos, dice, son una proyeccin ajena con la que ella no tiene nada que ver; algo que desazona porque trae a la memoria las lpidas y que no puede aceptar una mujer que, como ella, se considera metida en el mundo, comprometida con su mundo y con su tiempo, a pesar de no tener partido, ni cargos, ni ser siquiera propietaria del peridico que ayud a fundar.

Ya eso da una pista sobre la orientacin de las memorias de Rossanda. No hay en La muchacha del siglo pasado nada que se pueda considerar contribucin personal al enaltecimiento del mito. Si, a pesar de la declaracin inicial de su autora, an hubiera que conservar la palabra que emplean personas que le admiran se podra decir que la sustancia de este ensayo autobiogrfico es la narracin reflexiva de la vida de una mujer, protagonista de la historia del comunismo, antes de que su actuacin y las circunstancias que han condicionado sta la convirtieran precisamente en ese mito. Pues Rossanda habla en el libro de su infancia y adolescencia, de sus estudios universitarios, de su maduracin poltica al final de la segunda guerra mundial, de su actividad como responsable de la poltica cultural del PCI, de la batalla de las ideas en las dcadas de los cincuenta y los sesenta, de los encuentros y desencuentros ocurridos durante esos aos y de muchas otras cosas interesantes, pero termina su relato en 1969, en el momento de su expulsin del partido comunista, o sea, precisamente en el momento en que empez a ser conocida y reconocida fuera de Italia. Lo que vino despus de la creacin de Il Manifesto, los cuarenta aos de singular aventura poltico-cultural que han hecho de ella una leyenda, queda fuera de consideracin. Eso es, como ella dice al final del libro (tal vez anunciando su continuacin), "otra historia".

Tampoco quiere Rossanda que La muchacha del siglo pasado sea ledo como un libro de historia. Y, en efecto, no es un libro en el que la protagonista de la historia pretenda combinar y amalgamar los recuerdos propios de acontecimientos vividos con la reconstruccin historiogrfica de los hechos, precisamente documentada, desde la perspectiva que da el tiempo pasado. En esto el libro de Rossanda se diferencia de otras memorias publicadas. Pues no son pocas las memorias de protagonistas de la historia del siglo XX en las que el que escribe o la que escribe se dedica a romper todos los espejos en los que sus contemporneos se miraron (o dijeron que se miraban) para, al final, dejar intacto un nico espejo, el que devuelve el rostro propio idealizado, el espejo del cuento de Blancanieves que dice siempre a la madastra lo hermosa que es cuando se mira en l

Rossanda sabe de los agujeros de la memoria personal y de las trampas de la memoria que se presenta a s misma como reconstruccin fetn de los hechos histricos colectivos. Ha optado por narrar en primera persona, sin aducir documentos o papeles, a partir de los recuerdos propios y, casi siempre, claro est, reflexionando sobre los hechos que recuerda mejor, o a los que presta mayor atencin, para valorar as lo que ella misma hizo (o crey en su momento estar haciendo) y lo que hacan las personas y personajes con los que se relacion en aquellos aos. El resultado es un libro que combina la calidad literaria (como reconoci en 2005 el jurado del premio Strega), con la honestidad intelectual; un libro que responde, tambin en primera persona, a la pregunta que muchos pueden hacerse hoy, en la poca del libro negro del comunismo: cmo se ha sido comunista y cmo se puede seguir sindolo, a pesar de todo lo ocurrido y de que la misma persona que escribe es consciente de que est hablando de una historia que acab mal.

En los primeros captulos de La muchacha del siglo pasado, Rossanda narra sus recuerdos de la infancia y de la adolescencia en los aos de la Italia fascista y de la guerra con una distancia tan calculada como apreciable, sin nostalgia de la edad feliz en aos difciles pero sin resentimiento por los primeros tropiezos, como para que el lector pueda tener desde el principio la idea de que, al menos en su caso, el comunismo no lo encontr en la casa familiar. Y en ese sentido no es casual que los primeros recuerdos que valora desde las alturas de la edad, por lo que anticipan, hayan sido, por una parte, la tendencia a escapar y, por otra, la atraccin fatal por los tropiezos, atraccin "evocada una y otra vez por los mayores como demostracin de una personal inclinacin a no estar en el mundo como dios manda".

Al escribir eso no est sugiriendo, sin embargo, la conformacin en su caso de un carcter particularmente rebelde desde la ms tierna infancia; lo cual ya dice mucho acerca de la madurez de la narradora. Como mucho dice, tambin, la tranquilidad de espritu con que reconoce, sin darlo mayor importancia, sus relaciones de entonces con jvenes fascistas, que era lo habitual, o la declaracin de que antes de 1943 su imagen de los comunistas no haya diferido gran cosa de la que estaba difundiendo el rgimen mussoliniano, sobre todo en los aos de la guerra de Espaa. Comunistas eran para ella entonces, como para tantos otros, "vengadores de los pobres, violentos y temibles".

Una idea, sta, que iba a cambiar radicalmente aquel mismo ao 1943, a partir de la relacin que estableci con uno de los grandes intelectuales del momento, el filsofo Antonio Banfi, a travs del cual se produjo su aproximacin a los ncleos comunistas que animaban la Resistencia antifascista. Incluso al llegar ah Rossanda evita apuntarse medallas de las que predisponen favorablemente al lector para lo que va a venir despus. No cuenta sus actividades juveniles en la Resistencia con tonos heroicos, sino ms bien como una consecuencia de circunstancias, entre las cuales la ms importante fue la sorpresa, confesada tambin, que produjo en la estudiante universitaria el descubrimiento del vnculo comunista del filsofo al que apreciaba intelectualmente en aquel momento: "Me vi metida. No tengo glorias de las que alardear, no ped el diploma de partisana... Hice poco y con dificultad y errores".

De estas pginas, que corresponden a los cuatro primeros captulos del libro, hay al menos dos cosas que querra subrayar. Una de ellas es el esfuerzo que Rossana ha hecho por captar y representar el ambiente cotidiano de la Italia de aquellos aos a partir de la seleccin de los propios recuerdos de la infancia, adolescencia y juventud. En esas pginas anticipa lo que va a ser el tono general de todo el libro: veracidad y equilibrio en el juicio, incluso cuando se refiere a cosas, actitudes y personas que, evidentemente, no eran de su agrado. Ni siquiera le gust que la pusieran "Miranda" de nombre guerra, cuando entr, en 1943, en el grupo comunista clandestino. Consideraba ese nombre "imbcil" [nome cretino], pero enseguida quita importancia al asunto.

La segunda de las cosas que llama la atencin en esas pginas es la contencin con que Rossanda aborda las relaciones familiares y afectivas. Da a conocer en ellas sus aficiones literarias y artsticas, sus lecturas, su llegada a la universidad para estudiar letras y los nombres de los profesores a lo que all apreci, pero dedica escassimo espacio a lo que fue la propia educacin sentimental y a la expresin de los sentimientos ntimos. De sus sentimientos respecto de los familiares ms prximos dice poco y casi siempre de forma alusiva: de los padres, lo ms relevante en el momento en que tiene que enfrentarse a su muerte; y de sus amores, de los varones con los que convivi, de los que fueron compaeros sentimentales (Rodolfo Banfi y K.S. Karol), apenas nada. (Tan poco dice que los editores de la obra en castellano, que se han tomado la molestia de aadir un ndice de nombres citados, ni siquiera los han incluido en l).

Como sabemos, por otros libros suyos, de la importancia que con el tiempo Rossana Rossanda ira dando a la relacin entre actividad poltica y educacin sentimental, entre lo pblico y lo privado, as como de sus batallas en el mbito del feminismo italiano, hay que pensar que esta brevedad, esta autocontencin de la memoria, en todo lo que tiene que ver con la propia vida sentimental, no es olvido sino ms bien consecuencia de una decisin pensada al escribir La ragazza del secolo scorso.

Puede que eso se deba a que este libro es sustancialmente, como ha dicho Mario Tronti en el prlogo a la segunda edicin italiana, el relato de un gran amor malogrado, y que ese amor es el amor entre Rossanda y el PCI. O puede tambin que tal autocontencin se derive de su particular forma de entender y de defender el papel de las mujeres en la historia, tan alejada del feminismo italiano de la diferencia, que exaltaba la conservacin de los valores tradicionalmente considerados femeninos. Tronti, en el par de lneas que dedica al asunto declara esto "terreno minado" y pasa por ah como de puntillas, para "no saltar por los aires", dice. Hay en esto, en cualquier caso, un rasgo de carcter que le impulsa a uno a vincular aquel recuerdo suyo del "escapar" y de los repetidos "tropiezos" de la infancia con la declaracin ya madura, que Rossana fecha en 1962, de un impulso que conduce, que la conduce, a la huida, a la vacilacin, a la retirada: "El descubrimiento de que no escapaba de lo femenino. Desde entonces, cuando se trata de elecciones graves en la esfera pblica reconozco el impulso de dar un paso atrs. Y no me parece esto una virtud pacifista, sino el reflejo de quienes durante siglos han estado fuera de la historia... Combatir pero en segundo puesto. No decidir en primera o ltima instancia... No un fin de los llamados saberes femeninos".

Una de las cosas ms sugestivas de este libro es, para m, precisamente lo que queda implicado en tal declaracin, sobre todo si se la compara con lo que ha sido la vida poltica de su autora desde el momento en que dice que hizo ese descubrimiento hasta ahora. O sea: la tensin interior que sugiere aquella tendencia al paso atrs, a pasar a un segundo plano en el momento de las decisiones graves, en una mujer que, desde entonces y por la propia historia, ha tenido que estar tantas veces en el primersimo plano de la esfera pblica cuando tantos varones, aquellos de las decisiones en primera o en ltima instancia, vacilaban, se retiraban o negaban los ideales que un da defendieron.

En la parte central del libro, la que est dedicada propiamente al relato del amor malogrado con el PCI, a los aos que van desde 1947 (momento en que Rossanda decide dedicarse preferentemente al trabajo poltico despus de haber hecho una tesis acadmica sobre los tratados de arte entre la Edad Media y el primer Renacimiento) hasta 1968, momento en el que empieza "la otra historia", hay recuerdos y reflexiones que, por su lucidez, pasarn seguramente a ser parte de la otra historia del comunismo del siglo XX; observaciones que por olvido, por oportunismo o por correccin poltica mal entendida, no han sido subrayadas convenientemente en estudios historiogrficos documentados y que aqu son parte sustantiva del relato. Por ejemplo: el mal fario que le produjo el resultado del referendum de 1946, en el que la Repblica, segn recuerda Rossanda, fue aprobada "por los pelos" cuando la ridiculez del rey era tan evidente; o la impresin negativa que tuvo ante las primeras elecciones regionales despus de la guerra, en la que los comunistas fueron derrotados, a pesar del papel que haban jugado en la Resistencia. O, por poner otro ejemplo, el recuerdo de que, a pesar de su peso social y de lo que se ha dicho y repetido tantas veces despus sobre el poder del partido, ningn comunista hubiera podido hablar en Italia ante los micrfonos de la radio y ante las cmaras de televisin hasta 1963.

Desde un punto de vista ya estrictamente poltico, son interesantsimos los recuerdos y reflexiones de Rossanda sobre su primer viaje a Mosc, todava en vida de Stalin; sobre lo que represent para el PCI el XX Congreso del PCUS; sobre los acontecimientos de Hungra en 1956 (y la controversia entre el grupo dirigente del PCI y algunos de los intelectuales comunistas italianos entonces); sobre la pobre impresin que sac del antifranquismo organizado durante su viaje a Espaa a comienzos de 1962, poco antes de la huelga de los mineros de Asturias; sobre lo que vio en Cuba y de la revolucin cubana despus de la crisis de los misiles, en los meses en que se especulaba en la isla acerca del destino de Guevara; sobre el papel y la personalidad de Palmiro Togliatti; sobre el mayo francs de 1968 y sobre la llamada primavera de Praga, aquel mismo ao, sofocada en agosto por los tanques soviticos.

Al hacer referencia a estos acontecimientos o asuntos, que Rossana vivi en primera persona o que marcaron su vida poltica a travs de los debates y las controversias en el PCI, he escrito aposta, con intencin, las palabras recuerdos y reflexiones. Pues uno de los rasgos que dan valor a esas pginas es que Rossanda construye el relato de los hechos a partir del recuerdo de acontecimientos vividos, o apasionadamente discutidos en su momento, pero reflexionando acerca de ellos casi siempre en dos niveles complementarios: narrando lo que pensaba o hizo ella misma en tal momento y aadiendo por lo general lo que ha llegado a pensar sobre tales asuntos al tener en cuenta acontecimientos posteriores o al volver sobre ellos en el momento en que escribe. Obviamente, esta forma de construir la narracin presenta un riesgo, muy corriente y pocas veces superado en los libros de memorias: confundir lo que se pensaba en el momento con lo que se pens despus y atribuir a otros ideas, pensamientos, actitudes o posiciones que no se corresponden precisamente con lo que dijeron o hicieron entonces.

Pero lo ms notable del libro de Rossanda, en mi opinin, es que en todas esas grandes cuestiones controvertidas en el movimiento comunista de aquellos aos ha logrado distinguir bien entre lo que pensaba y lo que piensa al respecto. Y ha logrado, adems, comunicar al lector esa distincin por el procedimiento de advertir sobre la marcha, y sin cortar el relato, cundo y por qu cambi de opinin, o explicando con verosimilitud y claridad los motivos por los que ahora, cuando escribe, en 2005, piensa que tambin ella, como parte que era del movimiento comunista, err, se equivoc o fracas en tal o cual momento. Hay una imagen en el libro, cuando Rossanda est contando los avatares de los aos sesenta, que me parece muy ilustrativa y que enlaza adems con aquello de los "tropiezos". Es la imagen de la largartija. Dice Rossanda: "Por entonces me pas, a m y a otros muchos comunistas, como a la lagartija a la que el gato mordi el rabo: que volvi a crecerle. Lagartija me parece un trmino apropiado. No he sido un animal de bosque, ni siquiera un gato monts, pero espero que tampoco una gallina".

Tan interesante como lo anterior: Rossanda ha construido el relato de sus recuerdos escribiendo desde la conciencia de la derrota, con el mismo espritu crtico de su juventud y, sin embargo, con un respeto exquisito por la mayora de los personajes con los que se discuti o de los que discrep en el momento de los hechos que cuenta. Esto es de admirar, por raro en las memorias de los protagonistas de la historia del movimiento comunista, en las cuales, como es bien sabido, ha habido mucho cainismo y no poco veneno. Ah veo yo la prolongacin madura de aquel no estar en el mundo como dios manda que le atribuan en la infancia. El ejemplo ms patente que se puede aducir a este respecto, aunque no sea el nico, es la consideracin con que Rossanda ha tratado, en La muchacha del siglo pasado, a Palmiro Togliatti, el personaje ms citado a lo largo del libro, como, por lo dems, es natural teniendo en cuenta el papel que ste desempe en el PCI y en la vida poltica italiana. La advertencia sobre el paso del recuerdo a la reflexin es aqu meridiana:

En la dcada de 1970 le critiqu tanto como hoy le revalorizo, una vez aceptado que su objetivo no fue derribar el estado de cosas existente sino garantizar la legitimidad del conflicto.

Es difcil decir tanto en tan pocas palabras acerca de lo que se pensaba y de lo que se piensa para dar al mismo tiempo en el clavo sobre el autntico papel poltico del personaje, aquel mismo personaje que haba espetado un da a la disidente: "Pero aqu quin es el secretario del partido, t o yo?". El juicio, la valoracin poltica y la reflexin sobre el ayer y sobre el hoy se superponen, pues, en la forma que se considera ms positiva posible. Positiva, desde luego, para quien quiera seguir pensando en la actualidad de los problemas del comunismo sin echar la tradicin por la borda y sin renunciar, por otra parte, al espritu crtico.

Hay otros muchos pasos de parecido tenor en el libro, pero mencionar, para terminar, uno solo que creo particularmente ilustrativo a la hora de valorar el respeto por los otros y el equilibrio en que ha desembocado al fin aquel amor desgraciado. Est ya al final del libro y se refiere justamente al momento tal vez ms decisivo en la vida poltica de Rossana Rossanda: la narracin de los orgenes de Il Manifiesto, lo que incluye su relacin con Enrico Berlinger en aquellos das de 1969 y la expulsin del PCI de su propio grupo. Despus de recordar las ya mencionadas palabras de Aldo Natoli en la reunin del comit central en la que se decidi la expulsin del grupo, Rossanda ha optado, tambin aqu, por no hacer sangre a destiempo: llama "amigos" a algunos de los que entonces levantaron la mano para expulsarles; deja claro que, de todas formas, el grupo de Il Manifesto era "otra cosa", una cosa distinta de aquel PCI; y acaba la narracin as: "No he vuelto a contar los votos. No estaba resentida, ni, a decir verdad, conmocionada [...] Ya no ramos de los suyos, de los nuestros".

De los suyos, de los nuestros: ah est la clave.

He dicho arriba que, por forma y tono, estos recuerdos de Rossana Rossanda nada tienen que ver con la socorrida reconstruccin del espejo que siempre dice lo hermosa que es quien se mira en l. El espejo en el que se mira Rossanda es otro. Mario Tronti ha escrito que hay que fijarse en la foto de la cubierta del libro (que se reproduce, ampliada, en la edicin castellana) y ve en ella otra representacin de la melancola. Comparto la observacin: ese precioso movimiento del alma sensible, la melancola, recorre como un hilo rojo las pginas que Rossanda ha dedicado al amor desgraciado y al conflicto interior que produce el desfase entre lo que se pudo hacer y lo que se hizo realmente, entre lo que se quiso y lo que no fue posible. Slo aadira a la observacin de Tronti que, en este caso, la lucidez del anlisis que acompaa la imagen de la melancola no remite necesariamente al lector a aquella profunda tristeza que la palabra denota. Al contrario: el lector con convicciones, el lector que haya tenido conciencia de la tragedia del comunismo del siglo XX, an cerrar el libro de la muchacha del siglo pasado, de la comunista sin carnet, esperanzado. Pues, como dice ella, tambin nosotros habremos aprendido que no todo lo que no ha funcionado histricamente era polticamente errneo.


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1. "La muchacha del siglo pasado" Rossana Rossanda Traduccin de Ral Snchez Cedillo Ed. Foca, 2008

 



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