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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-12-2008

Grecia: Por qu estoy con los encapuchados

Akis Gavriilidis
Indymedia-Atenas



1. Los acontecimientos y las reacciones

Lo que est ocurriendo esta ltima semana es la segunda revolucin griega, y en mi opinin es quizs ms importante que la primera -y en cualquier caso, seguramente ms masiva. Tambin es quizs la primera vez en mi vida que me siento orgulloso de ser griego.

Estos das constituyen la mayor contribucin de la Grecia contempornea a la civilizacin mundial, y es la primera vez -tal vez la segunda despus de 1821, pero con una dimensin geogrfica y demogrfica mucho mayor que entonces, que las miradas del mundo entero se dirigen hacia Grecia con admiracin y esperanza.

Si alguien sigue los canales y redes de informacin estos ltimos das, de manera muy significativa, descubre que:

2. Por qu es importante este levantamiento?

Porque, contrariamente a las apariencias, no es ciego. Por el contrario, es un acto de elevada responsabilidad democrtica y de defensa de la legalidad y del Estado de derecho.

Naturalmente, se trata de una de las dos legalidades. Pero, como habra dicho -quiz- Lenin, en la situacin revolucionaria existen siempre dos rdenes legales. Pero, como dira Lacan, quien no escribi una lnea sobre poltica, pero quiz fuera ms suspicaz, siempre existen dos legalidades incluso en una situacin de normalidad, o tal vez una de las legalidades surge siempre de una fractura, un antagonismo radical.

Una de las legalidades, la de Karamals (primer ministro de derecha), de Pavlpoulos (ministro del interior), de Jinoftis, de Kougis (abogado del polica que asesin a Alexi), es la que dice: el Estado mata y no rinde cuentas. Sin duda, no lo dice exactamente con estas palabras, pero si tenemos en cuenta el funcionamiento de la cultural intimacy (intimidad o complicidad cultural, el t ya me entiendes), vemos claramente que a fin de cuentas es este exactamente el mensaje.

La tradicin europea occidental de la ilustracin y de las revoluciones ciudadanas (la que, entre otras cosas, es fuente de inspiracin y de orientacin para el Estado griego) dice, al menos oficialmente que NO, EL ESTADO RINDE CUENTAS A SUS CIUDADANOS .En particular en cuanto se refiere a actuaciones de rganos suyos que no corresponden al ejercicio de una, digamos, muy elevada funcin estatal, sino a los actos de un energmeno y de un chulo fascista, al que no igualan ni siquiera los miembros del ejrcito de ocupacin israel en Gaza ante los palestinos que les tiran piedras.

Cuando, el Estado, por lo tanto, NO RINDE CUENTAS A SUS CIUDADANOS, es un derecho y un deber ciudadano de la poblacin EXIGIR POR S MISMA ESTAS CUENTAS. Por todos los medios que sean necesarios. Si no escuchan otras razones, as se enterarn. Para leer esto no hace falta remontarse a Spinoza o a Maquiavelo. Esto lo saba hasta el propio John Locke.

Estoy con los vndalos Con todos ellos. El vandalismo es una forma alternativa y autogestionada de lucha contra la criminalidad, en el sentido estricto del derecho penal, una lucha que el Estado ha abandonado y que asume la sociedad civil. .La proteccin de la vida humana, y an ms la proteccin del principio de responsabilidad del Estado y de sus rganos es algo ms importante que cinco vitrinas rotas y la prdida de cinco propiedades de inocentes, modestas amas de casa en la calle Ermou (donde un mes de alquiler equivale a lo que ganan en un ao quienes las asaltaron, si acaso ganan estos algo), propiedades que, de todas formas, se habran esfumado con la crisis, pues se las habran robado los bancos o las habran perdido en la bolsa. y por cuya prdida de una manera o de otra seran indemnizados. Los daos a la propiedad pblica provocados por los encapuchadosson mnimos en comparacin con los causados por el clero. Adems, los que ocasionan estos ltimos estn claramente destinadas a sus bolsillos y a incrementar sus bienes, para que puedan construirse chalets con yacuzi en sus monasterios, mientras que los primeros se justifican por superiores motivos de inters pblico.

3. Ms all de la defensa de un orden, de lo que se trataba era (es) al mismo tiempo de la creacin del germen de un nuevo orden. Siguiendo las movilizaciones de todos estos das, se percibe una explosin de creatividad y de imaginacin humana, una inspiracin, una generosidad y una franqueza en las palabras que, comparadas con el lenguaje reiterativo de la poltica establecida o de cualquier otra institucin, son el da y la noche.

Por ltimo y de nuevo por casualidad le una declaracin que repartieron los chavales a los comerciantes de Serrn http://athens.indymedia.org/front.php3?lang=el&article_id=939707

Esta referencia a la mente colectiva (el General Intellect) es para m como un soplo de aire fresco, frente al cual la palabra de Karamanls, Papandreou o Papariga es de un nivel de jardn de infancia. Parece una palabra que no es palabra, que da vueltas en el vaco, sin visin sin inspiracin, hipcrita, engaosa, que dice una cosa y piensa otra y que a menudo no significa absolutamente nada.

Al or las tonteras sobre las "fiestas arruinadas" y la airada elevacin de los derechos del consumidor al rango de ley suprema, dan ganas de gritar: este ao las fiestas se han adelantado, y han sido los mejores fiestas que pueda recordar. Qu hay ms festivo y potico que la vista area de un pino gigantesco que arde durante la noche en medio de la plaza Sntagma, delante del parlamento? Ni Angelopoulos ni Kusturica podran haber imaginado plano tan hermoso y lleno de simbolismo.

Por esto mismo estoy con los encapuchados. Hace ya varios aos el difunto Pavlos Siderpulos dijo en una de sus canciones: "Asaltaron los bancos, pero a m que me importa: yo no estoy con nadie." Hoy es el momento de salir del "no estoy con nadie" y decir: "estoy con alguien". Estoy con los que destruyeron los bancos. Y si los roban, mejor an. De una forma o de otra es la banca la que nos atraca cada da. Tanto a nosotros como a sus empleados.

Los 10 das (de momento) que han conmovido Atenas, as como todas las grandes ciudades de Grecia y muchas de las pequeas representan una valioso legado en manos del movimiento social mundial. Estoy seguro de que los estudiarn -o mejor dicho que deben ser estudiados- dentro de muchos aos y en lugares muy distintos del mundo y que darn fruto quiz de otra manera, en otro lugar, en otro momento con formas y combinaciones que no podemos imaginar.

Para terminar con una nota personal, no os oculto que estoy muy orgulloso de haber presentido de alguna manera la llegada de este perodo, estara muy contento si pudiera decir que he contribuido de alguna manera en la medida de mis fuerzas a su llegada. De todas formas estoy seguro de que me encuentro -nos encontramos- en una posicin mucho mejor para comprender en qu consiste y para trabajar en l, que los fsiles de la poltica institucional, los intelectuales del Estado y que la prensa, los cuales ni si quiera se haban olido lo que se les vena encima, e incluso ahora que se les ha cado encima, siguen sin comprender qu les ha pasado. Creo, sin embargo, que ni siquiera estos pueden ser tan gilipollas. Creo que simplemente se hacen los que no entienden; pero en el fondo, de algo s que se han percatado, y a esto precisamente se debe su desprecio y su desmemoria frente a este movimiento. Si Karamanls, Papandreou, Papariga o Karatzaferis piden ahora a todo el mundo respeto por la legitimidad y declaraciones de arrepentimiento, esto en el fondo lo hacen no por que les preocupen tanto las tiendas de los pobres e inocentes comerciantes de cosmticos de la calle Mitropoleos sino, fundamentalmente, porque les preocupan sus propios comercios. Ellos son los que los adornaron con tanto cuidado, con tantas "perspectivas", con tantas "reformas", con tantas "luchas de clases", con tanta "Grecia indispensable". A fin de cuentas cada uno de ellos con su propia razn comercial haba dispuesto su mercanca y esperaba a los clientes de la poltica. Y de repente vieron irrumpir en el mercado un competidor imprevisto que les roba la clientela (y el placer) y muestra lo vacas de sentido, lo exentas de cualquier valor de uso que estn sus mercancas. Ciertamente se trata de un competidor que no tiene tienda en ningn sitio, sino que se encuentra disperso, disuelto, vagabundo, igual que los nigerianos que venden CDs o los chinos que venden ropa.

En otras palabras, lo que ha entrado de repente en escena no es sencillamente un competidor ms, sino la competencia en persona. El ltimo trmino, no es asunto nuestro, no es nuestro trabajo resolver los problemas de los comerciantes endeudados de la poltica. A lo sumo, podemos darles la bienvenida al desierto de lo real (Welcome to the desert of the Real), y dejarles que encuentren por s mismos-si lo encuentran-el modo de hacer frente a las prdidas. stos das en que los acontecimientos discurren a una velocidad multiplicada por mil, hacia miles de direcciones distintas de lo que se denomina "normalidad", nosotros tenemos cosas ms serias que hacer. La primera de ellas es encontrar el modo de encarnar mejor sus miedos, de identificarnos al sntoma, de convertirnos nosotros tanto como podamos en el competidor que les vaca de clientes la tienda -sin tener ni siquiera que destrozarla. Y veremos de qu modo producimos en comn nuestros propios valores de uso.



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