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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-12-2008

El Estado debera tipificar la apologa del terrorismo domstico
Por qu se mata (tambin) un asesino machista?

Manuel de Castro Garca
Rebelin


El Estado no tiene ningn problema en perseguir por todas las vas los actos y declaraciones que alientan el terrorismo cuando el que est en riesgo es el propio Estado o, mejor dicho, los polticos que lo representan o, a veces, los poderosos que lo detentan. El Estado se emplea a fondo y es implacable porque est convencido de que ah, en simples expresiones o gestos, est el caldo de cultivo para conformar el verdugo final, una pieza casi accidental aunque tambin la mortfera. Es autodefensa, se argumenta.

No sucede lo mismo con otro tipo de terrorismos propiciados en unos casos por dejadez y en otros por la propia estrategia del Estado. Cuando se producen crmenes contra mujeres con la nica argumentacin machista, el Estado se limita a cargar la culpa sobre el asesino, que acta como un criminal pero no es ms que la consecuencia de un caldo de cultivo que acaba generando personas que no ven otro camino que matar. En todas las sociedades hay individuos que interiorizan la ideologa dominante de manera extrema e irresponsable, pero no dejan de ser el ltigo manejado por esa cultura dominante. Por eso en muchos pases hay un estricto control de las armas de fuego y no es posible exhibirse con un rifle en la calle aunque el cretino de turno afirme que no va a disparar. La cultura machista, adems de indefendible e injusta, produce gestos extremos como los que se perpetran en la cultura del rifle o, salvando las distancias, en la cultura del automvil. Todo ello no exime a estos criminales de su responsabilidad para decidir, pero debemos afrontar que estas culturas generan un porcentaje de personas con ese perfil. Sin embargo, en Espaa no est perseguida ni tipificada la apologa del terrorismo machista. No hay ms que encender la televisin o abrir cualquier peridico para comprobarlo.

Me pregunto si alguien conoce a un atracador que al salir del banco con el botn coja el coche para ir a la primera comisara a entregarse o se pegue un tiro al ver lo que ha hecho. Los atracadores no se flagelan debido a que son capaces de ignorar la moral dominante, reniegan voluntariamente de ella para delinquir y pueden vivir cmodamente con la condena social. El asesino machista s se atiene a unas convenciones aberrantes de su entorno social. El maltratador machista, salvo excepciones, acta empujado (sin disculpa de ningn tipo pero empujado) por una cultura dominante que le ha rodeado desde nio sin ningn tipo de contradicciones o contrapesos a ese complejo de macho en el que slo ve beneficios.

Habra que preguntarse por qu se entregan algunos asesinos machistas y por qu estos das se suicid en la crcel uno de los ltimos criminales machistas de Espaa, Maximino Couto. Por eso en el Berln de 1939 las familias ms nobles, a sus hijos no aptos para ir al frente, los ingresaban con orgullo en los batallones policiales que mataron a millones de presos en marchas por la nieve y en los campos de exterminio. Por eso en los campos de Luisiana se le iba la mano tambin al negrero bueno y moran por cientos los esclavos. Porque exista una conciencia general de supremaca blanca sobre la negra, tal y como hoy seguimos rodeados de polticos, jueces y pensadores hombres y mujeres- cargados de tanto machismo en sus gestos inconscientes (cuando, por ejemplo, emplean la palabra mujer como adjetivo y no como sustantivo; el sujeto convertido en objeto) que se niegan a ver que ellos mismos son el caldo de cultivo de los crmenes de raz machista, que son los que generan individuos letales como el criminal Couto. Cuando observamos a un poltico, hombre o mujer, que ejerce de feminista ocasional y slo aparente para araar un voto, estamos viendo la perpetuacin del machismo. Cada vez que estos politiquillos se refieren a presuntos rasgos femeninos o masculinos en las maneras de hacer poltica o las maneras de pensar, estn contribuyendo a perpetuar la divisin entre mujeres y hombres como si en realidad furamos distintos y lo femenino fuese una caracterstica per se. Las mujeres tienen que ejercer la poltica o cualquier otro poder porque son tan ciudadanas como los varones, no porque son mujeres. Cada vez que un poltico o poltica, con su falso discurso paternalista, ahonda en pretendidas virtudes masculinas o femeninas, est contribuyendo a confundir al Maximino Couto de turno. Esa actitud no es igualdad ni es feminismo; es una versin moderna de la galantera, que es una fachada de falsa belleza pero que se sostiene sobre la desigualdad y el sentimiento de superioridad masculino. Y el Estado seguir mirando hacia otro lado mientras las nuevas generaciones de nios y nias siguen rodeados de mensajes que les incitan a verse como distintos.



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