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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-12-2008

Los primeros 50 aos de revolucin en Cuba

Gilberto Lpez y Rivas
La Jornada


El primero de enero prximo se cumplen 50 aos del triunfo de la revolucin en Cuba. El proceso de transformacin econmica, social, poltica, ideolgica y cultural que da inicio en 1959 en la mayor de las Antillas no tiene parangn en Amrica Latina. Con una permanente movilizacin y protagonismo del pueblo cubano en sintona con una dirigencia sensible y consensuada, esta revolucin ha tenido la habilidad y la fortaleza de resistir con xito al poder imperialista ms poderoso y destructivo que haya conocido la humanidad, el cual ha pretendido someterla por las vas militares abiertas y encubiertas, bloqueos econmicos, polticos y diplomticos, y por medio del apoyo permanente a grupos contrarrevolucionarios que actan en el interior y fuera del pas.

Cuando se observa en retrospectiva esta resistencia a la accin demoledora de Estados Unidos y a sus aliados; cuando se hace recuento de los numerosos procesos revolucionarios, democrticos y an tmidamente nacionalistas abortados por la accin conjunta de fuerzas internas y los conocidos instrumentos subversivos estadunidenses, se constata lo inconmensurable de la tarea realizada por este pequeo pas que ha decidido soberanamente su destino durante cinco largas dcadas.

La revolucin cubana tuvo que enfrentar tambin la desaparicin de la Unin Sovitica y del bloque econmico y poltico de Europa del este, aliados poltico-militares y socios comerciales vitales para su seguridad y economa. Cuba sali airosa de esta prueba porque la experiencia socialista desarrollada en la isla se fundamenta en la realidad nacional y se enraza en la tica y en el internacionalismo como polticas de Estado.

Este factor ha sido la base de la importante ayuda solidaria brindada a los movimientos de liberacin nacional en Amrica Latina, frica y Asia, misma que se expresa en la actualidad en la presencia de tcnicos y mdicos cubanos en decenas de naciones en el mundo entero, todo lo cual ha redundado tambin en el conocimiento en el terreno de las realidades trgicas del capitalismo y el imperialismo de los cubanos que han participado en tareas internacionalistas a lo largo de estos aos.

No obstante, el secreto de la longevidad del proceso revolucionario cubano se encuentra en su capacidad para hacer coincidir la radicalidad estratgica en el rumbo colectivista, con el mayoritario apoyo popular a las medidas tomadas en cada etapa de la revolucin: las reformas agraria y urbana, la nacionalizacin de las empresas mayoritariamente estadunidenses, la declaracin del carcter socialista de la revolucin en el marco de un cruento sabotaje del imperio, la campaa de alfabetizacin, la edificacin de fuerzas armadas, milicias y de seguridad pblica de extraccin y contenido nacional-popular, la gratuidad de los servicios pblicos y la bsqueda de la excelencia en mbitos bsicos de la vida humana: salud, educacin, cultura, arte, deporte, ciencia, tcnica, investigacin cientfica, etctera. Sin el apoyo popular mayoritario al rgimen socialista y sin la participacin de la poblacin en la defensa, la economa y el bienestar social, no es posible comprender la vitalidad de una revolucin que no ha traicionado los principios martianos que constituyen la levadura de su identidad fundacional.

Siendo el pueblo cubano el principal artfice de esta gesta, es necesario reconocer el papel jugado por Fidel Castro, quien como revolucionario, estadista e intelectual orgnico ha estado siempre a la altura de las necesidades y los intereses del proceso de transformaciones.

Enemigo de la rutina, en permanente lucha contra todo conformismo, Fidel educ a varias generaciones de cubanos en las cualidades que el canciller Prez Roque identific en inspirado discurso: su concepto de la unidad como precondicin del triunfo; la tica como razn de Estado, que no asume que el fin justifica los medios, no acepta que los revolucionarios torturen o asesinen, no imita los mtodos de los enemigos; el desprendimiento por las cosas materiales, los homenajes y las vanidades; la solidaridad entregada como deber y no como arma de influencia poltica o instrumento del inters; la coherencia en los principios y los principios por encima de los intereses; el ejemplo personal, no pedir a la gente lo que no se est dispuesto a hacer antes; asumir las responsabilidades con derecho a ms sacrificios y restricciones, y no a prebendas y canonjas; la verdad como arma y condicin para ser respetado; la sensibilidad de sentir por los otros: de sentir como propio el dolor o la angustia de otros; nunca dejar de sentirse un ser humano capaz de comprender por lo que pasan los dems; la modestia, la ausencia de vanidad como aspiracin de los revolucionarios; el afn de leer, estudiar y aprender; el rigor personal, el deber con las responsabilidades, de que las cosas salgan bien porque es el compromiso con el pueblo, con la causa que se defiende; la derrota no es tal hasta que no es aceptada, siempre existe la posibilidad de revertir una derrota; la aspiracin a la justicia para todos, sin fronteras, como causa universal; la fuerza de las ideas, la conviccin de que una idea justa puede ms que un ejrcito; la ausencia total de odio hacia cualquier persona; odio profundo hacia la injusticia, la explotacin, la discriminacin racial, pero no hacia las personas, aun si son o han sido enemigos.

Este legado, que forma parte sustancial de la actual batalla de las ideas, es la clave para entender este 50 aniversario de la revolucin cubana que se conmemora en el mundo entero y que para los latinoamericanos es motivo de orgullo y de compromiso solidario. Felicidades, hermanos y hermanas de un pueblo digno y valeroso. Los cinco hroes volvern a la patria!



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