Portada :: Economa :: Especial "El capitalismo cruje"
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-12-2008

Har falta una Tercera Guerra Mundial para resolver la crisis econmica?

Vicen Navarro
El Plural


En contra de lo que se est escribiendo en la mayora de pginas econmicas de la prensa diaria, el mayor problema hoy no es la falta de liquidez en los bancos. El que los bancos no presten dinero no se debe a que no tengan dinero. Tienen, y mucho. Lo que pasa es que no se fan. Tienen miedo de que si lo prestan no lo vean de nuevo pues tienen fuertes dudas de que el que pide el prstamo les devuelva el dinero. Y les preocupa tambin que si prestan tal dinero terminen perdiendo en lugar de ganar dinero, pues el valor del aval de los que piden prstamos (tales como las viviendas) bajar mucho ms de lo que vale ahora con lo que estn muy reacios a prestar dinero. En todos los pases el nmero de familias que se declaran en bancarrota est subiendo rpidamente. Y tambin sube el nmero de familias que no pueden pagar tales prstamos. La mayora de la poblacin est profundamente endeudada y los bancos son plenamente conscientes de ello. Los bancos no prestan dinero, en general, a personas o instituciones que estn ya superendeudadas. Y para complicar las cosas y hacerlas incluso ms difciles, el sistema financiero est fuertemente contaminado por los productos como derivativos de alto riesgo, promocionados por los famosos hedge funds. La situacin es semejante a la de una persona sedienta que tiene enfrente de s cinco botellas de agua. Sabe, sin embargo, que una de ellas contiene arsnico pero no sabe cul. Est supersediento pero no puede beber. El problema no es que no tenga agua para beber. El problema es que no sabe qu botella est contaminada. Y as estamos. Hay dinero de sobras pero los bancos no se fan. Y de ah que pidan ayuda a los Estados para atenuar el riesgo. La nica manera de resolver este problema es que los Estados intervengan para averiguar qu est pasando y obtener informacin (sobre los contaminantes) de la que incluso carecen los propios bancos.

Pero el hecho de que la gente est superendeudada tiene otro problema. No compran. Y la economa que llaman real padece, y las empresas corren al Estado a pedir ayuda tambin. Se habla ahora de las ayudas a las empresas automovilsticas y otras empresas. En EE.UU. la compra de coches ha disminuido un 40%. Como resultado, las acciones de General Motors bajaron esta ltima semana a valer slo 3 dlares, haciendo exclamar al banco alemn Deutsche Bank que la novena compaa ms importante del mundo (emplea 2.5 millones de personas) estaba al borde del colapso. En Espaa. Las ventas de automviles han cado un 25%, habiendo perdido 16.000 puestos de trabajo de los 72.000 que la industria automovilstica emplea. Y dentro de poco veremos los gobiernos prestando ms y ms dinero a empresas de otros sectores que tambin estarn en peligro de quiebra. En todas ellas, la causa comn es que la gente no compra. Y la razn es porque est superendeudada. Est con deudas hasta el cuello. Y la causa de ello es el mayor secreto guardado en los medios. La enorme redistribucin de la renta que ha ocurrido en el mundo (entre pases y dentro de cada pas) en los ltimos treinta aos, como consecuencia de las polticas pblicas neoliberales que han beneficiado enormemente las rentas del capital a costa de las rentas del trabajo.

La polarizacin de rentas como una causa del problema de la escasa demanda.

En la mayora de los pases de la OECD, comenzando por EE.UU., el porcentaje de las rentas derivadas del capital (sobre la renta total nacional) ha aumentado enormemente (rompiendo records sin precedentes histricos, como resultado de los exuberantes beneficios principalmente del capital financiero, la manera tcnica de referirse a la banca) y ello a costa de las rentas del trabajo que estn en unos porcentajes bajos, tambin sin precedentes. Y ah est el problema. La gente, la mayora de la cual adquiere su renta del trabajo, est perdiendo capacidad adquisitiva y ha estado pidiendo prstamos para poder mantenerse a flote. Estn superendeudadas y ms de la mitad de las familias tienen dificultades para llegar a fin de mes.

La solucin pasa por dar dinero a la poblacin para que aumente tal capacidad adquisitiva. Y las propuestas de reducir impuestos (la solucin preferida por las derechas), es dramticamente insuficiente. Y en Espaa tenemos ejemplos de ello. El impacto estimulante de esta va ha sido relativamente escaso. La otra va es la de aumentar el gasto pblico y que ste se utilice para crear empleo a travs de inversiones en infraestructuras y en servicios. Esto es lo que ha hecho la China que va a invertir 586.000 millones de dlares en inversiones, transferencias y servicios como medida de estimular su economa, uno de los motores de la economa mundial. Y hace unos das el prximo Presidente de EE.UU., el Sr. Obama, instruy a su nuevo equipo econmico a que prepare un plan de choque incluso mayor, de 700.000 millones de dlares, en transferencias, obras pblicas y servicios. El objetivo de tales expansiones del gasto pblico es crear empleo y aumentar la demanda, sobre todo de las clases populares para estimular el crecimiento econmico. Tales pases han aprendido que la Gran Depresin de principios del siglo XX se resolvi mediante el gasto pblico que signific la II Guerra Mundial. El gasto de sostener tal guerra fue lo que sac al mundo de la depresin. Es un indicador de salud mental el que varios pases estn alcanzando aquel nivel de gasto pblico sin necesidad de tener una nueva guerra mundial.

Lo que debiera ocurrir en Espaa.

La respuesta en Espaa ha sido lenta e insuficiente. Y el problema mayor es que el terreno econmico lo ha definido durante muchos aos la derecha espaola, una derecha dura que incluso ahora est pidiendo que se reduzca el gasto pblico, algo que prcticamente ninguna derecha europea o estadounidense est pidiendo. Merkel y Sarkozy (e incluso Bush) estn ahora pidiendo un aumento del gasto pblico. Vimos ya durante las ltimas elecciones que el PP pidi una disminucin del gasto pblico, frente a la cual, el PSOE propuso mantenerlo cuando debiera haber propuesto aumentarlo. Treinta aos despus de que se estableciera la democracia, Espaa contina siendo uno de los pases con un gasto pblico ms bajo y un estado del bienestar menos desarrollado. El PSOE tena que haberse comprometido a alcanzar en dos legislaturas el nivel de gasto pblico por habitante del promedio de la UE-15. No lo hizo as. Se comprometi a mantener el que tenamos. Y ahora, cuando se enfrenta a una de las crisis mayores que Espaa se ha enfrentado, el Sr. Solbes es reacio a subir el dficit del estado a una cifra mayor que un 2% del PIB. Menos mal que el Sr. Zapatero ha apuntado que igual es un 4%. En realidad, si Espaa hiciera lo que ha estado haciendo EE.UU. y lo que har la Administracin Obama, el dficit total sera un 7%. Pero adems de la insuficiencia en el dficit considerado, existe otro problema con las propuestas del gobierno, y es limitar la inversin pblica a obras pblicas e investigacin y desarrollo. Existe un enorme dficit social de Espaa, que debiera corregirse, crendose, a travs de ello, empleo en los servicios pblicos como escuelas de infancia, servicios de dependencia, servicios sanitarios, servicios sociales, y muchos otros. La excelente Ley de Dependencia est paralizada por falta de fondos y las CC.AAs. estn lamentndose, con razn, de que les faltan fondos para gestionar sus estados del bienestar. Durante aos las CC.AAs. han estado batallando sobre la distribucin de la tarta nacional, olvidndose que el problema mayor es que la tarta es muy pequea. Y ah est el problema. Se necesita una tarta mucho ms grande que debe financiarse primordialmente por el estado central, bien a travs de la correccin del fraude fiscal (que es 85.000 millones de euros, el mismo tamao que el dficit social de Espaa) y a travs del crecimiento del dficit del Estado, alcanzando una cifra mucho mayor que la que se est considerando. Moderacin, en este momento, no es una virtud.

Vicen Navarro es Catedrtico de Polticas Pblicas. Universitat Pompeu Fabra



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