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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-12-2008

Un centroizquierda a la bsqueda desesperada de un nuevo Keynes

Larry Elliott
Sin Permiso


El caos de los ltimos dieciocho meses ha supuesto una crisis para la derecha. Nacionalizar bancos que han concedido prstamos irresponsablemente no formaba parte de ningn guin del laissez-faire.

El modelo econmico predominante en los ltimos 30 aos ha llegado a su fin de ruta, lo mismo que lleg el modelo socialdemcrata de postguerra a mediados de los 70 despus de tres dcadas (de bastante ms xito). Pero no se sigue de ello, como asumen muchos en la izquierda, que el mundo haya cambiado para siempre jams. Eso es pensar de un modo holgazn. Sin una crtica intelectual de lo que ha ido mal y de lo que se precisa hacer para enderezar las cosas, las cosas volvern ms o menos a donde estaban antes del diluvio.

Cuando concluy la Edad de Oro de la postguerra a mediados de los 70, la derecha dispona justamente de esa crtica. Estaba preparada, dado que haba pasado los 30 aos previos sosteniendo que la gestin de la demanda llevara a la inflacin, que la fortaleza de los sindicatos erosionaba los beneficios y que pagar impuestos ms elevados a un gobierno ms poderoso estaba privando de inversiones al sector privado. La mayor parte del trabajo pesado lo llevaron a cabo comits de expertos partidarios del libre mercado que, siguiendo el ttulo del excelente libro de Richard Cockett, estaban listos para "pensar lo impensable". Estos comits de expertos estaban bien financiados por el sector de negocios y podan echar mano de especialistas universitarios para configurar las medidas polticas de los gobiernos de Reagan y Thatcher.

El contraste de hoy en da es sorprendente. No ha habido nada equivalente a una Escuela de Chicago en la izquierda que suministrase la justificacin intelectual de un gobierno ms intervencionista. Y magra ha sido la evidencia de comits de expertos de centroizquierda que tirasen del Nuevo Laborismo mientras ste se mova con paso seguro en los ltimos 15 aos hacia la aceptacin de soluciones basadas en el mercado para casi todos los problemas. Con la excepcin de Jon Cruddas, Vince Cable y un puado de miembros del pelotn de los raros, apenas s ha habido verdadero inters en Westminster por un pensamiento alternativo.

Por esta razn es por lo que el gobierno britnico se encuentra ideolgicamente desamparado mientras trata de gestionar la crisis. El laborismo tiene el control de los bancos pero quiere cederlo cuanto antes. Quiere que los bancos recuperen el equilibrio financiero, pero tambin quiere cercenar sus tipos de inters para que el crdito vuelva a los niveles del ao pasado. Pensar as equivale a la esperanza de que con tipos de inters ms reducidos, recortes de impuestos y unos cuantos pescozones a la supervisin financiera se puede retrotraer el reloj a julio de 2007.

No fue ste el enfoque de Thatcher en 1979. En lugar de exhortar a los sindicatos a portarse mejor en el futuro, utiliz el Invierno del Descontento para imponer controles legales a sus actividades. El Invierno del Descontento del capital ha resultado mucho ms largo, mucho ms generalizado y mucho ms daino que los acontecimientos del invierno de 1978-79, pero la respuesta ha sido bastante menos robusta. Desde luego, comienza a aparecer como una oportunidad perdida de dimensiones catastrficas.

A estas alturas, habra que decir que la izquierda no mayoritaria se ha mostrado activa desde que el derrumbamiento del Muro de Berln anunci la era del fundamentalismo de mercado, y tanto los marxistas como los Verdes disponen de una crtica de lo que ha ido mal y lo que se precisa hacer ahora. Y estas crticas merecen tomarse en serio. Al fin y al cabo, resulta fcil imaginarse a Marx examinando los acontecimientos de los ltimos dieciocho meses y concluyendo que el nuevo orden econmico global creado desde 1990 fue el ltimo golpe de dados del capitalismo y que los desequilibrios, las montaas de deuda y la congelacin final del sistema bancario eran todos ellos sntomas de un sistema irreparable.

El fetichismo del crecimiento

Los verdes dicen que es aqu donde se acaba si se idolatra el crecimiento. Vivir por encima de nuestros medios no slo tiene como resultado mayores niveles de deuda y dficits en la balanza de pagos sino que es sintomtico de un desprecio temerario por la capacidad de carga del planeta. Tratar de revigorizar un modelo econmico erigido sobre niveles cada vez mayores de consumo es un error.

De modo que los marxistas tienen una explicacin y a los Verdes no les falta la suya. Dnde est, sin embargo, lo que podramos llamar la izquierda tradicional, los socialistas democrticos, los keynesianos, el ala no revolucionaria del movimiento progresista? La respuesta es que, durante los 13 aos que dur el liderazgo de Tony Blair en el Partido Laborista, fue bastante dcil.

Podra haber una explicacin sencilla: los argumentos tradicionalmente desarrollados por quienes crean en el capitalismo gestionado, la economa mixta y los mercados regulados han brillado por su ausencia. Mediante un proceso de darwinismo social, las ideas promulgadas por los adalides del libre mercado en un extremo del espectro, y los marxistas y los Verdes en el otro, han sobrevivido porque tienen intelectualmente ms sentido.

O bien, puede simplemente que lo que hayas existido es una monumental falta de coraje, que se desprenda de un liderazgo desmoralizado por cuatro derrotas electorales y que vea la adhesin al mercado como va de acceso al xito poltico. El obsesivo control del alto mando laborista vino a suponer que se mantuviera cerrado a las ideas de los diputados inconformistas, del mundo acadmico o de los comits de expertos de la izquierda; llegar hasta los ministros no supona pensar lo impensable sino lo tediosamente predecible.

Ello ha tenido consecuencias desafortunadas a largo plazo. La capacidad de los progresistas mayoritarios de desarrollar una crtica del mundo neoliberal queda ilustrada por las ONGs del desarrollo que se sentan menos obligadas a congraciarse con los responsables polticos, y que a partir de mediados de los aos 90, atacaron el consenso de Washington. Se divulg toda suerte de ideas radicales: que el libre comercio poda no ser siempre bueno para economas vulnerables; que haba un papel en el desarrollo para un estado activista en el desarrollo; que privatizar la salud y la educacin llevara a tener a ms gente enferma y menos nios en el colegio.

La crisis presenta por tanto una oportunidad de oro y una amenaza para la izquierda. La debacle financiera se ha metamorfoseado en declive econmico de brutal severidad; por otro lado, el margen de maniobra ser breve, se ha perdido mucho tiempo y no hay por ah mucho dinero para financiar pensamientos celestiales. El estamento acadmico norteamericano tiene al menos a Joseph Stiglitz y Paul Krugman; por desgracia, no hay ninguna seal de un Keynes britnico para el siglo XXI.

Los especialistas acadmicos, los polticos y los comits de expertos tienen poco ms de seis meses para presentar ideas que influyan en la poltica antes y despus de las elecciones. Deberan concentrarse en unos cuantos terrenos.

Uno de ellos seran las finanzas, donde el debate debera pasar de la poltica fiscal pseudokeynesiana a lo que Keynes en realidad defenda: controles permanentes y severos del sector financiero de modo que los responsables de elaborar la poltica puedan acometer metas de bienestar social y pleno empleo. Eso significa nacionalizar los bancos, controles sobre el crdito y actuar contra los parasos fiscales, eso como mnimo.

El segundo sera la vivienda, en la que la nocin de que el sector privado vaya a construir hogares suficientes para albergar a casi dos millones de familias ha saltado por los aires. El gobierno debera comprar suelo a las constructoras afectadas y organizar su propio programa de edificacin de viviendas.

Por ltimo, se precisa una visin de lo que es la buena sociedad, del mundo que la izquierda quiere crear. La derecha del libre mercado dispone de una. Los marxistas tienen la suya y los Verdes tambin. A menos que la izquierda socialdemcrata disponga de su propia visin -y pueda articularla plenamente-, estar acabada.

Larry Elliott

dirige la seccin de economa del diario britnico The Guardian.

Traduccin para

www.sinpermiso.info: Lucas Antn


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