La Unión Europea trata el conflicto como si de un conflicto militar simétrico se tratara. En donde no hay ni culpables ni inocentes, en donde no hay ni víctimas ni verdugos, donde se confunden causas con consecuencias y en donde parecen no existir ni el Derecho ni los derechos.
Sin embargo sí hay víctimas y las víctimas se reconocen por una identidad etno-cultural y política: son árabes y forman parte de la disidencia en el sistema. De la misma manera que los verdugos se reconocen por otro referente étnico y político: son Estado sionista y forman parte del hegemon del sistema. Una historia de violencia por todas las partes pero una historia donde la violencia es absolutamente brutal y jurídicamente culpable desde uno de los lados. El siguiente decálogo no va a instruir a nuestra clase política europea. No, porque se lo saben de memoria. Sólo pretende ser un manifiesto público de la cronología del horror y de sus vergonzantes servidumbres:
Naciones Unidas aprueba la partición de Palestina por la cual los árabes palestinos, que sumaban a esa fecha el 70% del total de la población y poseían el 92% de la tierra, fueron reducidos sólo al 43% del total del territorio de Palestina. (Resolución 181), otorgándole el restante 56% a los judíos quienes representaban el 30% de la población y poseían sólo el 8% de la tierra.
Hasta 1965 no se tiene noticia de la primera acción armada ofensiva organizada por parte palestina. Para esa fecha el pueblo palestino llevaba más de 5 mil muertos, más de un millón de desplazados y el 80% de su territorio ocupado.
Israel utiliza la ocupación general para expropiar ilegalmente el resto de las tierras más fértiles colonizándolas fragmentariamente con civiles judíos de cara a que fuera imposible, ad futurum, la construcción de un Estado palestino.
Se renegocian a la baja los acuerdos de 1993 en las conferencias de Wye Plantation (1998) y Sharm el Sheij (1999) y, a pesar de ello se siguen ignorando y violando los acuerdos originarios produciéndose paralelamente un aumento de la violencia en todos sus niveles.
En los siguientes años las mecánicas de represión-acción se incrementan a veces de forma tan brutal como en Yenin cuya ciudad fue arrasada en 2002. Tal vez para celebrar ese mismo año la definitiva renuncia a los Acuerdos de Oslo que jamás fueron cumplidos salvo para la institucionalización de la costosísima, precaria y falaz administración autónoma palestina.
La lógica de las acciones palestinas han sido ordenadas casi siempre como “reacción” (al contrario de lo mostrado por las planillas mediáticas) y suceden después de una acción policial o militar israelí de especial gravedad. Acciones que se cuentan por miles y que no siempre son tan “vistosas” como las ejecuciones extrajudiciales consumadas por sus soldados.
Finalmente, tres respuestas y una pregunta:
El 5 de noviembre Israel mato a cinco oficiales de Hamás después de haber acabado con otro militante más el día anterior. Fue entonces cuando Hamás respondió con los cohetes. El propio portavoz de Hamás, Fawzi Barhoum, expuso el correlato de los hechos, concluyendo que los cohetes fueron “en respuesta a la masiva violación israelí de la tregua”.
Le importan muy poco el lanzamiento de los cohetes caseros Qasam puesto que para neutralizar su lanzamiento le bastaría con apuntar y hostigar a sus lanzadores y vigilar las pocas y muy visibles zonas operativas para su lanzamiento. Cosa fácil con sus sistemas de vigilancia y detección de última generación.
En correlación con la propia lógica y lenguaje belicista de la Unión Europea se podría decir que los cohetes contra colonias judías no dejarían de entrar en el marco de acciones legítimas de guerra puesto que sus objetivos son territorios ilegalmente ocupados por acciones armadas, que forman parte de una estrategia de ocupación militar general, y cuyos sostenedores se componen de brigadas voluntarias ocupantes que forman parte de la base logística bajo regímenes administrativo-militares especiales.
¿Cuántos dirigentes judíos han sido asesinados por palestinos?
¿Cuántos ciudadanos israelíes están presos en cárceles palestinas?
¿Cuántos ciudadanos israelíes han muerto por desnutrición o morbilidad producto de bloqueo militar palestino?
¿Cuántos ciudadanos israelíes han sido torturados en las comisarías y cuarteles palestinos?
¿Cuántos trabajadores israelíes han sido inspeccionados y humillados diariamente por la Administración Palestina?
¿Cuántos ciudadanos israelíes están desplazados o exiliados?
Si la respuesta en el lado judío es ninguno y si la respuesta al otro lado palestino se cuenta por decenas, centenares, miles, decenas de miles, centenares de miles o millones es que algo falla en la calificación proporcional de los victimarios y de las víctimas por parte de la criminal y totalitaria estructura mediática y política que nos rodea.
****Francisco Palacios Romeo es profesor de Derecho Constitucional (Universidad de Zaragoza) y miembro del Comité Internacionalista de Aragón