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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-01-2009

Una visin desde Chile
Cincuenta aniversario de la revolucin cubana

Daniel Martnez Cunill
Rebelin


Cuba ensea a Amrica Latina y al mundo su clara concepcin

del internacionalismo proletario.

Y porque hay esa nueva moral, porque hay esa nueva conciencia,

est aqu latiendo la voluntad revolucionaria ejemplar de un pueblo

Salvador Allende

Discurso en La Habana

 

 

La Revolucin cubana es a Amrica Latina lo que la revolucin bolchevique a las luchas sociales de 1917.

La Revolucin cubana demostr con el ejemplo, que era posible que en Amrica Latina se diera una revolucin anti-oligarqua, anti-imperialista y de carcter socialista. Demostr que se poda triunfar por la va armada, y demostr que la fortaleza moral de los dirigentes movilizaba a todo un pueblo y haca intiles los esfuerzos del imperialismo yanqui por acabar con ella.

Esta enorme fuerza telrica provoc en Chile, al igual que el resto de los pases latinoamericanos, una nueva oleada de reivindicaciones revolucionarias del pueblo y un anlisis profundo de las tesis hasta ese momento vigentes en la izquierda.

Cuba no slo demostr que la revolucin era posible y entreg instrumentos tericos y prcticos para que la izquierda chilena rediseara las modalidades y los mtodos de su propia revolucin, sino que reivindic los componentes ticos y morales como elementos fundamentales de la conducta de la izquierda.

Hasta entonces, la izquierda histrica chilena de los aos sesenta/setenta conviva en paz con el resto del abanico del sistema poltico chileno. Muchos militantes de la izquierda se plantearon ante este ejemplo la necesidad de elaborar una nueva estrategia y nuevas tcticas e incluso - algunos de ellos - la formacin de un nuevo partido que diera pasos inditos hacia la revolucin en Chile.

La pregunta que la historia nos hace, y que debemos responder es: qu factores hicieron que esa generacin de los sesenta estuviera dispuesta a elaborar una nueva estrategia revolucionaria, luchar por ella y, llegado el caso, dar la vida por la revolucin chilena?

Sin duda uno de estos factores es el ejemplo cubano que contribuy a extender, entre miles de jvenes, estudiantes, pobladores, mapuches, campesinos, obreros, soldados e intelectuales, la nocin subjetiva de que la revolucin era posible, que haba que hacerla y que el primer paso era proponrselo.

Qu explica ese sentido de la Historia tan radical y tan distante de nuestros das, en que el orden se nos presenta como natural e inamovible y en consecuencia, proponerse su transformacin resulta como una empresa descabellada?

Algunos estudiosos han planteado que en el perodo de la Unidad Popular convivieron en Chile dos revoluciones: Una, desde arriba, la planificada por la UP, sus tcnicos y dirigentes de los partidos de la izquierda; y otra, la revolucin que se gener desde abajo, que en unas fases se complement con la de arriba, pero en otras se tens y divergi con ella.

En mi opinin, el movimiento de transformaciones sociales en Chile se haba iniciado desde antes de 1970 y tanto la victoria electoral de Salvador Allende como las diversas aspiraciones de cambios surgidas en lucha popular se potenciaron y multiplicaron durante la Unidad Popular en un solo e indivisible movimiento revolucionario, compuesto de diversas propuestas que convergan y discrepaban en diversos momentos.

Los enemigos de la revolucin socialista chilena

Ante la influencia de la Revolucin cubana, el rgimen de turno de los Estados Unidos, viendo en peligro su hegemona en Amrica Latina ampli sus tentculos ms all de sus socios tradicionales, la oligarqua y los militares, y busc el apoyo de la burguesa no monoplica.

Este intento de contrarrestar la influencia de Cuba y su revolucin se encubri bajo el nombre de "La alianza para el progreso", que tenia como finalidad atenuar y enmascarar las grandes diferencias sociales existentes entre los sectores oligrquicos y el pueblo, buscando con esto oponerse al despertar revolucionario de las masas explotadas latinoamericanas.

En Chile las elecciones presidenciales de 1958, haban mostrado ya la disposicin del proletariado y los trabajadores en general de luchar por un gobierno anti-oligrquico y anti-imperialista. Esto se potencia an ms despus de la Revolucin cubana inicindose en Chile un ascenso cualitativo de las reivindicaciones de los trabajadores.

Este salto en las luchas y en la combatividad del proletariado, lleva a que otros sectores de trabajadores adopten sus formas de movilizacin. La oligarqua chilena, atemorizada, respalda la candidatura de Eduardo Fre, que triunf en las elecciones presidenciales de 1964, evitando con esto que el gobierno pasara a manos de las fuerzas de izquierda encabezadas por Salvador Allende.

En el gobierno de la Democracia Cristiana, con su "Revolucin en Libertad", se llevan adelante, con cierto retardo, los planes de la Alianza para el progreso dndose inicio a un periodo de reformas tendientes a aminorar las grandes diferencias existentes en la distribucin del ingreso nacional y a darle una salida al estancamiento del desarrollo del pas, principalmente a la industria nacional y la Reforma Agraria. Se aprob la Ley de Sindicalizacin campesina y se realizan la Reforma Tributaria y la llamada chilenizacin" del cobre que consisti en la asociacin del Estado chileno con las transnacionales norteamericanas para explotarlo. La aplicacin de la reforma Agraria, as como la ley de sindicalizacin campesina, incorporan rpidamente al proletariado agrcola a la lucha de clases.

La izquierda chilena sostiene sus posiciones que proponan una estrategia de desarrollo pacifico hacia el Socialismo a travs de la conquista del gobierno y de la mayora parlamentaria, para darle al Estado una mayor ingerencia en la gestin de la economa nacional. La tesis consista en que, al estatizar las grandes empresas monoplicas y los bancos, as como profundizando la Reforma Agraria, se terminara con el poder econmico de la oligarqua y su influencia poltica. Con la recuperacin de las riquezas bsicas, como el cobre, en manos del imperialismo yanqui, se terminara con la ingerencia de ste en la economa nacional.

Como hemos sealado, a raz de la influencia de la Revolucin Cubana surgen sectores que sostienen la imposibilidad de construir el socialismo en Chile por la va pacifica y la transformacin paulatina del carcter de clase del Estado burgus, postulando que esto requera nuevas formas de acumulacin de fuerzas, que inclua la va armada, para tomar posesin del Estado.

Son estas posiciones revolucionarias las que llegan a los sectores mas avanzados del proletariado urbano como al agrcola, y le dan un alto grado de combatividad a sus luchas reivindicativas durante el gobierno de Fre.

Del gobierno de Allende hay que hacer el inventario tanto de los xitos como de las derrotas

La propuesta de que no era posible transitar por va pacfica al socialismo, pareciera encontrar razn en el colapso de la va chilena al socialismo, por lo menos en el mbito de la teora, pero no necesariamente en la razn histrico-poltica puesto que como parte del proceso chileno tambin la propuesta armada result derrotada.

El golpe de estado fue una derrota de Allende, del movimiento popular, y fue una derrota de todas las variantes de la izquierda chilena, ms all de sus concepciones estratgicas.

Los defensores de la lucha armada adolecieron, a mi juicio, de una sobredeterminacin conceptual, es decir, del deseo de cambiar la realidad a partir de los presupuestos tericos. Pero, cuando la realidad sigue un camino distinto, se abran dos posibilidades: o modificar esos presupuestos tericos y adaptarlos a lo que se viva en Chile o insistir porfiadamente en la voluntad para producir el cambio.

La leccin? Tanto en Chile, como en cualquier proceso revolucionario, la inflexibilidad lleva a reforzar una cultura organizacional autoritaria en los estilos, las formas, los valores, las actitudes, etc., que en el mediando o largo plazo complotan en contra del propio proyecto revolucionario. La revolucin no puede detenerse y menos an retroceder, pero al modificarse de fondo las condiciones sociales los revolucionarios deben tener la capacidad autocrtica y la flexibilidad poltica de adaptarse a las nuevas circunstancias.

Accin y tica revolucionarias hoy.

Toda esta recapitulacin histrica carecera de valor si no tuviera una finalidad concreta. Quiero reiterar que su valor reside en que las actuales generaciones de izquierda chilenas, y latinoamericanas, encuentran sentido a sus acciones polticas contemporneas en base a estas mismas races y antecedentes histricos.

El epteto de castrista con que se fustigaba a la izquierda revolucionaria de los aos setenta, lejos de convertirse en anatema, fue motivo de orgullo y se transform en energa revolucionaria, en solidaridad humana, en inspiracin y gua fecunda.

Ninguna de las experiencias posteriores en Amrica Latina, fracasadas o exitosas, puede negar en mayor o menor grado su componente cubano, su ADN castrista guevarista, que se debe portar como un estandarte de orgullo si es que el proyecto que defiende es humano, universal y latinoamericano.

En el caso de Chile es indudable que la lucha antidictatorial y la reconstruccin de la democracia en el pas requirieron de la participacin de los ms amplios sectores. Hoy, las nuevas lecciones de Chile reclaman una revisin profunda de esta democracia acotada y convocan a redimensionar el socialismo chileno, que no por ms moderno debe ser menos revolucionario. Esto reclama un fuerte debate ideolgico al seno de las diversas fuerzas de la izquierda, que no puede ser ms que benfico para el futuro de las luchas populares de los chilenos.

Salvador Allende y las miles de vctimas de la dictadura merecen un homenaje de ese tipo. El de la confrontacin de las ideas progresistas por el socialismo en Chile.

En los casos de Bolivia y Venezuela de hoy esto tambin es particularmente importante, ya que all se procura redimensionar el socialismo de nuestros das. Hace ms de una dcada, los autodesignados sepultureros de la Historia se apresuraban a invitarnos al funeral de un socialismo que no era el nuestro y la extensin global de una propuesta neoliberal se levantaba como verdad absoluta. Ms all de aciertos y errores, el movimiento social que nutre las luchas en Bolivia y Venezuela demuestra lo contrario.

El caso de Nicaragua merece un anlisis especfico, pero en la coyuntura actual y vista la conducta errtica de sus dirigentes, resulta difcil asimilarlo a los ejemplos anteriores. Justamente porque el Socialismo que la Revolucin cubana ense no ha dejado ni un instante de convocarnos a ser respetuosos de la voluntad popular, ms humanos, ms dignos, ms ticos.

La experiencia cubana no transit por el realismo socialista sino por el socialismo verdadero. La experiencia cubana fue y sigue siendo ejemplo de lucha antiimperialista contra un bloqueo infame y anacrnico, pero sobre todo demuestra que el Socialismo que sus enemigos dieron por muerto goza de buena salud.

Cuba vive en el internacionalismo, en su tica humanista y revolucionaria y en el ejemplo de precursores como Fidel y el Che que se reproduce en las luchas sociales en todos los rincones del planeta.

Fidel y el Che

Fidel y el Che fueron dos hombres de personalidades opuestas pero complementarias, un ejemplo de dialctica revolucionaria de la cual tal vez nosotros no siempre somos buenos herederos. Por cierto que an es buen momento para entender que la dimensin tica de la Revolucin Cubana consiste - entre otras muchas otras cosas - en asumirlos a ambos en su condicin de hombres. Hombres superlativos, pero de carne y hueso. Hombres ejemplares por sus atributos y por sus errores.

El Che Guevara, el precursor del hombre nuevo, nos dej un cmulo de ejemplos de coherencia, antes de emigrar a la mitologa en la plenitud de su vida. El mayor problema para sus detractores es que los fundamentos del mito guevarista siguen vivos en la historia de frica, Amrica Latina y el Caribe y su ejemplo renace, con la terquedad que lo caracterizaba. No hay motivo alguno para que sus herederos renieguen del Che, por la simple razn de que adems de mito es realidad.

Fidel? Pues Fidel sigue haciendo historia y se ha mantenido inamovible, durante todas estas dcadas de lucha, como un referente tico de la izquierda en todo el mundo, a pesar de las rabiosas campaas en su contra. La belicosidad de la propaganda enemiga contra Fidel se explica como una reaccin enfermiza contra un lder mundial que siempre cumpli su palabra y nunca ocult al pueblo las verdades esenciales. Otras verdades, pues en silencio tuvieron que ser y es seguro que poco a poco la historia las recoger.

La trayectoria del Comandante es de una coherencia inconmensurable y reconocerlo es la accin elemental de quienes se consideren revolucionarios.

A manera de conclusin.

Con su ejemplo, la Revolucin Cubana y sus lderes nos convocaron a los latinoamericanos a redefinir y actualizar estrategias, a estar dispuestos a darlo todo en cada combate tctico y, sobre todo, a mantener siempre en alto las banderas de la honestidad y la tica de los revolucionarios.

Hoy, a cincuenta aos de su inicio y en un nuevo contexto mundial, todos estos valores de la Revolucin Cubana conservan su absoluta vigencia y la nica manera de rendirles homenaje es ser consecuentes con ellos.



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