Portada :: Cuba :: 50 aos de Revolucin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-01-2009

Cuba en la vanguardia de la historia

Atilio Born
Rebelin


Es una tarea ciclpea resumir en unas pocas lneas el significado de un algo tan especial como la Revolucin Cubana, que el viejo Hegel no hubiera dudado un instante en caracterizar como un acontecimiento histrico-universal. Una revolucin que destruy mitos y prejuicios profundamente arraigados: que la revolucin jams podra triunfar en una isla situada a 90 millas de Estados Unidos; que el imperialismo jams permitira la existencia de un pas socialista en su patio trasero; que la revolucin era impensable en un pas subdesarrollado y, para colmo, sin el protagonismo de un partido marxista-leninista conduciendo la insurreccin de las masas. Todos estos pronsticos, y muchos otros que sera largo enumerar, fueron refutados por el triunfo del Movimiento 26 de Julio y la consolidacin y heroica sobrevivencia de la Revolucin Cubana.

En efecto: ha sido -y sigue siendo- una hazaa resistir a medio siglo de un bloqueo econmico sin precedentes en la historia de la humanidad y que ao a ao es condenado por casi todos los pases de la ONU, con la excepcin de Estados Unidos y un puado de sus indignos estados-clientes. Pensemos simplemente lo que hubiera ocurrido en la Argentina (o cualquier otro pas) ante un bloqueo de apenas un ao, limitando drsticamente desde la importacin de bienes esenciales hasta el ancho de banda de la Internet: este pas se habra desintegrado producto de la conmocin social y la crisis integral que los sufrimientos y privaciones del bloqueo habran desencadenado.

Es precisamente por eso que quien no quiera hablar del imperialismo norteamericano y sus polticas de permanente bloqueo y agresin hacia Cuba debera abstenerse de formular cualquier tipo de crtica a la revolucin. Es bien importante marcar esta postura porque tanto dentro como fuera de la isla -especialmente el progresismo bienpensante, una especie ampliamente difundida en la regin- no son pocos quienes disparan sus dardos contra las asignaturas pendientes de la revolucin sin hacer la menor mencin al influjo radicalmente desestabilizador de la poltica del imperio. Es cierto que hay mucho por hacer todava en Cuba pero, cmo explicar esas falencias al margen de un bloqueo de medio siglo cuyo costo, segn clculos muy conservadores, oscila en torno a los 93.000 millones de dlares, una cifra dos veces superior al Producto Bruto de Cuba, ms all de otras consecuencias que trascienden lo econmico y que se miden en vidas humanas y en sufrimientos innecesarios e indiscriminados de toda la poblacin? Cualquier crtica a la poltica, la economa o la sociedad cubana que no comience por un anlisis del bloqueo y su demoledor impacto termina siendo -involuntariamente pero eso no importa- objetivamente reaccionaria. Equivaldra, salvando las distancias, a criticar a los judos que lucharon con extraordinaria valenta y dignidad en la defensa del ghetto de Varsovia por su incapacidad para resistir a los embates de la maquinaria militar de los nazis, explicando su aniquilamiento como producto exclusivo de la situacin interna del ghetto e ignorando por completo el contexto ms amplio que hizo posible su derrota.

A las restricciones propias del bloqueo habra que agregar, entre muchas otras, el humillante servilismo de la casi totalidad de los pases de la regin, con la honrosa excepcin de Mxico, que ante un kase del imperio cortaron relaciones con la patria de Mart a partir de 1962, profundizando los efectos deletreos del bloqueo. Pese a ello, los cincuenta aos de la revolucin encuentran a Cuba slidamente a la cabeza en una amplia diversidad de ndices de desarrollo social. Este es un asunto que ya se da por descontado pero conviene recordarlo puesto que tales logros se alcanzaron bajo la hostilidad permanente de Estados Unidos y debiendo adems sobreponerse a las tremendas consecuencias derivadas de la implosin de la Unin Sovitica y la desaparicin del Comecn. Los otros pases de la regin, rutinariamente cubiertos de elogios por la prensa imperialista y sus voceros en el mundo poltico, registran ndices de desarrollo social muy inferiores en algunos casos vergonzosamente inferiores- a los cubanos pese a que a lo largo de este medio siglo contaron con el permanente apoyo financiero y poltico de Washington. Un solo indicador habla con elocuencia: la tasa de mortalidad infantil por cada 1.000 nacidos vivos coloca claramente a Cuba por encima de cualquier otro pas de las Amricas, con un nivel semejante al de Canad (5/1000) y aventajando a Estados Unidos (7/1000), para no hablar de pases como Argentina, Brasil, Mxico en donde estas tasas triplican o cuadruplican a las cubanas.

Este cincuentenario plantea renovados desafos a la Revolucin Cubana, originados en: (a) los grandes cambios que caracterizan a la economa mundial y que provocan la obsolescencia del viejo modelo de planificacin ultra-centralizada; (b) la creciente beligerancia de un imperialismo que se enfrenta con renovadas resistencias a lo largo y ancho del globo, sobre todo luego de la crisis global estallada pocos meses atrs; y, (c) la necesidad de renovar el impulso revolucionario y, sobre todo, transmitirlo a las nuevas generaciones. Desafos que requieren de respuestas innovadoras pero, como el mismo Fidel lo recordara, para nada significa caer en el error histrico de creer que con mtodos capitalistas se puede construir el socialismo. En otras palabras: la indispensable reforma que Cuba necesita no puede significar la reintroduccin de mtodos capitalistas en la gestin de la economa, como se hizo en China o Vietnam. Cuba, colocada una vez ms en la vanguardia de la historia, como a mediados del siglo pasado, deber transitar por un estrecho sendero en donde se mantenga la planificacin de las actividades econmicas y el papel rector del estado pero apelando a estructuras ms flexibles de planificacin y control y a procesos ms giles de conduccin y ejecucin. De lo contrario las desigualdades se multiplicaran y la corrupcin y la desmoralizacin resultante de las mismas podran, al cabo de un tiempo, debilitar irreparablemente el impulso revolucionario y favorecer los planes de la reaccin imperialista. Fue ese el mensaje claramente expresado por Fidel en su discurso de Noviembre de 2005 en la Universidad de La Habana. Por eso Cuba est a la vanguardia de la historia, realizando un experimento sin precedentes: reformar al socialismo pero profundizando el socialismo. Al igual que antes, Cuba rompe con todos los manuales y con el saber convencional. Estamos seguros que tambin en esta oportunidad el xito rubricar su osada.

Una reflexin final: imaginemos lo que habra sucedido en Amrica Latina si la Revolucin Cubana hubiese sucumbido ante las agresiones del imperialismo o como consecuencia del derrumbe de la Unin Sovitica. La respuesta es clara y contundente: en tal hipottico caso nuestra historia habra sido radicalmente diferente. Sin el fuego emancipador preservado heroicamente por Cuba durante medio siglo los pueblos de las Amricas difcilmente habran tenido la inspiracin y la audacia para resistir la renovada opresin de que eran objeto y para rebelarse en contra del imperio y sus lugartenientes locales. Fue su vibrante ejemplo el que incendi la pradera de Amrica Latina en los aos sesentas, lo que aliment las grandes movilizaciones que impulsaron el ascenso de la Unidad Popular en Chile y el triunfo de Hctor Cmpora en la Argentina. Fue su ejemplo el que abri el espacio para el giro radical de Juan Velasco Alvarado en el Per y para la instauracin de la Asamblea Popular y el gobierno de Juan Jos Torres en Bolivia; fue el rotundo ments que Cuba le propin al fatalismo y al inmovilismo lo que nutri la insurgencia constitucionalista del Coronel Francisco Caamao De en la Repblica Dominicana ultrajada por el invasor yankee. Fue la inconmovible lealtad y solidaridad de Cuba con todos los pueblos en lucha lo que hizo posible resistir las atrocidades de las dictaduras que asolaron la regin en los aos setentas y, entre tantas otras cosas, asegurar el triunfo del Sandinismo en Nicaragua y, con el sacrificio de sus hijas e hijos derrotar al apartheid sudafricano y garantizar la independencia de Angola. Fue la inconmovible fortaleza de Cuba la que la convirti en referencia obligada cuando, a mediados de los ochentas, el continente retomaba el escarpado y todava inconcluso!- sendero de la transicin democrtica agobiado por el peso de una deuda externa que ya en 1985 la defini en La Habana como incobrable e impagable. Ejemplo que adquiri dimensiones gigantescas cuando la isla demostr ser capaz de resistir a pie firme el derrumbe de los mal llamados socialismos realmente existentes, desplomados precisamente por no ser socialismos. Y la isla resisti en esos terribles momentos las presiones y los cantos de sirenas de los agentes del imperialismo y sus publicistas (entre los cuales sobresale por su dedicacin el lobbista nmero uno de las transnacionales espaolas: Felipe Gonzlez) que le recomendaban a La Habana volver a la sensatez y olvidarse de la revolucin, para re-emerger victoriosa, como el ave Fnix en medio de la debacle de la Unin Sovitica y el Comecn para animar a los pueblos del mundo entero a decir basta! Es en este escenario, que lleva la marca indeleble de la resistencia de Cuba como una de sus seas de identidad, que irrumpe la Revolucin Bolivariana y la figura excepcional de Hugo Chvez, mientras que ms al sur Rafael Correa pona en marcha su Revolucin Ciudadana y en la Bolivia del Che un extraordinario dirigente cocalero, Evo Morales, se proyectaba como el lder de un pueblo en pos de una reivindicacin que se le deba desde haca ms de cinco siglos. Hay tambin otros procesos en marcha en Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y, en general, en casi toda nuestra geografa. Con caractersticas externas diferentes segn los casos pero, invariablemente al menos en el espritu de los pueblos- como expresin de un intransigente rechazo al imperialismo, al capitalismo y las polticas neoliberales que rara vez se refleja en las polticas que propician esos gobiernos.

Todo esto no habra sido posible si Cuba hubiera sido derrotada en Girn, o si sus hombres y mujeres hubiesen defeccionado, abandonando sus ideales, ahogando la antorcha que con tanto esfuerzo y dignidad sostuvieron en alto durante medio siglo. Por eso la deuda de los pueblos latinoamericanos y en gran medida tambin los del frica Sub-sahariana- con la Revolucin Cubana es inmensa. Una revolucin cuyo internacionalismo la llev a apoyar a todos los movimientos de liberacin nacional de Amrica Latina y el Caribe, a todos los gobiernos que sinceramente se proponan cambiar las vetustas e injustas estructuras de nuestras sociedades y a derrotar, empuando las armas, a los fascistas sudafricanos apoyados por las democracias occidentales bajo la conduccin de Estados Unidos. Y como si todo lo anterior no fuera suficiente hoy Cuba inunda al Tercer Mundo de mdicos, enfermeros, maestros, instructores deportivos; una revolucin que siembra educacin, salud y vida, contra un imperio y sus aliados que siembran ignorancia, destruccin y muerte. Por eso, y por tantas otras cosas que sera imposible siquiera nombrar, vaya nuestra eterna gratitud para con el pueblo y el gobierno cubanos, para Fidel y para Ral, y antes para el Che, para Camilo, para Hayde, y tantos otros hroes annimos, cubanas y cubanos que con su lucha cotidiana y su tenacidad de hierro hicieron posible la sobrevivencia de la revolucin y el renacimiento de las perspectivas del socialismo en Amrica Latina.






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