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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-01-2009

La noche de los cuerpos rotos

Antonio Mitre
Bolpress


Le pareci verdaderamente admirable que la prepotencia y el genio cruel de sus antiguos torturadores hubiesen hecho escuela entre la prole del joven estado. Y no pudo creer que el pas que fuera promesa para que no se repitiera la noche de los cristales rotos haba pactado con su protegido para seguir sembrando calaveras.

Fue de noche y desde el aire, como en Guernica, que los fascistas volvieron a bombardear Gaza, causando cientos de muertos y ms de mil heridos, hasta el momento. Con pinceladas de espanto, la mano descepada rasga el lienzo de Picasso para otear el otro lado del calendario: arrodillada sobre los escombros una madre cie nerviosamente el vaco, el asombro de un nio yace empozado en los ojos de un anciano, hombres y mujeres huyen despavoridos por las calles de un pas sin salidas, al que un da aciago, seguido de una noche interminable, le robaron la tierra y el cielo. El toro muge justicia por la herida de su frente, y el caballo resopla odio por las crines. Bajo la lluvia incesante una vctima del holocausto epnimo despierta de su sueo para comprobar espantada que no se haba muerto, que sus nietos eran ahora sus verdugos, y que su sufrimiento no terminara en la cmara de gas de Auschwitz, sino que la prisin, el hambre, y las humillaciones continuaban atormentndolo en otro campo igualmente cercado con alambre de pas y muros de concreto en una tierra que juzgaba santa y que por la mano de sus vstagos se volvi maldita. Le pareci verdaderamente admirable que la prepotencia y el genio cruel de sus antiguos torturadores hubiesen hecho escuela entre la prole del joven estado. Y no pudo creer que el pas que fuera promesa para que no se repitiera la noche de los cristales rotos haba pactado con su protegido para seguir sembrando calaveras. Desde su escondite de la calle Prinsengracht, aterrorizada ante la inminencia de un asalto nocturno, Anna Frank escribira en su Diario, justo en el instante que caan las bombas sobre Guernica, a media noche del pasado viernes cuando los dos rostros de la realidad se juntaron: aqu, en Palestina, miles de nios, como yo, viven cercados por el ejrcito de ocupacin israel hace ms de 50 aos; si bien no hay duda que el tiempo de ellos corre perfectamente paralelo al mo, que la soledad es la huesa de cada uno, y que el nmero de muertos no nombra la muerte de ninguno.

* Historiador boliviano. Reside en Belo Horizonte, Brasil.



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