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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-01-2009

Uno de los 1600 espaoles supervivientes del campo de concentracin de Mauthausen
Franois Boix

Mikel Arizaleta
Rebelin


"Ich schwre, dass ich ohne Hass und ohne Furcht sprechen werde, die Wahrheit sagen werde, die ganze Wahrheit und nicht als die Wahrheit", fue lo que jur aquella maana del 28 de enero de 1946 ante el presidente del tribunal de los vencedores de Nurenberg el nico testigo del estado espaol, que particip en el famoso juicio: Franois Boix, nacido en Barcelona el 14 de agosto de 1920 e internado en el campo de concentracin de Mauthausen el 27 de enero de 1941: "Jur que hablar sin odio ni temor, y que dir la verdad, toda la verdad y nada ms que la verdad". Uno de los 1600 supervivientes, como l mismo relata, de los 8000 espaoles que ingresaron. Trabaj en el departamento de "identificacin" del campo de concentracin, a su arrojo y valenta le debe hoy la historia la mayora de las fotos que este reportero nos leg del campo de Mauthausen.

"Ohne Rcksicht auf die Folgen habe ich es allen meinen Kameraden erzhlt...", se recoge en el tomo 6 de los 23 que contienen las actas del proceso de Nuremberg, que ocurri entre el 14 de noviembre de 1945 y el 1 de octubre de 1946. Asumiendo las posibles consecuencias narr los hechos a mis camaradas, esperando que alguien lograra salir con vida de aquel infierno y contara al mundo... Historia que se repite hoy permanente y machaconamente en cada guerra, en cada crcel y en muchas comisaras de los gobiernos criminales del mundo con el permiso de los jueces de turno: Chile, Argentina, Yugoslavia, Irak, Guantnamo, comisarias del estado espaol, Gaza... Los gobiernos y autoridades mintieron a sus gentes y nos mienten, los jueces callaron y callan. Slo algunos nos contaron y nos cuentan la verdad, las bestialidades de nuestros gobernantes y su cobarda, a riesgo de su vida, su puesto y su persecucin. Otros murieron en el empeo. Son los maestros de la verdad, nuestros guas en la escritura, en el relato y en la noticia

"Desengamonos. Tan masiva fue la participacin de la poblacin alemana en el nazismo que muchos de los que ocuparon puestos bajo Hitler debieron volver a ejercer cargos en la nueva democracia, incluyendo a los que los alidaos consideraban criminales de guerra. No poda juzgarse a todo un pueblo por haber colaborado o secundado de forma entusiasta al nazismo. O sea que hay mucha hipocresa, que hay que coger la historia con pinzas y taparse la nariz porque apesta. Fueron los americanos los que contrataron a muchos criminales de guerra para que les ayudaran en sus programas armanmentsticos y del espacio. Para fabricar la bomba atmica no haba nazis", narra uno de los personajes de la novela "El mal absoluto" de Jos Luis Muoz.

Y si en Alemania fueron algunos -porque perdi el nazismo-, en el estado espaol fueron todos, el nazismo venci y siguieron gobernando exclusivamente ellos. Todava hoy sigue habiendo esferas dominadas casi exclusivanmente por sus gentes. El rojero fue aniquilado, muy pocos nos dejaron sus crnicas de verdad escritas y muy numerosos y abundantes fueron sus testimonios y huesos de arrojo y bestialidad en acequias, cunetas y crceles. Hoy, tras 70 largos aos, algunos de ellos, los menos, van alzndose entre los matorrales. Hecho que debiera hacer pensar a "nosotros, los demcratas".

Y traigo este dato de recuerdo y reflexin ante la muerte el da de Navidad de Luis Goikoetxea Egia. Encerrado en el campo de concentracin de Gurs y luego en el campo de concentracin de Miranda de Ebro, en las escuelas de Unamuno de Madrid, en el batalln de Trabajadores de Mozarrifar y, finalmente, condenado por el tribunal militar del Ferrol a 12 aos de crcel. Aos de sufrimiento, de hambre, de enfermedades y castigo. Tiempos de humillacin y lloro. Y fue de los que tuvo suerte! Porque otros muchos compaeros, familiares y amigos murieron de penuria o fueron vilmente asesinados. Guardaron durante aos sus sentimientos ocultos, en arcn de roble, rompieron papeles, a duras penas salvaron oralmente su lengua materna: el euskera. En muchos de nuestros ancianos yace grabada una tragedia dramtica, imgenes salvajes de polica gris y guardiacivil, de gobernadores tiranos, de asesinato y chulera, de represin y muerte. Con cario y trabajo se han ido recuperando, sacando a la luz, trazos de sus historias y recuerdos enterrados. Lentamente van aflorando huesos de mujeres y hombres baleados y arrojados en la acequia de la vida. El desempolvamiento por historiadores de legajos amarillentos y sepulturas vacas han confirmado una leyenda espeluznante del Chile de Pinochet y de dictadores sin entraas: "centenares de cadveres de republicanos, que yacan en las cunetas, fueron trasladados a la fosa de Cuelgamuros, al Valle de los Cados, con impunidad, sin consentimiento de hijos y esposas, robados por la autoridad con sigilo y fuerza", relatar el historiador Iaki Egaa. Eso ha ocurrido entre nosotros a finales de los aos 50. Y muchos de los que llevaron a cabo semejante felona siguen entre nosotros cobrando retiro y jubilacin.

Y viendo el holacuesto en Gaza me golpean los versos de Erich Fried, en su poema "Hre, Israel" (Escucha, Israel!), escrito ya en los aos 70, ante la actitud de los judos frente a los palestinos: "Als wir verfolgt wurden/ war ich einer von euch. Wie kann ich das bleiben/ wenn ihr Verfolger werdet?... Cuando fuimos perseguidos/ fui uno de vosotros. Cmo seguir siendo/ cuando sois perseguidores?/ Anhelo vuestro fue/ ser como los pueblos/ que os asesinaban/ Ya sois como ellos!/ Habis sobrevivido/ a quienes os torturaban./ No pervive hoy/ su tortura en vosotros?"

Por desgracia hoy ya nadie lo duda. Como tampoco nadie duda de que, as como ante los campos de concentracin de Hitler los aliados, que los conocan perfectamente y tambin la situacin de los judos, comunistas, gitanos, homoxesuales, republicanos... miraron a otra parte porque tampoco ellos se oponan a su eliminacin y nunca bombardearon las villas de los torturadores, los gobiernos actuales, nuestros gobiernos, tan criminales como entonces, miran a otra parte ante el holacusto palestino y campo de concetracin de Gaza y juegan a demcratas y buenos. Y no olvidemos al contar la historia: estos gobiernos tan criminales y cobardes ante el holocausto palestino son nuestros gobiernos. Y si son criminales hacia fuera y con otros pueblos tambin lo son hacia dentro y con sus adversarios.

Y termino con las palabras del bravo Franois Boix: "Sie besuchten alle Lager. Es war unmglich, dass sie nicht wussten, was im Lager passierte". Nuestros gobernantes no tienen excusa, conocen perfectamente lo que ocurre.



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