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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-01-2009

Ser migrante... encerrado

Matteo Dean
La Jornada


Las reformas y normativas aprobadas en el ltimo semestre en la Unin Europea comienzan a arrojar sus primeros resultados. A este aspecto hay que sumarle no solamente la actual coyuntura de crisis econmica que, como hemos dicho, arriesga con cobrarle el precio antes que todo al componente migrante, sino tambin el hecho de que hoy da en Europa los migrantes ya no son los de hace unos aos; es decir, se estn organizando o, en todo caso, ya no estn dispuestos a soportar pasivamente las crecientes restricciones que las leyes europeas imponen.

En las ltimas semanas de 2008 ocurrieron diversos episodios de franca rebelda ms o menos organizada, que est produciendo como primer resultado la puesta en el centro de atencin, tambin meditico, de las revueltas y protestas de migrantes. Y no son solamente las decenas de manifestaciones que se realizaron tanto en Italia como en Francia o en Espaa; son tambin las revueltas cada da ms constantes que se realizan dentro de los llamados CIE, esto es, los Centros de Internamiento y Expulsin para ciudadanos extranjeros.

Es el caso italiano, por ejemplo, que ha visto en el reciente periodo episodios cada vez ms radicales pero tambin desesperados y por tanto violentos de reaccin de migrantes a la realidad del encierro forzado, pulcramente definido por la ley con el epteto de detencin administrativa. En el nuevo y moderno CIE de Gradisca dIsonzo, en la frontera con Eslovenia, el viejo pas comunista hoy miembro de la UE, se han generado revueltas y protestas que no dejan de sorprender a los observadores del fenmeno migrante. La sorpresa es tambin para los activistas antirracistas que por aos han ido a protestar a las afueras de estos lugares. Sonre Carlos, miembro de la red italiana de colectivos, que al comenzar 1998, cuando en Italia se instituye y se abre el primer CIE en ese entonces llamados Centros de Permanencia Tempornea, protesta en contra de estas estructuras.

Sonre Carlos y recuerda que antes bamos nosotros afuera a protestar, hoy son los migrantes quienes ya no estn dispuestos a aguantar. Efectivamente: el 16 de diciembre se registr la fuga de 10 personas en este CIE, la tercera en las ltimas tres semanas. Fugas que, queriendo ser romnticos, recuerdan de cerca esas pelculas que tratan el tema de los lageres (campamentos) nazis durante la dictadura en Alemania: un cerco de alambre, roto, un campo de trigo que separa la estructura de la civilizacin o del poblado ms cercano. La fuga corriendo, a tardas horas del da, en medio de los cultivos. A la espalda no hay ametralladoras ni nadie que quiera o pueda disparar. Pero as las cosas, y de esa huida de 10 personas, cuatro han sido atrapadas entre el trigo recin sembrado. Pero son tambin fugas fruto de la espontnea organizacin migrante dentro de los CIE, pues se escapan tras aprovechar un incendio en alguna celda, tras aprovechar alguna protesta que haya logrado contagiar el ambiente; en fin, se escapan tras quebrar la estabilidad y el orden impuesto.

Lo cual no resulta tan complejo: solamente el CIE mencionado, segn datos oficiales de la reciente visita de la comisin parlamentaria de control acerca de la poltica migratoria rgano instituido por directiva de la UE en cada pas, sufre problemas de hacinamiento. No hay datos oficiales, pero s se reconoce la existencia del problema. Ninguna novedad siquiera tomando en cuenta el modelo de referencia de estos centros; es decir, el sistema carcelario. De la misma manera, en efecto, en ste y otros CIE europeos surge tambin el problema de la gestin de estos lugares. Entregado a administracin privada tras licitacin pblica, el centro de Gradisca, y con l muchos ms en Italia, est bajo la gestin de una cooperativa que se llama Connecting People. sta, adems de llevar en el nombre la irona de un encuentro entre personas forzado por los garrotes de las grandes celdas que hospedan el nuevo meltingpot promovido en la UE, mantiene el centro al lmite mximo de la presencia de los huspedes, pues por cada uno la cooperativa percibe el respectivo financiamiento.

De ser poco, y haciendo honor al nombre que lleva, la cooperativa parece haber encontrado la manera perfecta de mantener siempre a tope el nmero de migrantes en la instalacin de Gradisca. Un puente areo muy bien organizado, con las facilidades otorgadas por el gobierno italiano, que permite tener literalmente conectados dos centros para migrantes, el CIE de Gradisca, en la punta extrema al norte del pas, y el de Lampedusa, al sur, en una isla, al otro lado exacto de la pennsula.

A esta situacin se est sumando otra de mayor envergadura que nos permitira ahondar en la tendencia europea no solamente italiana del trato reservado al creciente nmero de personas que piden asilo o refugio. En los CIE encuentran hospedaje tambin los llamados CARA, es decir, los Centros de Acogida para Personas que piden Asilo. Formalmente dos estructuras separadas, que, sin embargo, conviven entre los mismos muros y sobre todo son gestionados de la misma manera, con los mismos criterios. Un destino comn para migrantes y para refugiados. Un destino que los obliga al mismo lugar, a las mismas condiciones de encierro oficialmente administrativo mas humanamente ilegtimo.



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